LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO COMIENZA EN LAS BASES Y TERMINA POR INVOLUCRAR A TODA LA SOCIEDAD 



SE REQUIERE LA PARTICIPACIÓN DEL PUEBLO 



Rodrigo Santillán Peralbo
La construcción del socialismo se inicia con un proceso revolucionario integral con la participación plena del pueblo o de las mayorías que hayan alcanzado una elevada conciencia social y de pertenencia de clase, de tal manera que las bases sean las que impulsen el proceso; pues una Revolución sólo triunfa si es el pueblo el que la hace.

Cuando triunfa la Revolución comienza la construcción del socialismo que es un proceso dialéctico que sólo puede concluir cuando la humanidad alcance un grado evolutivo o superior que permita construir la sociedad comunista. Y, tampoco en ese estadio superior de la organización socio-económica podría desaparecer la ideología y la historia llegar a su fin, Sólo se produciría otro ciclo histórico.

La desintegración de la Unión Soviética y la caída del "socialismo real" en los países de Europa del Este no puede interpretarse como el fracaso del marxismo-leninismo, del socialismo y del comunismo; sin embargo, esos acontecimientos apresuraron los refuerzos ideológicos del capitalismo mundial para celebrar su momentáneo triunfo que originó la tesis del fin de la historia que, de inmediato, fue propalada por el mundo con el apoyo de los sistemas de comunicación e información capitalistas que extendieron su poder e influencia con el uso y abuso de la tecnología. Así se comprende que el japonés-norteamericanizado, Francis Fukuyama, de la noche a la mañana, de casi un anónimo profesor universitario, se convierta en una celebridad mundial, cuando se le ocurrió afirmar que "quizá somos testigos no solo del fin de la guerra fría o del transcurso de un período particular de la historia de la postguerra, sino de la conclusión de la historia como tal: es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia de occidente como la forma última de gobierno humano".

Así como Bell decretara el fin de las ideologías, Fukuyama decretó el fin de la historia y la realidad demuestra que ni ideología, ni historia han muerto y que los pobres del mundo en su lucha contra la miseria nacida de la explotación organizada por la democracia occidental capitalista, son y serán el motor de la historia. Cierto que se ha impuesto la concepción de la democracia occidental y cristiana; cierto que el imperialismo se ha consolidado y que el capitalismo en su fase neoliberal intenta conformar un gobierno mundial dirigido por el capital transnacional; pero no es menos cierto que las contradicciones capitalistas se han incrementado y que en la aplicación de las inhumanas y crueles leyes del mercado diseñadas por la ideología del capitalismo neoliberal, han condenado los pobres del mundo a ser más pobres, en tanto que las transnacionales y las oligarquías nacionales son más ricas y poderosas.

La profundización de las desigualdades sociales, económicas y políticas y generalizada corrupción que impulsa el sistema, no sólo que impiden la muerte de las ideologías y de la historia sino que las refuerzan. Esas condiciones objetivas por las que atraviesa la humanidad, dan nuevo vigor y vigencia plena a la ideología marxista-leninista y por ende a los consiguientes proyectos revolucionarios que se convertirán en realidades concretas en todos los pueblos de la tierra. Las injusticias socio-económicas serán combatidas porque ese estado de opresión provocará la rebelión en todas sus formas y matices; pues, no puede eternizarse esa situación de pobreza-miseria extrema. El aparecimiento corajudo de los Indignados en España que se extendió por Europa para afincarse en Grecia, Portugal, Irlanda, Francia son el germen de nuevos procesos revolucionarios y una afirmación en la realidad de lo arriba anotado.

Los pobres y explotados emprenderán las luchas de liberación nacional en sus propias patrias y los Estados sumidos en el capitalismo subdesarrollado, si aspiran a sobrevivir, tendrán que luchar contra el capitalismo desarrollado y fundamentalmente contra el imperialismo liderado y ejecutado por Estados Unidos en alianza con sus socios: Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania, Japón y Canadá. En América Latina las guerrillas colombianas sobreviven y a pesar de las conversaciones de paz, la izquierda revolucionaria tiene un gran futuro porque más temprano que tarde contará con el apoyo será masivo de los trabajadores y pueblo explotado tanto del campo como la ciudad. Las protestas sociales en Brasil, las luchas del pueblo mexicano, la indoblegable presencia del Subcomandante Marcos, líder y portavoz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional mexicano, la lucha combativa del pueblo hondureño, el triunfo electoral del FMLN en el Salvador, las protestas y paros en Paraguay y Perú, las manifestaciones en Chile, y el surgimiento poderoso del indigenado latinoamericano son expresiones inequívocas de la construcción del socialismo.

Será una lucha desigual y de inmensos costos humanos y sociales que emprenderán los países pobres contra los siete países ricos que, al decir de algunos analistas, han superado el modernismo y han entrado en un proceso postcapitalista. Es posible que se haya iniciado la organización de la sociedad
postcapitalistai pero ¿acaso el postcapitalismo significa que se acabó la era capitalista-imperialista? De ninguna manera ya que capitalismo e imperialismo han aprendido a vivir de sus propias contradicciones y de sus crisis cíclicas y porque se fortalecen sobre la base de los pobres, sobre el sistema de explotación.

