UNIDAD DE LAS IZQUIERDAS 



ORGANIZACIONES SOCIALES Y CIUDADANÍA SE UBICAN A LA IZQUERDA DEL "PROCESO"  



Rodrigo Santillán Peralbo
Después de siete años de “revolución ciudadana” en el Ecuador, se puede constatar que decenas de organizaciones sociales, movimientos indígenas, estudiantiles, juveniles, sindicales, políticas y la ciudadanía mayoritaria, se ubican a la izquierda del llamado “proceso” del presidente Correa que, según analistas, ha desperdiciado la oportunidad histórica de profundizar la democracia, para implementar los cambios revolucionarios que el país requería y necesita. Este fin superior sólo se conquistará con la unidad de las izquierdas dispersas en membretes con diversas estrategias o con líderes y dirigentes que se creen irremplazables o perpetuos. Parece que nunca entienden que la división resta y que la unión multiplica

Al comenzar el octavo año, de la llamada “revolución ciudadana” es evidente que el país se apresta a ingresar en una crisis económica y política de incalculables proporciones. Una información de prensa (Diario La Hora) señalaba el 9 de abril pasado que la deuda total del Ecuador se ubicaba en los 24.006 millones de dólares, con corte al 30 de abril de este año.
Entre tanto el gobierno de Correa busca nuevos créditos inclusive con el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional, los gemelos de la explotación, organismos duramente cuestionados por el mismo Correa y hasta realizó una operación crediticia con un banco privado estadounidense el Goldman Sachs, por un monto de 400 millones de dólares a una tasa anual del 4.3% a cambio de 1.160 barras de oro. Es decir se entregó el oro ecuatoriano en calidad de garantía de pago. Sin embargo, el Banco Central del Ecuador declaraba que "Hay que señalar que esta inversión no genera ningún pago de costos financieros o tasas de interés por parte al Goldman Sachs".
El diario el Universo, refiriéndose a un comunicado del Banco Central expresaba: “Además, se informa que se está trabajando en la preparación de otras operaciones de financiamiento con este banco internacional y otros actores relevantes del mercado global de capitales. “Así -dice el documento- se diversifican fuentes de financiamiento, se reducen costos financieros para el país y se disminuye la carga del servicio de deuda externa en el presupuesto nacional”.
El Banco Central del Ecuador insiste en que, con la operación de oro que ha realizado, este activo mantiene sus condiciones de seguridad y liquidez y también generará rentabilidad y beneficios para los ciudadanos.
Este tipo de operaciones no es nuevo, según el Central. Muestra de ello es que, desde marzo de 2000 hasta el mismo período de 2003, la entidad realizó 19 operaciones para rentabilizar el oro monetario.
En ese sentido, establece que la operación de oro monetario realizada no disminuye los niveles de la Reserva Internacional de Libre Disponibilidad (RILD). De ahí que afirma que los activos de la RILD se mantienen con un alto grado de liquidez. El instrumento financiero utilizado para la operación se puede realizar (hacer líquido) en un plazo de siete días.
El rendimiento financiero de la inversión, continúa el comunicado, ha sido calculado sobre el precio internacional del oro. A la fecha de cierre de la operación, el precio fue de $1 299, “con lo cual el BCE está ganando intereses sobre un valor calculado a un precio de oro mayor al que hoy cotizan los mercados internacionales: $1 252,50”. ¿Estas afirmaciones hasta dónde son verdad y hasta dónde ilusión para vender al pueblo?
La entidad se justifica y añade que, si el BCE no hubiera realizado la inversión, la reserva habría perdido valor por la caída del precio del oro. Parte de esa caída se compensa con los rendimientos financieros.
Esa rentabilidad se refleja en $16 millones y $20 millones, según la fluctuación del precio internacional del oro. “Hay que señalar -dice el BCE- que esta inversión no genera ningún pago de costos financieros o tasas de interés por parte del BCE a Goldman Sachs”. ¿Cuál banco nacional o internacional presta dinero sin cobrar intereses?
La crecida deuda externa del Ecuador se volvería impagable en el mediano plazo lo que originaría nuevos y mayores problemas en la economía del pueblo que será el que finalmente, como siempre, asuma todas las consecuencias de la política económica del gobierno, siempre ávido de dinero para mantener su clientelismo electoral, es decir su alta popularidad.
Si evidente es la crisis económica a desatarse en el corto plazo, más evidente es la inaplazable necesidad de devolver las utopías y esperanzas a los pueblos, para convertirlas en realidades, con la lucha y sacrificio que deberá ser guiada por la izquierda. La historia demuestra que la izquierda colaboracionista ha sido un fracaso, sin embargo, las izquierdas desde sus actitudes y propuestas ha posibilitado el avance en conquistas sociales y económicas para trabajadores, indígenas, campesinos y extensos grupos humanos.

