LA IDEOLOGIA REVOLUCIONARIA ES INDISPENSABLE EN LOS PROCESOS REVOLUCIONARIOS CUANDO SON VERDADEROS 



NO HAY TEORIA REVOLUCIONARIA SIN PRÁCTICA REVOLUCIONARIA 



Rodrigo Santillán Peralbo
Vladímir Ilich Uliánov –Lenin, con absoluta certeza de lo que hacía y decía afirmaba: "Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía."; es decir con un sistema de ideas revolucionarias que se conoce como ideología revolucionaria. Decía: "No hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria y viceversa"

En su obra El Estado y la Revolución sostenía: “Nosotros no somos utopistas. No "soñamos" con cómo podrá prescindirse de golpe de todo gobierno, de toda subordinación, estos sueños anarquistas, basados en la incomprensión de las tareas de la dictadura del proletariado son fundamentalmente ajenos al marxismo y, de hecho, sólo sirven para aplazar la revolución socialista hasta el momento en que los hombres sean distintos. No, nosotros queremos la revolución socialista con hombres como los de hoy, con hombres que no puedan arreglárselas sin subordinación, sin control, sin "inspectores y contables".

El sistema de ideas del marxismo-leninismo es la ideología revolucionaria imprescindible en un proceso revolucionario profundo y verdadero. ¿Acaso no es una verdad incontrastable Aquello que dijo: «Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias sino en las repúblicas más democráticas».

La interrogante que circula por América Latina es si los gobiernos llamados democráticos, progresistas, son revolucionarios o reformistas populistas? ¿Cuál es su ideología o acaso son una mescolanza de ideologías y de oportunistas?

Porque siguiendo a Lenin diríamos que "La revolución no se hace, sino que se organiza." Y Recordando que "El Estado es el arma de represión de una clase sobre otra." En el Estado y la Revolución Lenin expresaba: "Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase."

Dígase lo que se diga, desde que el hombre aprendió un lenguaje para comunicar sus experiencias acumuladas en el cerebro, materia orgánica altamente desarrollada, inició el proceso por el que se convirtió en un ser creador de cultura y transmisor de cultura expresada a través de pensamientos, opiniones, razonamientos, reflexiones, ideas, todos brotados de la realidad material; es decir de la interacción del ser humano con el mundo, sus seres y sus cosas. Las ideas, en consecuencia, no son productos espontáneos ni surgidos de la nada, o por decisión de algún soplo divino. Las ideas provienen de la materia y adquieren la categoría de abstracción en otra materia: el cerebro.

Hubo de pasar miles de años para que las ideas se difundan, prosperen y progresen. Unas ideas produjeron otras o fueron sustituidas, sobrepuestas o desechadas. Las ideas formaron conjuntos y éstos originaron los sistemas de ideas que se acrecentaron y aglomeraron a lo largo del proceso histórico de la humanidad. Entonces, fue preciso estudiar las ideas y clasificarlas "objetivamente”, es decir como “meros conocimientos" en opinión de H. Calleja.

El término "ideología" lo puso en circulación, a comienzos del siglo XIX, el filósofo y economista francés Destutt de Tracy En 1801 salió su trabajo "Elements d´ideology” que exponía las bases de la –doctrina sobre las ideas", las leyes de su surgimiento, los principios de la evolución y el desarrollo. Estudio de ideas, teoría de las ideas como fenómeno. Independientemente de su contenido: ese es el sentido de la noción "ideología", según d´ Tracy, sostiene el el filólogo ruso Konstantín Nikoláev.

La ideología como estudio de las ideas se desarrolló en últimos 200 años y en la actualidad es considerada como una verdadera ciencia que estudia las ideas, las doctrinas, las filosofías de una época, de una escuela, de una corriente del pensamiento universal e inclusive del sistema de ideas de una etnia. Más aún, la ideología ha sido asimilada como una manera de ser, de existir, pensar, sentir y percibir el mundo por parte de la persona humana o la forma de entender, explicar, interpretar la realidad desde la particular visión de cada ser humano en su integralidad, en su mismidad y de conformidad con sus experiencias, deseos, necesidades, afectividades, conocimientos adquiridos y de su pertenencia a estratos socio-económicos, políticos, culturales y religiosos. Por extensión y asimilación, el término ideología se aplica a la posición política del hombre en sus intensas y variadas interacciones sociales y productivas.

