INFORME ESPECIAL REUNION G77+CHINA 



HACIA UN NUEVO ORDEN CONTRAHEGEMÓNICO PARA VIVIR BIEN 



MADURO PLANTEA EN EL G77+CHINA UNA AGENDA DE DESARROLLO QUE RESPONDA A LOS INTERESES DE LOS PUEBLOS
AVN.- El presidente de la República, Nicolás Maduro, exhortó a los 133 países que participaron en la Cumbre del G77+ China, que se realizó en Bolivia, a continuar desarrollando nuevos modelos de economía que responda a los intereses de los pueblos y a promover políticas públicas que procuren la preservación y conservación del planeta tierra.
Durante la cumbre, que culmina este domingo en la ciudad boliviana de Santa Cruz, el Jefe de Estado venezolano dijo que como parte de las estrategias del imperio para invadir los pueblos o colonizarlos culturalmente "se nos ha pretendido imponer una economía ecologista a los países del sur y así someternos a nosotros a un nuevo sistema de dominación llamado economía verde. No caigamos en la trampa del norte", advirtió.
En su intervención, el mandatario venezolano planteó retomar el proyecto del Banco del Sur para avanzar hacia un nuevo orden económico mundial y fijar una agenda de desarrollo basado en el respeto por un mundo multipolar y multicéntrico.
Maduro enfatizó en la necesidad de establecer una agenda de desarrollo económica "con nueva ética y con un nuevo modelo cultural que respete la armonía con el medio ambiente. Una nueva humanidad no sólo es posible sino que es urgente y necesario".
Destacó que el G77+China es un poderoso instrumento para la construcción de un mundo multipolar "en el que no existan imperios ni dominios".
"No desmayemos en la lucha por una patria nueva, porque es una lucha necesaria, este grupo del G77+China hay que llevarlo a su máxima expresión", apuntó.
Señaló que que el G77+China es un espacio idóneo para avanzar hacia el fortalecimiento de la diversidad cultural, política y social.
Maduro destacó que Venezuela apoya la propuesta en la cumbre de crear un instituto para la descolonización, la integración y la lucha por la independencia en nuestros países "ojalá que al finalizar esta cumbre se pudiera constituir este instituto que será de gran beneficio para los pueblos".
El jefe de Estado invitó a rescatar la vigencia de la resolución 3201 de la Organización de Naciones Unidas en la cual se presenta el plan de acción para la creación del nuevo orden económico mundial: "Pido presidente Evo Morales a que se haga un esfuerzo por traer la vigencia de esta resolución a nuestros tiempos, porque ¿tiene o no tiene vigencia la guerra por el petróleo del mundo y las relaciones comerciales?".
Comentó que en Venezuela la guerra impulsada por el imperialismo está planteada por el interés de élites económicas y militares de apoderarse de la riqueza petrolera del país. "Quieren ponerle la mano al petróleo nuestro porque es la reserva más grande del planeta y ese es el motivo de su guerra".
El Presidente refirió que Venezuela apoya la propuesta en la cumbre de crear un instituto para la descolonización, la integración y la lucha por la independencia en nuestros países "ojalá que al finalizar esta cumbre se pudiera constituir este instituto que será de gran beneficio para los pueblos".
Tras agradecer el apoyo de los 133 países, que participan en la cumbre, ante los ataques a la democracia y a la soberanía de Venezuela por parte de factores hegemónicos imperiales, el jefe de Estado ratificó que nuestro país seguirá por el camino de la dignidad patria "de ese profeta inmenso que tuvo Surámerica llamado Hugo Chávez".
G77+CHINA EXPRESA SU RESPALDO AL GOBIERNO DE VENEZUELA ANTE ATAQUES IMPERIALISTAS
Los 133 países que integran el Grupo de los 77 más China (G77+China) manifestaron este domingo su respaldo al Gobierno de Venezuela ante los ataques imperialistas del gobierno de Estados Unidos, para intentar provocar una intervención en el país suramericano.
Así lo expresó el mandatario de Bolivia, Evo Morales, como presidente pro témpore del bloque internacional, durante la cumbre que se celebra en la ciudad boliviana de Santa Cruz este fin de semana.
"Hermano Maduro, toda nuestra solidaridad, nuestro apoyo. Respetamos la batalla que está librando nuevamente. Mientras exista el imperio y el capitalismo, la lucha seguirá", enfatizó Morales.
Señaló que las acciones violentas queha tenido que enfrentar el pueblo y el gobierno del presidente Maduro, elegido constitucionalmente por la mayoría del pueblo, se trata de la estrategia del imperio norteamericano de que los pueblos se enfrenten para dominarlos política y económicamente.
"El imperio cuando ya no puede ejecutar el golpe de Estado, trata de dividir a los pueblos, enfrentarlos, para justificar la intervención. Sigo convencido que el llamado Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es usado por Estados Unidos para adueñarse de nuestros recursos naturales", añadió.
Advirtió al gobierno de Barack Obama que los pueblos latinoamericanos son rebeldes y saben quiénes son los enemigos de las naciones y de dónde provienen las conspiraciones. "Bolivia siempre acompañará esta revolución democrática de Venezuela".
Desde el pasado 12 de febrero, la extrema derecha venezolana activó un golpe de Estado continuado en el país a través de de acciones violentas y terroristas que dejaron un saldo de 42 personas muertas y cientos de heridos. El objetivo de la desestabilización era generar un clima de caos que propiciara la intervención norteamericana.
Ante la neutralización del Gobierno nacional de tales pretensiones, posteriormente se desveló un plan de magnicidio que se gestaba en contra del presidente Maduro.
Este domingo continúa la cumbre del G77+China que se realiza en Bolivia, donde los mandatarios debaten la agenda que planteará las metas a seguir para 2015, basado en un nuevo orden mundial, de paz y bienestar para los pueblos.
PRESIDENTA ARGENTINA: UN NUEVO ORDEN ECONÓMICO MUNDIAL IMPLICA ALCANZAR LA SEGURIDAD Y PAZ MUNDIAL
La presidenta de argentina, cristina fernández, invitó este domingo a los representantes y jefes de estado de los países miembros del g77 más china (g77 + china) a crear un nuevo orden mundial en beneficio de los pueblos, que incluya un sistema de normativas globales para combatir la unilateralidad de los organismos internaciones hegemónicos.
Durante la celebración del Cumbre del G77 +China en la ciudad boliviana Santa Cruz de la Sierra, la mandataria argentina apuntó que "la absoluta fragilidad que implica tener un orden mundial basado en poderes hegemónicos y en la falta de abordaje discrecional de los problemas del mundo implica que los que tienen mayores responsabilidades a la hora de tomar decisiones pueden convulsionar aún más al mundo".
Expresó que hacer honor al lema por un nuevo orden económico mundial, para lo cual fue convocado este bloque, implica "perseguir la meta de seguridad y paz mundial".
"No puede ser que la seguridad del mundo dependa solo de un puñado y por esa razón debemos rechazar la unilateralidad en la toma de decisiones, porque es la forma más drástica de equivocarse y si uno mira la historia reciente, vemos que el unilaterialismo no es conveniente para nadie", agregó.
La mandataria argentina además denunció que los países afectados por la deuda externa son víctimas de un anarco-capitalismo.
"Lo que está sucediendo en el mundo no es el capitalismo sobre el que escribieron David Ricardo ni Adam Smith (teóricos que promulgaron el comercio internacional y la propiedad privada de los medios), es una distorsión total y absoluta que sobrepasa la categoría de explotación y de los capitales financieros y que está al servicio de la exclusión. Ya ni siquiera los hombres son importantes para explotarlos sino que se les excluye".
Recordó que luego de 2003, cuando su compañero Néstor Kirchner asumió el poder en el país suramericano y comenzó a pagar la deuda externa adquirida por los anteriores gobiernos, en Argentina se inició "una larga marcha para solventar los índices de desocupación que estaban por encima del 25%; la pobreza superaba el 54% y la indigencia era superior al 30%".
"Generamos políticas públicas que permitieran garantizar el crecimiento y a través de la industria generamos puestos de trabajo. El trabajo como articulador fundamental de la organización social", explicó.
Recordó que Kirchner en 2005, en el seno de la Organización de Naciones Unidas (ONU), pidió tiempo para crecer y poder pagar lo que otros gobiernos habían generado.
"Que quede claro que nos tocó adueñarnos de la deuda generada por otros gobiernos y Kirchner dijo algo que nunca podré olvidar: 'déjennos crecer porque si nos estrangulan o nos matan no van a poder cobrar ninguna deuda, porque los muertos no pagan las deudas los que pueden pagar las deudas son los vivos", subrayó.
Deuda externa
Fernández indicó que al asumir su primer mandato en 2010 los compromisos adquiridos en el pago de la deuda externa se han honrado puntualmente, hasta el término de que recientemente se firmó un acuerdo con el Club de París, para cancelar la deuda adquirida en 1956 que alcanza los 9.700 millones de dólares.
Acotó que aunque el club de Paris está compuesto por 19 países europeos, los pasivos impagos de Argentina corresponden a miembros adherentes al grupo como Alemania y Japón que adquirieron 60% de la deuda, además de Holanda, Italia y Estados Unidos cuya acreedencias no superan el 8%.
"Los países que tiene deudas que superan el 100% tienen una forma de embargo en sus posibilidades de crecimiento económico. Argentina viene cumpliendo con el pago de sus deudas desde 2005, sin embargo en esta suerte de anarco-capitalismo en el que un grupo de financistas tienen el poder sobre el resto de la humanidad se está poniendo en juego el sistema económico internacional", reflexionó.

