LA RELACIÓN ENTRE ISRAEL Y LOS ESTADOS UNIDOS 



¿QUIÉN MANDA? ¿PUEDE LA COLA MENEAR AL PERRO? 



Adrienne Weller

La blitzkrieg de Israel en Gaza el invierno pasado, como todas sus otras agresiones contra los palestinos, fue posible gracias al enorme apoyo financiero de EEUU para Israel, aproximadamente $3,000 millones al año, en combinación con el incondicional apoyo político — a pesar del uso de tácticas genocidas.

En años recientes ha habido una variedad de libros y artículos que atribuyen dicha relación letal a la influencia del bien financiado y organizado grupo de presión (lobby) a favor de Israel en los EEUU. El libro The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy, de los profesores John Mearsheimer y Stephen Walt, representa una perspectiva a favor del gobierno de EEUU. Otros textos adoptan un punto de vista antiimperialista, como los del profesor de sociología jubilado James Petras (The Power of Israel in the United States) y del autor izquierdista Alexander Cockburn (en The Nation y CounterPunch).

Estos escritores arguyen que cuando Israel dice "Salten", los Estados Unidos responden "¿Qué tan alto?" Este es un peligroso error. El pequeño, aislado y dependiente Israel no puede dar órdenes al gigante imperialista de EEUU de la misma manera que una cola no puede menear a un perro. Afirmar lo contrario encubre la culpabilidad de EEUU por los crímenes contra los palestinos e impide la lucha por la justicia en el Oriente Medio.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los EEUU se convirtieron en el poder más importante del mundo y comenzaron a arrebatarle a Inglaterra el control del Oriente Medio.

El apoyo a Israel se intensificó en la década de 1960 cuando el presidente Kennedy autorizó la primera venta importante de armas a Israel. Esto fue parte de un plan durante la Guerra Fría para contrarrestar las ventas de armas de la Unión Soviética y para controlar su influencia en el Oriente Medio a la vez que se incrementaban las ganancias para EEUU.

La ayuda de EEUU a Israel es una garantía de billones de dólares provenientes de los contribuyentes que llenan los bolsillos de los fabricantes de armas. Y, por medio de la represión de los palestinos y las guerras con sus vecinos, Israel sirve de laboratorio para el desarrollo y la prueba de armas a beneficio del Tío Sam.

Alexander Haig, secretario de Estado bajo Reagan, es uno de los muchos funcionarios que han reconocido el valor de Israel para EEUU como un apoderado militar — según las palabras de Haig, "es el portaaviones americano más grande del mundo", el cual no se puede hundir y no lleva ni un soldado de EEUU. Obviamente, desde la perspectiva del imperio, los trabajadores y los soldados de Israel son simplemente carne de cañón.

El lobby para Israel es una aglomeración de organizaciones sionistas (nacionalistas judíos), cristianos de derecha, políticos a favor de Israel, capitalistas financieros, y judíos estadounidenses ricos que apoyan los intereses corporativos de EEUU en el Oriente Medio. La cooperación de los distintos integrantes del lobby creció, y su fuerza se incrementó, después de la Guerra de los Seis Días en 1967.

Los profesores Walt y Mearsheimer representan una perspectiva minoritaria en un debate de la clase dirigente sobre la mejor manera de lograr las metas del imperialismo de EEUU a través de su relación con Israel. Estos se oponen al lobby, pero no a la idea de un estado judío; piensan que Israel debería ser más "justo" con los palestinos. No están de acuerdo que el sionismo, por definición, impida la igualdad de los no judíos en Israel.

Walt y Mearsheimer culpan al lobby de mermar a EEUU como fuerza moral y mediador internacional por la democracia en el Oriente Medio. Sin embargo, esta caracterización benévola de la función de Washington es absurda. Los millones de personas que han sufrido y muerto como resultado de las políticas internacionales de EEUU son una prueba de ello.

El antiimperialista James Petras, según una noción sorprendentemente patriótica, está de acuerdo en que los EEUU y su "democracia" son afectados por el control del lobby sobre las políticas del Oriente Medio. La implicación es que las torturas y asesinatos de EEUU son imitación de las prácticas israelitas.

