EL PUEBLO Y LOS JALONES DE LA HISTORIA. 



NOTAS SOBRE EL CORDOBAZO 



Por Maximiliano Pedranzini*

“Quiero transcribir una frase de un documento sindical del 23 de Febrero de 1967, por su carácter premonitorio del “Cordobazo”. Decía así: "La historia grande está jalonada de hitos como el que ayer fuera protagonizado por el movimiento obrero de Córdoba, en los talleres y fábricas, en las calles de nuestra ciudad. Porque fue la de ayer una jornada escrita con rasgos vigorosos y expresiones estentóreas que desbordaron los lindes habituales y se prolongaron luego en los grafismos de la prensa y de la televisión, en la retina y en el ánimo de los millares de protagonistas y espectadores que vivieron las secuencias del plan de acción desplegado por la CGT y gremios confederados de Córdoba. Fue una jornada lúcida y comprometida que nos acerca un poco más a la definición crucial que forzosamente tiene que producirse por imperio de la situación a que ha sido arrastrado el pueblo argentino, y sobre la que los trabajadores tenemos adoptada una posición clara, concreta e irreductible”. Agustín Tosco, Carta sobre el Cordobazo, cárcel de Rawson, Junio de 1970.


Pensar en los acontecimientos históricos que horadaron el último siglo en Argentina sin duda nos lleva a reflexionar en el “Cordobazo”. Uno de los fenómenos populares más importantes de nuestra historia. El panorama mundial sumergido en el álgido contexto de la guerra fría, generaba un efecto dominó que recorría todo el mapa mundi, y en nuestro país este efecto se haría carne en una serie de movimientos insurgentes entre 1969 y 1971 contra la oligarquía expresada por la dictadura militar que intentaba instaurarse definitivamente en el poder. Pero el más significativo, sin duda fue el Cordobazo. No les fue para nada fácil. El accionar represivo ponía cercos a las demandas de la clase obrera que, en una alianza con los sectores estudiantiles, enfrentó sin mucho preámbulo a las fuerzas militares. Quizás los punto centrales para destacar como paradigma de lucha y resistencia haya sido la unidad, organización, conducción estratégica, esenciales para alcanzar cualquier objetivo político-sectorial. El ejemplo más notable de lo que afirmaba el general Juan Domingo Perón: “la organización vence al tiempo”. Y el Cordobazo demostró perpetuarse en la memoria de las luchas populares, primero como legado y luego como modelo a ser homologado por las futuras generaciones. Reconstruir ese pasado implica buscar en los registros de la historia a los sujetos que protagonizaron este proceso, y aquí la figura de Agustín Tosco se torna fundamental para comprender, no sólo la trama sociopolítica de este suceso en particular, sino lo que representó durante todo el agitado escenario nacional de la segunda mitad del siglo XX: ¿cuáles son las coordenadas geohistóricas para ubicar este acontecimiento? 29 de mayo de 1969: La ciudad de Córdoba formaba parte de uno de los tres polos industriales de país, junto con Buenos Aires y Rosario. No era casualidad que esta rebelión de masas compuesta por trabajadores y estudiantes se levantara contra un régimen que empezaba a mostrar sus grietas y lo único que le quedaba era la fuerza bruta y la impotencia de sus militares, como bien lo retrataba por esos años Quino con “el palito de abollar ideologías” de Mafalda. El clima de tensión crecía a pasos agigantados, y las contradicciones se agudizaban cada vez más. A pesar de los sucesivos golpes de Estado desde 1955 cuando derrocaron al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón y la proscripción hacía el peronismo, la lógica del Estado benefactor permanecía -hasta ese momento- indubitable en el entramado social, y todo el arco del movimiento obrero y cierta parte de la clase media se posicionaba con firmeza frente a los desgastes propiciados desde el aparato estatal. Bien sabemos que dentro de las relaciones sociales que impone el capitalismo las fuerzas represivas del Estado cumplen el rol fundamental de defender la propiedad privada de las empresas, y en este caso estas contradicciones se exacerbaron al calor de un conflicto de clase que avanzaba con gran intensidad.

