ESTADOS UNIDOS AFILA SUS GARRAS IMPERIALES CONTRA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE 



APLICAN TÁCTICAS FASCISTAS 



Estados Unidos, en su decrépita fase imperial, otra vez afila sus garras para desatar todo tipo de agresiones contra América Latina y el Caribe, en especial contra países gobernados por regímenes desafectos o simplemente “indeseables” como Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y, en especial Venezuela, en donde ensaya una serie de tácticas, estrategias, técnicas de penetración e injerencia que van desde el uso del poder mediático para desprestigiar y denostar al gobierno de la Revolución Bolivariana o causar una serie de problemas con la aplicación de tácticas fascistas como la guerra económica y el desabastecimiento que ya fueron usadas, con éxito, contra el presidente Salvador Allende en Chile.
Recuérdese que finalizada la II Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia que consideró como su deber “proteger” a América Latina y el Caribe del avance del comunismo internacional. A la Unión Soviética la convirtió en su enemigo que había que aniquilarlo y en el marco de la Guerra Fría, el subcontinente se convirtió en un inmenso escenario de las maniobras yanquis para enfrentar al fantasma del comunismo. Desde la administración Truman, a partir de 1947, Estados Unidos basó su política exterior en la organización de una ofensiva de guerra fría en América Latina y la sometió a sus intereses geopolíticos para lo cual impuso dictaduras sanguinarias, invadió a varios países y se apropió de los recursos naturales.
En los primeros catorce años del siglo XXI, desaparecido en fantasma del comunismo, creó otros fantasmas como la guerra contra el narcotráfico, el terrorismo internacional o la guerra antisubversiva y, otra vez, recurrió a golpes de Estado como el fracasado golpe contra el gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías en el año 2002, y los recientes y triunfantes golpes contra los gobiernos del presidente Zelaya en Honduras y contra el presidente Lugo en Paraguay.
Truman y Eisenhower empezaron la lucha frontal contra el comunismo y contra los movimientos revolucionarios. El historiador estadounidense Smith afirmaba que “la ofensiva anticomunista se centraba en dos aspectos. En primer lugar el conseguir que los gobiernos latinoamericanos rompieran relaciones con la Unión Soviética, lo que se consiguió con gran éxito en todos los países excepto México, Argentina y Uruguay. El segundo aspecto fue un movimiento de presión hacia los gobiernos latinoamericanos para proscribir los partidos comunistas. "Aunque no se dio mucha publicidad en Estados Unidos, el éxito de esta campaña demostró lo sensibles que seguían siendo las élites latinoamericanas a sus directrices", es decir las derechas y las oligarquías económicas y terratenientes, a más de los curas de la religión católica y los pastores de las sectas protestantes convertidos en agentes del imperio.
La creación de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Bogotá en 1948, fue fundamental en la estrategia de dominación imperial, pues la OEA se convirtió en el “ministerio de las colonias de Estados Unidos” La historiadora y analista B. Nieto afirma que "Truman amarró el continente política y militarmente", pero después de Truman, todos los gobiernos que pasaron por la Casa Blanca, hasta el actual inquilino Barack Obama, han ideado diversas doctrinas para someter a América Latina y el Caribe a sus designios imperiales.
En 1954, la Agencia Central de Inteligencia, la tétrica -CIA- derrocó al presidente Jacobo Arbenz en Guatemala y, desde entonces ha estado omnipresente para propiciar golpes de Estado, derrocar gobiernos e imponer regímenes de facto neofascistas que, asesorados por las embajadas USA y la CIA, reprimieron brutalmente a los pueblos mediante encarcelamientos ilegales, torturas, desaparición forzada de personas, ejecuciones extrajudiciales, crímenes de lesa humanidad que costaron, a esta parte del mundo, más de un millón de muertos. Las feroces dictaduras militares apadrinadas por Washington y asesoradas por la CIA, si bien han muerto la mayoría de dictadores, todos gozaron de impunidad y muchos vivieron en los exilios dorados en la metrópoli imperial.
Si bien la CIA ha alcanzado éxitos en América Latina, sus fracasos han sido estruendosos en su guerra contra la Unión Soviética, en Europa, Medio Oriente y Asia. De todas maneras, esa organización de tantas operaciones encubiertas y magnicidios, ha cometido crímenes monstruosos por todo el mundo en nombre de Estados Unidos y sus intereses imperiales de dominación mundial porque “la Corporación (Agencia Central de Inteligencia -CIA) es la fuerza motriz principal de las maniobras políticas internacionales” (de los Estados Unidos), según criterio fundamentado del estadounidense Harry Ramson en la obra: The Central Intelligency and National Security. En América Latina cometió toda clase de crímenes y entre sus víctimas están el General Omar Torrijos de Panamá, el General Hoyos del Perú y el presidente Jaime Roldós Aguilera de Ecuador. En África asesinaron a Patricio Lumumba y pusieron en el poder al corrupto y sanguinario Mobuto.