La ideología intenta descifrar el sistema o sistemas de concepciones e ideas políticas, filosóficas, jurídicas, morales, religiosas, artísticas, concomitantemente la ideología pretende estudiar las ideas, las leyes del desarrollo de las ideas y del conocimiento y su incidencia en las leyes de la política, y en las concepciones de los pueblos y, en especial, de sus vanguardias intelectuales y políticas, acerca del desarrollo social, de las aplicaciones de las teorías sobre la moral, la cultura, la civilización y los procesos de innovación, cambio y transformación.

Cada ser humano, de acuerdo a sus particularidades determinadas por su personalidad, adquiere ideas y se forma una cosmovisión del mundo exterior, del mundo de los objetos y por tanto tiene una capacidad personal para "leer" la realidad. Esa cosmovisión es la ideología en sus interacciones y en sus relaciones con las estructuras y superestructuras, con los modos de producción, con la sociedad en la que crece, desarrolla y se realiza, con la cultura que recibe y a la que aporta en cuanto tiene oportunidad. En consecuencia, ningún ser humano, sin que importe su nivel de desarrollo, deja de poseer una ideología y, por tanto, cada sociedad o un sector de ella, está motivada por una ideología, cualquiera que sea, porque la ideología, en sí, es relativamente independiente y por eso mismo ejerce un gran influjo sobre las concepciones económicas y la evolución de las sociedades.

En las sociedades de clases se producen posiciones antagónicas porque existe la tendencia de que la ideología de la clase dominante trate de imponerse a la ideología de la clase dominada. En esta etapa tempo-espacial surge la lucha de clases y, por tanto, se inicia la lucha ideológica debido a la intransigencia de las posiciones asumidas por el sector dominante y por el dominado; es decir, se produce la lucha de la ideología burguesa contra la ideología del proletariado que acaba por reflejar la oposición de la ideología capitalista a la ideología del socialismo, como dos sistemas contrapuestos por la radical diferencia de entender al hombre en sus relaciones con el mundo.

Naturalmente que la ideología, en cuanto parte del ser social, es esencia del nivel del desarrollo de la conciencia social.

Mientras mayor sea el grado de desarrollo de la conciencia social, mayor es la posibilidad de desarrollo de la ideología revolucionaria que, a su vez, se fundamenta en las ideas, doctrinas y filosofías de las fuentes marxistas-leninistas, simplemente porque la conciencia social desarrollada, asume con plenitud su compromiso de clase, porque entiende a cabalidad las leyes objetivas de los procesos de transformación de las sociedades, las leyes generales del desarrollo progresivo de las sociedades, y las leyes generales de la transformación de la materia. Así informa el materialismo dialéctico.

La ideología burguesa es caduca y reaccionaria; pero por su gran experiencia histórica en los procesos de dominación a las mayorías y a los pueblos, tiene una gran capacidad de reproducción y regeneración, con la intencionalidad múltiple y manifiesta de tergiversar las relaciones sociales, obstaculizar los procesos de cambio, detener y destruir los procesos revolucionarios y, por ende, frenar el desarrollo de las sociedades; todo para mantener el "establishment", el status quo, el régimen de privilegios de los minúsculos grupos gobernantes sobre inmensas mayorías a las que niegan -inclusive-el derecho a poseer una ideología.

Los ideólogos de la burguesía capitalista y del imperialismo tratan de demostrar lo indemostrable y así crean, acientíficamente, argumentos, tesis, teorías, tendentes a justificar o fundamentar la necesidad de preservar y fortalecer el capitalismo; y allí radica el origen del resurgimiento del neoliberalismo y de las doctrinas de neodominación, neocolonialismo, neodependencia y neoglobalismo, con las que tratan de consolidar el imperio, como centro hegemónico del capitalismo mundial.

El marxismo-leninismo es la base de la ideología del proletaria do mundial del campo y la ciudad, de los sectores sociales y poblacionales marginados, excluidos, explotados que, cada día, suman nuevos miles de millones en un mundo empobrecido por el imperio y el capitalismo transnacional que ha globalizado el neoliberalismo, para sumir en la miseria a todos los pueblos de la tierra.

