GLOSARIO MARXISTA: MEDIOS DE COMUNICACION E INTELECTUALES 



Manuel Sutherland 



Las verdades científicas son siempre paradójicas, si se las mide por el rasero de la experiencia cotidiana, que sólo percibe la apariencia engañosa de las cosas.
Carlos Marx, Salario, Precio y Ganancia.
Intelectualidad (¿burguesa o proletaria?) A propósito de Gramsci: “Un intelectual es aquella persona que dedica una parte importante de su actividad vital al estudio y a la reflexión crítica sobre la realidad.”[I] Lo que no nos dicen:
Durante mucho tiempo se ha dado la primacía al cerebro como órgano del cual deviene todo el desarrollo del trabajo. Ese dictamen viene asociado a la intención de sobreestimar el rol de la dirección (trabajo intelectual) y subestimar el papel del trabajo de índole manual realizado por clases dominadas. En defensa del trabajo, tuvo que venir la investigación de Engels (El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre) en la cual se demuestra precisamente lo contrario, que a voz de Eduardo Sartelli es: “Esa actividad, el trabajo, desarrollaba las capacidades intelectuales y, por ende, el cerebro.” [II] Es decir, el trabajo ha construido a la humanidad y no las ideas, el lenguaje o la “narrativa”. La negativa de aceptar esta premisa, deviene de la necesidad de la clase no trabajadora, de imponer la ideología explotadora de los no trabajadores.
Ser intelectual es dirigir, es pensar y organizar desde la clase a la que se pertenece, las acciones que permitan desarrollar la reproducción social desde la hegemonía de una clase. Por ello, reyes (a pesar de su sobradamente certera reputación de estólidos) militares y toda clase de gobernantes, son intelectuales cuya labor direcciona enormes cantidades de trabajo ajeno, en pos de determinados objetivos de dominación de clase. Así, el sentido común (la apariencia falaz de los fenómenos) nos hace pensar erróneamente, que la última rueda de la carreta letrada: escritores, periodistas, ideólogos etc. son precisamente los únicos que detentan la intelectualidad.
Los términos de Intelectualidad orgánica e inorgánica se los debemos a aquel luchador marxista preso por un exmilitante del Partido Socialista Italiano (Benito Mussolini). Sí, nos referimos a Antonio Gramsci quien explicó con meridiana claridad, que los intelectuales no son una clase social en sí, ni para sí, ni tampoco son pequeño burguesía. Tal como cuenta Gramsci: “Cada grupo social, al nacer en el terreno originario de una función esencial en el mundo de la producción económica, se crea conjunta y orgánicamente uno o más rangos de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de la propia función” [III] Así las cosas, cada clase posee una capa de intelectualidad que recoge lo más avanzado de cada proyecto que procura hegemonía. Ese intelectual que trabaja los problemas más avezados de cada clase es el intelectual orgánico, que no solamente piensa y escribe; sino que se plantea la necesidad de direccionar a su clase social, en pos de darle forma material a sus planteamientos. El intelectual inorgánico cumple funciones secundarias de repetición generalmente acrítica de material producido por otros; éste no tiene ninguna vinculación concreta con la necesidad de construcción y organización de la potencialidad transformativa de su clase social.
Hay intelectualidad burguesa, proletaria y hasta lumpen. Los pensadores de la burguesía son lo que acaparan la cuasi totalidad del pensamiento social. En voz de Marx, las ideas de la sociedad son las ideas de la clase dominante. Por ello, si subsistimos en una sociedad capitalista, la cuasi totalidad del pensar es burgués, lleva su óptica y la apariencia de que los intereses de la burguesía: (crecimiento del PIB, devaluación, incrementos de impuestos regresivos como el IVA) son intereses favorables para toda la sociedad. La intelectualidad burguesa es la que diseña a imagen y semejanza los libros que estudiamos en la escuela (La editorial española Santillán, con su ideología de Colón el Gran “descubridor”), las guías de la universidad, los programas de TV y casi todo lo que oímos y después reproducimos sin darnos cuenta, lo que Ludovico Silva llamó: Plusvalía ideológica. Sí, según Ludovico, sin saberlo, andamos por la calle reproduciendo ideología burguesa, es decir, a cada instante voceamos la falsa conciencia de los opresores de manera gratuita y justo en nuestro perjuicio.