MORALES PROPONE MODIFICAR ARBITRAJE INTERNACIONAL PARA BENEFICIAR ECONOMÍAS DE LOS PUEBLOS PRESIDENTE
El presidente de Bolivia, Evo Morales, propuso este domingo en la Cumbre del G77+China modificar el sistema de arbitraje internacional para beneficiar las economías de los pueblos.
"Algunos de los países del G77+China están sometidos a un sistema de arbitraje internacional parcializado" dijo Morales, al tiempo que acotó que en esos mecanismos de solución de conflictos comerciales "siempre gana el sector privado transnacional y no el estado nacional".
"Por ejemplo si nuestros empresarios (bolivianos) invirtieran en Canadá, Estados Unidos o en algún país europeo, allí jamás permitirían que lleven a arbitrajes internacionales. Cualquier inversionista debe respetar las normas nacionales", subrayó.
Explicó que los negocios transfronterizos tienen que ser justos y equitativos, que no sólo protejan las inversiones sino "a la sociedad y al Estado".
El mandatario boliviano recomendó a los 133 miembros del organismo internacional proponer ante las Naciones Unidas "un nuevo sistema de arbitraje de inversiones".
Puntualizó que el arbitraje internacional debe incluirse en la Declaratoria final de Santa Cruz, que fijará las bases para la agenda mundial post 2015.
COOPERACIÓN SUR-SUR
Durante la cumbre, que finaliza este domingo, el Ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorin, enfatizó por su parte que se deben reforzar los mecanismos de cooperación Sur-Sur que han permitido el desarrollo de los países de la región.
"La Cooperación Sur-Sur, no sólo crea nuevas posibilidades sino también nuevas modalidades de cooperación sobre la base del interés, el respeto total a la soberanía y sin discriminaciones", resaltó Amorin.
En la cumbre, además el ministro de Relaciones Exteriores de Qatar, Sheik Khalid Mohammed Al Al-Attiyah, enfatizó que se debe condenar "el terrorismo en todas sus formas".
Resaltó además que debe seguir trabajando por la recuperación de las economías de los integrantes del G77+China.
Entretanto, el ministro de Relaciones Exteriores de Uganda, San Kutesa, agradeció su elección como presidente de la 69º sesión de la Asamblea General de la ONU. Kutesa fue elegido por unanimidad por la Unión Africana como el único candidato para la presidencia de la 69º sesión.
Los 133 países miembros del Grupo 77+China, en la declaración previa de las conclusiones de la cumbre, ratificaron que la erradicación de la pobreza debe seguir siendo el objetivo que rija el plan de desarrollo económico para 2015.