Las reivindicaciones legítimas de la clase obrera, sumados a un movimiento estudiantil combativo que estaba sufriendo los embates de la represión y la violencia en el corazón mismo de la universidad. Estos fueron los argumentos cardinales de lo que sería la alianza obrero-estudiantil, encabezada claro está por la clase obrera y la conducción de Agustín Tosco que tenía los pergaminos como para dirigir las acciones del movimiento. Estos pergaminos los consiguió gracias a su ética, su coherencia, su compromiso con las bases obreras y sus firmes convicciones de no dar el brazo a torcer frente a ningún gobierno militar, ni tampoco los gobiernos “pseudo-democráticos” de Frondizi e Illia, a los que al igual que las dictaduras, los enfrentaría con la misma energía. Esto lo diferenció claramente del resto del sindicalismo nacional, quienes desde el golpe del ´55, muchos de la cúpula que comandaron la CGT había tomado una postura “participacionista”, “acuerdista” y “colaboracionista” con los gobiernos militares, cuestión que a Tosco lo colocaba en la vereda de en frente del resto del movimiento sindical, principalmente de su burocracia “pactista”. Esto le significó construir un liderazgo que se consolidaba fundamentalmente por el apoyo incondicional de los trabajadores y la confianza de los estudiantes en veían en su figura un sentido de “horizontalismo” e integración de otros sectores sociales que no era propia de las otras conducciones obreras de fuerte raigambre sectario y verticalista. El principio de unidad y organización en la lucha eran las patas esenciales que constituían su práctica, tanto sindical como política. Esta articulación estratégica entre movimiento obrero y movimiento estudiantil formaría el frente de acción directa contra la dictadura que en esos momentos ya ostentaban las calles y las avenidas de Córdoba. La muerte del estudiante Santiago Pampillón en Córdoba, sumado a los asesinatos de los estudiantes Juan José Cabral en Corrientes y de Adolfo Bello y Norberto Blanco en Rosario, y el asesinato de Hilda Guerrero de Molina, trabajadora de los ingenios azucareros de Córdoba, significaría el prolongado acercamiento mutuo entre ambos sectores frente a la barbarie del Onganiato, que buscaba en principio privatizar los comedores universitarios, medida que los estudiantes rechazaría de cabo a rabo, y que el gobierno corporativista respondió con la persecución y asesinado de estos estudiantes. Estas muertes provocaron que el movimiento estudiantil se organizara y acompañara en la lucha a los trabajadores. Se suman a varias huelgas durante este periodo, pero el momento más importante se dio el 29 de mayo, cuando las dos centrales obreras acuerdan un paro que duraría 37 horas para los días 29 y 30 de ese mes, que hacía que los trabajadores dejaran sus puestos en la fábrica organizada y disciplinadamente. Todo esto fue programado detenidamente por Tosco junto con el dirigente del gremio de SMATA Elpidio Torres.

Pero la feroz arremetida de la dictadura no se hizo esperar. Frente al carácter orgánico y combativo del movimiento obrero-estudiantil, la dictadura no escatimó en levantar fuego contra las masas populares. Y fue Máximo Mena, obrero de la empresa IKA y perteneciente a SMATA quien perdió la vida en la huelga general. Rodolfo Walsh describe de manera notable este episodio: “Corre la noticia de la muerte de Máximo Mena, obrero mecánico. Se produce un estallido popular, la rebeldía contra tanta injusticia, contra los asesinatos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación”. Y continúa: “Es el pueblo. Son las bases sindicales y estudiantes que luchan enardecidas. El apoyo total de la población” (Rodolfo Walsh, Cordobazo, periódico de la CGT de los Argentinos, Colección Completa, Números 1 al 55, Mayo 1968 - Febrero 1970). Esto irritó de tal modo a las columnas de obreros y estudiantes que la situación tomo un giro de ciento ochenta grados, desatándose una rebelión de masas que abarató las calles de Córdoba. Cincuenta mil personas tomaron la ciudad, aprovechando el corte del suministro eléctrico alrededor de las ocho de la noche producido por los trabajadores del sindicato de Luz y Fuerza que se encontraban en la central eléctrica. Esto no dejaría paciente a Juan Carlos Onganía, quien inmediatamente envía al ejército a controlar una situación que se les iba de las manos y con el objetivo de recuperar por la fuerza la ciudad de Córdoba. El avance del aparato represivo logró neutralizar la movilización popular y hacerse de la ciudad. Pero la mecha ya había sido encendida, poniendo en perspectiva un proceso de lucha por la liberación nacional, que estaba encarnado en la mente de Tosco y que tenía como núcleo de transformación al pueblo. Sobre esto Rodolfo Walsh escribe: “El saldo de la batalla de Córdoba, “El Cordobazo”, es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una página histórica argentina y latinoamericana que no se borrará jamás” (R. Walsh, ob. cit.,). Tosco, quien fue encarcelado por la dictadura y condenado a ocho años de prisión por un tribunal militar, había sido enviado primero al penal de Santa Rosa en La Pampa y luego a Rawson, donde estaría hasta el 6 de diciembre. Sólo duraría diecisiete meses, ya que por las presiones populares y del movimiento obrero, lograría una amnistía y su liberación. Pero sería otra vez detenido en abril tras haber participado en el “Viborazo” ocurrido en marzo de 1971 y enviado a Villa Devoto y luego, trasladado nuevamente al penal de Rawson donde permanecería casi un año y medio. El propio Tosco en el último párrafo de su Carta sobre el Cordobazo define este momento: “En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad soberana del pueblo, partimos esposados a bordo de un avión con las injustas condenas sobre nuestras espaldas. Años de prisión que se convierten en poco menos de siete meses, por la continuidad de esa acción que libró nuestro pueblo, especialmente Córdoba, y que nos rescata de las lejanas cárceles del sur, para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su Compañero y su Hermano” (Agustín Tosco, Carta sobre el Cordobazo, cárcel de Rawson, Junio de 1970).

