LA VENGANZA DEL BANCO MUNDIAL 



FMI Y BM HAN IMPUESTO EL NEOLIBERALISMO 



Periódico OPCIÓN
“Aunque los ejemplos puntuales abundan, con mucho el mayor rol político que han jugado el FMI y el Banco Mundial ha sido la imposición del paradigma neoliberal en los países del Tercer Mundo. El Consenso de Washington, que predicaba la neutralidad de las políticas económicas…, fue elevado por estos organismos de simple ideología al rango de teoría general”.
Rafael Correa Delgado, en Ecuador: de Banana Republic a la no República.
p. 162, primera edición
Random House Mondadori, 2009.
“Sin que nadie se lo pida, (el BM) nos duplica el cupo. Ellos dan financiamiento de acuerdo a la capacidad de pago. Bienvenido ese financiamiento”.
Rafael Correa Delgado, en Nueva York, Estados Unidos. Tomado de El Ciudadano, 2014.
Rafael Correa se las tenía juradas a Eduardo Somensatto: si ganaba las elecciones lo expulsaría del país. Y así fue. Apenas había pasado tres meses desde que se sentó en el sillón presidencial y, mediante una carta, en abril del 2007, lo declaró “persona non grata”. En la práctica eso significa que tenía que irse ya.
El brasileño Eduardo Somensatto era el representante del Banco Mundial en Quito. Un tipo agradable, con mucha afinidad personal con las costumbres del país. Fue el rostro visible de uno de los organismos multilaterales más controvertidos por su incidencia en las políticas públicas de varios países.
El mundo de los multilaterales está dominado por una serpiente de dos cabezas. La una es el Banco Mundial y la otra, el Fondo Monetario Internacional (FMI). Ambas, de colmillos grandes y veneno selectivo, parten de la misma matriz: prestar dinero a los países que lo requieran a cambio de que cumplan condiciones que aseguren su pago. Es decir, ‘te presto la plata si haces lo que yo te digo’, como cualquier banco. Todo eso con un maquillaje tecnocrático en el que es difícil discernir entre el lobo disfrazado de oveja y la mano salvadora que, aunque nos caiga mal, nos da un respiro cuando sentimos ahogo financiero.
El pecado de Somensatto había sido no dar paso a un desembolso de USD 100 millones (que incluso ya había sido aprobado) cuando Rafael Correa fue ministro de Economía, en el 2005, durante el gobierno de Alfredo Palacio. En palabras simples: como Correa desmanteló los fondos petroleros (Feirep, impulsados por los multilaterales para garantizar el pago de la deuda), el BM retuvo el préstamo, pues advertía riesgo.
“Usted no es bien recibido en este país, no son bien recibidas las políticas del Banco Mundial y debe irse a su casa”, dijo en ese entonces Ricardo Patiño, quien se desempeñaba como ministro de Economía (ahora es canciller) y resaltaba “nuestra decisión soberana de decirle a un organismo que nos quiere tratar como colonia, que su representante no es bien visto en este país”.
Los aplausos de la izquierda, de la infantil y de la adulta, no se hicieron esperar. Era el segundo puñetazo que noqueaba a la serpiente financiera. Un par de semanas antes, a mediados de ese mismo abril, el Gobierno había cancelado toda la deuda con el FMI (USD 22 millones), tras lo cual el organismo cerró sus oficinas en Quito. “Nuestra idea es ir disminuyendo el nivel de endeudamiento para dejar de depender de esa institución, que también creemos que ha sido nefasta”, señaló Correa.
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Patricio Rivera y Fausto Herrera son grandes amigos. El primero ahora es el jefe, es ministro coordinador de la Política Económica, y el segundo es el subalterno, es ministro de Finanzas. Pero las jerarquías son lo de menos: son amigos. Se cuentan detalles de la vida, se dan consejos y hasta hablan de la mutua admiración que sienten por ser “jóvenes y brillantes”. Objetivamente, son jóvenes y brillantes. Calzan las comillas cuando nos preguntamos ¿jóvenes y brillantes para qué? ¿para quiénes?
Ambos, designados por Rafael Correa, son treintañeros que han sabido posicionar su formación académica y capacidad para acomodar los números en la dirección hacia la cual sopla el viento.
Entre el 2003 y el 2004, los mauricios -como fueron calificados Mauricio Pozo y Mauricio Yépez- fueron ministros de Economía de Lucio Gutiérrez en su versión más neoliberal. Ellos conocen muy bien la historia de este par de cerebritos.