La dialéctica demuestra que el capitalismo se nutre de la pobreza de los muchos y que el imperialismo basa su poder en la existencia del subdesarrollo y en consecuencia de las debilidades económicas, políticas, sociales y culturales, científicas y tecnológicas de los países del sur, condenados por efecto de la División Internacional del trabajo y de la economía al subdesarrollo, y sólo como fuente de materias primas que son requeridas por los países industrializados, para mantener su propio status.

¿La sociedad postcapitalista ha engendrado el neoliberalismo? Es posible, puesto que esa ideología económica-política privilegia la propiedad privada de los medios de producción que es la generadora del sistema de explotación sobre la propiedad estatal y el patrimonio de los pueblos, para satisfacer las necesidades de reacumulación de capital por parte de las transnacionales y de las oligarquías criollas, dependientes de los monopolios del capitalismo transnacional. A ese fin supremo se encaminan las privatizaciones y desnacionalizaciones de empresas y recursos estratégicos de los países dependientes y neocolonizados en muchos países de América Latina, de Europa y Asia. Permitir que el capital transnacional
se apropie de los recursos vitales y estratégicos de los pueblos como el petróleo, la energía eléctrica, las telecomunicaciones, los ricos recursos existentes en las minas y hasta la seguridad social, la administración de las aduanas, de puertos y aeropuertos, es renunciar no sólo a las posibilidades de explotación de los recursos para forjar el desarrollo, sino también perder la soberanía y remplazarla por neoconceptos como la "soberanía limitada" que podría existir si se trata de la defensa de los derechos humanos que son universales y superiores al bienestar y en paz de los gobiernos.

Inmersa la humanidad en el sistema capitalista-postcapitalista, dominada por el imperio estadounidense; sistema e imperio que subsisten por las desigualdades e injusticias sociales, económicas y político-culturales que imponen, por los subdesarrollos que propician, resulta ilógico aceptar que se ha llegado a la "conclusión de la historia como tal: es decir, el punto finar de la evolución ideológica de la humanidad", según la expresión de Fukuyama. Tampoco la democracia occidental se ha transformado en la última forma de gobierno, válida para todos los pueblos de la tierra; pues, la conceptualización y práctica de la democracia están profundamente cuestionados ya porque son un espejismo confundido con el derecho y obligación de elegir gobernantes o porque han devenido en formas de gobiernos burgueses corruptos, en sistemas socio-económico-políticos generadores de estados de pobreza crítica para las grandes mayorías nacionales. La democracia occidental ha sido un rotundo fracaso a lo largo y ancho de la tierra y si esa es un fracaso, peor engaño y fraude son los gobiernos que se autotitulan de izquierda y hasta revolucionarios porque son populistas y retardatarios de los verdaderos procesos revolucionarios.

Capitalismo e imperialismo en cualesquiera de sus formas concretas y expresiones ideológicas han sido incapaces de solucionar uno solo de los múltiples problemas sociales y económicos de los pueblos, porque a ese sistema no le importa ni le interesa el desarrollo de los pueblos o su existencia misma, sino en tanto en cuanto pueden, eventual o potencialmente, convertirse en consumidores de bienes económicos y de servicios producidos por los monopolios imperialistas, las transnacionales o los grupos oligopólicos nacionales. El imperio capitalista carece de propuestas para que los países pobres accedan al desarrollo.

"Desarrollo y subdesarrollo son base de la superestructura sustancial del capitalismo monopolista y colonialista que no funcionan independientemente... Sin embargo, la historia está demandando que esta superestructura macro se transforme en una superestructura micro, lo que significaría que el subdesarrollo, hoy externo a las elites, se transformaría en subdesarrollo interno de las propias elites y de los subdesarrollados-desarrollados, tal como en la realidad lo podemos observar en los países ricos y en los países pobres", sostiene Fielden Torres en su obra El Fin de la Historia ¿Ficción o realidad? Lo que ocurre en la práctica social es que un país desarrollado no puede prescindir de los países subdesarrollados, éstos son la esencia de aquél y en lo que respecta a las elites nacionales, si bien en un principio de la aplicación del neoliberalismo se vieron favorecidas por enormes flujos de capital que recibieron por efecto de privatizaciones y corrupciones, los capitales y fortunas no son eternos ya que se deterioran con rapidez debido a las relaciones de producción impuestas por el capitalismo y fundamentalmente porque los precios de productos y tecnologías de los países desarrollados son infinitamente superiores a los precios de las materias primas y productos alimenticios, generados por decisión del capitalismo hegemónico, por parte de los países subdesarrollados. Mientras los precios de las manufacturas de los países industrializados crecen en proporción geométrica, los precios de los productos de los países pobres crecen en proporción aritmética. Esta situación del mercado se agrava por el servicio de la deuda externa y en estas condiciones las elites comienzan a perder el valor real de sus fortunas, generalmente, mal habidas.

¿Cómo salir del subdesarrollo si un país pobre como el Ecuador, en la década de los setenta debía vender diez toneladas de banano para comprar un tractor y en el nuevo siglo debe vender cien toneladas para adquirir un tractor similar? Esa o mayor es la proporción del intercambio desigual. ¿Como un país pobre, tercermundista, puede proyectar su desarrollo si ve obligado a destinar más de la mitad del presupuesto nacional, para servir la deuda externa? Así ocurre en Grecia y España, en Colombia o Perú. Imposible.

Pero esta misma situación de injusticia socio-económica perpetrada en el ámbito mundial, servirá en el futuro cercano para que los pueblos del mundo reaccionen y se rebelen contra el imperio opresor y contra las transnacionales que, con gula extrema, succionan las últimas riquezas de los pueblos, naciones y Estados.