Ninguna persona medianamente enterada desconoce que América Latina es receptora de todos los problemas sociales, económicos, políticos y culturales que agobian al mundo; pero el mayor y más grave de los problemas que soporta se llama Estados Unidos de América, en sus actitudes y comportamientos imperiales.
Estados Unidos de Norteamérica en su rol imperial aspira a dominar al mundo y para ese objeto ha diseñado una serie de geoestrategias que en América Latina se concretan en interminables agresiones e intrusiones, en inaceptables injerencias, en inacabables acciones de la CIA, DEA y demás servicios de inteligencia que cometen todo tipo de atropellos y crímenes en contra de nuestros pueblos, siempre, con extraordinario cinismo e ironía, en nombre de la libertad, la democracia y defensa de los derechos humanos, valores groseramente manipulados con el propósito de proteger los sacralizados intereses económicos y políticos estadounidenses.
Para esos fines, Estados Unidos, a través de la CIA, ha intervenido directamente en los procesos electorales y democráticos de América Latina para lo que ha desarrollado planes de guerra sicológica en los medios de comunicación social e invertido millones de dólares, y así se opuso al triunfo de Salvador Allende en Chile, de Daniel Ortega en Nicaragua y lo mismo en Brasil, Honduras, El Salvador, Guatemala, por ejemplo. Para comprobar estas afirmaciones bastaría recorrer las páginas de los diarios de América Latina o recurrir a libros escritos por norteamericanos, latinoamericanos, europeos y asiáticos, sostenía el Tribunal Dignidad, Soberanía y Paz contra la Guerra.
Estas son las conclusiones fundamentales a las que llegan numerosos estudios, ensayos, análisis, revistas, medios de comunicación social y obras realizados por diversos centros de documentación, universidades norteamericanas, europeas y latinoamericanas. Intelectuales de todo el mundo, profesores y académicos, politólogos, cientistas sociales, organizaciones de la sociedad civil de distintas ideologías, e inclusive ex agentes de la CIA y personalidades de las administraciones estadounidenses, inexorablemente, critican con dureza las actividades imperiales y, en particular, las operaciones clandestinas y encubiertas desarrolladas por agentes de los servicios de inteligencia a las órdenes de la Casa Blanca y del poder político y económico en todo el mundo, especialmente en América Latina, considerada como el «patio trasero» de Estados Unidos.
En nuestra América Latina han surgido gobiernos que libran duras batallas para rescatar la soberanía, independencia y dignidad. Esos pueblos son, desde luego Cuba, ejemplo de dignidad y heroísmo, y le siguen los países con gobiernos progresistas como Nicaragua, Brasil, Venezuela, Argentina. Ecuador, Bolivia. El enemigo principal a destruir es el ALBA y lógicamente la República Bolivariana de Venezuela.
Parece una interminable historia de horror y muerte. Hombres y mujeres considerados «peligrosos» para los intereses del Imperio han pagado con sus vidas el atrevimiento de denunciar los crímenes, vejámenes y humillaciones nacidos en las mentes prepotentes y expansionistas de la Casa Blanca, Departamento de Estado, Pentágono, o en las lujosas oficinas gerenciales de las poderosas empresas norteamericanas con pretensiones de dominación mundial, por medio del dólar y de las diversas formas de depredación de los recursos naturales de nuestros pueblos.
La política del garrote y de las zanahorias, del dólar y la corrupción, del engaño y la mentira, de las cañoneras y las agresiones militares, de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, de la defensa de los sacrosantos intereses de las transnacionales, de la descarada injerencia en los asuntos internos de nuestros países, del chantaje y el soborno o repartición de coimas a gobiernos y vende patrias, han sido algunas de las estrategias de dominación imperial, que se reforzaron después de la II Guerra Mundial cuando en 1947, los expertos en espionaje y seguridad nacional, en invasiones militares y geopolítica de dominación, decidieron crear la Agencia Central de Inteligencia, CIA, que fue un engendro de la Ley de Seguridad Nacional de Estados Unidos de Norteamérica.
La CIA se ha convertido en todo el mundo y, en particular en nuestra América Latina, en Agencia Internacional del Crimen. Fue dotada de facultades extraordinarias y violatorias de la misma Constitución Política de Estados Unidos. Tiene licencia para matar, conspirar, desestabilizar gobiernos, dar golpes de Estado, destruir la economía de las naciones, enseñar sofisticados métodos de tortura, encarcelar, perseguir, desaparecer personas. Tiene expertos en guerra sicológica, en armas de destrucción masiva, en sabotajes y terrorismo, en tráfico de armas y drogas estupefacientes y psicotrópicas.
Tiene un presupuesto de millones de dólares al año para destruir gobiernos, apoyar huelgas y paros, colocar bombas de alto poder explosivo, comprar conciencias, colocar agentes nacionales y extranjeros en puestos clave de los gobiernos, comprar espacios en medios de comunicación para manipular informaciones y hechos, para tergiversar y mentir. Carece de moral y no tiene ningún escrúpulo en el momento de liquidar a sus «enemigos». La CIA es el brazo clandestino del Imperio que «trabaja» en todo el mundo por medio de las tristemente célebres operaciones encubiertas. La CIA es una organización tétrica que siembra muerte y destrucción. En suma, es una organización de espionaje experta en violación de derechos humanos y libertades.