En la ideología marxista-leninista está la ideología de la liberación, del progreso de las sociedades y de la lucha por conquistar el bienestar para las mayorías. Esta ideología es la que ofrece un análisis auténticamente científico de la realidad, de la sociedad, de los fenómenos de la evolución de la vida, de la evolución de las relaciones económicas y de los modos de producción, de los saltos dialécticos y revolucionarios para acceder a nuevos estadios de organización social y económica.

En la ideología marxista-leninista que es la ideología del proletariado, de los trabajadores del campo y la ciudad, de los sectores más progresistas y democráticos de los pueblos, están representados y defendidos los intereses de las clases populares que coinciden "totalmente con las necesidades objetivas del desarrollo de la sociedad, con las necesidades históricas de la sustitución del capitalismo por el socialismo y el comunismo", de conformidad con el pensamiento marxista.

El carácter de clase de la ideología marxista-leninista responde a los verdaderos intereses de los pueblos y, en particular, de la clase trabajadora (obrera-proletaria) que es, también, la indígena y campesina de nuestro Ecuador y de nuestra patria grande: América Latina. En esta ideología están los fundamentos de la igualdad social y económica y, consecuentemente, de la justicia social, de la democracia, de la libertad, y de la práctica efectiva de los derechos humanos. En esta ideología está la concreción cierta y posible de muchas utopías y de la realización plena del humanismo, porque se apoya en las leyes innegables del desarrollo de las sociedades y, porque científicamente demuestra que los procesos de transformación de la materia, de la naturaleza y de las sociedades son permanentes e indetenibles.

La ideología revolucionaria es profundamente humanista y por tanto solidaria entre pueblos, naciones y Estados. De esta premisa surgió el internacionalismo proletario que es uno de los principios básicos del marxismo-leninismo que, además, cohesiona al movimiento obrero-sindical internacional y a toda la humanidad progresista en la lucha por la paz, la democracia y el progreso social.

Esta realidad no ha muerto, así diga y sostenga lo contrario, la propaganda imperial-capitalista.

La ideología revolucionaria es una experiencia viva, un conocimiento dialéctico-científico, una verdad que existe y que permanecerá a pesar del capitalismo, del neoliberalismo que es la expresión del "capitalismo salvaje"; y por encima del imperialismo que vivió sus años de apogeo para, luego, inexorablemente, desaparecer, pues existen señales de su deterioro signado por la crisis económica, social, política que se ahonda sin remedio en los primeros 14 años del siglo XXI. Le queda un poderío militar indiscutido, capaz de aniquilar siete veces la vida humana que habita sobre la epidermis terrestre. Precisamente su amor a la guerra, muerte y destrucción, su desprecio a los valores humanos esenciales y a las normas del derecho internacional

Debido a la fuerza y validez científica de la ideología marxista-leninista, de la ideología revolucionaria que son la esencia del proletariado mundial, de los pobres, humillados, expoliados r ofendidos, de los condenados de la tierra, como diría Franz Fanon; los ideólogos del capitalismo y del imperialismo han tratado por todos los medios posibles de propagar la peregrina tesis del fin de la ideología y de la historia.

La desideologización es una propuesta anticientífica, es una negación grosera del valor de las ideas, es una posición sofista del pensamiento social burgués que, como argumento básico de su tesis, afirma que en tanto han desaparecido los antagonismos sociales como consecuencia de la liquidación del socialismo en Europa de Este y del derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la ideología ha llegado a su fin. Los ideólogos del capitalismo y del imperio suelen agregar que el progreso científico-técnico conduce a los pueblos a la sociedad de bienestar general y que ese progreso y esa revolución científico-técnica resuelven los problemas sociales, económicos y políticos sin necesidad del recurso de las ideologías que, según estos neoideólogos, no son más que un estorbo como "expresión subjetiva de los intereses de clase y de los grupos sociales que desvirtúan la realidad".

La desideologización ha sido refutada científicamente porque las ideas no mueren, sólo se transforman, y porque el curso de los hechos sociales y culturales y de su desarrollo, han otorgado un papel fundamental a las ideologías que, lejos de su muerte tempranamente decretada por los ideólogos del sistema capitalista y del imperio, están más vivas más que ayer y son hoy, más vitales e importantes que en su pasado reciente.