Después de los acontecimientos iniciados en cadena por el Correntinazo y el Rosariazo el 15 y 16 de mayo, el Cordobazo significó el corolario del gobierno cursillista de Onganía, quien perdería autoridad y sería reemplazado por Roberto Levingston en 1970, y en marzo de 1971 se producirá el “Viborazo” que, como pasó con el Cordobazo, servirá para desgastar al gobierno militar y provocar la pronta destitución de Levingston y el ascenso de Lanusse el 26 de marzo de ese mismo año. Tras salir de prisión, regresa a Córdoba, pensando en una posible alianza con los peronistas de base, y no con los sectores de la derecha peronista, marcando nuevamente la cancha con la burocracia tanto política como sindical sin perder la coherencia y sus convicciones. Ergo, en 1973 tras 18 años de proscripción, el peronismo vuelve a participar de la elecciones con la fórmula Cámpora-Solano Lima del FREJULI, pero Tosco iba dar su apoyo a este frente sólo en Córdoba, que tenía como candidatos a la gobernación a la fórmula Obregón Cano-Atilio López -dirigentes claves del Cordobazo-, logrando un triunfar en esas elecciones. Pero tras la pronta salida de Cámpora del gobierno nacional -de estrecha relación con Obregón Cano- y el regreso de Perón al poder, iría perdiendo el apoyo del gobierno nacional, y el 27 de febrero de 1974 sería destituido de su mandato producto de un golpe de Estado orquestado por el jefe de policía provincial teniente coronel Antonio Navarro en un episodio que fue posteriormente será llamado navarrazo, ya que se consideraba a Obregón Cano y a Atilio López integrantes de la organización guerrillera Montoneros, siendo este último asesinado por la Triple A poco tiempo después. En el plano sindical, denuncia las maniobras de la burocracia en contra los intereses de la clase obrera, especialmente contra Ignacio Rucci, con quien mantendría una férrea polémica durante esos años, lo que le valdría su pase a la clandestinidad el 9 de octubre de 1974 tras ser condenado a muerte por la Triple A e intervenido el sindicato de Luz y Fuerza por el gobierno peronista, a pesar de que Tosco no era de tendencia antiperonista.

Como pasaría con nuestro país en los años ulteriores, Tosco también caería en el ocaso. En 1975 sufriría una encefalitis que deterioraría raudamente su salud debido a que por permanecer en la clandestinidad no podía ser trasladado a un hospital, ya que las tres A los ejecutarían apenas conocieran su paradero. Sus compañeros del sindicato y otros que acompañaban su lucha los ayudaron a permanecer oculto en las sierras de Córdoba casi un año y medio y luego viajaría a La Plata disfrazado de mujer para seguir escondido. Esta situación empeoraría su estado y a pesar de que sería internado en Buenos Aires, el final era irreversible. Moriría el 5 de noviembre de 1975 y el cuerpo sería trasladado en una ambulancia hasta la ciudad de Córdoba, donde fue velado en el domicilio de un dirigente perteneciente al mismo sindicato y luego se lo traslado al Club Redes Cordobesas, donde se montó la capilla ardiente, previo a realizarse el cortejo fúnebre. Asistieron al entierro veinte mil personas, quienes se movilizaron hasta el cementerio de San Jerónimo donde fue sepultado, a pesar de las amenazas que la Triple A les hizo a muchos de los que concurrirían al funeral. Estos se hicieron presentes en el cementerio, desplazado en varios lugares abrieron fuego contra los que se encontraban presentes, dejando un saldo de varios heridos. Como había ocurrido con el cuerpo de Evita secuestrado por la “fusiladora” en 1955 o con las manos de Perón sustraídas en 1987, el odio de clase contra las figuras más importantes de nuestro pueblo salía nuevamente de sus “guaridas asquerosas” como diría la misma Evita, y los impulsaba a arrebatar el cadáver del gringo siguiendo esta siniestra metodología. Luego de la escaramuza, un grupo de compañeros lograron guardar el féretro en una bóveda y esconderlo de la banda de sicarios del brujo que andaban asechando la zona, y caída la noche lo pudieron llevar al panteón de la Unión Eléctrica, donde permanecen sus restos.