No hay un solo país latinoamericano que no haya sido víctima de algún tipo de agresión por parte de Estados Unidos de Norteamérica, en una cifra superior a las cien agresiones.
La Agencia Central de Inteligencia -CIA-, con sus acciones encubiertas derrocó al Presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz en 1954, simplemente porque Arbenz se convirtió en un Presidente nacionalista que dictó leyes sociales y, en especial, la de Reforma Agraria que perjudicó los intereses de la United Fruit de los hermanos Dulles y cuando Allen era Director de la Agencia.
El 28 de abril de 1965, la República Dominicana fue invadida por Estados Unidos. Previamente la CIA había logrado derrocar el gobierno legítimo de Juan Bosh.
Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, Perú y Ecuador fueron las patrias sacrificadas ante el sagrado interés de Estados Unidos y de las transnacionales. América Latina se convirtió en el escenario de la campaña de Estados Unidos en contra del «comunismo internacional». Con ese pretexto organizó golpes de Estado, cimentó y protegió las dictaduras fascistas, estructuró las policías y ejércitos represivos que no se detuvieron sólo en matanzas colectivas sino que se esforzaron en la crueldad de las torturas, en asesinatos de inocentes, en la desaparición forzosa de millares de hombres y mujeres, de niños y jóvenes. En Argentina apresaban a madres embarazadas, robaban a sus bebes y asesinaban a las madrees. Las abuelas de la Plaza de Mayo, hasta estos días recuperan a nietos y nietas secuestrados, robados.
CIA y FBI participaron en la organización de la Operación Cóndor que durante los gobiernos fascistas se convirtió en una Internacional del Crimen de las agencias de inteligencia de los dictadores, que asesinó y torturó a miles de hombres y mujeres de nuestra América Latina.
El 11 de septiembre de 1973, Estados Unidos y la CIA desencadenaron el Golpe militar que derrocó y asesinó al Presidente de Chile Salvador Allende.
En la década de los 80, Centro América se convirtió en el campo de pruebas de la guerra contrarrevolucionaria de Estados Unidos. Miles de tropas y de agentes de la CIA del poderoso imperio se desplegaron en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Por mano propia o por mano de centenares de mercenarios asesinaron y desaparecieron a cerca de 350 mil centroamericanos, según cálculos conservadores de organismos defensores de derechos humanos nacionales e internacionales. Hasta ahora, se descubren fosas comunes que contienen los restos de personas asesinadas.
En Nicaragua mataron a tanta gente que nunca se sabrá cuántos fueron. Con el pretexto de combatir a los sandinistas que derrocaron al sanguinario «Tacho Somoza» crearon los ejércitos mercenarios conocidos como la «contra», y por medio de ellos cometieron monstruosos crímenes en contra del pueblo nicaragüense. Para pagar a los mercenarios y contras, la CIA montó la infame operación conocida como Irán-Contras que vendía armas a Irán a pesar de la prohibición expresa del Gobierno y Congreso de Estados Unidos; luego compraban drogas para venderlas a los consumidores norteamericanos, para con las ganancias pagar armas y explosivos y los sueldos de los criminales mercenarios que asesinaban al pueblo nicaragüense.
Con estos hechos se demuestra la doble moral del Imperio y de sus agentes que luchan por «defender la democracia» cuando en realidad pisotean los derechos humanos y libertades de los pueblos.
En 1983, la pequeña isla de Granada se convirtió en víctima de la crueldad agresiva del Imperio. Previamente fue asesinado el Primer Ministro Maurice Bishop, naturalmente con la participación de la CIA.
En el caso de El Salvador se demostró que la CIA había penetrado en el gobierno venezolano de Herrera Camping, del COPEI, el que envió armas y vituallas a su homólogo Napoleón Duarte, hombre de Estados Unidos y la CIA que asesinó a miles de salvadoreños.
En más de 50 años, Cuba ha sido víctima y mártir de las administraciones imperiales y de la tenebrosa CIA. Ha soportado con heroísmo el bloqueo genocida, la invasión armada por Playa Girón, sabotajes y todo tipo de actos terroristas, inclusive con el uso indiscriminado de la guerra químico-bacteriológica que provocó el dengue hemorrágico, la plaga del moho del tabaco, la fiebre porcina.
El Plan Colombia fue redactado en inglés y entregado al gobierno de Pastrana, naturalmente con la asesoría, estrategias y órdenes del Departamento de Estado, CIA, Pentágono. El pretexto justificativo de ese Plan fue el combate al narcotráfico que ocultó la verdadera intencionalidad del Imperio: liquidar a las guerrillas de las FARC-EP y del ELN.