Cada pueblo o un conjunto de pueblos, necesaria e inevitablemente, protagonizarán las revoluciones del futuro porque expoliaciones e injusticias no suelen soportarse eternamente y porque tampoco es eterna la paciencia de pueblos que padecen hambre y pobreza-miseria.

La humanidad no puede, por mucho tiempo, dejarse estar bajo los cánones de la ideología de la dominación imperial-capitalista porque esa ideología y esa práctica originan inexorablemente sus contrarios: la ideología de los dominados, de los pobres, excluidos, expoliados y marginados, y así como no hay sistema socio-económico sin el sustento de una ideología, tampoco existe revolución, liberación social y nacional, procesos reivindicatorios, sin la base de una ideología y sin cumplir las etapas históricas o sus ciclos. Naturalmente que un proceso revolucionario, por su naturaleza y esencia, es capaz de grandes saltos dialécticos.

La otra posibilidad que tienen los pueblos y los seres humanos para salir de la postración del subdesarrollo es la evolución histórica prevista por la lógica dialéctica; pero ese proceso es y será muy largo, hasta consumir, incluso, varias generaciones, y tal como está organizado el mundo por las ideologías y prácticas capitalistas-imperialistas, quizá ese día del desarrollo alcanzado por evolución histórica tarde demasiado en llegar, pero llegará el día… La imposición del neoliberalismo retardatario es una demostración de una parte de esa hipótesis ya que con esa ideología, el capitalismo contrarresta o pretende contrarrestar sus cíclicas crisis y al expandirse permite que la agonía del sistema sea más lenta y que bien puede durar muchos años. Esa es la razón de la existencia actualizada del "bisturí histórico", es decir del proceso revolucionario. Negar esa alternativa es adoptar una posición acientífica, es negar el proceso histórico y es negar la vigencia de las ideologías y como se advierte, esa negación sólo es propaganda sin fundamento otorgado por la ciencia de la dialéctica.

El neoliberalismo es una involución histórica en la que se reestructuran los roles del Estado, restándole capacidades administrativas, económicas y reguladoras de las leyes del mercado. En esa involución histórica, el papel que el neoliberalismo le confiere al Estado es el de simple árbitro de los conflictos de intereses que se produzcan al interior de los círculos capitalistas y represores de los pueblos, cuando éstos no tengan otra alternativa que la lucha popular para defender su derecho a la vida, al trabajo, educación, vivienda y a un mínimo bienestar, es decir cuando los pueblos decidan iniciar la construcción del socialismo.

El materialismo histórico, fundamentado en la ciencia dialéctica, demuestra que nada es eterno. El imperialismo no es la excepción y su existencia que puede durar muchos años, pero está condenado a desaparecer de la faz de la tierra. ¿Qué quedan de los grandes imperios que, en cada época de la historia de la humanidad, han pretendido dominar al mundo y apoderarse de sus riquezas? Quedan los pueblos despojados del poder imperial y por tanto más libres, más solidarios y más humanos.

Cada imperio lleva dentro de sí los gérmenes de su propia destrucción. El imperialismo, en su esencia, tras de su poderío económico, bélico, político y de su aparente o real prosperidad, esconde auténticos procesos de decadencia y descomposición, sostenía el profesor soviético-ruso Gueorgui Rudenko, en su ensayo: Imberbez y decrepitud del imperialismo, en el que analiza la teoría de Lenin sobre el fenómeno imperialista.

Carlos Marx y V. I. Lenin estudiaron el fenómeno imperialista, su nacimiento, desarrollo y destrucción. Marx, en El Capital demostró que al capitalismo le son inherentes las contradicciones insuperables que genera el propio sistema, las que, inevitablemente, le conducen a ser reemplazado o sustituido por otras formas de organización social más democráticas y progresistas, como el socialismo por ejemplo, y, cuando el socialismo se haya construido dará paso al sistema comunista que es la más alta forma de organización social, económica y política. Rudenko afirmaba que el pronóstico de Marx se sintetiza en:

1.- En virtud de las leyes de la producción capitalista, un emprendedor vence a muchos contrincantes en la lucha competitiva. En sus manos se concentra la producción y el capital. Un número cada vez menor de magnates del capital "usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso".

2. EI dominio de ellos engendra "la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y como consecuencia, el carácter internacional del régimen capitalista ".

3. En estas condiciones históricas, "el monopolio del capital se convierte en grillete del régimen de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista. Esta salta hecha añicos. Ha sonado la hora final de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados”