Aunque el pequeño burgués parezca muy “radical” y exprese cosas como: abolir toda organización estatal, destruir las maquinarias (la secta antitecnología), luchar contra la modernidad “occidental” (posmodernos), superar el capitalismo y a la vez el comunismo (de nuevo, los majaderos posmodernos) destruir los partidos (de izquierda y de derecha) y liquidar todos los sindicatos; es de Perogrullo advertir que su razonamiento es evidentemente individualista e hijo bastardo de la ideología liberal-burguesa. Esta charlatanería pequeñoburguesa se limita a soñar con una sociedad de productores independientes haciendo mercancías baratas. Esta ensoñación ideológica, se traduce en una serie de idioteces como: “igualdad de clases” (¡) de Bakunin, el fementido Banco Popular de interés cero (¡) y los bonos de trabajo del inefable Proudhon. Marx se encargó en la indispensable Miseria de la Filosofía [IV] de sepultar en la prehistoria del movimiento obrero, tamañas sandeces. En palabras de Gramsci podemos entrever el carácter mísero de esos adefesios: “(…) consideraciones pesimistas acerca de la capacidad revolucionaria del obrero y del obrero comunista, son expresión del espíritu antiproletario del pequeñoburgués intelectual, que se cree la sal de la tierra y ve en el obrero el instrumento material de la alteración social y no el protagonista consciente e inteligente de la revolución.”[V]
El intelectual de la clase trabajadora (Marx, Engels, Lenin) es quien labora por la destrucción de la sociedad de explotación y plantea la edificación de una organización social comunista, que pueda convertir el trabajo privado en trabajo directamente social, es decir, una sociedad dirigida por personas libres y conscientes que organizan el trabajo social, de forma tal que cada uno de ellos pueda satisfacer sus crecientes necesidades, superar la alienación y desarrollar al máximo sus potencialidades productivas cercenadas por el capital.
Dentro de los intelectuales de la clase obrera, se suelen erigir una serie de lenguaraces que procuran distorsionar la radical y revolucionaria lucha por la emancipación de la clase obrera. De nuevo, Gramsci nos comenta sobre esas personitas: “En Italia, el marxismo (…) ha sido más estudiado por los intelectuales burgueses para desnaturalizarlo y adecuarlo al uso de la política burguesa, que por los revolucionarios. [VI] Pero claro, el socialismo científico, ha sufrido ataques “internos” de quienes partiendo de una “critica” a la sociedad capitalista, elaboran una serie de panfletos idealistas que confunden dramáticamente a la base proletaria. Veamos por ejemplo a uno de los más alegóricos “exégetas” de la emancipación obrera, el inefable Lacan y su “mejoramiento” del término plusvalía: “Marx (…) sino hubiera fundado el capitalismo, [¡] se habría dado cuenta de que la plusvalía es el plus del goce” [VII] (¡) Tamaño delirio es escrito por quien se cree anticapitalista.
¿Más? Bueno, podemos traer a colación las aventuras anticomunistas que emergen desde las entrañas del atrio burgués universitario, nos referimos a los empalagosos posmodernos. Aunque le dedicaremos más espacio alguna vez, podemos decir que estos rumiantes se dedican a “criticar” la sociedad, denostando del marxismo, del comunismo, de la clase obrera (que según ellos, ya no existe), del partido político (según ellos, todo partido es “malo”), de la noción de integralidad (para ellos todo es fragmentario) etc. Después de ver cuáles son sus enemigos, es fácil entender porque las universidades de la derecha más ortodoxa, les financian investigaciones, libros, les dan espacios para desarrollar sus cátedras, foros y conferencias de todo tipo. La obsesión por la micropolítica, lo fragmentario, la lucha parcial y la cavernícola negación a tomar el poder; los lleva a como nos cuenta Eduardo Sartelli, en la Cajita Infeliz (libro que editará el perro para mayo de 2011) a construir estolideces como: “movimientos en defensa de los VVHN-TPA: (Vegetarianos Varones Homosexuales No Travestis del Piso de Arriba). Einstein decía que la estupidez humana era infinita; en este caso se ha quedado corto.