MUJICA: NO PODEMOS COPIAR MODELOS POLÍTICOS O ECONÓMICOS SINO CREAR LOS NUESTROS
"No podemos copiar modelos políticos o económicos sino crear los nuestros con una visión diferente y renovada", enfatizó este domingo el presidente de Uruguay, José Mujica, durante su intervención en la cumbre del G77 China que se desarrolla en Santa Cruz, Bolivia.
El mandatario uruguayo subrayó la importancia de forjar un cambio cultural para transformar progresivamente las relaciones económicas y desarrollo social. "Esto no es fácil, es más fácil cambiar las relaciones de propiedad que las culturales, hay que hacerlo, porque si no hay cambio cultual no hay nada", dijo en un discurso transmitido por Telesur.
Advirtió sobre el peligro de copiar los modelos económico y tecnológicos de las potencias porque "si copiamos en nuestros países el modelo del imperio podremos lograr el desarrollo económico y tecnológico, pero no el humano".
Ratificó, por tanto, que la batalla es cultural. "Corresponde dar el ejemplo a los que están en la cabeza del gobierno, no se trata de acumular riqueza sino en luchar, promover las mejores fuerzas de nuestro pueblo".
Mujica recordó que las Repúblicas nacieron para impulsar la igualdad de los seres humanos, "pero que cada quien puede tener su propia autonomía y libertad".
El Jefe de Estado uruguayo exhortó a los pueblos a mantenerse alertas y atentos "porque estos tramposos (el imperio) nos invitan a ser copartícipe en una mesa, diciendo que son buenos y que traen buenas intenciones pero realmente no lo son y sólo quieren sacar provecho y ventaja a causa de su prepotencia financiera".
Invitó a los gobiernos a promover esfuerzos que apunten a cambiar la cultura del despilfarro y la codicia. "Invito a pensar porque esta causa es muy vieja. No podemos seguir dándole manija a la población contribuyendo al despilfarro, porque está en juego la vida del planeta. Creo en el cambio cultural".