¿Se le ha olvidado a Petras la Escuela de las Américas, la cual enseñó técnicas de tortura a dictadores del Hemisferio Occidental durante décadas, o el sistema de apartheid en Sudáfrica, basado en la segregación de tipo Jim Crow en el sur de EEUU? ¿No es capaz de ver las semejanzas entre las atrocidades contra los nativos americanos y los palestinos? Inclusive Petras ataca a Noam Chomsky, un crítico mejor conocido del imperialismo de EEUU, pues Chomsky sí hace a Washington responsable de sus crímenes en otros países.

Alexander Cockburn arguye que el lobby hace que disminuya la opinión antiguerra en el Congreso y fomenta la guerra en Irán. Afirma que el enorme apoyo a Israel por parte del Congreso es una acción del poder del AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí) y otras organizaciones judías de cabildeo para Israel.

Sin embargo, el lobby no determina las acciones de EEUU en el Oriente Medio. Lo que motiva a EEUU, antes que nada, es su dependencia en el petróleo de la región — lo cual significa el sofocar la rebelión árabe. Los objetivos de Washington coinciden felizmente con las ambiciones expansionistas de su colega menor, Israel.

Y fundamentalmente lo que impulsa al lobby es un entendimiento común de que Israel no sobreviviría ni un día sin el apoyo de EEUU, y que dicho apoyo no es incondicional. Su misión constante es garantizar que Washington siga convencido de que Israel es un agente leal e indispensable de los intereses de EEUU en el Oriente Medio.

Tanto Petras como Cockburn culpan al lobby del apoyo del Partido Demócrata por la guerra en esa región. No obstante, aparte del lobby, la historia demuestra que los demócratas son un partido de guerra igual que los republicanos, en el Oriente Medio y en el resto del mundo.

Por rutina, los defensores de Israel acusan a todos sus críticos, incluyendo a los mencionados anteriormente, de ser antisemíticos. Pero el pueblo judío no es lo mismo que el Estado de Israel.

Ésta, sin embargo, es una distinción que mucha gente no reconoce — y, por supuesto, el mismo estado nacionalista judío fomenta la asociación de los dos conceptos. Por esta razón, culpar falsamente al lobby para Israel — con frecuencia denominado el lobby judío — de la política exterior de EEUU sí que fomenta el antisemitismo. Esto perpetúa el estereotipo de que los judíos son unos intrusos malévolos, que pueden mágicamente dar órdenes al más despiadado imperio en la historia del mundo, lo cual hace de los judíos los chivos expiatorios del imperialismo de EEUU. También desprecia y se burla de todos los judíos que no son simpatizantes sionistas a favor de Israel.

Existen profundas diferencias de clase en el pueblo judío, como en cualquier otro pueblo. Los trabajadores judíos cuentan con una rica tradición de políticas socialistas y de unión a otros grupos para luchar por los desvalidos. No los guía el sionismo, el cual, según su fundador Theodore Herzi, fue creado para proporcionar a los judíos una alternativa a la revolución.

Dichos trabajadores tampoco son "judíos que se odian a sí mismos". Y tampoco son antisemíticos como tampoco lo son muchos otros marxistas y humanistas que critican a Israel.

Al contrario, ellos ven la despiadada sed de lucro como la única explicación racional de las atrocidades de EEUU e Israel. La clase dirigente no quiere paz pues la guerra es indispensable para garantizar su poder y sus ganancias.

¿Qué hará posible la paz? En lugar de ser un refugio seguro para los judíos, es obvio que el estado de Israel es una amenaza para ellos, así como para todos los habitantes del Oriente Medio. Ninguna persona pobre, ningún trabajador ni refugiado está seguro dentro o fuera de Israel.

La historia ha demostrado que el Israel sionista como tierra exclusiva para los judíos es un concepto inherentemente racista y no puede durar mucho. La única solución posible es un estado palestino e israelí secular y democrático, con una economía socialista que haga desaparecer las divisiones y las desigualdades. Cada vez hay más personas que creen que la solución de un estado es la única solución.

El reciente bombardeo de Gaza desató la indignación internacional, incluyendo una rebelión de judíos comprometidos a que se acabe el sionismo. Aunque las encuestas en ese momento demostraron que la mayoría de los israelíes, arengueados por su gobierno y los medios de comunicación, apoyaban el ataque contra Gaza, en Tel Aviv 10,000 israelitas se manifestaron contra este ataque. Jóvenes y soldados israelitas siguen protestando y son encarcelados por rehusarse a ocupar territorios.