Ese Plan, ahora incrementado con el «Plan Patriota» ha significado el aumento de la violencia, la limitación o pérdida de los derechos humanos, la expansión militarista, la intensificación del conflicto armado que ha convertido a Colombia en un escenario en el que se desarrolla una verdadera orgía de sangre, muerte y destrucción con la activa participación del paramilitarismo que ha sido entrenado, dirigido, financiado por terratenientes narcotraficantes y, naturalmente, con la participación de agentes de la CIA y de los militares norteamericanos asignados a Colombia en calidad de asesores.
Pero lo más grave es que Estados Unidos ha convertido a Colombia en una inmensa base militar con la participación de centenares tropas yanquis, agentes de la CIA y DEA, todo con el visto bueno, apoyo o solicitud directa del ex presidente Uribe, del actual Juan Manuel Santos y de las oligarquías financieras y feudales.
El objetivo final del Imperio es controlar en forma absoluta a esta parte del mundo, convertir a los pueblos de América Latina en neocolonias, forzar la concreción de las estrategias de dominación y, naturalmente, apoderarse de los recursos naturales y en especial de las grandes reservas de agua y oxigeno de la Amazonía, a más de ejercer mayores presiones políticas y militares sobre nuestros países.
El periodista argentino Carlos Fazio, citado en un artículo de Liberation, sostiene que las medidas, procedimientos y acciones militares y políticas se encubren con el apoyo de la ultraconservadora Fundación «Heritage» y Tea Party, con gran influencia en el Partido Republicano, que recomendó fortalecer el papel del Comando Sur en el Caribe ante la amenaza «terrorista» de Cuba y Venezuela. Pero al igual que ocurre con el Plan Colombia e Iniciativa Regional Andina en América del Sur, la base FOL de Haití servirá no sólo como rampa de lanzamiento de una eventual agresión militar contra Cuba y Venezuela, sino como garante de la «seguridad» de Washington en el Golfo de México, rico en petróleo y gas natural.
El mundo conoce del horror de las guerras y sabe perfectamente que cada guerra de agresión de Estados Unidos es la negación absoluta de los derechos humanos, libertades, soberanía e independencia garantizados por el derecho internacional. ¿Hasta cuándo el mundo, va a soportar la presencia omnímoda del Imperio y sus correrías depredadoras por toda la tierra?, se preguntaba el Tribunal Dignidad, Soberanía y Paz Contra la Guerra
El periodista César Lévano sostenía que los golpes militares son una tradición en América Latina. En los primeros 30 años del siglo XX los tramaron embajadores y agregados militares de Estados Unidos. Desde la creación de la CIA, ésta y el Pentágono han asumido la función. Esos dos aparatos actúan en la Honduras de hoy. Sin la decisión y el permiso de ambos los golpistas no se hubieran atrevido a derrocar al presidente Manuel Zelaya.
El Pentágono y la CIA constituyen un gobierno paralelo en Estados Unidos. El proceso de duplicación del poder se ha manifestado desde los días en que Allen Dulles, jefe de la CIA, organizó en Irán un golpe para derrocar a Mossadegh, el patriota que había nacionalizado el petróleo.

Gay Talese, el novelista y cronista estadounidense, recuerda en The kingdom and the power (El reino y el poder) cómo los periodistas de The New York Times habían preparado una información sobre la inminente invasión a Cuba (Bahía de Cochinos-Playa Girón) por agentes financiados por la CIA en 1961. Los dueños del diario impidieron que se publicara.
Tiempos después, John Kennedy, el presidente que autorizó la expedición, declaró, recuerda Talese, que hubiera sido bueno que se publicara la noticia. Eso, dijo, hubiera frustrado la incursión y “nos habría evitado una derrota y una vergüenza”.
Otro ejemplo de esa fuerza paralela se dio en el golpe de Augusto Pinochet contra Salvador Allende. El Congreso de Estados Unidos y decenas de libros han denunciado que Henry Kissinger preparó el cuartelazo por orden del presidente Richard Nixon, en complicidad con la CIA, sin conocimiento del Departamento de Estado ni del embajador en Chile, Edward Korry.
También la dictadura de Jorge Rafael Videla, instaurada en Argentina en marzo de 1976, fue estimulada y apoyada por la CIA. Y por el Secretario de Estado Henry Kissinger. Cuando un embajador argentino reveló a Kissinger los planes represivos de Videla, aquel respondió: “Háganlo, pero háganlo rápido”.
La dictadura de Videla fue aún más sanguinaria que la de Pinochet. (Algunos partidos marxistas latinoamericanos sostuvieron que había que apoyar a Videla ¡para evitar otro Pinochet!).
El Pentágono es el gran poder. Su Escuela de las Américas (también conocida como escuela de asesinos) instruyó a miles de militares latinoamericanos, entre ellos al tirano bonaerense Leopoldo Galtieri y el coronel Roberto D’ Aubuisson, jefe de los escuadrones de la muerte de El Salvador. La CIA y el Pentágono dictan cátedra de cuartelazos, torturas y asesinatos.
