CUMBRE CLIMÁTICA EN VARSOVIA 



LA CUMBRE DEL CLIMA SE HA CONVERTIDO EN UN PANTANO 



UIS I. GÓMEZ
La Cumbre del Clima COP 19 en Varsovia se ha convertido en un pantano, un cenagal impenetrable.
Varios países de importanca vital a la hora de adoptar acuerdos globales sobre el clima abandonan incluso las negociaciones. Dado que la temperatura global del planeta lleva 15 años sin experimentar cambios significativos, crecen las dudas sobre los investigadores-activistas apocalípticos del IPCC. ¡Eso es bueno! Esta Conferencia sobre Clima en Varsovia termina como sus predecesoras -con una gran cantidad de aire caliente y sin resultados visibles. Resulta que un número creciente de estados desconfía de los planes de la ONU en política climática -desde el país anfitrión Polonia hasta la mismísima China. Grandes países como Japón, Australia, Brasil y Canadá no sólo abandonan sus compromisos de reducción de CO2, incluso les dan la vuelta. Japón anuncia un aumento de sus emisiones de CO2 en un 3%, en lugar de reducirla al 25%. Mientras que los activistas del clima catastrófico se sorprenden, se lamentan de la “victoria” del lobby del carbón y el petróleo y proclaman a los cuatro vientos que todo es culpa de un capitalismo despiadado, en realidad existe una razón fundamental mucho más simple que explica la reticencia de muchos Estados en cuestiones climáticas: ya nadie cree en el Apocalipsis.
¿Quién seguirá creyendo en los profetas del apocalipsis ahora que su biblia, el Informe del IPCC, deja claro que en los últimos 15 años no se han cumplido ninguna de las previsiones de aumento de temperatura? La mayoría de los estados que se consideraban hasta ahora el cambio climático desde un punto de vista pragmático y no ideológico, creen que la obligación de actuar ha dejado de ser perentoria. ¿Por qué debemos movilizar enormes recursos en función de los modelos climáticos, ahora que sabemos que son tan inciertos?
Los ecoideólogos contemporáneos –esos que abandonaron la conferencia- desarrollan una forma sublimada y adaptada de todas las arquitecturas de pensamiento antidemocráticas cuyo fin último es la idolatría del Líder por medio del sometimiento de todos al bien TOTAL. Han sabido recoger el testigo de aquellos que en su día hicieron uso criminal del natural humano: la mayoría se pasa la vida buscando un substituto de la figura paterna que le proporcione protección, liderazgo moral y entrañable acogida. Obviamente, en concordancia con los tiempos, la figura paterna ha sido substituída por la figura materna, la naturaleza, pero sin perder un ápice de su magnetismo enajenante: es lo que adoramos y al mismo tiempo tememos. El ecologismo militante es un proceso de pensamiento cuya cumbre se alcanza en el momento en que el creyente acepta e interioriza a la Naturaleza (Gaia, según otros evangelistas) como instancia suprema moral, una especie de “supra-yo”.

Este proceso de conversión no sería posible únicamente desde la doctrina. La práctica cotidiana, convertir en habitual aquello en lo que se cree, hacerlo realidad en la propia existencia es parte insustituíble del cambio: el activista ecologista creyente consume sólo productos ecológicos, biológicos, sostenibles, sin huella de carbono, logrando así convertirse él mismo en parte integral (comunión perfecta) de la Naturaleza que ama y teme. Se rompe la cáscara de la metafísica, nace el hombre nuevo.

Pero en los últimos meses se ha abierto la discusión científica sobre el verdadero origen de los cambios observados a finales del siglo pasado. Y esta discusión científica, la de verdad, es la que temen los profetas del Cambio Climático Antropogénico Catastrófico. Ellos prefieren un escenario de amenaza global causada por las emisiones de CO2. De repente se sienten bajo presión, incapaces de justificar la pausa en el Calentamiento, argumentando que se trata de un sólo un fenómeno temporal, accidental. Una especie de “descanso refrescante” antes de que llegue el infierno. Desde la esquina de los investigadores ideologizados nos llegan entonces, a toda prisa, nuevas y dramáticas previsiones procedentes de nuevas simulaciones en el ordenador. Menos mal que cada vez son más los científicos que perciben estas reacciones como juego frívolo, politizado, para conseguir más apoyos, más dinero.

La cumbre climática de Varsovia tiene por lo tanto algo bueno. Se abre el debate serio sobre las causas, las consecuencias y el futuro del cambio climático. El pronóstico dominante hasta la fecha se cuestiona y se comienza a aceptar que las diferentes magnitudes que realmente influyen en la evolución climática simplemente no son aún lo suficientemente comprendidas.

Esto significa que la política también debería volver a evaluar los postulados sin aparentes alternativas que hoy barajan para tomar decisiones. La fase ideológica del debate sobre el clima llega a su fin. De repente no es tabú afirmar que el calentamiento observado en algunas fases de la historia de la Tierra tuvo consecuencias más positivas para la vida que las fases de enfriamiento. No sólo los chinos, japoneses, australianos y estadounidenses se preguntan: ¿No es más sabio asociar de manera pragmática la disponibilidad de los recursos a los cambios realmente medibles y utilizarlos para apoyar los efectos positivos del calentamiento y limitar los negativos? ¿Más sabio que la reconversión forzada y completa de economías asentadas para evitar las emisiones de CO2?