Si algunos teóricos e ideólogos sostienen que los países industrializados pasaron del modernismo al postmodernismo, de la industrialización a la postindustrialización y del capitalismo a la sociedad postcapitalista, necesariamente habría que analizar si los seis grandes países liderados por Estados Unidos, han llegado efectivamente a la postindustriarización y si alguno de ellos ha superado la etapa capitalista. Es evidente que la dinamia social y económica del capitalismo se ha fortalecido en los últimos años, y en particular desde la desintegración de la Unión Soviética y el derrumbe del "socialismo real" de los países de Europa del Este. Es lógico que, como consecuencia de los hechos sociales, económicos y políticos de la última década del siglo XX y de los primeros 14 del siglo XXI, Estados Unidos y sus aliados hayan logrado consolidar el capitalismo; pero no existe evidencia de que la sociedad postcapitalista se haya conformado o iniciado en algún país y menos en Estados Unidos que se ha convertido, desde la terminación de la I Guerra Mundial, en potencia capitalista hegemónica y en los últimos años en potencia económica en franca decadencia debido a su insuperada crisis. Era lógico que así ocurriera debido a las particularidades históricas del desarrollo del capitalismo y por la decadencia de los imperios coloniales europeos, situación que fue apurada por Estados Unidos para remplazarlos con el uso de su poderío económico y militar y ya no, necesariamente, para colonizar a países y pueblos al estilo clásico de las colonialismo europeo, sino para dominarlos a través de la economía, la política y el militarismo. Esta es la esencia del neocolonialismo patentado y practicado por los gobiernos estadounidenses que, a más de la ocupación militar, con extraordinaria habilidad extendieron la dominación ideológica bajo el amplio paraguas de la Guerra Fría y las tesis de detención del comunismo internacional.

El imperio norteamericano ideó nuevas formas de sometimiento: Imposición de la democracia occidental ejercida por gobiernos títeres ya sean constitucionalistas o dictatoriales, pero siempre controlados por Estados Unidos; explotación de los recursos naturales de los países subordinados y dependientes a través de "convenios" que garanticen los intereses de las transnacionales lideradas por los monopolios norteamericanos; control de la economía de las naciones a través de "ayudas", "empréstitos", créditos otorgados directamente o por intermedio del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y otros organismos de crédito internacional controlados por Estados Unidos; imposición de dictaduras tiránicas y fascistas bajo los parámetros de la Guerra Fría y con el uso de la CIA, del Pentágono, del Departamento de Estado y de otras agencias norteamericanas, e incluso con el uso de transnacionales monopólicas que otorgaron los pretextos para una serie de intervenciones armadas con las que defendieron los intereses norteamericanos, férreo control de las clases gobernantes y elitarias y dirigentes nacionales y dominación ideológica y política a través del uso de los medios de difusión masiva que son parte del poder mediático mundial.

La dominación imperial norteamericana, a diferencia de imperios anteriores, no ha gobernado directamente a los pueblos sometidos y colonizados sino de manera más sutil e indirecta: Control despiadado de los gobiernos nacionales, casi siempre burgueses y al servicio de los intereses norteamericanos. Los gobiernos títeres de las burguesías nacionales y de Estados Unidos han servido para cubrir las apariencias de países libres y soberanos, principios que jamás respetó Estados Unidos. En el proceso de conformación del imperio estadounidense, la economía ha sido factor vital en:
a) Explotación indiscriminada de los recursos humanos y naturales de los pueblos neocolonizados.
b) Sobre la base del sistema de explotación ha desarrollado su poder económico, político y militar.
c) Uso del dólar para someter económicamente los pueblos; pero por cada dólar "invertido" por Estados Unidos, el imperio ha sacado hasta nueve y diez dólares de los países neocolonizados.
d) Explotación irracional de la mano de obra de los países sometidos.
e) Manipulación de las necesidades económicas de los pueblos neocolonizados que se vieron precisados a solicitar créditos internacionales, mientras eran saqueados sus recursos por parte de Estados Unidos, sus empresas monopólicas y por las transnacionales.
f) Sometimiento económico de los países neocolonizados a través de la deuda externa. Lenin tenía razón cuando afirmaba, en su obra: EI imperialismo, fase superior del capitalismo que "lo fundamental en este proceso (imperialista) desde el punto de vista económico, es la sustitución de la libre competencia capitalista por los monopolios capitalistas. La libre competencia es la característica fundamental del capitalismo y de la producción mercantil en general; el monopolio es todo lo contrario de la libre competencia...” La visión de Lenin se concretó en realidades de las bases económicas sobre las que Estados Unidos construyó su imperio a través de:

1.- La construcción de la producción y del capital llega hasta un grado tan elevado de desarrollo, que crea monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica;
2.- La fusión del capital bancario con el industrial y la creación, en este terreno del capital financiero, de la oligarquía financiera;
3.-La exportación de capitales, que adquiere, en particular, gran importancia (la impagable deuda externa es una demostración de la visión leninista);
4.- La formación de los monopolios internacionales de capitalistas, que se reparten el mundo. La tierra es ahora propiedad de las transnacionales y el poder mundial está representado por el Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial, cuyo principal accionista es Estados Unidos.

5.-Conclusión del reparto territorial de la tierra entre las potencias capitalistas más importantes.

Rudenko al analizar el pensamiento de Lenin sostiene, además, que la descomposición del imperialismo se producirá inevitablemente, situación que se constataría en los siguientes aspectos:

- La producción monopolista, a diferencia de las del período de la libre competencia, permite a la oligarquía financiera obtener la máxima ganancia, no mediante el perfeccionamiento de la producción, sino mediante el alza de los precios monopolistas.
- La gigantesca escala de los monopolios y la ganancia monopolista hacen que la oligarquía se libre cada vez más de la necesidad de administrar de por sí misma numerosas empresas. El empresario capitalista se aleja cada vez más de la necesidad de la labor directa de organización. Confía sus funciones a administradores a sueldo y se convierte así en capitalista rentista, en parásito que vive de los dividendos provenientes de los ingresos que se crean con el trabajo ajeno. De este modo, la parte oligárquica de la clase capitalista deviene en capa de caros holgazanes, inútiles para la sociedad.
- La ganancia monopolista a expensas de las colonias y a cuenta de los pedidos gubernamentales de armamentos, permite a la oligarquía financiera sobornar a la cúspide de la clase obrera, estableciendo salarios más altos, primas, subsidios y otros incentivos, a fin de escindir las filas de los trabajadores. La formación de esta capa de agentes del imperialismo en el medio obrero muestra lo podrido que están los puntales sociales del imperialismo y la aspiración de éste a consolidar sus posiciones engañando a los trabajadores.
- "El imperialismo es la época del capital financiero y de los monopolios, los cuales traen aparejada en todas partes la tendencia a la dominación, y no a la libertad. El resultado de dicha tendencia es la reacción en toda la línea, sea cual fuere el régimen político, y la exacerbación extrema de las contradicciones en esta esfera también", conforme el pensamiento de Lenin. Rudenko añade que la violencia directa, la violencia ideológica, enmascarada con las teorías que hacen propaganda del imperialismo; la violencia en todas sus formas constituye el puntal de la oligarquía monocapitalista.

Las prácticas económicas del imperio, si bien sirven para fortalecerlo gracias al sistema de explotación del hombre por el hombre , y con el recurso proveniente de la revolución científico-técnica, causa profundas desigualdades al interior de su propia sociedad y hondas inquietudes y necesidades sociales, económicas y políticas en los países dependientes y subordinados, es decir' en casi todo el mundo, porque fundamentalmente es un freno para el desarrollo de los pueblos y permanente pozo de iniquidades, injusticias sociales y desigualdades insuperables dentro del sistema capitalista y neocolonizado, subdesarrollado, neodependiente.

Mientras el capitalismo imperial se consolida y se expande, la población mundial se empobrece hasta extremos insoportables. Consecuencia de esa insostenible situación son las diversas formas de violencia social: guerras interestatales, guerras étnicas y religiosas, huelgas, paros, protestas y manifestaciones que se suceden unas a otras en el mundo entero y que son violentamente reprimidas o marchas pacíficas que involucran a millones de personas que, además, padecen hambre, desolación, desamparo, muerte y destrucción de los ecosistemas como consecuencia de la explotación irracional de los recursos naturales por parte del imperio y las transnacionales que protege. El mundo parece una bomba de tiempo
pronta a estallar.

Ante estas realidades que preocupan a científicos, políticos, sociólogos, cientistas sociales, economistas, el imperio y el capitalismo se muestran indiferentes. En estas circunstancias, surge la inevitable pregunta: ¿Cuánto tiempo lograrán sobrevivir el capitalismo en su etapa hegemónica y el imperio estadounidense en su fase de potencia que se creía única, antes del vigoroso resurgimiento de Rusia y de la República Popular China que se vaticina se convertirá en primera potencia económica, desplazando al imperio y sus socios europeos?

Si la justicia social es base y fundamento de la democracia occidental, ¿en qué Estado capitalista, se practica la justicia social? ¿Cuáles son los alcances de la libertad y las realidades de pleno respeto a los derechos humanos?

El imperio y el capitalismo con los productos de la revolución científico-técnica han alcanzado un desarrollo insospechado, un progreso jamás soñado por las anteriores generaciones de la especie humana, pero junto al desarrollo y progreso han estado presentes, para la inmensa mayoría de pueblos y países, situaciones de miseria, desigualdades indignas de la especie humana, exclusiones antidemocráticas, catástrofes provocadas por el calentamiento global desatado por los países superindustrializados y quiebras de los valores esenciales del humanismo, de ideologías y expresiones culturales.

No existe ni un asomo de justicia social dentro de las democracias occidentales. Más bien, la injusticia social generalizada ha sido la característica generada por el
progreso; injusticia social exacerbada por el neoliberalismo y como uno de los efectos del derrumbe del socialismo ocurrido entre 1989 y 1991, derrumbe que le llevó a Fukuyama a proclamar el fin de la historia.


Pero la historia continúa y la lucha ideológica se incrementa. Esta percepción le llevó al historiador israelita Dan Diner, a decir en 1999: "En la construcción de la historia tienen lugar nuevamente los movimientos tectónicos que desplazan de su lugar continuidades válidas hasta ese momento. Las contingencias se acumulan, el tiempo se reestructura y se modifica el perfil de una época. Como un bloque errático, el período de la Guerra Fría, se escapa de los modelos anteriores y posteriores neutralizando certezas.

Su valor como experiencia se disipa, es una época que agoniza. No obstante que todo esto desaparezca no significa que deje un vacío constante. El tejido en descomposición ha sido parcialmente relevado de inmediato por elementos del pasado que se creían superados y sepultados. Haciendo un desvío de los acontecimientos recientes, el presente parece retomar a los modelos históricos europeos".

La cita vale para reafirmar la teoría de la perennidad de la ideología, si la ideología es verdadera y también para rescatar la teoría Juan José José Vico, relativa a los ciclos históricos y la historia y sus procesos se mueven hacia nuevos horizontes, a pesar de la certeza de que el capitalismo y el imperio estadounidense se consolidan en sus afanes de dominación mundial; pero no es menos cierto que la ideología del Estado Nacional renace con fuerza, ideología que ha causado ya graves e irreparables perjuicios en la vieja Europa Oriental y ardientes debates en la vieja Europa occidental; pero es de advertir que el nacionalismo también es reafirmación de la idea de supervivencia de la patria, del derecho a una nacionalidad, a una cultura e inclusive del derecho a una religión. Si el nacionalismo es positivo; es decir si carece de fanatismos y dogmatismos podría convertirse en la base fundamental de oposición al imperialismo globalizador.