Medios de comunicación (Aparatos de Propaganda Ideológica [API] o (AP) científica):
“Se trata de mecanismos que permiten la diseminación masiva de información facilitando la construcción de consensos sociales, la construcción y reproducción del discurso público y ciertos niveles de interacción…”[VIII]
Lo que no nos dicen:
Salvo los diminutos aparatos de propaganda marxista, los aparatos de propaganda ideológica (mal llamados medios de comunicación) están en dos manos: en la burguesía y en el Estado de la burguesía. Por tanto, los aparatos de propaganda son las expresiones informativas del parecer de una clase sobre un asunto particular o sobre las generalidades de la sociedad. La palabra medio trata de hacer creer que obviamente, esos espacios comunicacionales, detentan un cierto equilibrio, que no son ni una cosa ni la otra o que sólo informan o comunican lo que ven. Siempre, tratan de mostrarse imparciales y continuamente intentan sugerir que son la voz heterodoxa de la sociedad, a pesar de que son meras empresas capitalistas, cuyo obligado afán de ganancia les impele no sólo a explotar a sus trabajadores, sino adular y justificar la explotación y miseria de los trabajadores de otros burgueses que “generosamente” pagan la publicidad que da vida al aparato propagandístico.
Cuando el especialista Racboy habla de: consenso social y discurso público; lo que sugiere es que el aparato de propaganda ideológica (API) trata de buscar espacios para hacer valer la voz de todos y expresarla de la manera más equilibrada. Nada más falso. Los API tienen la estricta función de ser vehículos de las expresiones de cada fracción de la burguesía con la cual trabajan. A tenor de Gramsci, cada periódico es un partido, es el vivo pensamiento de cada clase social o de alguna de sus fracciones. Cuando nos referimos a ello, no estamos hablando de un API vulgarmente alevoso como RCTV, nos referimos a la totalidad de los API, que dependen económicamente de la fracción de la burguesía que los apoya. Los API expresan las voces de sus patrocinantes y promueven los valores de sus capitalistas dueños y ni de milagro dan vitrina a marxistas para que puedan denostar del sistema, debido a que el dueño del API, es un capitalista que (como todos) vive de la explotación de sus trabajadores y tiene todo por perder si se despliega una revolución que destroce las cadenas que atan a la clase obrera a sus fauces.
Hay casos muy abiertos, como: Cisneros, Berlusconi o Collor de Melo, donde los API de su propiedad son fieles cajas de resonancia de su patrón y lo publicitan con vívido ahínco. ¿Pero son todos los periodistas furibundos anticomunistas pagados por la CIA? Aunque la CIA detenta oficinas para financiar periodistas y escritores anticomunistas, la respuesta a lo anterior es un: No. La mayoría de los comunicadores son honestos, y sólo expresan lo que creen correcto y universalmente válido. La reproducción de la ideología burguesa en ellos, es inconsciente, ellos no planean perjudicar a los líderes revolucionarios de manera voluntaria. ¿Pero por qué CNN se comporta así? Veamos el ejemplo de las campañas militares estadounidenses: “Justicia Infinita” y “Libertad Duradera”.
Para quien no conozca estos rutilantes nombres, ambos traducen un par de invasiones bélicas (genocidios) llevados a cabo por EEUU y sus perros falderos (varios gobiernos de Europa y Japón) en los años 2000, contra Irak y Afganistán. Aunque parezca pomposo y cursi, estos trajes lingüísticos fueron repetidos a coro por CNN, FOX, EL PAÍS y casi todas las cadenas comunicación masiva del mundo. Entre la mar de apologías y panegíricos probélicos que desplegaron los API, también es de destacar la labor infamante de llenar de terror a la gente dando por cierto los absurdos y falaces rumores sobre las armas de destrucción masiva, el poder nuclear de Ben Laden, el poder atómico de los pueblos nómadas de Afganistán y sugiriendo que los terroristas llenarían de atentados a EEUU si no atacaban primero (“Guerra Preventiva”) ¿Por qué? ¿No hay periodistas críticos que se levanten ante este cobarde genocidio? La verdad sí, pero son trabajadores y siguen estrictas líneas editoriales fabricadas por sus patronos, que determina qué y cómo apoyar o denigrar. Por tanto, lejos de la ridícula fantasía burguesa de la libertad de expresión, los API que llegan a las masas, están férreamente controlados por directrices de la alta esfera de la burguesía. Así, con el fenómeno de concentración y centralización de capitales, los dueños de los API, son también dueños de bancos, cervecerías y un sin fin de empresas; no sólo pasa esto en EEUU, también en un capitalismo tan pequeño y débil como el venezolano, donde la burguesía mediática o patrones de empresas de “comunicación” (Mezerhane, Camero y Cisneros) también es dueña de centenares de empresas más. Por lo tanto, son capitalistas hechos y derechos, lo cual hace que quienes trabajen con ellos, deban seguir sus lineamientos políticos e ideológicos. Quien se niegue es despedido y quien lo haga “mejor” es ascendido.