G77+CHINA:
HACIA UN NUEVO ORDEN CONTRAHEGEMÓNICO PARA VIVIR BIEN

POR Katu Arkonada


La Cumbre del G77+China que finaliza en Santa Cruz de la Sierra, organizada por el Estado Plurinacional de Bolivia cuando se cumplen 50 años de su creación el 15 de junio de 1964, ha sido un éxito organizativo y político que sin ninguna duda va a suponer el relanzamiento de este grupo, el más grande al interior de las Naciones Unidas.
Son tres los principales indicadores que miden el éxito de un evento internacional de estas características: el poder de convocatoria, es decir, el número de altas autoridades y países que acuden a la misma; la declaración consensuada por la Cumbre así como el alcance político de la misma; y la logística y organización que hacen posible que todo el evento se desarrolle con normalidad. Si nos atenemos a las declaraciones realizadas por los propios presidentes, vicepresidentes y primeros ministros durante la plenaria, podemos afirmar sin ningún tipo de duda que la Cumbre del G77+China en Bolivia ha sido un éxito rotundo.
Por un lado, y en el aspecto más formal, la llegada a Bolivia de 13 presidentes, 4 primeros ministros, 5 vicepresidentes, 8 cancilleres o 31 embajadores antes las Naciones Unidas de los 4 continentes del Sur del mundo, hasta completar 104 países de los 133 que conforman el G77+China, supone un hito sin precedentes en la historia del G77+China que en América Latina solo es superado en asistencia de altas autoridades por la Asamblea General de las Naciones Unidas y la CELAC. Todo ello en medio de una excelente organización y coordinación interinstitucional entre el Gobierno boliviano, la Gobernación y la Alcaldía de Santa Cruz que fue elogiada por la mayor parte de países en sus intervenciones.
DECLARACIÓN DE SANTA CRUZ
Pero si por algo va a ser recordada esta Cumbre del G77+China en su 50 aniversario es por la Declaración de Santa Cruz1 que apunta como nunca antes a cuestionar los paradigmas existentes en el mundo de las Relaciones Internacionales y construye un horizonte para esa nueva Geopolítica del Sur en la transición del mundo unipolar al mundo multipolar.
La Declaración de Santa Cruz tiene 242 puntos que han supuesto aproximadamente 90 horas de debate en 30 sesiones de trabajo en el marco de las Naciones Unidas, además de la plenaria de la Cumbre del G77+China, y está estructurada en 5 partes: una primera de contexto general; una segunda parte de contexto nacional; una tercera en la que se defiende la Cooperación Sur-Sur; una cuarta parte en la que se plantean los desafíos mundiales; y una quinta y última parte que desarrolla las necesidades particulares de los países en desarrollo en situaciones especiales.
La Declaración podemos analizarla en dos dimensiones diferenciadas pero complementarias. Una primera dimensión que apunta a la agenda formal-institucional y que tiene como objetivo aportar al debate de la Agenda Post-2015 y la construcción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que deben sustituir a los Objetivos del Milenio, y una segunda que apunta a la construcción de ese otro mundo posible, un mundo de soberanía para el Sur, libre de toda forma de colonialismo e imperialismo.
En la primera dimensión, la del debate post-2015, la Declaración de Santa Cruz destaca que los Objetivos de Desarrollo Sostenible deberían abordar y centrarse prioritariamente en la integración de las tres dimensiones del desarrollo sostenible (económica, social y ambiental), regirse por el documento final de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, respetar todos los Principios de Río y tener en cuenta las diferentes circunstancias, capacidades y prioridades nacionales.
En esta dimensión se reconoce que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar y para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza y la Madre Tierra. Se afirma que no existe un único modelo de democracia y se reafirma la necesidad de respetar debidamente la soberanía, la unidad y la integridad territorial y el derecho a la libre determinación, así como el rechazo de cualquier intento de desestabilizar los sistemas constitucionales y democráticos legítimamente establecidos por los pueblos. Asimismo se defiende la soberanía de los pueblos sobre sus recursos naturales en interés del desarrollo nacional y como una forma de avanzar en la erradicación de la pobreza y la reducción de la desigualdad, además de para lograr el crecimiento económico y la creación de empleo, así como la universalización del agua potable y el saneamiento básico en cuanto a Derechos Humanos.
La segunda dimensión apunta al horizonte del G77+China para los próximos años en el marco de la reconfiguración geopolítica y el nuevo mundo multipolar. En esta dimensión se hace una apuesta firme por la Cooperación Sur-Sur como expresión de solidaridad entre los pueblos y países del Sur, basada en los principios del respeto a la soberanía, independencia, igualdad, no condicionalidad, no injerencia en los asuntos internos y el beneficio mutuo. También, y desde una lectura de la crisis del capitalismo, se apuesta por una reforma de la estructura financiera internacional de manera que tengamos un sistema financiero y monetario que refleje las realidades del siglo XXI, incluido un sector financiero internacional debidamente reglamentado que reduzca y desestimule las inversiones especulativas, a fin de que se puedan movilizar los mercados de capital para alcanzar el desarrollo sostenible, y de que esos mercados desempeñen un papel constructivo en la agenda mundial para el desarrollo.
El horizonte antiimperialista y anticolonial también está presente y es de destacar la denuncia que se hace en la Declaración de Santa Cruz del bloqueo a Cuba, instando a que se ponga fin al embargo económico, comercial y financiero que sufre la Isla y que, además de ser unilateral y contrario a la Carta de las Naciones Unidas y al derecho internacional, causa grandes pérdidas materiales y daños económicos al pueblo cubano. Similar posición respecto de la situación neocolonial en las Malvinas donde se reconoce el perjuicio a la Argentina y se insta a encontrar una salida pacífica a la disputa por la soberanía sobre las islas. También se hace una defensa del pueblo palestino y una condena de la ocupación militar israelí, no solo del territorio palestino ocupado (incluyendo Jerusalén), sino también del Golán sirio y territorios del Líbano, reivindicando las fronteras de 1967.
Es importante destacar el desarrollo que se hace en la documento final de la Cumbre del G77+China de propuestas en torno a la biodiversidad, los bosques, la desertificación, los océanos, y especialmente el cambio climático. La Declaración afirma que el cambio climático pone en peligro no solo las perspectivas de desarrollo de los países en desarrollo y su logro del desarrollo sostenible, sino también la propia existencia y supervivencia de los países y las sociedades.
EL VIVIR BIEN COMO APORTE BOLIVIANO
La Cumbre celebrada en Bolivia en el 50 aniversario del Grupo de los 77 tenía como lema principal “Por un nuevo orden mundial para Vivir Bien”; y el Vivir Bien en cuanto a experiencia de Bolivia para el mundo estuvo presente en muchos de los discursos de los líderes del bloque, destacando el discurso inaugural del propio Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon que defendió el Vivir Bien y el desarrollo en equilibrio con la Madre Tierra como aportes bolivianos a la construcción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En el documento final de la Cumbre además se incorpora durante varios párrafos una defensa de los Derechos de los Pueblos Indígenas, instando a trabajar en pro de la realización de los mismos sobre sus tierras, recursos naturales, identidad y cultura. En la Declaración se complementan los derechos colectivos con los derechos de la Madre Tierra y todo ello para lograr el desarrollo sostenible y el Vivir Bien en los países en desarrollo.
Bolivia también ha incorporado en la Declaración los principios andinos del ama suwa (no seas ladrón), ama llulla (no seas mentiroso) y ama qhilla (no seas perezoso), principios que, de conformidad con todos los derechos humanos y las libertades fundamentales, contribuyen a los esfuerzos para prevenir y combatir la corrupción.
Asimismo, a iniciativa de Bolivia los Jefes de Estado y de Gobierno del G77+China reconocen en el documento final de la Cumbre el masticado (akulliku o chacchado) de la hoja de coca como una manifestación cultural ancestral de los pueblos de la región andina que debe ser respetada por la comunidad internacional.
Una enmienda al documento propuesta por el Presidente Evo, a la que habrá que dar seguimiento e impulso en los próximos meses tanto desde los movimientos sociales como desde los gobiernos del Sur, es la creación de un “Instituto de Descolonización y Cooperación Sur-Sur” con sede en Bolivia en el marco de una alianza económica, científica, tecnológica y cultural entre los países del G77+China para posibilitar una real y definitiva independencia del Sur.
G77+CHINA EN BOLIVIA, EL TRIUNFO DE LA DIPLOMACIA DE LOS PUEBLOS
La inauguración oficial de la Cumbre del G77+China estuvo antecedida por un encuentro multitudinario entre los movimientos sociales bolivianos y una buena parte de los presidentes de izquierda de América Latina como Raúl Castro, Nicolás Maduro, Rafael Correa o Salvador Sánchez Cerén, además de personalidades como Rigoberta Menchu o el propio Ban Ki-moon, todos ellos encabezados por el propio Evo Morales. Baño de pueblo antes de la ceremonia protocolar que simboliza perfectamente el nuevo paradigma boliviano de Relaciones Internacionales llamado Diplomacia de los Pueblos.
En ese encuentro en el Estadio Tahuichi Aguilera de Santa Cruz, Rafael Correa advertía de los peligros de la restauración conservadora, y en contraposición defendía la unidad de los gobiernos progresistas. Un buen ejemplo de ello es la resolución de apoyo a Venezuela, propuesta en plenaria por el Presidente Evo, ante la agresión imperialista que sufre la revolución bolivariana.
En ese encuentro con los movimientos sociales el Presidente Evo afirmó que si continua la agresión imperialista contra la revolución bolivariana, Venezuela y América Latina serán un segundo Vietnam para los Unidos. Afirmación que nos recuerda el “Crear dos, tres, muchos Viet Nam”, el famoso mensaje a la Tricontinental del Che Guevara mientras se encontraba practicando la lucha internacionalista en tierras bolivianas. Dando una vuelta de tuerca a estas ideas, podemos afirmar que para frenar la restauración conservadora y seguir profundizando en la liberación del Sur, necesitamos dos, tres, muchos Evos, Maduros, Correas…que de la mano de sus pueblos sigan los pasos de los Chávez, Bolívar, Martí, Sandino, Farabundo Martí, Allende, Ho Chi Minh, Lumumba, Sankara y tantos otros líderes del Sur que dieron su vida por la liberación de sus pueblos.
En definitiva, y como síntesis de la Cumbre del G77+China y la Declaración de Santa Cruz, podemos afirmar que no puede darse una total erradicación de la pobreza y superación irreversible de la desigualdad, si esta no va de la mano de la liberación económica y política de los pueblos en el marco del Vivir Bien y el respecto a los Derechos de la Madre Tierra, bajo el horizonte de la Cooperación Sur-Sur y la Diplomacia de los Pueblos.
FUENTE : REBELION

EL G77 Y LA DESCOLONIZACIÓN DE LA GEOPOLÍTICA

Por Rafael Bautista S.