Por su parte, Eddy W. Romero Meza dijo que el reciente “giro a la izquierda” en Latinoamérica, preocupa sobremanera a Washington. Se sabe que los movimientos golpistas y separatistas en América Latina son obra de la CIA y de las embajadas estadounidenses En el 2002, la CIA apoyó el intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez, por parte de los sectores conservadores y fascistas venezolanos. En el 2008 manipularon las computadoras de Raúl Reyes (FARC) encontradas “después de un bombardeo” en Angostura-Ecuador que fue ejecutado y apoyado por la CIA…”
No cabe duda: Estados Unidos es el enemigo número uno de América Latina y es el imperio del terror que agobia y amenaza al mundo. El imperio mantiene una agresión permanente con el Pentágono y el South Command, la IV Flota, USAID, NED, CIA, DEA y otras agencias de Washington. Henry Kissinger que siempre supo lo que hacía y decía afirmaba: “Si Estados Unidos no podía controlar a América Latina, ¿cómo iba a dominar al mundo?”.
Eva Golinger analizaba y afirmaba que la Revolución Cubana ha sido víctima de las agresiones imperiales durante medio siglo. Atentados de magnicidio contra el comandante Fidel Castro, invasiones militares, actos terroristas, operaciones psicológicas, guerra biológica, guerra climática, bloqueo económico, terrorismo diplomático, contrainsurgencia y subversión, son algunas de las tácticas y estrategias de agresión ejecutadas contra la isla caribeña durante las últimas cinco décadas. El inmenso esfuerzo imperial para asfixiar y destruir el proceso cubano con estos mecanismos de terror ha evidenciado su determinación para impedir el éxito de un modelo desafiante. Aunque no han logrado su objetivo —no han podido romper la moral y el avance de la Revolución— los Estados Unidos siguen diseñando y aplicando nuevas técnicas y modalidades de injerencia, intentando fracturar la fortaleza revolucionaria que caracteriza a Cuba.
El siglo XXI trajo nuevos desafíos para el imperio estadounidense. Con sus ojos puestos en el otro lado del mundo, no vieron con precisión el renacimiento de las revoluciones por toda América Latina. Subestimaron las capacidades de los pueblos latinoamericanos y la visión de sus líderes. Cuando voltearon, ya Venezuela había tomado un camino irreversible, y las raíces de la Revolución Bolivariana estaban extendiéndose por todo el continente. La semilla de esperanza, de dignidad y de liberación que Estados Unidos intentó contener en Cuba estaba germinando por toda la región. Los pueblos se estaban levantando, la llama de la libertad soberana estaba prendida de nuevo. No había marcha atrás.
De inmediato, Washington activó sus redes al sur de la frontera, donde ya desde décadas mantenía grupos paramilitares, organizaciones políticas, medios de comunicación, instituciones y agencias a su servicio. Reiniciaron la maquinaria de agresión, ésta vez a una escala mayor. Las garras imperiales intentaban sumergirse en las tierras libres de Venezuela y luego en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y en cualquier rincón que olía a revolución.
El golpe de Estado en Venezuela en 2002 fue la primera señal del retorno de la mano imperial de Estados Unidos en América Latina. Washington siempre ha mantenido un alto nivel de intervención en la región para asegurar su dominación, pero con la excepción de Cuba, durante los años previos al inicio de la Revolución Bolivariana en Venezuela había cierta “estabilidad” de la política imperial en las Américas. El modelo neoliberal y la democracia representativa fueron efectivamente impuestos por Estados Unidos en casi todos los países latinoamericanos durante los años noventa. Y cuando Venezuela salió del cuadro, Washington respondió con furia.
Cuando el golpe de Estado fue derrotado por el pueblo venezolano junto a sus fuerzas armadas leales, y el Presidente Hugo Chávez regresó al poder, las agencias estadounidenses tuvieron que repensar sus tácticas. Luego vino el paro petrolero y el sabotaje económico, junto al inicio de una brutal guerra psicológica y mediática. Al mismo tiempo, había insurrección en Bolivia. Los movimientos indígenas, los cocaleros y campesinos estaban ganando fuerzas tras el liderazgo de Evo Morales.( En Ecuador se pretende torpedear a la Revolución Ciudadana, creyendo que es una revolución de izquierda y creyendo en el discurso antiimperialista de Correa.)
Durante este periodo, Washington estaba moviendo sus piezas, aumentando el financiamiento a los partidos políticos y las organizaciones no gubernamentales que promovían su agenda. Las dos principales agencias financieras de Estados Unidos, establecidas para realizar gran parte del trabajo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) pero con una fachada legítima, ampliaron su presencia por toda América Latina. La Agencia del Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID) y la National Endowment for Democracy (NED) cuadruplicaron los fondos entregados a sus aliados en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba desde el 2002 hasta la fecha
El despertar de los pueblos ha abierto caminos de integración y de unión, que jamás han existido en la historia. La creación de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), y su firme consolidación, ha logrado enterrar los esfuerzos de Washington de imponer el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en la región. Otras iniciativas, como la Unión de América del Sur (UNASUR), el Banco del Sur, Petrocaribe y Telesur, están impulsando la cooperación Sur-Sur, y ayudando a romper las cadenas imperiales que han mantenido éstos pueblos en la miseria y la esclavitud económica y cultural durante siglos.