La clase trabajadora árabe y judía, unida contra el capitalismo en el Oriente Medio y en los EEUU, puede imbuir la lucha con nuevos ímpetus para llevar la paz a esta torturada región.

La propaganda, el activismo y las terribles imágenes que llegan de Gaza acorralan cualquier intento de contextualizar. Sin entrar en profundidades históricas, les prevenimos contra doce argumentos que se escuchan a todas horas y que, sin ser del todo mentira, esconden al menos una media verdad.

Gaza

1. “Los palestinos ya tienen su propio país en la Franja de Gaza”

2. “Gaza no es un país, sino un campo de concentración”

Desde 1994, Gaza dispone de autogobierno. Y desde 2005, allí no viven israelíes. El gobierno del entonces primer ministro, Ariel Sharon, ordenó la retirada de más de 8.000 colonos. Se marcharon dejando atrás todo aquello que no podían trasladar, como sus famosos invernaderos, semillas para la prosperidad, se dijo, del incipiente experimento político. Se repitió lo que ya se había dicho en 1994: que nada impedía a los habitantes de la Franja crear su propio Singapur, un vergel diminuto, superpoblado y establecido al calor de un largo conflicto, sí, pero suficiente para sostener una economía boyante.

Rodeada por un muro y por zonas de seguridad que se comen cerca del 50% de la tierra cultivable, con 1,8 millones de personas viviendo en un área que es la mitad de la isla de Ibiza y sin salida al exterior, Gaza está hoy a medio camino entre la definición de “gueto” y la de “país”. Las autoridades palestinas no controlan sus propias fronteras, los embargos comerciales y las draconianas medidas de seguridad hacen imposible el comercio con el exterior y sólo la ayuda humanitaria evita el colapso total y la hambruna. De los servicios que abastece Israel, entre el 90 y el 95% del suministro de agua no es apto para el consumo humano y la electricidad funciona unas pocas horas al día.

2. Hamás

3. “Hamás llegó al poder con un sanguinario golpe de Estado y ahora controla todo”

4. “Hamás alcanzó el poder democráticamente”

Fue sanguinaria y fue por la fuerza, pero la llegada de Hamás al poder estuvo avalada por el 45% de los votos y el 58% de los escaños. En enero de 2006, los habitantes de la Franja votaron y se decantaron por Hamás, ante el espanto de Israel y de Occidente. Desde fuera se conjuró para anular el resultado de las elecciones y la reacción de los milicianos islamistas fue, una vez más, a punta de pistola. David Wurmser, entonces asesor para Oriente Medio del exvicepresidente de EEUU, Dick Cheney, lo describió así: “No se puede decir que fuese un golpe de Estado de Hamás, sino un golpe de Estado de Fatah (su oposición, más moderada) que previnieron antes de que pudiese ocurrir”.

Lejos de controlar todo lo que se mueve en Gaza, Hamás es sólo un actor de peso dentro de una estructura infinitamente más compleja. Sus líderes, varios de ellos en el exilio, renunciaron a principios de año a todos sus cargos oficiales en la Autoridad Nacional Palestina que preside Mahmud Abbas para volver a presentarse ante la sociedad como un movimiento popular armado, en lugar de como un partido político. Tampoco tienen el control piramidal sobre todas las milicias que actúan en la Franja y algunas operan por su cuenta. Sus apoyos en el extranjero, además, están bajo mínimos, con gobiernos regionales abiertamente hostiles, como el de Egipto, y otros debilitados y/o menos dispuestos a ayudar, como en los casos de Siria o Irán.