Las recientes crisis en Ucrania y Siria manifiestan la compleja transición hacia un mundo sin centro hegemónico único; lo que se está denominando el “incipiente mundo multipolar” (las áreas en disputa manifiestan esta tónica). El siglo XXI amanece con un nuevo mundo emergente que ya no presupone, ni cultural ni civilizatoriamente, la hegemonía occidental. El “gran relato” neoliberal del “fin de la historia” se hizo pedazos el 11 de septiembre de 2001 y su última cruzada, llamada el “choque de civilizaciones”, es derrotada en Siria y Ucrania. Es decir, el fenómeno de la colonización, consustancial al mundo moderno, empieza a desmoronarse en el nuevo siglo. Incluso las nuevas potencias emergentes, si optaran por asegurarse áreas de influencia, ya no podrían hacerlo según las prerrogativas que adoptaron las potencias occidentales cuando se repartieron el África y el Oriente. La sobrevivencia de un mundo multipolar pende del siguiente detalle: los términos en que se expresen las alianzas geopolíticas sólo podrían cimentarse en una cooperación mutua y estratégica y ya no en exclusivas relaciones de dominación.

Las últimas bravuconadas que Occidente despliega bélicamente no hacen sino mostrarnos su decadencia profunda. Ya no pudo invadir Siria, y eso le está costando, no sólo credibilidad sino, sobre todo, la desconfianza en su capacidad militar. Incluso podría decirse que el 3 de septiembre de 2013 se evitó la tercera guerra mundial, cuando el sistema de defensa aéreo ruso S300-PS, desde la base de Tartus, en Siria, intercepta y destruye misiles tomahowks (lanzados desde la base gringa de Rota, en la bahía de Cádiz), que tenían como destino Damasco. Desde entonces queda demostrado que los rusos han recuperado su importancia militar; lo cual equilibra un mundo que había sido capturado por USA (según Ehud Barack, exministro de asuntos militares de Israel, eso debilita a USA en todo el mundo). Desde el triunfo de Rusia ante Georgia, por Osetia del Sur, el 2008, puede decirse que la geopolítica del siglo XX ha sido dislocada en favor de una nueva reconfiguración planetaria.

En Ucrania termina de rematarse la cosa, puesto que la injerencia occidental, comandada por USA, no hace sino, para su propia desgracia, acercar aún más a China y Rusia, lo cual significa, en lo venidero, el viraje definitivo de la economía mundial hacia el Oriente. El último acuerdo monumental entre Rusia y China (cuyo comercio bilateral alcanzará, para el 2020, los 200.000 millones de dólares), no sólo ratifica la hegemonía de una Eurasia oriental, en torno a la restauración comercial de la “ruta de la seda”, sino hasta posibilita que China se expanda hacia Occidente (los más que probables ejercicios militares conjuntos entre Rusia y China en pleno Mar Negro). Ni USA ni Europa tienen la musculatura, ni económica ni militar, para hacer valer sus sanciones económicas a una Rusia que, aliada de China, ya no tiene necesidad de supeditarse a un Occidente en plena decadencia.
El mundo y su cartografía geopolítica, tal cual había sido concebida por las potencias occidentales, desde el siglo XIX, está feneciendo. Esto quiere decir que la disposición centro-periferia, pertinente al mundo moderno, ya no tiene sentido. Como tampoco tiene sentido, frente a la crisis climática y energética, un sistema económico que sólo sabe administrar el despojo sistemático de vida (humanidad y naturaleza) en favor de los fetiches del mundo moderno: el capital y el mercado. La crisis es civilizatoria y sólo puede ser comprendida, en su verdadera magnitud, desde una perspectiva multidimensional.

Esto quiere decir que, tampoco las ciencias modernas, en su crisis epistemológica, estarían a la altura de dar razón de la crisis. Si todas parten de los mitos y prejuicios modernos, ¿cómo podrían auscultar una crisis que la originan estos mismos mitos y prejuicios? La crisis actual manifiesta una rebelión de los límites mismos de un mundo que es finito; pero la ciencia moderna, la economía capitalista y el mismo paradigma del desarrollo, suponen recursos de aprovechamiento infinitos como presupuesto de un progreso también infinito.

Este presupuesto da origen a la sociedad moderna. Pero es un presupuesto falso, porque los recursos no son infinitos. Ni la naturaleza ni el trabajo humano pueden garantizar un progreso sin fin. Un crecimiento sin límites es una pura ilusión trascendental. Por eso el mundo moderno se halla en la peor de sus encrucijadas; pues si su economía se basa en el crecimiento económico, este crecimiento supone el aprovechamiento desmedido de energía fósil. Sin energía se hace imposible crecer. Crecer para el primer mundo significa aumentar su consumo de energía; pero si añadimos a esto que el mito moderno de los países ricos es crecer indefinidamente, fieles al modelo de desarrollo y progreso infinito, resulta que su propia forma de vida, basada en el crecimiento infinito, ya no puede sostenerse. Entonces, lo que se vislumbra, como consecuencia de esta crisis, es el colapso cultural y civilizatorio de la modernidad occidental. No siendo ya el primer mundo dueño de la energía del planeta (desde el 2003, cuando British Petroleum confirma el fracaso de la guerra de Irak), ya no puede subvencionar su desarrollo con la miseria que genera su economía en el resto del planeta.