Pero Washington no ha sido complaciente frente a la integración latinoamericana. La integración y la unión de los pueblos latinoamericanos significan su liberación y su soberanía del poder imperial que les ha dominado desde la conquista. Mientras la integración se consolida, la agresión imperial aumenta”. Ahora extiende sus garras hasta la CELAC que viene a ser el proceso de integración más ambicioso de la historia después del derrumbe del sueño del Libertador Simón Bolívar.
Para destruir al ALBA y para confrontar y dividir a la CELAC, Estados Unidos apadrinó a los gobiernos de las derechas conservadoras de Chile, Perú, México y Costa Rica para que fundaran la denominada Alianza del Pacífico que poco o nada servirá para el desarrollo y progreso de los pueblos, pero si será útil para consolidar el neoliberalismo que impulse la mayor acumulación de riqueza para el empresariado nacional y para las transnacionales insaciables en su voracidad.
Los presidentes latinoamericanos enrolados en la Alianza del Pacífico, se reunieron en una minicumbre en Colombia. Allí firmaron un Protocolo para avanzar con este bloque neoliberal en la región que el imperio apoya sin reservas y menos con caretas.
Tan populares y queridos serán los presidentes de Chile, Perú, Costa Rica y México que mil efectivos de policía y Fuerzas Armadas tuvieron que dar seguridad a los cuatro mandatarios de la Alianza del Pacífico (AP) que se reunieron el 11 de febrero en el Centro de Convenciones Julio César Turbay Ayala, en Cartagena de Indias.
El presidente de Colombia y actual líder de las derechas Juan M. Santos muy hermanado con Ollanta Humala del Perú, Sebastián Piñera de Chile y Enrique Peña Nieto de México, firmaron un Protocolo Adicional al Acuerdo Marco, que baja a cero todos los aranceles para el comercio entre los socios, para un 92 por ciento de productos y servicios.
Allí se selló el ingreso de Costa Rica, con la firma de Laura Chinchilla. El presidente pro-témpore de la Alianza Juan Manuel Santos, entusiasta representante de las oligarquías colombianas estaba feliz de impulsar la Alianza y, seguramente sabe que es para destruir al ALBA y CELAC. Ayer fue Paula de Santander y ahora son Uribe y Santos.
“Bogotá también supone que la entidad le permitirá una mayor penetración en los mercados asiáticos, donde cuenta con un Tratado de Libre Comercio con Corea del Sur y otro con Japón, aún no concluido. Chile, Perú y México están más avanzados en las asociaciones con esa región.
¿Hasta qué punto tal Alianza va a beneficiar a las poblaciones de esa costa? El cronista fue a la web del oficialista “El Tiempo” de Bogotá y se encontró con un artículo sorprendente, que duda de tales beneficios. Cristian Valencia escribió allí (“La gente del Pacífico”, 10/2): “Los territorios más abandonados de este país se encuentran sobre el Pacífico. La infraestructura de carreteras es casi inexistente. Buenaventura no aguanta más. Resulta un poco raro que la Alianza del Pacífico se firme en Cartagena, en el Caribe. O no. Quizá sea la premonición de lo que se viene. Porque el Pacífico colombiano tal y como está hoy en día no se puede mostrar. No se puede mostrar Buenaventura y mucho menos Tumaco. No se pueden mostrar tampoco, porque ni se ven, Timbiquí o Guapi. No. Y menos aún Quibdó, que por su cercanía con el río San Juan debería ser estratégico. Lo único que se podía mostrar era Cali. Y no quisieron. Los territorios más abandonados de este país, justamente, se encuentran sobre el Pacífico” escribía Emilio Marín,
Por su parte, la periodista brasilera María Luisa Mendoca sostenía que la intervención militar de Estados Unidos, en sus diversas formas, es uno de los mecanismos del imperialismo, que tiene como objetivos la apropiación de recursos estratégicos, el control territorial, la explotación de la fuerza de trabajo, la expansión del modelo económico neoliberal.
Eso se verifica en todos los casos de intervención militar promovidos por el Pentágono, sea en América Latina, donde los principales focos actualmente son Colombia, Haití y Paraguay, o en otras regiones, como en Oriente Medio.
La estrategia militar del gobierno estadounidense incluye: implementación de bases militares, entrenamientos y presencia de tropas en territorio extranjero, inversiones en tecnologías de monitoreo, espionaje y proyectos de infraestructura. Esta estrategia está basada en diversos pilares, desde la intervención directa hasta campañas de propaganda y difamación, pasando por procesos de las llamadas “guerras de baja intensidad”, que promueven la opresión y estimulan la violencia contra poblaciones de baja renta, urbanas y rurales
La militarización sirve también para garantizar el lucro de grandes transnacionales. Estados Unidos mantienen bases militares (más de 1000 entre oficiales y secretas) en todos los continentes, con excepción de la Antártica. Ese aparato es fundamental para la industria en aquel país, que suministra desde armamentos hasta ropas, comida y los más variados servicios para los soldados..