Reflexión y digresión

Agustín Tosco nació el 22 de mayo de 1930, en la localidad de Coronel Moldes, departamento de Río Cuarto de la provincia de Córdoba. En 1949 se incorpora como trabajador en la Empresa Provincial de Energía Eléctrica de Córdoba (EPEC) con tan sólo dieciocho años de edad. Fiel a sus principios y sobre todo portador de una profunda condición humana, Tosco se iría posicionando dentro del sindicato de Luz y Fuerza, ocupando puestos importantes. Su destacada oratoria pronto lo colocaría como uno de los principales dirigentes del sindicato en Córdoba y luego en todo el país. Su visión respecto a la lógica sindical iba más allá de las reivindicaciones meramente sectoriales y planteaba construir un programa que incorpore -además de objetivos económicos- lineamientos políticos que sirvan para generar conciencia en los trabajadores, diferenciando la lucha sindical del movimiento obrero con la acción en el frente político. La filosofía política y sindical de Tosco tenía como fundamentos la Liberación nacional y el socialismo que constituiría las bases de lo que él denominaba “Sindicalismo de liberación”. En su postura respecto a la organización sindical, plantea que es esencial dar la disputa desde el interior de la CGT y no en la formación de otra organización paralela que divida el movimiento obrero, ya que para Tosco era primordial el centralismo de las bases sindicales para fortalecer el movimiento. Aunque somos conscientes de que la historia está más allá de sus protagonistas, Tosco se convirtió en un actor trascendental para poder entender el desarrollo de un proceso contrahegemónico frente a la oligarquía y el capital extranjero que se estaba llevando a cabo desde el golpe de 1955 que cambió radicalmente el mapa político del país y que tenía como actor principal al pueblo. Pero la derrota sería inminente después de la muerte de Perón en 1974 y el ascenso del lopezregismo al gobierno, donde las tensiones internas en el seno del movimiento peronista iban en aumento, sumado a la crisis económica del rodrigazo en 1975 que habrían el terreno a una nueva dictadura, está vez de carácter cívico-militar y con el terrorismo de Estado como instrumento sistemático de exterminio social. El papel que jugó Tosco en la lucha contra el poder imperialista ha sido de vital importancia y representa un faro que ilumina el camino de nuestro presente. Por su carácter combativo, por su estilo de conducción estratégica, por su capacidad de articular varios sectores en la lucha por un objetivo en común, en fin, Tosco simboliza un lado del enorme movimiento obrero argentino: “el Sindicalismo de liberación”. Él, al igual que muchos otros militantes comprometidos con las luchas populares, era consciente de que las dictaduras militares, ya sea el rostro de Onganía u otro dictador, configurarían un modelo de país subordinado a las políticas económicas imperialistas, tal como sucedería en la dictadura de 1976, y que se consolidarían con el neoliberalismo casi dos décadas más tarde con el consenso de Washington. El legado fundamental que nos dejó Tosco es el de la lucha, el de la unidad popular y el de la organización social. Elementos esenciales para construir las bases de un pueblo preparado para confrontar los desafíos políticos que nos depara el presente. Y creo, en este sentido, que su praxis militante se sintetiza en la frase de Fidel Castro: “Ni un paso atrás. Ni para tomar impulso”. Quizás el Cordobazo sea el ejemplo más acabado de que esto es posible y no una utopía lejana en el tiempo, como bien lo define Eduardo Galeano: La utopía “…está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar” (Eduardo Galeano, Las palabras andantes, 5ª ed., Catálogos, Buenos Aires, 2001, p. 230). El Cordobazo significó un paradigma de lucha y resistencia popular organizada, la síntesis entre el movimiento obrero y el movimiento estudiantil que lograron afianzarse como un puño: cerrado y listo para golpear con fuerza al enemigo. Paragonándose con el Mayo Francés, pero llevando intrínsecas las particularidades nacionales propias de nuestro país, sin caer en una visión “eurocéntrica”. Asimismo, el presente es el lugar donde suele convocarse el pasado como un oráculo ha ser consultado, como ocurre en este caso con los sectores estudiantiles, corriendo el riesgo de hacer una efímera emulación de este acontecimiento sin haber analizado detenidamente el contexto histórico-político y las condiciones sociales donde se desenvuelven, que terminan siendo una cascara hueca, vacía del profundo sentido histórico y simbólico que representa para la memoria colectiva. Su aventura hacía “el oasis de la lucha universitaria” termina siendo un triste espejismo frente al desierto de sus frustraciones. Parafraseando al Che Guevara: “No hay más cambios que hacer: o movimiento estudiantil o caricatura de rebelión” (Ernesto Guevara, Mensaje de la Tricontinental, Cuadernos de Ruedo ibérico, Nº 12, París, abril-mayo, París, 1967). Lo que nos permite decir humildemente que no existe una “Ciencia del Cordobazo”, un método científico que sirva para producir rebeliones populares como muchos “iluminados” que integran -orgullosamente- el campo académico-burgués aseveran, considerándose la vanguardia que conocen de la A a la Z las leyes del derrotero de la historia. Pero como bien sabemos, la vanguardia siempre actúa desde afuera de la realidad y se siente superior a las masas populares, porque ésta no conoce la trama oculta de la historia. Y al tener ese conocimiento sabe más que las masas. El objetivo de la vanguardia es iluminar con la razón la oscuridad que habita en el pueblo, porque ésta al poseer la razón conoce la realidad y se aboga el derecho absoluto de imprimirle sentido. En cambio, Tosco tenía muy en claro que la única vanguardia posible es el Pueblo. Esto le ocurre -a la sazón de una tragedia griega-, a los sectores estudiantiles contemporáneos de nuestro país, fundamentalmente los de izquierda, que se aíslan de las cuestiones sociales teniendo como resultado la “orfandad ideológica”. Marx nos brinda un retrato contundente sobre esto: la “historia aparece dos veces... una vez como tragedia y la otra como farsa” (Karl Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Buenos Aires, Polémica, 1975, p. 15). Quizás la analogía entre el movimiento estudiantil de los años ´60 y ´70 con la actual generación sea un tanto exagera y lo define claramente el contexto histórico y la correlación de fuerzas que atraviesan la realidad nacional. Dos puntas de distintas lanzas. Pero como dice Arturo Jauretche dividiendo bien las aguas del pasado y del presente: “Hay que actuar en dirigente revolucionario y no en dirigente electoral, porque se trata de la disputa del poder” (Arturo Jauretche, “Carta a Amílcar Vertullo”, 3 de Julio de 1959 en Barajar y dar de nuevo. Polémicas 4, 2ª ed., Colihue, Buenos Aires, 2010). En consecuencia, “barajar y dar de nuevo”-como diría Jauretche- para los movimientos sociales después de casi tres décadas y media de neoliberalismo que marcaron a sangre y fuego la historia de la Argentina y América Latina, cosa que el movimiento estudiantil parece no haber comprendido.



BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

• GALEANO, Eduardo: Las palabras andantes, 5ª ed., Catálogos, Buenos Aires, 2001.

• GUEVARA, Ernesto, Mensaje de la Tricontinental, Cuadernos de Ruedo ibérico, Nº 12, París, abril-mayo, París, 1967.

• JAURETCHE, Arturo: “Carta a Amílcar Vertullo”, 3 de Julio de 1959 en Barajar y dar de nuevo. Polémicas 4, 2ª ed., Colihue, Buenos Aires, 2010.

• MARX, Karl: El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Buenos Aires, Polémica, 1975.

• TOSCO, Agustín: Carta sobre el Cordobazo, cárcel de Rawson, Junio de 1970.

• WALSH, Rodolfo: Cordobazo, periódico de la CGT de los Argentinos, Colección Completa, Números 1 al 55, Mayo 1968 - Febrero 1970.



* Maximiliano Pedranzini es ensayista y escritor. Bachiller con mención en Economía. Realizó estudios de Historia y Antropología Social en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Ha sido co-fundador, editor y columnista de la Revista Desertores (2006). Es colaborador en diversas revistas nacionales e internacionales y actualmente es columnista de los diarios El Telégrafo y Crónica de Loja, ambos de Ecuador y el Correo del Orinoco de Venezuela. Colabora con l Revista SIEMPRE. Es miembro del Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales “Felipe Varela” de Argentina. Ha publicado como co-autor: Bicentenario de la Revolución de Mayo y la Emancipación Americana publicado por el Instituto Superior Arturo Jauretche (2010) y Diez territorios nacionales y catorce provincias. Argentina, 1860-1950 publicado por la editorial Prometeo (2012).