Si se concretaría la unidad venciendo egoísmos y visiones grupales, convergerían a la unidad de la izquierda millares de personas desencantadas que no están afiliadas a ningún partido, pero que entienden que la justicia social, la equidad, la vigencia plena de los derechos humanos y libertades, la defensa del medio ambiente o de los derechos de Pacha Mama, junto al humanismo solidario entre todos y todas, van más allá del colaboracionismo a un proyecto que nunca fue de izquierda a pesar de las apariencias y discursos.

Los hombres y mujeres de izquierda que persisten en el colaboracionismo por las razones que tengan: creencia honesta en que la “revolución ciudadana” es un proceso que merece apoyo para impulsar los cambios, creencia en las ofertas de Correa y su liderazgo absoluto, simple oportunismo o vulgar pancismo para mantener un sueldo seguro, menos estos últimos, quizá podrían reflexionar en el papel que desempeñan dentro del “proceso” y en la realidad social, política y económica que vive el Ecuador. Proponer la unidad de las izquierdas ante las perspectivas socio-políticas y económicas del Ecuador no es ni puede ser “hacerle el juego a la derecha o al imperio”. Ser críticos y unitarios es una responsabilidad histórica ineludible.

En ese sentido, se podría comenzar por ubicar la real ideología de Rafael Correa Delgado y preguntar: ¿Es un hombre de ideología definida? ¿Es de izquierda, es del centro o es de derecha?

En alguna ocasión confesaba que no tenía ideología o que su ideología era la patria. Luego diría que si necesario era tener una ideología, él se ubicaría en la Teología de la Liberación de la Iglesia Católica. Ya en el poder y con la influencia de Hugo Chávez Frías dijo que creía en el Socialismo Siglo XXI. ¿Pero que es el Socialismo del Siglo XXI? Sólo es una teoría en construcción, por ende inacaba que surgió como concepto en 1996 de la mano del alemán Heinz Dieterich Steffan.

El 30 de enero del 2005, en el transcurso del Foro Social Mundial fue mencionado en un discurso por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez durante el V Foro Social Mundial. Desde entonces comenzó a popularizarse, sin entender realmente cuál era la propuesta ideológica, política, económica y social de ese neosocialismo.
Algunos sostienen que el Estado socialista del socialismo del siglo XXI “es un socialismo revolucionario que proviene directamente de la filosofía y la economía marxista, y que se sustenta en cuatro ejes: el desarrollismo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y protagónica y las organizaciones de base. Dieterich, en su obra Socialismo del Siglo XXI se funda en la visión de Karl Marx sobre la dinámica social y la lucha de clases. Dieterich revisa la teoría marxista con ánimo de actualizarla al mundo de hoy, incorporando los avances del conocimiento, las experiencias de los intentos socialistas, develando sus limitaciones, entregando propuestas concretas tanto en la economía política como en la participación democrática de la ciudadanía para construir una sociedad libre de explotación. Resumiendo, el socialismo del siglo XXI supone que es necesario un reforzamiento radical del poder estatal democráticamente controlado por la sociedad para avanzar el desarrollo” según consta en un texto difundido por Wikipedia .
El Socialismo del Siglo XXI en el Ecuador comienza a difundirse como una búsqueda ideológica de la “revolución ciudadana” según exigencias de sus cuadros más lúcidos que pronto se irían del entorno de Correa, decepcionados de las indefiniciones y de sus apegos a las asesorías y amistades provenientes de las derechas tradicionales que conformaron un círculo cerrado que comenzó a decidir la modernización del Estado capitalista-burgués para satisfacer las demandas de la clase dominante.

El socialismo del Siglo XXI no es una nueva corriente ideológica, sino un reacomodo teórico a las necesidades y exigencias surgidas después de la debacle de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín. Algunos estamentos poblacionales de América Latina y el Caribe y las variadas izquierdas se quedaron sin piso, inclusive cuando Fidel Castro declaraba que no había espacio, ni era el tiempo para para la revolución armada a través de la lucha guerrillera.