Existen cerca de 500 mil soldados, espías, técnicos, profesores y asesores a servicio del Pentágono y de la CIA trabajando para Estados Unidos en otros países. El gobierno estadounidense reforzó la actuación de las tropas de elite del Comando de Operaciones Especiales (cuya sigla en inglés es Socom) en cerca de 20 países en Oriente Medio, África y América Latina. El número de funcionarios de este departamento subió de 40 mil a 53 mil. Desde 2003, el presupuesto del Socom aumentó 60%. Según el periódico The Washington Post, estas misiones incluyen recoger informaciones para la planificación de eventuales acciones militares en países donde no hay guerra o conflicto directo.
En América Latina, uno de los principales focos de estas tropas es la Triple Frontera, entre Brasil, Paraguay y Argentina. La estrategia en esta región combina campañas de propaganda sobre una supuesta “amenaza terrorista”, con la presencia de militares estadounidenses, favorecida por el acuerdo militar bilateral de Estados Unidos con Paraguay.
El imperialismo norteamericano sirve tanto a los intereses de las elites extranjeras, cuando de las elites locales. Por eso, depende de la supervivencia de los gobiernos de países periféricos y también de la complicidad de países centrales, como los de la Unión Europea. A su vez, las principales luchas de resistencia contra el imperialismo también combinan estrategias de acción local y articulación internacional.
En oposición al proceso de militarización en el Continente, fue creada la Campaña por la Desmilitarización de las Américas (CADA). Además de vigilar la presencia militar de Estados Unidos en América Latina, la CADA está contribuyendo a la articulación de luchas populares contra el imperialismo.
Las principales propuestas de la CADA son:
- Denunciar la dominación militar de Estados Unidos en América Latina y sus consecuencias, como las violaciones de derechos humanos, la destrucción ambiental y la pérdida de la soberanía y de la auto-determinación de los pueblos.
- Coordinar acciones solidarias y simultáneas, realizar movilizaciones, investigaciones y acciones jurídicas contra el aparato militar de Estados Unidos y en defensa de los derechos humanos.
- Apoyar los movimientos sociales de cada país, que luchan por su tierra, su cultura, su trabajo y su dignidad.
- La construcción de un modelo económico basado en la justicia social y en la solidaridad entre los pueblos.
- La construcción de una alternativa igualitaria y sostenible para la integración latinoamericana.
Hay también una relación estrecha entre la política externa de Estados Unidos y los intereses de empresas de comunicación. Corporaciones de otra naturaleza (bancos, empresas bélicas, etc.) tienen control accionista de grandes medios de comunicación. Por ejemplo, la General Electric (que produce desde bombillas hasta material bélico y nuclear) controla la RCA y la red de TV NBC.
El gobierno de Estados Unidos invierte significativamente en los sectores de comunicación del Pentágono, de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, que poseen miles de funcionarios. Desde la I Guerra Mundial, Estados Unidos desarrolló un sistema de comunicación íntimamente ligado a sus intereses militares. Así, una de las principales funciones de las radios, en su origen, fue a orientar y entretener soldados en los campos y batalla. Desde entonces, se han desarrollado mecanismos cada vez más sofisticados de dominación ideológica a través de los mass media comerciales.

Los media no solamente influencian la opinión pública, sino que actúan principalmente estableciendo una agenda política. Eso significa establecer “lo que” el público debe pensar, pero también “sobre lo que” debemos pensar. La repetición de ideas y el contexto dado a determinados hechos tienen efectos poderosos. Las guerras promovidas por Estados Unidos no serían posibles sin el apoyo de los media.
Entre las trampas de injerencia en los asuntos de América Latina y el Caribe se destaca el “humanitarismo”, un concepto ampliamente difundido, que garantizó apoyo de la sociedad estadounidense a una serie de invasiones militares. Fue la idea de “intervenciones humanitarias” o “guerras preventivas”, como ocurrió en Panamá, Somalia, Haití, Bosnia, Colombia, Afganistán e incluso en las dos guerras contra Irak, donde soldados norteamericanos pensaban que su misión era “liberar” aquel país. Esas intervenciones sirvieron para garantizar control territorial, recursos naturales, políticas económicas neoliberales y de “libre mercado”, aunque con el pretexto de asegurar la “estabilidad”, la “democracia” y la “seguridad” en aquellos países.
Ese discurso esconde las atrocidades cometidas por el ejército y por fuerzas paramilitares financiadas por Estados Unidos en todo el mundo. Bajo el discurso de los gobernantes estadounidenses, que pregonan la “democracia” y la “justicia”, una parte de la sociedad alimenta un sentimiento de superioridad. Otra parte sufre directamente con leyes que, en especial después de los ataques del 11 de septiembre, restringen derechos civiles y políticos, sobre todo de los inmigrantes. Por lo tanto, la preservación del imperio americano depende de la ignorancia y de la opresión de su propia población.”