Si el nacionalismo es positivo y patriótico, podría tender a profundas reflexiones que conduzcan a la conformación de bloques comunes u organizaciones supranacionales porque un nacionalismo bien entendido y practicado es defensa de lo propio sin renunciar a la necesidad histórica de la búsqueda de la unidad en la diversidad y a la ineludible necesidad de organizarse para oponerse al dictat imperial. La vigencia del nacionalismo que no impida la conformación de bloques, sería un antecedente histórico a la necesidad de borrar fronteras para dar paso a la ciudadanía universal, en la concepción de Enmnuel Kant.

Marx y Engels predijeron con asombrosa precisión que el capitalismo se extendería por todos los confines de la tierra e influiría definitivamente en las relaciones sociales de los seres humanos y hasta en la vida de la persona individual; pero también predijeron el fin del imperio para remplazarlo con organizaciones sociales fundamentadas en el humanismo vital.

Lejos está aún la humanidad de contar con un gobierno universal; pero sin duda ya han comenzado a perfilarse organizaciones supranacionales que tendrán definitiva influencia en este siglo. Un ejemplo de organización supranacional es la Unidad de Europa, pese a sus características heterogéneas y pese a haber sido el escenario de dos guerras mundiales que obligaron a la conformación de alianzas de unos países europeos contra otros, alianzas que se rompían con tanta velocidad como veloces eran los intereses en permanente conflicto. Frente a la comunidad europea de hoy, Estados Unidos mantiene reservas y recelos y al encima de intereses comunes en lo ideológico y político y al indiscutido dominio militar que ejerce en la OTAN, a la que concurren 28 Estados nacionales con Estados Unidos en calidad de líder de esa nefasta y criminal organización que ya ha actuado hasta liquidar a Yugoeslavia y crear Kosovo, que ha intervenido militarmente para ayudar al imperio en sus guerras contra Irak y Afganistán, que bombardeó Libia hasta dfest6r5uirtla y asesinar con mercenarios al Coronel Gadaffi, que participa en la cruenta guerra civil de Siria y que ya está en América Latina de la mano de Colombia gobernada por el derechista Santos quien ha traicionado a la unidad del subcontinente, tal como lo hiciera Santander en 1926, en el Congreso Anfictiónico de Panamá.

La Unión Europea ha recorrido un largo proceso para alcanzar el fin supremo de la unidad. En 1957 se creó la Comunidad Económica Europea, en 1993 se fundó la Unidad Europea y hoy pertenecen a ella, 28 países con una población superior a los 375 millones de habitantes.

Otro bloque de importancia es el Southern African Development Community. Fue fundada en 1980 con la participación de nueve Estados que se proponían combatir la colonización y el apartheid. Hoy tiene 14 miembros y cada país que lo integra ha hecho suyos los objetivos básicos generales: Integración Regional,
fomento de la economía y aprovechamiento racional de los recursos naturales.

También se debe contar con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático que fue fundada en 1967 por cinco Estados de Asia Sudoriental. Hoy cuenta con diez miembros y sus objetivos inmediatos son luchar por la paz en la región, procurar la estabilidad, el progreso y crecimiento sostenido del sudeste asiático.

En América Latina, el Mercosur que fue fundado en 1991 con Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y es una realidad en plena actividad que ha sido reforzada por Chile y Venezuela con miembros de pleno derecho.

La Organización de Países del Pacto Andino integrada por Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Panamá como miembro observador, tiene una edad superior a los 30 años y lucha, a veces desigualmente, para lograr la integración económica de la subregión. Se plantea la tesis de la unidad fundamentada en una historia común, y a la vez que se debatía la propuesta de una moneda única y metas políticas que están lejos de ser alcanzadas porque esta Comunidad de Naciones ha ido desmembrándose a tal punto que se plantea su desaparición.

El denominado Grupo de Río es otra organización con bases firmes y que tiende a conseguir la unidad latinoamericana y del Caribe; pero este posible bloque se complementaría con la presencia de España y Portugal que ya han intervenido en las denominadas cumbres Iberoamericanas que, ciertamente poco o nada han aportado para la construcción del progreso en el capitalismo y menos han pensado siquiera en la construcción del socialismo. El camino por recorrer es incierto, será difícil, largo y tedioso porque carece de bases sociales.

