HUBO DEVALUACIÓN DEL PESO Y DEVALUACIÓN DEL GOBIERNO 



MALA NOTICIA PARA LOS ARGENTINOS 



Emilio Marín (LA ARENA)

En la semana se devaluó el peso 17 por ciento. Mala noticia para la mayoría de los argentinos que no atesoraron dólares. Más preocupante fue la devaluación de la palabra oficial. Difícil precisar cuánto se devaluó el PEN.

El jueves, el dólar oficial llegó a 8 pesos, lo que implicó una devaluación del 12 por ciento, la más importante en doce años. Si se contaba toda la semana, la depreciación fue del 17.

Independientemente de las causas de ese fenómeno, la economía atraviesa problemas. Había razones objetivas, maniobras especulativas, errores gubernamentales y otras explicaciones para dar, sobre todo para comprender lo que sucede y tomar medidas.

El cronista está lejos de pensar que el principal culpable sea el gobierno; más bien apunta a banqueros, exportadores, sojeros y monopolios que, con el soporte de agrupaciones neoliberales, apuestan al fracaso de Cristina Fernández de Kirchner y a una megadevaluación que los favorezca como establishment.

Pero el problema existe. Y para el complaciente panel de 678 de aquel jueves negro estuvo muy bien CFK en no hablar de esos asuntos. Ella habría estado genial al omitirlos y centrarse en su buena iniciativa Progresar. Se pagará una asignación mensual de 600 pesos a jóvenes que no estudian ni trabajan, para ayudarlos a volver a clases.

La jefa de Estado volvía a la Casa Rosada después de un mes de ausencia, reconociendo que tuvo "algunas dificultades" de salud. Y estuvo muy bien en su presentación del programa social para ese segmento estragado por la mayor desocupación. La iniciativa gubernamental quiere sacar a esos "ni-ni" del lumpenismo y delitos varios.

Ese reconocimiento, en cambio, no mella la segunda observación: estuvo muy mal la presidenta en no abordar los candentes asuntos económicos y financieros. Los ignoró olímpicamente, como si así les quitara entidad. Tapar el cielo con las manos, no se puede. Y con un plan Progresar tampoco. Por eso en la mañana siguiente Jorge Capitanich y Axel Kicillof tuvieron que poner la cara para anunciar que se autorizaba de nuevo a las personas a comprar dólares para ahorro. Incluso se bajaba del 35 al 20 por ciento el adelanto de impuesto a las ganancias. Estando el dólar oficial a $8.01, quiere decir que si los particulares compraban (en realidad recién podrán hacerlo mañana), lo habrían hecho a $9.61.

Los dos ministros fueron poco locuaces. En un minuto y medio habían tirado el anuncio bomba y se retiraron veloces, sin aclarar ni balancear nada. En política, "acá y en la China", eso es estar a la defensiva y en posición de debilidad.

Los especuladores

Las cosas no ocurren por casualidad. Hace muchísimos años que la flor y nata del empresariado nacional y multinacional hace negocios financieros, de los legales y los otros. Desde la "tablita cambiaria" de José A. Martínez de Hoz hasta el "contado con liqui" permitido por el actual gobierno, pasando por los negocios del cavallo-menemista y de la fase cavallo-delarruísta, con escandalosas privatizaciones, megacanjes-blindajes y multiplicación de la deuda externa, en buena parte fraudulenta.

Los negociados no se interrumpieron ni siquiera con el "crac" de diciembre de 2001. Sabiendo que el país explotaba, los bancos fugaron antes de esa fecha y también en 2002, más de 30.000 millones de dólares inventado operaciones, según documentó la Comisión Investigadora de Diputados.

Con ese pedigrí a cuestas, ¿quién podría dudar de las denuncias del gobierno de que en estos días existió un ataque especulativo al peso?

Aunque los funcionarios lo han dicho off the record, fueron escrachados Juan J. Aranguren (Shell), y los bancos HSBC, Francés y Citi, quienes compraron dólares más caros que la cotización oficial, dando señales de que igual iba a ser negocio. Y de hecho lo fue. Aranguren se excusó en que fue una operación de su empresa y no particular, junto con el HSBC; detalló que entre liquidaciones y compras lo de Shell no superó un saldo de 1.5 millón de dólares, incapaz de conmover a un mercado que mueve 200 millones.

Entre la versión del gobierno y la del especulador CEO de la petrolera anglo-holandesa, el cronista se queda con la primera. A Shell no le compraría ni una lata de aceite, como propuso Néstor Kirchner.

Los sojeros son otros "prime suspect" (sospechoso principal, título de una linda serie policial con Helen Mirren). El presidente de la Sociedad Rural, Luis M. Etchevehere, había declarado que con estos precios "mejor especular que trabajar". Extraña confesión de quienes normalmente especulan más de lo que trabajan, si a lo suyo se puede llamar así. Capitanich reprochó a esos productores que retenían parte de la cosecha al aguardo de devaluaciones y que los exportadores no habían liquidado los 600 millones de dólares comprometidos.