Conocen, por ejemplo, que cada vez que venía al país una misión del FMI o del BM, con sus respectivos recetarios e imposiciones, alguien tenía que encargarse de convencerles de que Ecuador pagaría hasta el último centavo, a pesar de los problemas de gobernabilidad y sostenibilidad. Alguien tenía que explicar a los visitantes que estaba más que garantizado el superávit primario, los saldos y la austeridad. Alguien tenía que ejecutar la directriz de los mauricios. Alguien tenía que hacer los cálculos estadísticos y las corridas econométricas. Alguien tenía que decir a los periodistas que “no son recetarios, sino exigencias para resolver los problemas estructurales de la economía”. ¿Pueden adivinar quién es (o quiénes son) ese alguien que todo lo sabía? ¡Exacto. Ellos mismos!
Fueron compañeros en el Ministerio de Finanzas (antes llamado Ministerio de Economía). A Patricio Rivera, por ejemplo, los mauricios lo estimaban sobremanera. Era tan inteligente que se les adelantaba y hasta tenía respuesta para lo imposible. La realidad numérica de las estadísticas tenía que ajustarse a la negociación con el FMI y el BM. Y se ajustaba. En papeles todo calzaba, aun cuando los jubilados marchaban por sus pensiones, los burócratas reclamaban por sus salarios y los enfermos no tenían ni una aspirina en los hospitales.
Cuando cayó Lucio, Rafael Correa fue designado ministro y conoció a Rivera. Y Rivera volvió a ser tan eficiente como en sus tiempos de pupilo de la larga noche neoliberal y acomodó los numeritos en dirección revolucionaria. ¡Hasta sale como protagonista, en la propaganda que justifica la explotación del uno por mil del Yasuní! (Abra este link y fíjese en la contundencia de los números; ciertos o no, lógicos o no, los números de la tecnocracia son inapelables).
Cualquiera que exprese un poquito de duda (sobre todo si es periodista) corre el riesgo de quedar en la memoria de los ministros Patricio y Fausto como idiota, mediocre o imbécil. Y bueno, para no hacerles largo el cuento, ellos son los que ahora contestan el teléfono cuando llaman los ejecutivos del Banco Mundial.
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Da popularidad decir a los multilaterales que se vayan. Rafael Correa se los dijo en el 2007: ¡lárguense, no necesitamos de su plata! Exactamente siete años después, en abril del 2014, nos enteramos de que la serpiente parece ser más necesaria de lo que la ilusión de la autosuficiencia nos hacía creer: el Banco Mundial alista USD 500 millones adicionales para Ecuador. Y el alivio oficial es evidente.
Este monto se suma a los USD 300 millones que ya han sido utilizados por los municipios de Quito y Manta, y a los USD 200 millones que le estamos debiendo a ese banco.
Cuando Correa llegó a Carondelet asestó una patada en el trasero del BM y otra en el del FMI, abrió diálogos con el cuco del sistema financiero internacional: Irán, impulsó la creación del Banco del Sur para reemplazar a los fondomonetaristas, abrió la chequera para la inversión pública y se sintió fuerte por el precio del petróleo y el aumento de la recaudación de impuestos; además, China asomaba como un gran aliado. Con todo eso, Ecuador podía sacarle la lengua y el dedo del medio a los multilaterales.
Por supuesto, esta autosuficiencia fue acompañada por el discurso de la muerte de la partidocracia, la reivindicación de la soberanía, la condena al imperialismo, el repudio al chantaje financiero y la primacía del ser humano sobre el capital…
Pero todo eso cuesta y siete años después la plata se va acabando. ¿Ustedes tienen algún amigo trabajando para el Estado? Pregúntenle por los recortes de presupuestos y los apretones económicos en los que andan.
En el enlace sabatino del 12 de abril, Rafael Correa decía -ojo: desde Nueva York, Estados Unidos- que “el propio Banco Mundial solito duplicó el crédito de USD 500 millones a USD 1 000 millones”, y que eso se debe al “desempeño económico” de Ecuador.
Pregunta: si el desempeño económico es bueno, ¿por qué debemos endeudarnos con una víbora que, lo queramos o no, va a clavar sus colmillos para asegurarse el pago de su plata?