En Centro América se trata de restablecer la unidad de la zona y en el Caribe está en plena actividad el CARICOM. Si estos bloques o proyectos de unidad subregionales desembocan en realidades, el imperio, sin duda perdería su poder absoluto y se vería obligado a tratar y negociar de igual a igual con los diferentes Estados Asociados.
La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP es una organización internacional de ámbito regional, proyectada para los países de América Latina y el Caribe destinada a la lucha contra la pobreza y la exclusión social con base en la ideología socialista .
“Es un proyecto de colaboración y complementación política, social y económica entre ciertos países de América Latina y el Caribe, promovida inicialmente por Fidel Castro de Cuba y Hugo Chávez de Venezuela, como contrapartida del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), impulsada por Estados Unidos.
El ALBA-TCP otorga prioridad a la relación entre los propios países en pie de igualdad y en el bien común, basándose en el diálogo subregional y abriendo campos de alianzas estratégicas fomentando el consenso y el acuerdo entre las naciones latinoamericanas”
El ALBA fue creado en la Habana, el 14 de diciembre de 2004. Fue iniciado por Venezuela y Cuba. El 29 de abril de 2006 se sumó Bolivia, en 2007 se incorporó al ALBA Nicaragua, en 2008, Honduras y en 2010 a El Salvador. Posteriormente se adhirieron al ALBA Ecuador, Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y las Granadinas, pertenecientes a la CARICOM y Santa Lucía y Surinam.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac, es quizá el más grande proceso integracionista que busca la unidad latinoamericana y caribeña. Esa un organismo intergubernamental de ámbito regional, heredero del Grupo de Río y la CALC, la Cumbre de América Latina y del Caribe.
La Celac sin Estados Unidos ni Canadá, fue creada el martes 23 de febrero de 2010 en sesión de la Cumbre de la unidad de América Latina y el Caribe, en Playa del Carmen, Quintana Roo, México. Posteriormente, en la Cumbre de Caracas, Venezuela, realizada los días 2 y 3 de diciembre de 2011, quedó constituida definitivamente la Celac. La I Cumbre de la Celac se celebró en Chile en enero de 2013.
La población total de los países integrados en la Celac es de 590 millones de habitantes y el territorio una extensión de más de 20 millones de kilómetros cuadrados.
33 jefes de Gobierno de países del Caribe y Sudamérica (ya que algunos países del Caribe tienen a su Jefe de Estado en Reino Unido) asistentes a la Cumbre, decidieron constituir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños CELAC como el "espacio regional propio que una a todos los Estados” Es un esfuerzo integrador que sin oponerse abiertamente al imperio estadounidense, aspira a ser su interlocutor natural en igualdad de condiciones.
¿Qué pasa con los árabes? La Liga Árabe, aunque con países con distintos objetivos a corto plazo es una realidad' Los países árabes aliados de Estados Unidos como Arabia Saudita y Kuwait, más temprano que tarde denunciarán esas alianzas porque se verán precisados a unirse a sus iguales si quieren sobrevivir en este siglo. El problema mayor es el fanatismo religioso retrógrado que se practica en varias sectas del islamismo. La “primavera árabe” fue impulsada por Estados Unidos y sus socios de la UE, razón por la que ni Arabia Saudí, ni Kuwait tuvieron esa primavera, pero más allá de esos procesos, está la necesidad del mundo árabe de unirse para que pueda enfrentar al sionismo judío, aliado fundamental de Estados Unidos en la región.

¿Y los “tigres asiáticos” liderados por Japón? Sus intereses económicos y comerciales son una verdadera piedra en el zapato imperial y ya han debido enfrentarse en una serie de conflictos comerciales.

La otra gran incógnita que paulatinamente se despeja, es la República Popular China. Es ya una potencia mundial y su prestigio y poder se acrecentarán en los próximos años. Podría convertirse en el futuro cercano en el rival de mayor peligro para el imperio yanqui.

Rusia recupera su connotación de potencia mundial. Se nota ya una clara tendencia de recuperación integral y podría, eventualmente, ser la contraparte natural e histórica del imperio yanqui. Su poder se dibujo nítidamente en el problema de Osetia y Abjasia y últimamente en Ucrania y la adhesión de Crimea.

EI socialismo ya no será igual al que se construyó durante setenta años del siglo XX. Serán superados sus errores y falencias y la Unión Soviética no será recuperada y sólo así el socialismo será reconstruido con nuevas y superiores formas de organización social, política y económica. La Unión Soviética pasará a la historia, pero Rusia y los Estados de la Federación abrirán las puertas para crear un poderoso Estado supranacional que, tal vez, sea el otro fiel de la balanza a fin de buscar y recuperar el indispensable equilibrio mundial.

¿El imperio yanqui llegará a su fin? No cabe duda que así sucederá; pero no cometeremos el error de declarar su muerte prematura. Estados Unidos estuvo en el apogeo de su no desmentido poder económico, político, social y cultural; pero capitalismo e imperialismo carecen de moral o practican una doble moral. Esta es la mayor debilidad del imperio. Además tiene profundas contradicciones dentro del sistema y formas violentas de apuntalarlo: la guerra, la violencia social que se expresa en matanzas colectivas ejecutadas, inclusive, por hasta por niños, el uso v abuso de la economía hasta causar una crisis global del capitalismo que sume a pueblos enteros en la desesperanza, la angustia y el miedo al futuro porque crece el desempleo, la atrocidad del problema de la vivienda, la carencia de cent ros de salud públicos, la naturaleza impagable de la deuda externa que creció para propiciar salvatajes bancarios, sin que haya un dólar para salvar a los pueblos sumidos en el abandono y víctimas del individualismo y del pragmatismo, del incremento de la delincuencia violenta, el gusto por los alimentos basura y chatarra que conforma una sociedad de obesos y la innegable adicción a las drogas, a la televisión y al internet, factores que debilitan paulatinamente al capitalismo y su imperio y que tarde o temprano coadyuvarán para su transformación o total aniquilación.

Pero, lo fundamental para que el imperio llegue a su fin es la unidad de los pueblos oprimidos y devastados por el capitalismo. Esa unidad será necesaria e inevitable para enfrentar y vencer al imperio, solo entonces llegará el día del fin del imperio y sólo entonces la humanidad podrá alcanzar el desarrollo, vivir en paz y conservar el mundo para disfrute de las generaciones venideras. Llegará el día.