La crisis financiera se vincula también a la crisis energética, que es la otra cara de la rebelión de los límites ante las pretensiones ilimitadas de un crecimiento sin fin. Este crecimiento es ya insostenible ante la evidencia del agotamiento paulatino de los recursos energéticos. Lo cual hace más vulnerable la estabilidad a futuro de un dólar que, sin petróleo, no tiene nada que lo sostenga (a no ser sus bombas nucleares). El primer mundo requiere cada vez más energía para crecer económicamente, pero si ya no dispone de energía barata y abundante, todo su complejo industrial y tecnológico se estanca. Entra en crisis. Tanto su producción como su consumo ya no pueden sostenerse. La crisis manifiesta aquello. La crisis climática es la rebelión de los límites: el mundo es finito.
Por eso el mito de la globalización encierra una aporía insoluble: si el mundo es uno, entonces no es infinito. El sistema-mundo-moderno-occidental choca entonces con la fuente de donde emana todo lo que hace posible la vida: la naturaleza es única, lo cual no quiere decir que sea infinita. Única quiere decir vulnerable. Su finitud es constatación de su condición de sujeto. Por eso no puede no tener derechos. Si la vida procede de ella es porque es Madre. Por eso le decimos PachaMama. La extracción indiscriminada que se hace de sus componentes vitales, en torno a una acumulación excesiva de ganancias, hace imposible que pueda reponer lo que se le ha quitado: la sobre-explotación de un recurso conduce a la destrucción paulatina de todo su contexto vital. A esto llamamos extractivismo, prototípico del capitalismo.

La curva geofísica de Hubbert fue diseñada para mostrarnos que todo elemento depletable, como el petróleo, alcanza una cúspide en su explotación, para nunca más superar aquello. Según el World Energy Outlook (informe anual de la Agencia Internacional de Energía del 2010) esta cúspide a nivel mundial ya se habría alcanzado el 2006. Y, si es cierto que la cúspide de todos los hidrocarburos, además del uranio, se daría el 2018, entonces se hace imprescindible una transformación en la base energética; pero los países ricos no responden de modo sensato a esta realidad sino que apuestan por un peligro aún mayor: los agrocombustibles.

Pareciera que los países ricos, al no encontrar salida a su crisis, optan por meterse más en ella. Pues esta supuesta solución a la crisis energética supondría un holocausto alimenticio a nivel global (la subida de los precios de granos y alimentos corrobora una tendencia de carácter especulativo que aprovecha ufano el capital financiero).

La pelea energética es ahorita la tónica de los dislocamientos geopolíticos. Para el imperio es imprescindible la combinación dólar-petróleo. Sin petróleo no puede sostener su infraestructura bélica planetaria. Si tiene el petróleo tiene el control. Entonces la situación en Ucrania y Siria nos lleva también a reflexionar acerca de la amenaza sistemática que ejercen los poderes fácticos en Venezuela. Necesitan del petróleo venezolano para equilibrar su poder ante estas nuevas derrotas en Ucrania y Siria.

USA persigue su soberanía energética recapturando a Latinoamérica. Por eso el TLCAN con México reaviva la “Doctrina Monroe”, por eso lo que sucede en Venezuela forma parte de su estrategia geopolítica ante el ascenso de China y Rusia; las bases militares gringas de Colombia y Perú ya no apuntan sólo a Venezuela sino también a Brasil. No sólo el Orinoco sino el Amazonas son áreas geoestratégicas para restaurar un mundo unipolar (parece que Brasil, aun siendo parte de los BRICS, no se ha anoticiado de esto).

Esta lectura nos sirve para diagnosticar, establecer y determinar el contexto epocal que subyace a la celebración de la “50 reunión cumbre del G77”. Esta cumbre que se realizará en Bolivia es inédita, pues si en sus inicios el G77 sólo coordinaba programas de cooperación en materia de comercio y desarrollo para una mejor integración en el mercado mundial, la nueva reconfiguración geopolítica y geoeconómica actual, sienta las bases para hacer de este grupo un contrapeso a la hegemonía –en decadencia– de los países ricos.

No sólo Bolivia, sino el ALBA y hasta el MERCOSUR, tienen la mejor oportunidad de liderar una transición con perspectiva mundial. Por eso la necesidad de contar, en la actualidad, con una perspectiva geopolítica ya no sólo coyuntural sino acorde con este proceso de transición planetaria. Politizar la cumbre G77 es fundamental para que nuestros países sitúen a nuestra región en el nuevo centro de gravedad de la transición civilizatoria del siglo XXI. Por eso el “vivir bien” y la “descolonización” ya no pueden diluirse en la pura retórica sino consolidarse como el discurso pertinente a un mundo en transición civilizatoria.

El G77 nace dentro del paradigma del desarrollo y en un mundo repartido entre dos potencias. Con la imposición de un mundo unipolar, el grupo no tenía más carácter que el exclusivamente declarativo. Pero con la decadencia del mundo unipolar y el ascenso de los BRICS, nuevos márgenes de acción se presentan para este tipo de grupos (también es el caso de los “no alineados”), pues los mismos organismos internacionales (pertinentes a la hegemonía gringa) se hallan seriamente cuestionados; entonces, ante el declive de unos y el ascenso de otros, el G77 se halla en condiciones nunca antes experimentadas, pues el mundo moderno atraviesa, por vez primera, la ausencia del poder hegemónico occidental, pero a su vez, también se encuentra en medio de una crisis civilizatoria que amenaza a la supervivencia propia del planeta.

En ese contexto, la reunión en Bolivia podría despertar una conciencia global de un necesario cambio de paradigma frente a la decadencia del capitalismo. Sólo una mancomunidad de esfuerzos de los países pobres podría augurar nuevas vías que puedan apostar las economías periféricas, con el fin de desprenderse definitivamente de las prerrogativas de los países ricos (ahora en crisis profundas) y proponerse despegues económicos que ya no busquen una integración subordinada al capital y al mercado globales sino de una reconstrucción de sus propias economías. Este periodo de transición hacia un nuevo sistema económico mundial durará por lo menos un siglo; no se sabe qué adviene pero la economía no puede continuar con las prerrogativas propias del modelo de producción, consumo y acumulación actual.