América Latina y el Caribe con Estados libres, soberanos e independientes son países que quieren ser devorados por el imperio. A la Casa Blanca le interesa el “patio trasero” y su “lago particular” para continuar con el saqueo de los recursos naturales que quedan y para perpetuar las injerencias económicas, políticas y militares en los asuntos internos y, según su secular costumbre para propiciar nuevos golpes de Estado como los ocurridos en Venezuela, Honduras o Paraguay. En definitiva, todas las injerencias de Estados Unidos son exclusivamente para proteger los sacrosantos intereses imperiales disfrazando torpes la defensa de la “democracia, las libertades y derechos humanos” que son pisoteados y enterrados en cada intervencionismo yanqui.
En la Administración Obama se desató la crisis económica, moral y política que ha carcomido a Estados Unidos durante décadas, pero además el mundo ya no soporta al imperio, lo repudia y anhela su fin, pero los administradores del imperio y, entre ellos el fraude llamado Obama, no entienden que se han producido cambios profundos en la estructura del sistema internacional y que el planeta está harto y asqueado de la política guerrerista e injerencista de Washington que tampoco ha sido capaz de asimilar y menos superar el síndrome de Vietnam.
Obama ha desarrollado su propia visión del sistema internacional que ya no domina como antes, al tiempo que ha diseñado su política exterior junto a una doctrina para el uso de la fuerza militar por parte de Estados Unidos bajo la teoría de la “guerra limitada” y light footprint o pista ligera para América Latina y el Caribe que ya fue probada con fracasos y éxitos en Medio Oriente y África.
Con esa nueva estrategia, el Ministerio de la Guerra de Estados Unidos comúnmente conocido como Pentágono, pretende involucrar directamente a las fuerzas armadas y policiales de cada país o nación-Estado, para que hagan el trabajo sucio en materia de represión de los movimientos sociales y populares, con la consiguiente violación de los derechos humanos y libertades públicas, todo en defensa de los intereses económicos, políticos, sociales y culturales de la Casa Blanca. Esta estrategia trata de reducir el número de tropas yanquis en uniforme, la contratación de mercenarios y sobre todo pretende utilizar a fuerzas armadas y policiales de cada nación-Estado, para que defiendan los intereses imperiales, en desmedro de sus propios países.
Se supone que con el uso de esa estrategia, Washington podrá reducir los gastos financieros que serían muy elevados si los intervencionismos guerreristas son directos con el uso de la fuerza militar: bombardeos, despliegue de tropas aerotransportadas. Uso de portaaviones y barcos de guerra a más del pago a los agentes de la CIA criollos que, además, soborna a generales, oficiales de alta graduación y tropa a los dirigenhets políticos de las derechas e, inclusive a los mismísimos Jefes de Estado, como ha ocurrido en el pasado reciente.
Para que pista ligera funcione, el Pentágono, el South Command, la CIA, la DEA y la totalidad de las agencias de la NSA, por sus siglas en inglés, deberán penetrar profundamente en las fuerzas armadas y policiales de cada nación a las que entregarán armas y equipos nada sofisticados o en desuso para que, contentos con los nuevos juguetes bélicos, los usen en contra de sus propios pueblos. Además, se incrementarán las ofertas de becas, cursos, seminarios, visitas pagadas para oficiales y tropas. En otras palabras, pista ligera es la reedición de la Escuela de Las Américas en cada país.
La “cooperación” eficaz de las fuerzas armadas nacionales y de los cuerpos policiales en la ejecución de los planes del Pentágono se fundamenta en un largo y tradicional servilismo de militares y policías que se convirtieron en ejércitos de ocupación dentro de sus patrias.
Las bases militares instaladas en suelo latinoamericano y caribeño y las embajadas yanquis han sido y son sitios seguros para la incubación de golpes de Estado y las consiguientes dictaduras que han significado sangre, muerte y dolor para millares y millares de personas y horrenda humillación y pérdida de soberanías para nuestras patrias.
La nueva estrategia prevé el uso de fuerzas armadas más flexibles y dispuestas a desplegarse rápidamente, dotadas de armas cada vez más sofisticadas en el plano tecnológico. Prevé, al mismo tiempo, un uso cada vez más extenso e intensivo de los servicios secretos y las fuerzas especiales. Es la intensificación del espionaje electrónico y la imposición de actitudes serviles de las fuerzas armadas nacionales.
El tan cacareado “humanitarismo” ya fue ensayado en Haití, el país que azotado por el terremoto, recibió la invasión de 11.000 tropas estadounidenses que, antes que ayuda, se instalaron en el empobrecido país caribeño, sin disparar un solo tiro.
En la nueva manera de hacer la guerra, el ataque abierto se prepara y se acompaña con la acción encubierta para socavar el país desde adentro. En suma, el imperio es una amenaza real a la supervivencia libre y soberana de los Estados del Caribe y de América Latina. En estos días ya se ensayan esas estrategias en Venezuela.
COMITÉ INDEPENDENCIA Y SOBERANÍA PARA AMÉRICA LATINA
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