Fernando Moreno Bernal en Rebelión decía: Capitalismo y ética son dos conceptos irreconciliables. La lógica intrínseca del sistema capitalista buscando siempre el máximo beneficio individual se vuelve irreconciliable con el respeto a la dignidad humana, base de toda conducta ética. Quienes defienden el sistema capitalista como el único posible para sus intereses deben ser consecuentes y admitir que las decisiones económicas fundamentales se adoptan en función del beneficio individual y no en función de lo que es beneficioso para la sociedad, para la humanidad, para la Vida en el planeta Tierra. Desde este punto de partida no podrán nunca defender el interés general ni el Bien Común de la inmensa mayoría de la sociedad y de la humanidad.
Es imprescindible recuperar la dimensión ética en el análisis de la actual crisis financiera, económica, social, política y de valores que sufrimos.
En los escritos de Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill y Karl Marx, fundadores de la economía como ciencia, la ética era destacada y consustancial en sus postulados. Adam Smith en la introducción al libro cuarto de La riqueza de las naciones, planteaba el indisoluble vínculo entre teoría económica y la ética.
La dimensión ética de la economía política clásica fue tolerada por el sistema capitalista hasta el momento en que entró en contradicción con la dinámica real del proceso de acumulación ampliada del capital y la lógica implícita del propio sistema. Las conclusiones “políticamente incomodas” para las clases dominantes al incorporar la perspectiva ética en los análisis económico de los clásicos llevaron a su sustitución por los neoclásicos con sus planteamientos éticamente “neutrales”. Los economistas clásicos pasaron a ser denominados despectivamente como “economistas normativos” y sus posturas éticas fueron desacreditadas como no científicas. León Walras, uno de los fundadores de la teoría del “equilibrio general” a finales del S. XIX defiende que “el economista antes que proporcionar a la gente unos ingresos abundantes o al Estado unos ingresos suficientes, debe perseguir y captar las verdades puramente científicas” . Verdades que él deduce de un razonamiento lógico que parten de unas condiciones, “ceteris paribus”, irreales e imposibles que puedan darse alguna vez, inaugurando lo que cada vez más economistas denunciamos como “economía autista”, que ha llevado a la mayoría de economistas actuales a la incapacidad para comprender la actual crisis y ver los mecanismos para su salida.
Así la Teoría económica oficial ha pasado de justificar una economía productiva para satisfacer necesidades sociales y un sector financiero al servicio de esta economía productiva, a justificar que el sector financiero estrangule a la economía productiva y que las necesidades sociales queden supeditadas a un crecimiento del PIB que carece de sentido común y de valores éticos.
La teoría económica que necesitamos para el diseño de alternativas reales de salida a la crisis, para el Buen Vivir, debe recuperar e impregnarse de perspectiva ética. No habrá salida a la crisis si no se reduce la desigualdad y polarización social en el mundo y dentro de cada país. No habrá salida a la crisis si no producimos bienes duraderos en lugar de bienes perecederos, que bajaran el PIB pero que procuraran más satisfacción respetando los recursos naturales. No habrá salida a la crisis si no cambiamos el paradigma energético reduciendo el consumo y desarrollando energías alternativas renovables, que bajaran el PIB al reducir el transporte internacional de petróleo y carbón pero que incrementará la soberanía alimentaria y solucionará el hambre y la pobreza extrema. No habrá salida a la crisis si no eliminamos la especulación financiera sobre bienes alimentarios, energéticos y monetarios, que reducirá el PIB aumentando la estabilidad financiera y la satisfacción de las necesidades de la humanidad. No habrá salida a la crisis si no profundizamos la democracia en todos los ámbitos implicando a la sociedad civil en el diseño, implantación y evaluación de las políticas públicas”.
La actual situación en la que vivimos, generada por el propio sistema capitalista en su agonía, debe calificarse de emergencia. Emergencia para la biosfera, Gaia, la Vida del Planeta Tierra en donde hemos surgido y del que formamos parte, al llevar al límite y romper sus mecanismos de autorregulación y sostenibilidad como sistema integrado. Emergencia para la Humanidad, que ve acabarse y destrozar los medios imprescindibles para la supervivencia de la especie, alimentación y energía, el colapso de los actuales sistemas de provisión que ya hoy son insuficientes para toda la Humanidad con el actual modelo de producción, distribución y consumo, manteniendo a la mitad de ella en condiciones de subsistencia extrema. Emergencia para las personas y las nuevas generaciones, que ven frustradas sus expectativas de seguridad y estabilidad en el futuro, de realización y desarrollo pleno como seres humanos”
Cierto, el capitalismo agoniza y en su lenta agonía puede provocar catástrofes que pongan en peligro a la especie humana. Frente al vivir con miedo y sin esperanza, es preciso devolver a los trabajadores del campo y la ciudad un derrotero sólido que conduzcan a salidas en donde se consolide la dignidad de hombres y mujeres que ansían vivir en paz, en igualdad de condiciones; es decir con justicia social, en libertad con vigencia plena de los derechos humanos, en una sociedad solidaria, justa y equilibrada; es decir en una sociedad socialista, pero que para alcanzar es preciso aquí y ahora comenzar a construir el socialismo.