Por la necesidad de complacer genuflexamente a su patronos, para defender los escasos empleos de calidad o por su propia (mal)educación burguesa, es frecuente oír de los periodistas cosas como: “la gente sabe que han exagerado los escasos crímenes contra la izquierda en Argentina”, “la gente entiende que Pinochet ha sentado las bases económicas del progreso chileno”, “la gente está harta del comunismo cubano, todos lo odian”, “la gente entiende perfectamente que mientras mejor le vaya a los ricos, mientras más dinero tengan, más empleos y mejores salarios tendremos todos” … ¿Da risa la realidad?
Desde el pudor y sólo por la mera ignorancia, se puede también ser cómplice activo en los crímenes burgueses y apoyar las atrocidades del capital desde la pequeña trinchera de un API. ¿Por qué? Los trabajadores de los API son formados en universidades que sólo explicitan la adulación hacia el sistema capitalista. En esas (j)aulas, extirpan las posibilidades de toda reflexión crítica, borran de la historia los proyectos anticapitalistas y les venden que el capitalismo es eterno y que es lo mejor del mundo. Cuando esos trabajadores de los API van a un barrio y ven la pobreza trepidante, ahí vienen las escasas clases que le dieron en la universidad sobre la teoría del subdesarrollo, que les explica que América Latina está “atrasada” y que le hace falta desarrollo (es decir, más capitalismo), por tanto, el problema no es el capitalismo, sino la falta del mismo. Con esa ideología, nuestros comunicadores van a la calle y nos cuentan desde esos burgueses lentes…su realidad, que dan por universal. Sólo narran la vida desde el cristal capitalista.
¿Quiénes educan a nuestros comunicadores? Fácil, profesores que deben realizar trabajos que aplaudan al sistema capitalista para que la universidad les de espacios para investigar, becas y prebendas (in)necesarias como fastuosos premios. Así, quienes no siguen esa línea, rara vez pueden dar clases, les cierran los espacios de publicación y jamás aparecen en televisión. Los materiales de formación burguesa que utilizan para ideologizar se remiten a los extraños y acientíficos manuales gringos (batiburrillos) donde machacan una serie de audaces encomios a la sociedad de la opresión. ¿Exagero? Veamos lo que dice un profesor de Cambridge sobre la teoría económica que imparten en las carreras de índole social y la que memorizan nuestros comunicadores: “Hasta que los econometristas nos den respuestas, confiar en la teoría económica neoclásica [lo que la gente conoce como neoliberalismo] es una cuestión de fe. (…) lo mejor que puedo hacer para convencer a otros es invocar el peso de la autoridad de Samuelson [IX]…” [X]
Como nos dice Mónica Oporto, los intelectuales de la burguesía: “Trabajan en las diferentes organizaciones culturales ((…) -periódicos, revistas, radio, cine- etc.) con el fin de asegurar el consentimiento pasivo, sino el activo, de las clases dominadas en la dirección que la clase dominante imprime a la sociedad. [XI]
Cuando los propagandistas trabajan en el estado capitalista, es peor, allí la línea editorial es más obligante y prohibitiva. Por lo general, la línea de los “medios” radica en: apoyar y resaltar de manera elogiosa todas las acciones positivas del gobierno de turno. Claro, esa línea tiene su reverso en que los API del estado burgués deben: ocultar o minimizar cualquier fallo del gobierno, restarle importancia o achacar la responsabilidad de los problemas a otros factores (el pasado, la cultura, gobiernos anteriores, problemas heredados etc.) Así, estos “medios” desaparecen las fervientes protestas de la clase obrera, entrevistan a los más connotados esquiroles, les otorgan la voz mediática a los sindicalistas más protervos e invisibilizan la lucha que sostienen millones contra el absolutismo burgués. ¿Se ha enterado alguien de las tomas de fábricas y enormes protestas de la clase obrera en EEUU? Por todo lo anterior, pedirles a los API: equilibrio, ética y sinceridad es un completo despropósito, digno del castigo de Sísifo y el pedrusco que eternamente deberá empujar montaña arriba y ver como al llegar a la cima, la roca desciende inexorablemente. Los “medios” son elementos de propaganda de una clase social, son espacios de reproducción de su ideología o de su conocimiento científico. No hay equilibrio, porque a ellos les interesa la continuación del status quo y evitar cualquier distorsión que atente contra el cementerio de ilusiones, o sea, la paz social de la esclavitud asalariada. No hay que pedirle ética, ellos ya portan su ética capitalista y funcionan de acuerdo a los preceptos que ellos consideran correctos. Es decir, su conjunto de valores, normas de comportamiento y abordaje de la realidad, deviene de su ser social capitalista, es el reflejo invertido e idealista, de las relaciones sociales de producción burguesas; por ello, naturalizan la pobreza, hacen exordios a la invasión en Irak y creen devotamente que el comunismo es una utopía que les impediría cumplir sus sueños de acumular más capital.