3. El pueblo palestino

5. “Los palestinos idolatran a Hamás y no les interesa la democracia”

6. “Los palestinos son víctimas de Hamás”
En una encuesta realizada antes de las elecciones de 2006, sólo el 15 por ciento de los habitantes de Gaza consideraba que Israel era su principal emergencia

Se suele acusar a los palestinos de Gaza de estar cegados por el antisemitismo, de tolerar la corrupción y aplaudir el autoritarismo, de permitir que Hamás utilice a sus hijos como escudos humanos o de aprobar que se gasten ingentes recursos en fabricar cohetes o túneles. En realidad, los palestinos pueden estar confundidos acerca de la solución, pero conocen el problema. En sondeos previos a las elecciones de 2006, sólo el 15% de los habitantes de Gaza consideraba que Israel era su principal emergencia. Por el contrario, dos tercios de la población identificaba la corrupción y la ausencia de un imperio de la ley como sus grandes preocupaciones. En su día, la mayoría de los analistas explicaron precisamente así la victoria de Hamás, puesto que ocho de cada diez palestinos consideraba “corrupto” o “muy corrupto” el gobierno de Fatah.

Sondeos más recientes (junio de este año) indican que cerca del 83% de la población palestina exige una votación y que sólo el 12% tiene pensado votar por Hamás. Las encuestas también demuestran que el odio contra los vecinos es una realidad. Al 70% le parecía “inaceptable” participar en actividades culturales o torneos deportivos con israelíes. Y sólo un 55% estarían dispuestos a cooperar con ellos en proyectos científicos, ambientales o sanitarios.

4. La democracia israelí

7. “Israel no es un país democrático, no es mejor que Arabia Saudí”

8. “Israel es una democracia ejemplar”

Israel es una democracia vibrante, con separación de poderes, elecciones, garantías, estado de derecho y libertad de expresión. Como no existe otra igual en Oriente Medio. Pero no se puede decir que sea “ejemplar”. Al menos no para todos, hasta el punto de que se ha planteado muchas veces si es posible llamarlo democracia, o si sería más correcto llamarlo “etnocracia”. Su Constitución, que habla expresamente de “nación judía”, está basada sobre un ideal étnico (más que religioso). El gobierno recibe con los brazos abiertos a todo aquel que demuestre ascendencia hebrea (al menos una abuela judía), independientemente de su nacionalidad y religión actual. Al resto se lo pone bastante más difícil.
La Constitución de Israel, que habla expresamente de 'nación judía', está basada sobre un ideal étnico (más que religioso)

Sólo los palestinos con pasaporte israelí pueden votar. Los primeros partidos árabe-israelíes se fundaron entre los años 80 y 90. Hoy ocupan 12 de los 120 escaños del Knéset (Parlamento). Su influencia es muy limitada y no ayuda la bajísima tasa de participación electoral de la comunidad, que ha caído a mínimos en los últimos años, víctima del desencanto. Mientras muchos israelíes acusan a los parlamentarios árabes de actuar como un “caballo de Troya” o una “quinta columna”, es común que los palestinos los vean como traidores o como figurantes de una farsa, por colaborar con un estado cuya legitimidad ellos no reconocen.

En el Parlamento, sin embargo, se expresan con aparente libertad. En los últimos días, por ejemplo, el diputado árabe Ahmed Tibi denunció en la tribuna que Israel está cometiendo “crímenes de guerra, volando casas, matando familias enteras intencionadamente, además de niños y mujeres”. Otro parlamentario, Ibrahim Sarsour, leyó uno a uno los nombres de todos los palestinos que habían fallecido en la Franja y acusó a los colegas allí presentes de ser sus verdugos.

5. Derechos en Israel

9. “Los palestinos no tienen ningún derecho en Israel”

10. “Los palestinos tienen los mismos derechos que los judíos”

Sólo los descendientes de los cientos de miles de árabes que quedaron dentro de sus territorios en 1948 son ciudadanos de Israel. Conforman más de una quinta parte de la población actual (millón y medio de personas) y se consideran musulmanes en un 80% (hay también cristianos árabes, beduinos, etcétera). En teoría, ellos sí son iguales ante la ley e incluso el árabe es idioma oficial, pero los códigos y su puesta en práctica están plagados de excepciones. Algunas les benefician (por ejemplo no están obligados a hacer el servicio militar) pero por lo general sufren lo que el propio Departamento de Estado de EEUU describe como una “discriminación institucional, legal y social”.
Existen al menos 20 leyes que discriminan a los árabes con ciudadanía israelí, que representan actualmente una quinta parte de la población del país

Se han identificado al menos 20 leyes que los discriminan desde el nacimiento. Entre las más polémicas se cuenta la llamada Ley de Ciudadanía, bajo la cual los palestinos de Gaza y Cisjordania que se casen con árabes israelíes tienen serias restricciones para trasladarse a vivir a Israel. Los descendientes de árabes tienen además muy limitado el acceso a la tierra, que está controlado por el estado en más de un 90%. Aunque se han registrado mejorías en los últimos años, el resultado es que los árabes israelíes apenas tienen acceso a nuevas tierras. Así, actualmente ocupan el 3% del territorio y representan más del 20% de la población. Tampoco se les ha permitido fundar nuevos asentamientos desde 1948, a pesar de que han crecido exponencialmente a causa de sus altísimas tasas de natalidad.