Según el Gobierno, no habrá imposiciones porque “eso sería inaceptable”. Sin embargo, eso ni siquiera está por verse, pues la tecnocracia al servicio de la revolución se adelanta, tal como lo hacía Rivera ante las preguntas de los mauricios. Ahí están la famosa nueva matriz productiva que hoy tiene sus puntales en la minería y la explotación petrolera (¿el capital sobre el ser humano?), el sector público impulsa un pago de sueldos de acuerdo a la gestión por resultados y apodado con las siglas GPR (¿neoliberal?), se ajustan gastos y se alistan despidos en la burocracia (¿condiciones de un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo, BID?), se recibe a los máximos ejecutivos de la Coca Cola en Carondelet y se niega audiencias con Yasunidos (¿un asunto de prioridades?), etcétera, etcétera, etcétera…
Es el chuchaqui de la fiesta de la soberanía y de la autosuficiencia, igual que los nuevos ricos que se gastan la plata en un mes y luego no saben qué hacer para pagar las tarjetas de crédito. En el 2009, la deuda con China, ese país amigo y desinteresado, apenas era de USD 4,7 millones. Hoy suma USD 6 292 millones y al menos 40 000 barriles diarios del crudo que exporta Ecuador están destinados al gobierno chino, según las cifras oficiales y según Fausto Ortiz, amigo y exministro de Rafael Correa.
Depender de un solo prestamista -que cobró intereses por alrededor del 8%- le pasó factura a la Revolución Ciudadana, y el gasto en exceso -con un Estado enorme- también. Ahora estamos en un periodo que mezcla la nostalgia de cuando podíamos sacarle el dedo al FMI y al BM y la necesidad de mantener aunque sea el cascarón del discurso de la soberanía.
La serpiente saca pecho: el BM puede prestarle al Ecuador USD 500 millones al 1,7% de interés, a 30 años de plazo y con 15 años de gracia. Lo anunció la misma embajadora ecuatoriana en Washington, Nathalie Cely.
Las condiciones de tanta generosidad -que el Gobierno jamás las va a reconocer- apuntarán más a la ratificación de las políticas económicas que se impulsan bajo el esquema de la nueva matriz productiva (explotación de recursos naturales) y de la eficiencia (reducción del Estado). Es decir, más producción, más eficiencia y, la palabra favorita de los neoliberales, austeridad, lo que conllevará a la larga una redefinición de la matriz ideológica que llevó al poder a Rafael Correa.
Los USD 500 millones del Banco Mundial aportan, pero apenas pesan. La brecha de financiamiento del 2014 bordea los USD 9 000 millones.
Según Ortiz, ya están asegurados USD 2 000 millones. Faltan USD 7 000 millones. ¿De dónde saldrá esa plata? Una buena parte, de la emisión de bonos en el mercado internacional y de más deuda interna (del IESS). ¿Y lo demás? No hay que olvidar que el presidente es PHD y doctor en Economía, así como bastante hábil y pragmático cuando se trata de cubrir sus propias deficiencias.
El tiempo pasa y los amigos Fausto Herrera y Patricio Rivera se ven apretados. Hacen números, es su especialidad; se acomodan a las circunstancias, es su trabajo; justifican las estadísticas, es su dosis diaria de realidad…
Mientras tanto, decenas de menesterosos burócratas en Carondelet buscan en los diccionarios palabras que reemplacen a otras palabras. ¡Eufemismos! Por ejemplo, tendrán que inventarse unas que sustituyan y hasta nieguen estas: “condiciones del Banco Mundial”.
También deberán cambiar la frase “estamos en conversaciones confidenciales con el Fondo Monetario, porque si ellos no dan el visto bueno, el Banco Mundial no da ni un centavo”, por otra que diga algo así como “el país tiene una posición soberana y digna dentro del FMI”, o la ya dicha: “el BM solito nos duplicó el cupo”.
Trabajan fuerte en Carondelet: lo que no saben hasta hoy es cómo mejorar eso de que explotarán “apenas el uno por mil del Yasuní”. Mensaje insuficiente. Le falta poder revolucionario. Quieren incluir en el diccionario ecuatoriano la expresión “funcionarios separados” en lugar de “funcionarios despedidos”, más o menos lo que hizo el corcho Cordero en el IESS: decir que voluntario y obligatorio son lo mismo…
Al final de cuentas, para darle contundencia están los números, las cifras macroeconómicas de los amigos Patricio y Fausto, o las estadísticas de la felicidad de la Senplades. Lo demás corre a cargo de la Secom.
No sería de sorprenderse si Eduardo Somensatto, desde las entrañas de la serpiente, sonríe.