¿Qué hacer?
Los aparatos de propaganda marxista, deben construirse bajo hegemonía plena de la clase obrera, en desmedro de alianzas oportunistas con elementos que planteen alternativas que impliquen conciliación de clases (reformistas), que nieguen la revolución (socialdemócratas) o que piensen que la revolución es repartir empanadas, curitas y educación burguesa expelida por “facilitadores” los sábados y los viernes en la noche dentro de chozas (populistas). Ese aparato de propaganda socialista debe ser científico, no debe apelar a la distorsión de la realidad, al fraude o a la piratería intelectual. Ese aparato de propaganda revolucionaria, no debe profesarse imparcial, tiene que entender su papel histórico como vehículo de educación proletaria y como órgano de articulación de una clase social que busca las formas de construir una sociedad donde la explotación y la miseria sean horrendos recuerdos. Por ello, hay que hacer énfasis en la investigación científica, en el rigor que impida deformar la realidad y en el diseño de profundas y críticas reflexiones a nuestro accionar. Esa tarea inmensa requiere de un esfuerzo notable, de una vocación a conocer para transformar, de un claro sentido teórico-práctico que guíe el trabajo que permita emerger la expresión más profunda de la realidad de la clase obrera, de sus necesidades y de sus opciones de emancipación.
Posdata:
Se necesita urgentemente el órgano que partiendo del reconocimiento de nuestra alienación en el sistema capitalista, construya la conciencia que vea como necesidad incontrovertible, la rotura de las ataduras que la oprimen.
NOTAS:
[I] Definición de intelectual disponible en http://es.wikipedia.org/wiki/Intelectual
[II] Eduardo Sartelli (2005), La Cajita Infeliz. Un viaje marxista a través del capitalismo. -3ª ed.- Edit. RyR. Buenos Aires, 2008. Pág. 639.
[III] Antonio Gramsci, La formación de los intelectuales y la formación de la cultura, Edit. Nueva visión. Buenos Aires, 1972
[IV] Carlos Marx (1867), Miseria de la Filosofía, Edit. Suramérica. Colombia, 1963.
[V] Antonio Gramsci (1926), La situación italiana y las tareas del PCI, disponible en http://www.marxists.org/espanol/gramsci/tareas.htm
[VI] Antonio Gramsci (1925), Necesidad de una preparación ideológica de las masas, disponible en http://www.marxists.org/espanol/gramsci/mayo1925.htm
[VII] Jacques Lacan (1970), El reverso del psicoanálisis, Edit. Paidós. Buenos Aires, 1992. Pág 113.
[VIII] Marc Raboy y Marcelo Solervincens (2006), Medios de Comunicación. Artículo disponible en: http://vecam.org/article683.html
[IX] Paul Samuelson, es quizás el economista gringo más conocido de los últimos 30 años. Su “manual” intitulado Economía es el recetario de nociones económicas neoclásicas (asociadas al neoliberalismo) que machacan el libre mercado, el poder de la autorregulación, lo inviable de las economías planificadas, el desempleo cuasi-voluntario. Es la savia anticomunista que transpira por las venas de quienes repiten ese batiburrillo a diario.
[X] Charles Fergunson, The neoclassical Theory of Production and Distribution. Cambridge University Press, Cambridge, 1969. Pág. 28. [Traducción de Juan Iñigo Carrera, en Conocer el capital hoy. Usar críticamente El Capital. Pág. 120] El subrayado es mío. [MS]
[XI] Mónica Oporto (2007), Antonio Gramsci: El intelectual Orgánico (1), Artículo disponible en:
http://www.nodo50.org/mariategui/antoniogramsciintelectualorganico.htm