El debate sobre el fin de la ideología comenzó en 1960, cuando el norteamericano Daniel Bell publicó su opúsculo "The End of Ideology". Más de medio siglo después, la ideología no ha muerto porque la tesis de Bell partía de dos hipótesis falsas: El rechazo patológico y anticientífico al marxismo-leninismo y un endiosamiento de los resultados de la revolución científico-técnica que comenzaba a consolidarse y que, según el autor, posibilitaba el crecimiento inconmensurable de la economía que no necesitaba de bases socio-filosóficas, ni de doctrinas ideológicas. El capitalismo había sido capaz de usar la ciencia y la tecnología para lograr la conformación de una sociedad del bienestar general que sólo existía en la mente perturbada de Bell que, sin rubor, sostenía que la ideología sólo era un aparato subjetivo que obstaculizaba el avance del desarrollo científico-técnico que obstaculizaba la realización de negocios entre el capitalismo de occidente y el socialismo de Europa del Este y del Oriente de la China comunista, cuando aún ni soñaba con el florecimiento de su economía sobre la base del más sofisticado capitalismo, dirigido por el aparataje del Partido Comunista en el poder.

Cierto que la revolución científico-técnica permitió la solución de muchos problemas y logró un crecimiento económicos sin precedentes en la historia del capitalismo. Los resultados del progreso científico-técnico eran asombrosos, espectaculares y tan trascendentes para el progreso de la humanidad; pero al mismo tiempo generaron e iniciaron nuevos problemas o incrementaron los ya existentes en buena parte de la población humana que, al desembocar en el nuevo milenio, se ve precisada a enfrentar graves situaciones relacionadas con la amenaza nuclear y graves peligros como la crisis ecológica y el calentamiento global que pueden acabar con la vida tal como la conocemos.

La revolución científico-técnica ha incrementado la pobreza-miseria que se ha extendido por todos los rincones de la tierra condenando a los pueblos a vivir en el consuetudinario subdesarrollo como consecuencia, además, de la consolidación del neoliberalismo, neoglobalismo y neodependencia que son conceptos manipulados e impuestos por la metrópoli imperial y sus aliados de Occidente.

Cada vez que el imperio y sus aliados soportan crisis económicas, pretenden superarlas suprimiendo las ideologías, en particular de los movimientos de liberación nacional y de rescate de la soberanía e independencia de los pueblos dependientes del capitalismo a los que los hunde con el dogal de la deuda externa.

Tanto el imperio como sus aliados de la UE transitan hacia el abismo abierto por la crisis económica que, a su vez, provoca añoranzas de la anacrónica ideología colonialista. Ya ensayaron la regresión al pasado colonial en varios países árabes, en Libia y en Siria, en Costa de Marfil y en Somalia, en Paquistán, Irak y Afganistán. En América Latina y el Caribe, en Oriente Próximo, África y Asia pretenden la explotación total de los recursos naturales y, entre ellos, la biodiversidad, el oxígeno y el agua, como posibles medios que les permita superar la crisis. ¿Acaso comienza a ser una desgracia la riqueza de los recursos naturales que posee una nación, porque el imperio y sus aliados desean saquearlos al precio que sea necesario? ¿Acaso no existe una ideología del saqueo, del robo, de la explotación infamante?

¿Acaso no existe una ideología de la opresión económica, social y política que se manifiesta en la deuda externa que hunde a pueblos, Estados y naciones? O no existe una ideología de la aculturación uncida al desprecio a los valores de las culturas ancestrales del indigenado?

El Imperio y sus aliados de la Comunidad Europea en plena crisis económica idean una ideología de la inmigración que rechaza a todo ser humano que no pertenece a sus culturas y etnias como expresión, además, de los rezagos del nazifascismo del que son herederos.

Estados y naciones soportan la aplicación de la ideología del atraso perenne y de un vil pauperismo, y, la "globalización de la cultura" como resultado de la industria de la cultura propagada por los medios de comunicación de masas que utilizan tecnologías de punta, para aculturar a los pueblos lo que, a su vez, provoca un peligroso atraso en la conciencia social junto a la aniquilación de los valores culturales, propios de los pueblos que configuraban su identidad nacional.

Los ideólogos del capitalismo, neoliberalismo y del imperio adoran a la tecnocracia, los negocios, el dios dinero y aborrecen al ser humano ajeno a sus intereses, tanto como aborrecen al socialismo al que ni siquiera lo entienden porque jamás estudiaron o leyeron nada a acera de él y sus fines. Sólo oyeron que es “malo” por la satanización capitalista y allí se quedaron. Aborrecen lo que no conocen. Esa es la ideología de la ignorancia.