Reproches y autocríticas

El ministro de Economía, en reportaje con Víctor Hugo Morales, por Continental, fue más a fondo con esas críticas al mal llamado "campo". Dijo que ocultaban en silos bolsa varios millones de toneladas de granos y que eso implicaba 4.000 millones de dólares. A ese faltante, especulativo y pro-devaluación, debían sumarse otros 2.500 millones de dólares que productores y exportadores tramitan en créditos externos para facilitar sus operaciones y que ahora no hicieron.

Otros señalamientos se pueden volver como bumerán contra el gabinete, pues Kicillof admitió que en este tiempo se habían fugado 15.000 millones de dólares mediante el recurso admitido por el fisco, de "contado con liqui". ¿Por qué no hicieron algo para impedirlo? A esos dichos ministeriales les faltó el sentido de autocrítica.

El anuncio de liberar la compra de dólares también careció de autocrítica. En los hechos fue una concesión del equipo económico y el gobierno ante la plana mayor de la especulación de un "dólar marginal e ilegal", como lo denostaban desde fines de 2011.

Que significa una derrota parcial pero significativa de la política oficial lo han valorado periodistas especializados en economía y filo kirchneristas como Raúl Dellatorre (ver Página/12 de ayer). Para voceros del gobierno, en cambio, fue una decisión propia y libre para buscar "un nivel adecuado" de la divisa, que ahora van a sostener con operaciones del Banco Central.

Los resultados adversos de las PASO y octubre pasado fueron presentados como resonantes victorias. Ahora los especuladores les quebraron la muñeca en la pulseada por el dólar pero siguen perjurando que fue un éxito. Mejor que se enyesen el brazo y pidan ayuda a la movilización de la sociedad porque la lesión es grave y expuesta.

¿Dólar dónde estás?

Dicen que la devaluación tendría de positivo hacer "más competitiva" la exportación de la producción "nacional" (las comillas indican que gran parte es trasnacional, como la de las diez terminales automotrices).

Una larga historia económico-social vivida por los argentinos confirma que la mayoría de las consecuencias devaluatorias son negativas para la población. Sus ingresos fijos en pesos valen menos y pueden adquirir menos bienes; el precio de los productos, no sólo de los exportables, aumenta y se incrementa la inflación, con lo que cae la capacidad adquisitiva de los salarios y más argentinos caen en la pobreza porque no pueden cubrir una canasta de productos y servicios básicos.

Tanto Kicillof como el secretario de Comercio, Agusto Costa, juraron que de ninguna manera permitirán que la devaluación se traslade a los precios. Habrá que aguardar unos días para ver con certeza si esas afirmaciones tienen sustento. En principio son expresiones de deseos. Lo más probable es que la inflación, que goza de muy buena salud en estos mercados monopolizados y aún oligopolizados, no se tome vacaciones.

Aunque al gobierno no le agrade, la inflación terminó en 2013 más cerca del 28 por ciento medido por las consultoras privadas que del 11 por ciento del Indec "vandalizado" por intervención del Ejecutivo (el copyright es de Horacio Verbitsky).

El acuerdo de "precios cuidados" puesto en marcha el 6 de enero por el gobierno y varios supermercados no se cumple a cabalidad. Incluso en el interior del país todavía no estaba implementado, a pesar de que vivimos en tiempos modernos y digitales, con empresas hipercomunicadas con filiales en todo el territorio.

Y de pronto la devaluación. ¿A quién creerle, a Kicillof o a Alfredo Coto? En este caso el cronista, lamentablemente, tilda la segunda opción. El dueño de la cadena "nacional" de supermercados declaró en Mendoza que los anuncios "harán oscilar a los costos del acuerdo de precios". Léase que éstos se irán de a poco "pum para arriba".

En esta Argentina veloz y a veces sin memoria, conviene recordar algunas metas del Presupuesto Nacional 2014: inflación anual del 10,4 por ciento y dólar a $6.33. Já.

Si el gobierno necesita dólares, y los precisa porque las reservas han caído por debajo de 30.000 millones, debería analizar variables populares emparentadas con la historia nacional y latinoamericana. Por caso, pagar menos deuda externa (Capitanich confesó que el actual gobierno abonó 43.000 millones de dólares); o bien nacionalizar el comercio exterior con un IAPI mejorado que compre a los productores locales pagando mejor a los pequeños y medianos y captando las divisas de las exportaciones.

Tampoco le da la audacia política para crear una Junta Nacional de Granos ni para procesar y detener a Aranguren e intervenir Shell, co-autores de la fuga de capitales de 2001-2002? Si no le da el cuero ni para eso, entonces su devaluación, la suya, es mayor que la del pobre peso.