En el capítulo socioeconómico, alrededor del 50% viven por debajo del umbral de pobreza, una categoría en la que sólo caen en 15% de los judíos. Al mismo tiempo, experimentan mejoras en muchos indicadores, por ejemplo en el acceso a la educación y la sanidad, acrecentando sus diferencias con las paupérrimas y castigadas comunidades palestinas instaladas en países vecinos como Egipto, Jordania o Siria. Israel argumenta que las causas de su pobreza tienen un determinante factor cultural, causado por ejemplo por sus altísimos indices de natalidad (familias de muchos hijos) y con el hecho de que la mayoría de las mujeres no trabajan fuera del hogar.

6. Estados Unidos

11. “Estados Unidos es el principal responsable de esta crisis”

12. “Estados Unidos hace lo que puede por frenar el conflicto”

Como ha sucedido en otras muchas ocasiones, tanto con Administraciones demócratas como republicanas, Estados Unidos juega un doble papel en la actual crisis. Aunque con pies de plomo y midiendo cada palabra, su diplomacia se ha movilizado para lograr un alto el fuego y el cese de las hostilidades, con un grado de implicación superior al de, por ejemplo, la mayoría de los gobiernos europeos, e incluso de las vecinas potencias árabes. Subrayando a cada paso que no cuestionan el derecho a la existencia de su "gran aliado" en la región, tanto el presidente Barack Obama como el secretario de Estado, John Kerry, han lamentado las bajas civiles y han pedido el cese de las hostilidades. Hasta el punto de ser acusados de “antisemitas” dentro del país por políticos republicanos, grupos conservadores y asociaciones hebreas.

Al mismo tiempo, Estados Unidos ofrece, cada año, tres mil millones de dólares de ayuda militar a Israel. Desde 1946 hasta hoy, el 20% de lo que Washington ha gastado en tareas de defensa fuera de sus fronteras ha acabado en Israel. Le siguen Vietnam (11%), Egipto (8,6%) y Turquía (6%), lo que también da pistas del grado de implicación de EEUU en la región. La semana pasada, mientras el Congreso se mostraba incapaz de aprobar un presupuesto de urgencia para hacer frente una enorme crisis migratoria en la frontera sur, los legisladores aprobaron de una sentada 225 millones de dólares extra para el escudo de Israel, la llamada “Cúpula de Hierro” que les protege contra los cohetes palestinos.