Sin embargo, las utopías revolucionarias no murieron entre las izquierdas desorientadas, que en un principio se quedaron como pasmadas, pero renacían paulatinamente por encima de la pomposa declaración de Francis Fukuyama sobre el fin de la historia y de las ideologías, y cobraron nuevos ímpetus ante el avance de los movimientos sociales e indígenas que, con tenacidad, se opusieron al ALCA y al neoliberalismo patrocinados por el amo imperial: los Estados Unidos de Norte América.

La historia reciente demuestra que la izquierda, cuando es verdadera, encuentra sus raíces en el marxismo-leninismo, inclusive el Socialismo Siglo XXI no existiría, ni siquiera como enunciado, sin la concurrencia de la filosofía, doctrina, ideología y práctica del marxismo-leninismo en sus fuentes primigenias.

Ahora se trata de profundizar la democracia para que sea tan ampliamente participativa en los asuntos trascendentales del Estado, como organizaciones sociales existan en cada país, lo que implica el fin de la democracia representativa.

Dialécticamente el socialismo de este tiempo debe adaptarse a las realidades sociales, económicas, políticas y culturales de cada país. El socialismo no puede imponerse como si fuese una fotocopia de una realidad a otra, y si se habla de socialismo, necesaria e ineludiblemente, debe hablarse de democracia popular profunda, lo que implica el ejercicio de derechos y libertades fundamentales, entendiendo que derechos y libertades de la persona se hallan subordinados a los derechos y libertades de todos. Los derechos y las libertades personales terminan en el justo instante donde comienzan los derechos y libertades de los demás que no existen sin derechos económicos, sociales, colectivos y de la naturaleza.

El Socialismo del Siglo XXI no existe ni tiene razón de ser sin los fundamentos científicos y dialécticos pensados por Marx, Lenin, Mao, Fidel, el Che y miles más como Dietrich, por ejemplo. Los aportes de los pensadores de los siglos XIX, XX y XXI son valiosos e ineludibles en el momento de buscar comprensiones y argumentos ante los ideólogos, filósofos, pensadores y políticos del capitalismo que se niegan a entender que la lucha de clases puede ser diferida, pero no reemplazada porque es un elemento vital para la liberación del proletariado del campo y la ciudad, lo que posibilita entender que la clase obrera ha dejado de ser la vanguardia de las luchas revolucionarias porque ha cedido su lugar a los movimientos indígenas y campesinos, y a los sectores populares de las barriadas marginales y empobrecidas de las ciudades.

¿Qué pasa con la propiedad privada de los medios de producción? ¿Acaso por una especie de estrategia no dicha, los gobiernos que se dicen pertenecer al Socialismo del Siglo XXI o que lo proclaman, decidieron respetarla o no tocarla? ¿Es estrategia o compromiso con el capitalismo y la necesidad de modernizar este tipo de Estados burgueses? ¿Cuándo y de qué manera el Socialismo del Siglo XXI va a resolver el problema del sistema de explotación?

"Los cuestionamientos y revisión que Bernstein hizo de Marx son las siguientes. En primer término, disputó la teoría de la plusvalía la cual consideraba inútil para explicar la explotación, por cuanto se trataba de una construcción abstracta que no podía comprobarse en la vida diaria. En segundo lugar, Bernstein cuestionó la hipótesis de Marx según la cual el capitalismo registraba una tendencia hacia la concentración del capital y de la propiedad, toda vez que lo que observaba en Alemania era la proliferación de nuevos propietarios en cada vez más negocios. El tercer aspecto de su crítica fue el relativo a la supuesta depauperación de la clase obrera al visualizar, con base en las estadísticas, el aumento de los ingresos de los trabajadores y el fortalecimiento de la clase media, contrario a lo pronosticado por Marx. Finalmente, argumentó que en su desarrollo el capitalismo creaba mecanismos que lo fortalecían de las crisis periódicas del pasado”, recordaba Diego Bustamante en El Socialismo del siglo XXI en Ecuador, y añadía:

Si de ello se tratase, entonces ese Socialismo del siglo XXI tiene al menos cien años de desfase por cuanto el mismo sería una versión incompleta, deformada y desmejorada de la propuesta primera de Bernstein, anteriormente comentada. No hay algo nuevo que merezca destacarse. Bernstein elaboró una propuesta similar a la del socialismo del siglo XXI.