El ascenso de las potencias emergentes no sólo reequilibran el poder global sino que hace posible descentrar la economía y la política globales. La disposición centro-periferia es lo que ya no puede mantenerse; con el ascenso de los BRICS se reivindican culturas y civilizaciones que el mundo moderno las consideró arcaicas y superadas del todo. India y China vuelven a tener la importancia global anterior a la modernidad. Por eso no es raro que una buena parte de la literatura gringa hable del “choque de civilizaciones”. Occidente se siente amenazada por el despertar de las civilizaciones que supuso atrasadas, lo cual no hace sino desmentir su presunta superioridad civilizatoria.

Para este año China será la primera economía mundial y para el 2020 China superará en lo tecnológico, económico, científico, educativo, etc., a la suma conjunta de Europa y USA. Solo en el índice PISA, que mide el nivel educativo en el mundo, de los 10 primeros puestos, 7 son países asiáticos (hasta Vietnam está por encima de USA). Es decir, la decadencia del primer mundo es ya una cuestión de hecho.

En ese contexto, el primer mundo ya no es más modelo civilizatorio. Y la economía que patrocinó por cinco siglos ya no es más sostenible. Energéticamente el mundo ya no puede seguir el modelo de consumo occidental; a lo cual hay que añadir que las potencias emergentes no son autosuficientes y ya no pueden hablar en los términos colonialistas que lo hacían Europa y USA. La colonización ya no sería posible de reeditarse en el siglo XXI.

Esto quiere decir que, un mundo multipolar, permite pensar una situación mucho más rica y compleja: la ceropolaridad. Este concepto es novedoso en la geopolítica y quiere describir un mundo sin hegemonías concentradas. Pues tampoco las nuevas potencias emergentes, pueden decidir todo sin contar con los afectados; esto significa que ninguna potencia puede ejercer, de modo único, su influencia sobre todos los acontecimientos.

Cuando los poderes hegemónicos retroceden en algo, las soberanías nacionales, aunque mínimas, despiertan a nuevas apuestas; y si estas apuestas se generalizan, entonces tenemos una coyuntura como la actual: un “cambio de época”. Una nueva disposición geopolítica planetaria con ya no un solo centro abre márgenes de acción para los países pobres. Pero estos, de modo aislado, no podrían superar su situación. Sólo la cooperación y las alianzas estratégicas podrían enfrentar, de modo más plausible, la arremetida de los países ricos.

Estas alianzas no pueden prescindir de los BRICS. China recupera el pacífico como centro de la economía global y eso supone también que los flujos comerciales se des-occidentalicen. Junto a la India establecen una nueva geografía de la economía mundial. Por primera vez, después de 500 años, América aparece otra vez al extremo oriente del oriente, mostrando el verdadero sentido y dirección de la civilización humana. Occidente nunca fue la culminación del desarrollo de la civilización humana. Las implicaciones de este tipo de recambios van a tener sus repercusiones hasta en lo cultural.

Aliarse a los BRICS no tendría que significar avalar, o peor, remedar su modelo de crecimiento económico. Pero en una nueva cartografía geopolítica y un nuevo mapa institucional global, nuestros países podrían demandar, en condiciones más favorables, una transformación del modelo productivo y de consumo que ha originado el capitalismo. Por eso necesitamos reafirmar la creación de una nueva arquitectura financiera global. Se dice que nadie, en el contexto global, es independiente del todo; se es independiente en la medida en que se conoce y se aprovecha, en beneficio propio, el grado de dependencia que se tiene.

Una transformación del modelo productivo supone una nueva arquitectura financiera y ésta presupone un nuevo marco jurídico del derecho, nacional e internacional, que le devuelva la soberanía a los pueblos. Cuestionar todo aquello supone también advertir que no es un modelo de desarrollo lo que ha entrado en crisis sino el propio desarrollo; el afán de control y dominio de la naturaleza, reducida a objeto a disposición, es lo que ya no puede sostenerse. La propia concepción que de naturaleza tiene el capitalismo y la modernidad, es lo que hace insostenible todo sistema económico. Por eso, la defensa de “derechos de la Madre tierra”, el “vivir bien”, la “descolonización”, se constituyen en criterios epocales que sostienen una toma de conciencia global; esto es lo que establece, en nuestro caso, un liderazgo nunca antes imaginado y que nos abriría la posibilidad de establecer una agenda mundial.
Los desafíos son grandes, por ejemplo, desafiar al mismo mercado global supone la promoción de sistemas de producción locales y tecnologías ancestrales o la recuperación de economías campesinas comunitarias como base de la soberanía alimentaria. Sólo aquello podría remediar, en un 50%, la emisión de gases de efecto invernadero (que provoca las gran agroindustria). La autosuficiencia alimentaria es parte de la consolidación de alternativas en la economía e, inevitablemente, de la revalorización de las culturas antes despreciadas.

El nivel de agresión y destrucción del proceso de producción capitalista, destaca una invariable en su propia lógica: destruir para producir. En ese sentido, la decadencia del capitalismo arrastra al mundo y a la vida en su conjunto. Las implicancias a futuro de esta decadencia es la que obliga al mundo a proponerse nuevas alternativas. Por eso la respuesta no puede provenir del primer mundo, pues la apuesta de éste es únicamente alterar el rumbo que está adquiriendo el mundo multipolar e impedir definitivamente su consolidación.

En Ucrania, la opción occidental consiste en restaurar el orden hegemónico unipolar; pues la sobrevivencia de Europa misma se encuentra en entredicho. La dependencia del gas ruso le aleja de la esfera gringa y le convierte en una semi-colonia energética de una economía cuyo centro se hace cada vez más oriental. Los dislocamientos geopolíticos de este nuevo siglo hacen resurgir a la región euroasiática como lugar estratégico para controlar y dominar al mundo. Para Occidente es vital recuperar esa zona, pues sus estrategas consideran que Ucrania es la entrada a Eurasia, donde vive el 75% de la población mundial y donde se hallan ¾ partes de toda la energía conocida. Capturando a Ucrania se trata de impedir que la economía se orientalice, pues si Rusia se acerca a China (y a India), Occidente deja de tener la importancia que una vez tuvo y su economía no podría ya reponer su predominio (por eso hasta Alemania juega doble, pues también se acerca a China y Rusia, aunque no renuncia a su pertenencia occidental).