Recursos inequitativos
Mientras Hamas ha demostrado ser una guerrilla militar formidable, el ejército de Israel ha disminuido los recursos disponibles para la organización militante islamista, que controla Gaza.
Hamas no tiene el armamento sofisticado y la tecnología que posee Israel. Por ejemplo, el sistema Domo de Hierro de Israel, que intercepta y bloquea los misiles que son enviados por parte de Hamas
Los militares israelíes han dicho que han agotado la mayoría de los misiles en su inventario y las Fuerzas de Defensas de Israel (IDF, por sus siglas en inglés), informaron que más de 3,000 misiles han sido disparados desde Gaza a Israel.
Contrario a Gaza, Israel tiene refugios contra bombas y un avanzado sistema de advertencia que permite a su población saber cuándo y dónde impactarán los misiles. Cientos de miles de personas han descargado la aplicación Red Alert, que usa información en tiempo real de las IDF y la versión israelí del Departamento de Seguridad Interior para activar una alarma telefónica cuando se detectan misiles.
Para ilustrar que tan poderoso es Israel en esta batalla, hay que señalar que ha estado enviando mensajes a los palestinos en los que se indican las advertencias sobre dónde caerán los misiles que disparan.
Israel también ha llevado a cabo lo que se denomina como “tocar el techo”, o dejar caer proyectiles vacíos en los techos, advirtiendo a aquellos adentro de los edificios a que se salgan de lugar porque un ataque con proyectiles explosivos es inminente.
“El número de muertes de civiles en Gaza es muy alto”, dijo el vocero del Pentágono, Steve Warren en Washington, el jueves. “Está claro que los israelíes necesitan hacer más. Queremos que hagan más”.
La naturaleza del campo de batalla
Más de 1.8 millones de personas viven en Gaza, que tiene un total se superficie de 360 kilómetros cuadrados (139 millas cuadradas). Eso hace que se viva en hacinamiento. Cuando los ataques aéreos ocurren y los proyectiles tocan tierra, el tener a más gente en un área pequeña casi siempre significa un mayor número de muertos.
E incluso si los palestinos reciben advertencias previas para desalojar un lugar antes de los ataques, es probable que no tengan a ningún lugar seguro a donde correr. No hay refugios contra bombas o sirenas de advertencia en Gaza. Y es prácticamente imposible abandonar el lugar. Hay una barda que funciona como barrera alrededor del perímetro de Gaza. Israel controla todo el acceso aéreo hacia Gaza y los accesos de aterrizaje alrededor de la frontera. Los controles de acceso de Egipto en la frontera está cerrada.
Las escuelas de las Naciones Unidas en Gaza, con claros señalamientos del organismo internacional, se han convertido en refugios durante el conflicto, y por un tiempo fueron considerados seguros. Pero varios ataques han ocurrido en estos lugares, matando y lesionando a muchos, incluyendo a mujeres y niños.
Cada bando responsabiliza al otro. En algunos casos, Israel ha dicho que los misiles de Hamas fueron lanzados y cayeron corto del objetivo, dando en escuelas, y subrayó que usa ataques aéreos “precisos”. Respecto a los proyectiles que cayeron matando al menos a nueve personas, las IDF dijeron que su blanco eran tres miembros del Jihad Palestino Islámico que iban en motocicleta cerca de la escuela. Israel informó que está revisando el incidente.
Un objetivo que ha tomado tiempo
Uno de los objetivos principales de Israel es el de destruir los misiles y túneles de Hamas. Ha dicho que ha descubierto 36 túneles que van de Gaza hacia Israel y que han sido utilizados para contrabandear armas y lanzar ataques. Hamas ha difundido videos de militantes usando los túneles para sus ataques.
La principal manera para eliminar los túneles es mediante ataques aéreos y artillería de bombardeos, y esas tácticas casi siempre resultan en daño colateral.
Los túneles han sido usados, por algún tiempo, como líneas de suministro vitales hacia Gaza, a través de los cuales se han transportado comidas y otros suplementos básicos.
Los túneles fueron cavados alrededor del bloqueo de Gaza, informó Maen Rashid Areikat, jefe de la delegación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)
¿Hay un esfuerzo para proteger a los civiles?
¿Hamas está dispuesto a poner a los civiles en la vía del peligro? Ese es un tema controversial.
Hamas también es una organización política adentrada en la vida civil del territorio palestino, afirmaron los líderes palestinos.
“Después de todo, Hamas es un partido político, no solamente un ala militar. Y tiene instituciones, organizaciones, hogares”, en Gaza, aseguró Hanan Ashrawi, miembro ejecutivo del comité de PLO en Cisjordania.
La incertidumbre es el calendario
La diplomacia de Estados Unidos ha tratado de llevar la situación hacia una que involucre un cese al fuego.
Varias naciones trataron de que Hamas acordara un cese al fuego liderado por Egipto, mientras el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, se reunió con líderes palestinos e israelíes, pero los misiles seguían volando y la sirenas continuaban sonando. Varios llamados para un cese al fuego han fracasado desde entonces.
La Comisionada de Derechos Humanos para las Naciones Unidas, Navi Pillay, dijo en un discurso reciente que sentía que “había una fuerte posibilidad que el derecho internacional humanitario había sido violado, de una manera que podría asemejarse a los crímenes de guerra”.
“Reitero inequívocamente a todos los actores en este conflicto que los civiles no deben ser blanco de los ataques”, dijo la funcionaria, añadiendo, “el respeto del derecho a la vida de los civiles, incluyendo a los niños, debe ser siempre una consideración”.