¿Entonces que hacen los socialistas, los comunistas, los miristas, los ex AVC y todos los izquierdistas -con o sin partido- en el gobierno de Rafael Correa Delgado? ¿Qué pasa con los intelectuales de izquierda que colaboran con el gobierno de Correa Delgado que ha demostrado su creciente derechización, y desde el primer año de su mandato, su incansable trabajo para modernizar el Estado capitalista burgués? A nivel personal los izquierdistas tienen pleno derecho a colaborar con la “revolución ciudadana”, a gozar de un sueldo y hasta a creer de que existe un proceso revolucionario, pero los dirigentes no tienen ningún derecho a comprometer a los partidos y proclamar que el partido tal o cual apoya incondicionalmente a Correa. Ningún partido de izquierda, ningún izquierdista deberían enancarse en un gobierno aparentemente revolucionario que criminaliza la protesta social, que trata de terroristas, saboteadores o pregoneros de rebeliones a los dirigentes sociales o que los enjuicia y encarcela con la manipulación de la justicia a favor de los intereses políticos del caudillo y su sed de venganza.

Sin embargo, nadie puede desconocer la ejecución de obras para el desarrollo de la infraestructura, precisamente, para modernizar el Estado burgués, así como también la lucha emprendida para reducir los índices de pobreza y para ampliar la clase sánduche, es decir la clase media que, en verdad, no ha sido la menos favorecida si se la compara con la clase empresarial, financiera, económica que, como nunca antes, ha hecho grandes negocios con el Estado. Tampoco se puede desconocer el aparecimiento de numerosos nuevos ricos.

Pero a más de carreteras, puentes, aeropuertos -algunos de los cuales son inútiles por falta de uso-, la construcción de escuelas del milenio, de centros de salud y remodelación de hospitales, la contratación para construir modernas centrales hidroeléctricas, la construcción y creación de cuatro universidades, la ejecución del Plan Prometeo para traer al país a profesores extranjeros, lo que recuerda a García Moreno por la obra pública y el desarrollo y la creación de la Politécnica con profesores europeos y al igual que el Santo del Patíbulo, Correa quiere reelección indefinida que en su tiempo fue combatida por Juan Montalvo en su irremplazable texto La Dictadura Perpetua.

Más allá de lo positivo y negativo del correismo y su “revolución ciudadana” es criticable en extremo sus actitudes frente a los líderes sociales que, de alguna manera se oponen al afán desmedido de poder, para con autoritarismo, imponer su voluntad con irrespeto absoluto a la independencia de las demás funciones del Estado.
Por otra parte, Correa mantiene un discurso populista, antiimperialista y condenatorio a la vieja práctica política denominada partidocracia, pero a menudo ha recurrido a conspicuos representantes de esa partidocracia, inclusive, para convertirlos en Ministros de Estado y, lo más grave es que muchos capítulos del correismo son bastante parecidos a esa partidocracia. Además el presidente Correa se ha especializado en el uso y abuso del poder y en el insulto vulgar colmado de adjetivaciones insultantes en sus ya famosa sabatinas.

Ante la situación actual e inmediata, muchos sectores comienzan a reclamar la unidad de las fuerzas de izquierda como una posibilidad real que signifique una verdadera alternativa revolucionaria. Este es el reto que deberían asumir los dirigentes y líderes de todos los partidos, movimientos y organizaciones de izquierda. Articular una política unitaria es una exigencia histórica que trasciende situaciones personales, compromisos individuales, mezquinos y egoístas.
Es indispensable formular propuestas reales que surjan de objeticos precisos. Es urgente comenzar a construir una izquierda unida que inicie la lucha para ir construyendo una nueva forma de organización social que sea justa e igualitaria, No se trata de combatir a la propiedad privada, desconocerla o romperla, se trata de que exista ese tipo de propiedad pero en una sociedad justa en la que la propiedad privada se una en la lucha contra el sistema de explotación. ¿Utopía irrealizable? Nada de eso, porque los capitalistas tendrán que comprender que más vale perder poco, antes que perder todo. Se trata de justicia social, nada más ni nada menos. Es preciso comenzar a proyectar una sociedad igualitaria, comunitaria, incluyente, siempre en defensa de la dignidad humana para que se realice el artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos los hombres (y mujeres) nacen libres e iguales en dignidad y derechos.
Se debe recordar que, si acaso se olvidaron, que la Izquierda lucha por cambios revolucionarios y las derechas por la “evolución histórica” o simple reformismo. Quienes se abstengan de intervenir en la necesidad de construir la unidad o la rechacen, niegan la historia y la historia no los absolverá.