El G77 no puede desatender este nuevo contexto que está alterando por completo el tablero geopolítico mundial. En medio de un incipiente mundo multipolar, la visión que se tenga no puede reducirse a lo meramente local. En un mismo mundo compartido, todo tiene relación con todo. Una nueva lectura del relacionamiento internacional pasa por una actualización geopolítica de un mundo en transición. La narrativa actual es geopolítica, pero no una geopolítica provinciano-imperial sino una geopolítica verdaderamente mundial.

Esto nos posibilita advertir también el carácter ideológico, unilateral y hasta plagado de un provincianismo cultural de los marcos teórico-conceptuales de las relaciones internacionales y la diplomacia, como disciplinas sociales. Estas disciplinas tienen una reducida perspectiva europeo-norteamericana, que justifica un excepcionalismo inadmisible hoy en día. La decisiva dependencia que tienen estas disciplinas de la política exterior norteamericana, delata también una profunda ignorancia de otros mundos culturales y civilizatorios que no pueden ser reducidos a la mirada occidental.

Esto nos lleva a advertir que, si el mundo que viene será multipolar, nuestra geopolítica deberá también, acorde con ese nuevo mundo, tener una visión multidimensional de implicancias globales, o sea, deberemos aprender a ver el mundo desde una perspectiva propia. Si los chinos, hindúes, iraníes y rusos, propician think tanks propios, con perspectivas geopolíticas radicalmente distintas a las de europeos y gringos, no menos debemos realizar en este lado del mundo. El asunto, en definitiva es, o producimos una perspectiva propia de lo que sucede en el mundo o nos contentamos con la perspectiva usual, que es la occidental. De una determinada narración se deduce una determinada posición. Si la narración es la decadente, la moderno-occidental, entonces lo que se deduce es la defensa de los intereses y los valores moderno-occidentales.

El mundo es lo que se interpreta de éste. O descubres el mundo o te lo encubren. La política exterior de nuestros países ha estado siempre constituida a partir de los marcos teórico-conceptuales de la narración geopolítica imperial. Desprenderse de aquello supone producir una nueva narración geopolítica que de nacimiento a un nuevo tipo de relaciones internacionales. Lo usual en teoría de las relaciones internacionales ha sido siempre la lectura abstracta, descontextualizada, sin historia, usando conceptos meramente formales, que ordenaban un pasivo reacomodo a las situaciones impuestas. La geopolítica parecía patrimonio del centro, por eso hasta la izquierda ingenua entendía ésta como una disciplina imperial (sumidos en la lectura hacia adentro olvidaban a menudo el mundo real en el cual se encontraban).

Las lecturas hegemónico-imperiales están en crisis, develando el provincianismo de la visión del centro ante un mundo de ascensos civilizatorios que no logran comprender. Occidente nunca conoció al mundo, por eso mira atónito el ascenso de las potencias emergentes y descubre que no tiene otra cosa que la fuerza bruta para imponerse. El afamado historiador de la Universidad de Yale, Paul Kennedy, sostiene que los asuntos internacionales no andan bien en el mundo político y social y que incluso estarían comenzando a desmoronarse, tanto institucional como discursivamente. Pero este desmoronamiento lo ve como un atentado al “mundo libre”, es decir, no es capaz de ver que se trata del desmoronamiento cultural-civilizatorio de la propia hegemonía occidental, es decir, el llamado “mundo libre”.

La conclusión que este tipo de personajes –muy influyentes en ámbitos de poder– presenta, es que el mundo está desquiciado. Esa visión delata a un centro que ya no sabe leer un nuevo mundo emergente. Para Charles Hill, legendario funcionario del Departamento de Estado, el antiguo orden conocido como el siglo norteamericano, que era parte de la era moderna, parece estar apagándose. Su diagnóstico es revelador, pues señala que la era que viene “ya no será moderna”; pero lo que constituiría una esperanza para el resto del mundo pobre, él lo ve como “nada agradable”.

Por supuesto, desde el imperio no es nada agradable perder su preeminencia; por eso hace bien David Brooks (columnista del New York Times) en señalar que el orden moderno al cual se refiere Hill, es un sistema de Estados que encarnan los dos grandes vicios de las relaciones internacionales: el deseo de dominio expansivo y de eliminación de la diversidad. De ello se puede colegir que las mismas relaciones internacionales no fueron nunca concebidas para un mundo multipolar no occidental. Para el imperio, la geopolítica ha sido la defensa exclusiva de sus intereses, a los cuales llama sus valores. Un mundo multipolar y policéntrico es algo inconcebible para la geopolítica imperial, pero una necesidad a ser pensada en la geopolítica de nuestros países. Por eso tiene sentido hablar de una descolonización de la geopolítica.

La transición civilizatoria no puede ser ciega. Advertir el sentido potencial de una nueva reconfiguración planetaria, sin hegemonía única, permite diseñar una nueva fisonomía global más acorde a una realidad diversa y plural. Por eso la visión provinciana de la geopolítica imperial ya no sirve para interpretar el sentido de la transición. La narrativa geopolítica deberá recuperar las historias negadas y los horizontes culturales olvidados. Si el G77, y Bolivia y los países del ALBA, están a la altura de liderar la transición civilizatoria, lo que lógicamente debería acontecer es la posibilidad de fundar, en el mediano plazo, una nueva “Liga de las Naciones” (como reconocimiento además a sus verdaderos inspiradores: la liga indígena Iroquesa).

Si todas las instituciones mundiales ya no cuentan con legitimidad, pues todas ellas responden a la disposición centro-periferia, prototípica de la hegemonía moderno-occidental, la propia ONU debería desaparecer y dar lugar a una nueva y más democrática organización. El G77 contiene la mayor concentración de países miembros de la ONU, por tanto, su legitimidad es considerable. Un nuevo mundo en ciernes no puede amanecer con instituciones arcaicas.

La Paz, Bolivia, 30 de mayo de 2014
Rafael Bautista S.
autor de “la Descolonización de la Política.
Introducción a una Política Comunitaria”,