Los medios de comunicación social son propiedad de las clases dominantes son los encargados de la reproducción de la ideología dominante, de la ideología del capitalismo, las transnacionales y el imperio. Cultivan la ideología del odio al socialismo y a la ideología marxista-leninista a la que colman de improperios, quizá porque aborrecen los valores esenciales del humanismo y todo cuanto se refiera a la justicia social, igualad de oportunidades, equidad de género, democracia profunda y verdadera, pleno respeto a los derechos humanos y vigencia de la solidaridad y la paz.

De esos sectores del odio, provienen los que denigran la ideología y formulan programas para consolidar la sociedad de privilegios y hondas desigualdades al tiempo que planifican la eternidad del imperio, la intensificación del neoliberalismo, la perennidad del globalismo que, en esencia, son programas v planes ideológicos de guerra y saqueo, dos pilares que sostienen al imperio y sus aliados de UE.

Konstantín Nicoláev encuentra flagrantes contradicciones en los ideólogos de la desideologización que no es otra cosa que "reconocer que la ideología en adelante y en toda perspectiva, estará con nosotros; que permanecerán las diferencias, aficiones y divergencias ideológicas y que, por consiguiente, tenemos que aprender a vivir con ellas y mantener las relaciones de modo que las diferencias y hasta las contradicciones en las ideologías no impidan a la comunidad mundial a vivir y sobrevivir".

No es posible vivir sin ideología corno no es posible entender el desarrollo de las sociedaddes y de la humanidad sin la necesaria confrontación ideológica. La historia misma es el resultado de la lucha ideológica, en la que se fundamenta la lucha de clases, a la que con razón se la ha llamado "el motor de la historia". Sin embargo, es preciso reconocer que en la lucha ideológica se han exacerbado posiciones antagónicas y que muchas veces se han tergiversado los fundamentos científicos de las ideologías, precisamente para confundir a las masas, para dividirlas y reinar sobre ellas.

La lucha ideológica ha siclo satanizada por quienes pretenden eternizarse en el poder económico, político, social y cultural y para satanizarla han encontrado argumentos en posiciones dogmáticas, sectarias, fanáticas y en posiciones propias del "infantilismo de la izquierda", porque revolucionarios e izquierdistas despistados han proporcionado argumentos suficientes a los detractores de la ideología al permitir identificarla con posiciones de violencia, de intolerancia política, fanatismos, prejuicios y dogmatismos, cuando en la realidad del pensamiento y del conocimiento, la ideología marxista-leninista es profundamente dialéctica y humanista.

La lucha ideológica es necesaria y vital para el progreso de los pueblos; pero los que propugnan el fin de la ideología creen que esa lucha es irracional y un obstáculo para el triunfo de la razón, casi siempre confundida con las razones e intereses de la clase dominante y del sistema capitalista que jamás serán iguales a las razones e intereses de los pueblos sojuzgados y expoliados.

Los ideólogos de la desideologización pretenden desconocer la evolución de las ideas y su incidencia en la evolución de las sociedades, como consecuencia de la elevación de la conciencia social que genera saltos cualitativos fundamentales que permitieron el paso de los conocimientos precientíficos hacia el conocimiento científico, demostrado por el materialismo histórico y dialéctico generado por el marxismo-leninismo. Además, la cultura de Occidente y el modernismo hicieron posible que la humanidad pase del gobierno de los mitos, de los prejuicios y de la irracionalidad al racionalismo. Uno de sus exponentes es Emmanuel Kant que elevó el uso de la razón a la categoría del conocimiento científico y la expresión de Nietzsche. "Dios ha muerto" es una demostración concreta del triunfo de la razón sobre el mito.

Los ideólogos del capitalismo desarrollaron las tesis del modernismo que privilegió la ciencia y la tecnología como paradigmas de todo desarrollo y como el motor de la construcción de la sociedad capitalista, de un pretendido y nunca alcanzado bienestar general. Sin embargo, el modernismo impulsó el avance del conocimiento humano y una "racional” comprensión del mundo que, después de la II Guerra Mundial, determinó avances significativos en la conformación de una nueva conciencia social, cualitativamente superior a la existente en las primeras cuatro décadas del siglo XX. Esa posición posibilitó el avance significativo de la ideología de la liberación nacional, del proletariado y de las masas pauperizadas, debido a siglos de sometimiento colonial perpetrado por los Estados de Europa.

