CALLA Y RESPIRA 



TESTIMONIO QUE RECUERDA UNA ÉPOCA DOLOROSA  



Rodrigo Santillán Peralbo
El periodista y escritor colombiano Hernando Calvo Ospina entrega a la humanidad su libro testimonio “Calla y respira” que recuerda una época de dolorosa represión en la historia del Ecuador, en el período 1984 y 1988, bajo el gobierno del socialcristiano León Febres Cordero, líder de las derechas y “recadero de las oligarquías”, como lo calificara el fallecido presidente Jaime Roldós Aguilera.

Calvo Ospina y sus propios recuerdos nos impele a reiterar: prohibido olvidar el Febrescorderato que impuso una cruel política de represión contra sus opositores políticos, particularmente de las izquierdas y sus juventudes, de los movimientos sociales e indígenas a quienes llamaba terroristas, algunos sobrevivientes de ese infame período, son agenciosos colaboradores del actual gobierno presidido por Rafael Correa Delgado que, curiosamente, también llama terroristas a sus opositores políticos que se atreven a organizar protestas y manifestaciones en contra a de uno o varios de sus proyectos económicos, sociales, políticos

León Febres Cordero había decidido desatar la persecución más cruel y despiadada para liquidar a la naciente guerrilla urbana organizada por el Movimiento Alfaro Vive Carajo. La cacería de posibles guerrilleros y militantes se ensañó con los miembros de AVC y, en general, contra la juventud, a tal punto que comenzaba a ser una especie de delito el ser joven. Esa persecución, para exterminar a los guerrilleros se extendió hacia los jóvenes colombianos que, por alguna razón, habían ingresado al Ecuador, en la creencia de que todos eran o podían ser parte de las guerrillas del M19 o de las FARC-EP. La militancia del M19 había desarrollado alguna presencia activa en el país de la mitad del mundo

La cacería de guerrilleros nacionales o extranjeros comenzaba ser una especie de reedición de esa internacional del crimen llamada Operación Cóndor. Y así, la cooperación de militares y de policías colombianos sirvió para perseguir, secuestrar, torturar, encarcelar, asesinar y desaparecer a jóvenes colombianos, entre ellos, a los hermanos Restrepo que fueron detenidos por la policía, adolescentes de los que jamás se supo su paradero. Sólo se sabe que desaparecieron en manos de los “agentes del orden”. Uno de los secuestrados, encarcelados y desparecidos que, posteriormente y con suerte, apareció vivo fue el autor de la obra en comento, Hernando Calvo Ospina que había llegado a Quito para estudiar periodismo en la Universidad Central del Ecuador.

Los jóvenes eran las presas de esa cacería desatada por Febres Cordero. Su Secretario de la Administración, el inmensamente obeso (IBM) Joffre Torbay había dicho ante sus amigos de la Cámara Ecuatoriana-norteamericana: “A los subversivos hay que matarlos como al pavo, la víspera”. Arrancó aplausos silenciados por la historia, pero esa frase fue suficiente se para que militares y policías que intervinieron en esos hechos, tuvieran carta blanca para secuestrar, torturar, desaparecer, asesinar a quienes caían en sus redes tejidas con la complicidad de españoles, chilenos, colombianos e israelitas, expertos en represiones.

Hernando Calvo Ospina en aquellos aciagos días de septiembre de 1985 fue un estudiante de periodismo, y tenía el estatuto de refugiado, pero eso a los que lo secuestraron y torturaron les importaba un bledo, pues se supone que sus secuestradores y captores, ni quiera habían hablar de la calidad de refugiados, según las normas de las ONU y su ACNUR.

En ese entonces, el gobierno de Febres Cordero, había creado los “Escuadrones Volantes” o de la muerte para combatir a la delincuencia y, en especial a los guerrilleros del AVC o del M19, y al tristemente famoso SIC-10, una especie de grupo paramilitar clandestino formado por policías con espíritu represor y asesino. Hasta ahora se niega la existencia del SIC-10 en cuyos calabozos se torturaba y, eventualmente, se mataba como ocurrió con los hermanos Restrepo, de nacionalidad colombiana. A los calabozos, celdas inmundas del SIC-10, fue conducido Calvo Ospina en donde fue objeto de las más sofisticadas y crueles torturas. En su calvario fue transferido hasta la cárcel de Quito que alberga presos comunes en donde permaneció tres meses, sin fórmula de juicio y sin conocer el pomposo debido proceso, elemental principio de un Estado de Derecho.

“En la cárcel se relaciona con melandros, bandas, secuestrados. Vive un sinfín de hechos cuyo telón de fondo eran la miseria, el robo, el alcohol y las drogas: así como el inmenso cariño, respeto y solidaridad desarrollados por su amistad con su gran amigo que compartían sus mismos pensamientos políticos. Con la ayuda de unos travestis, comienza la mentalización y preparación de una posible fuga”.

Esta trabajo hay que leerlo, no sólo para eso, sino para recordar los crímenes de Estado, y el por qué y para qué están sus aparatos represivos. En la presentación de la obra de Calvo Ospina se afirma que “recordar los acontecimientos del pasado en donde han existido crímenes de Estado, violación a derechos humanos e injusticia social, permite forjar el camino en búsqueda de la verdad la justicia y la reparación a través de la memoria social y colectiva; llevándonos a un momento en el que nos reconocemos, reinterpretamos y resignificamos con aquellos fenómenos para lograr repudiar actos crímenes atroces promoviendo la no repetición de aquellos e impulsar la garantía y respeto a los derechos humanos.

El Ministerio de Cultura en la presentación del libro de Calvo Ospina que participó en la feria del libro de Quito, añade: “La participación activa de las personas en un estado de derecho, debiera ser el centro de protección jurídica y responsabilidad primordial de los Estados, por el que se garantice la dignidad, derechos y libertades; sin embargo en este testimonio de vida que nos hace partícipes Hernando Calvo Ospina, devela una faceta del país llena de violaciones a los derechos humanos protagonizadas desde el Estado con la complicidad de las esferas gubernamentales…”

¿Cómo no estar de acuerdo con esa aseveración?. Lamentablemente en el gobierno de Correa son terroristas y desalmados saboteadores sus opositores políticos. Así, hoy como ayer, allí están los más de 200 dirigentes sociales y populares indígenas y mestizos enjuiciados por terrorismo y sabotaje, los 10 de Lununcoto, los estudiantes del Colegio Central Técnico, los policías y civiles que de alguna manera o inocentemente intervinieron en el las sublevación policial del 30S-2010, y otros a quienes se les atemoriza. En el actual reino del terror, Correa es más poderoso que Febres Cordero.

Este Ecuador debe vivir en democracia plena, en un Estado de Derecho, sin que nadie se atreva a decir que aquí y ahora se violan los derechos humanos. ¿O habrá alguien que escriba el II Tomo de Calvo Ospina?