Las guerras de liberación, la liberación social y nacional desbarataron imperios y nuevos países libres y democráticos comenzaron a construirse en el Lejano Oriente y en África.

Fue la ideología marxista-leninista la que influyó en todas las esferas de los hombres y mujeres sometidos al coloniaje, y fue esa nueva toma de conciencia de la realidad, la que motivó las transformaciones y cambios que acabaron por modificar profundamente las relaciones sociales. Sin la base ideológica no hubiese sido posible el avance de la conciencia social y sin conciencia social, habrían fracasado las luchas de liberación nacional. Por tanto, la ideología permitió abrir nuevos horizontes en la comprensión del mundo y el salto cualitativo de la conciencia que no se redujo a las corrientes políticas, pues abarcó también al campo de la cultura y la aplicación del método científico para arribar a nuevas formas de pensar y actuar.

Ante las nuevas realidades, los ideólogos del capitalismo y del imperialismo advirtieron el peligro de la expansión de la ideología de liberación nacional y la atacaron por todos los medios posibles y con una agresiva difusión de argumentos sofisticados, pero acientíficos y consecuentemente falsos.

Deslegitimaron las luchas ideológicas de los pueblos, con lo que justificaron las formas neocoloniales en las que sumieron a millones de personas en todo el mundo. Esa inicial desideologización no pudo destruir la ideología que había producido las grandes transformaciones socio-económicas que conoció el mundo en las décadas de los años 50, 60 y 70 del siglo XX.

Resultaba ardua tarea destruir una ideología que había acabado con el mito de la propiedad privada en que se fundamenta la organización social capitalista. Era casi imposible acabar con la ideología que preconizaba la propiedad social que, por sus valores intrínsecos y extrínsecos iba a destruir la grandilocuente teoría y práctica de la propiedad privada de los modos de producción, esencia del sistema de explotación del hombre por el hombre.

Era innegable que la ideología marxista-leninista representaba un real peligro para los intereses económicos de los monopolios capitalistas y, por tanto, había que usar todos los medios pacíficos o guerreristas, lícitos e ilícitos, morales e inmorales, para liquidar ese peligro que pondría en jaque al capitalismo que había sobrevivido y sobrevive -para mayor tragedia del mundo- sobre la base de la explotación y depredación de los recursos humanos y naturales de toda la tierra.

Si la ideología de liberación nacional proveniente de la ideología marxista-leninista atacaba los cimientos del capitalismo, radicados en las concepciones de la propiedad privada de los modos de producción, si amenazaba los intereses vitales del capitalismo, era lógico que la respuesta del sistema de explotación debía ser contundente y así desarrollaron las doctrinas militares contrarrevolucionarias, las doctrinas de dominación imperial, las doctrinas de la democracia occidental y cristiana para resometer a los pueblos recientemente liberados.

También era lógico que Estados Unidos, que había salido fortalecido económica y militarmente de la II Guerra Mundial, se aprovechara de la debilidad y decadencia de los imperios europeos, para expandir sus intereses geopolíticos y económicos y para afianzar sus proyectos imperiales de dominación global.

Entonces, Estados Unidos recurrió a las ideologías y doctrinas guerreristas, a las tesis del chantaje nuclear, económico y político y a a la vieja doctrina del "destino manifiesto", para imponer su presencia en todo el mundo. ¿Estados Unidos hubiese podido extender su dominio a escala planetaria sin una ideología capitalista-imperialista? La respuesta es única: NO, rotundamente no. Y luego, con mucho cinismo los ideólogos imperialistas pretendieron negar y renegar de la ideología, la condenaron a muerte, la rechazan y la entierraron, sin entender que las ideas se transforman pero mueren jamás.

Sin ideología no hay cambio socio –económico, político-cultural. Sin ideología el ser humano, tal vez no hubiese salido de la etapa de las cavernas. Sin ideología la conciencia social no se hubiese desarrollado y tampoco renovado el pensamiento y el conocimiento científico del mundo, sus seres y sus cosas.

Es más, sin lucha ideológica, sin confrontación ideológica, el hombre no hubiese progresado ya que las confrontaciones y los conflictos posibilitan las transformaciones, los cambios, las innovaciones y los saltos cualitativos de la especie humana. Hasta los populismos tienen o deberían tener una ideología.