EL IMPERIALISMO  



Germán Rodas Chaves grodas@uasb.edu.ec Historiador, escritor. Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Miembro de la Academia Nacional de Historia. 



Hay una enorme dificultad en América Latina para caracterizar el momento actual regional, tanto por sus diversas realidades socio-políticas como por los modos de abordar los fenómenos.

Existe una dispersión analítica que no logra establecer la articulación dialéctica entre los acontecimientos, coyunturas y las tendencias estructurales.

Se mira el entorno principalmente desde la geopolítica y se piensa respecto de ella en términos de relaciones interestatales.

Por ello cuando se vuelve a hablar de Imperialismo -lo que afortunadamente está ocurriendo- para comprender el mundo en el que vivimos, es indispensable no solamente pensar en el dominio de un estado por otro, en la utilización de sus recursos humanos, políticos, económicos y militares para subordinar a otros estados y territorios. Hay que comprender, sustancialmente, que de lo que se trata es de conocer las formas de reproducción del capital y de sus instrumentos de poder para controlar su reproducción.

Al retomar el análisis sobre el imperio, debido a las características de la confrontación que se produjeron en el mundo bipolar, podemos cometer el error de referirnos exclusivamente al imperio pensando únicamente respecto de los Estados Unidos de Norteamérica. Hoy en día aquello ya no es posible, pues el orbe se ha constituido, en el contexto del proyecto capitalista y a pesar de sus crisis cíclicas, en un mundo multipolar en cuyo entorno algunos países y regiones del planeta propician una estrategia imperial para dominar a otras regiones y otros países.

Por ello, cuando hablamos de imperialismo, en este momento debemos pensar en el dominio molecular del capital financiero sobre la reproducción económica de los países. Y cuando nos referimos sobre el capital financiero debemos orientar nuestro análisis no solo respecto del capital especulativo, sino a la fusión de todas las actividades del capital en su reproducción concentrada y centralizada; pues el capital financiero utiliza hoy en día el poder de los estados para facilitar y asegurar su penetración territorial, pero opera por múltiples canales para la exportación de capital, de mercancías, tecnología, y en la apropiación y expropiación de riquezas naturales y de plusvalía.

Vivimos en un mundo multipolar, con profunda heterogeneidad, en donde las estrategias dominantes -que se apuntalan en la utilización de bases militares en diversas regiones del planeta- siguen avanzando en la perspectiva de reconfigurar al capitalismo en la región y en la creación de una nueva hegemonía burguesa.

En este orden de cosas estamos, pues, frente a una realidad mundial y regional que han legitimando una concepción de desarrollo bajo el dominio del gran capital transnacional y este fenómeno constituye hoy la nueva forma de expresión del imperialismo.

En esta perspectiva el nuevo desarrollo tiene por objetivo hacer de América Latina, por ejemplo, un espacio de estabilización del capitalismo en crisis.

Bajo las premisas anteriores bien puedo afirmar, entonces, que el modelo en ciernes es el mismo en los países donde gobiernan los llamados regímenes progresistas, que donde gobiernan otros gobiernos. Lo que cambian son las modalidades políticas de ejecución de un proyecto estratégico que pretende avanzar aprovechando coyunturas diversas, no obstante la ebullición social de nuestros pueblos por modificar la situación prevaleciente que debería constituirse en el motor de las transformaciones, sin que queden represadas sus aspiraciones en la farándula política o en la algarabía electoral y en el corto plazo.

Si tenemos esta visión del imperialismo, en este momento y en este lugar, coincidiremos en la afirmación que su acción depredadora se expresa en los vastos monocultivos transgénicos; en la presencia de una minería sobretodo a cielo abierto; en la explotación de energéticos como petróleo, gas, hidroelectricidad; y en la expropiación de la biodiversidad.

Para poner en marcha sus objetivos requieren del control territorial y es allí cuando las bases militares cumplen el rol de factores disuasivos en contra de aquellos que pudiesen modifica el orden (violentando así cualquier fórmula de soberanía o autodeterminación) o como sujetos de agresión directa al estado y a los pueblos, según los requerimientos del capital.

Los fines del capital, entonces, se constituyen en el arquetipo que determina la configuración de los modelos estructurales a nivel planetario cuya red viene tejiendo un modelo particular y cuyas acciones tácticas y estratégicas forman parte del desarrollo del imperialismo que, como queda dicho, tiene una nueva fisonomía, un entramado distinto al que identificamos en otros momentos históricos y cuyo engranaje de expansión atraviesa las diversas estructuras y supraestructuras de los estados. Se constituye, así, en un modelo supraestatal que se nutre de las economías de los estados.

La realidad descrita me lleva a la conclusión que nos hallamos frente al desarrollismo transnacional, la nueva etapa del imperialismo que, para cumplir sus objetivos, arremete en contra de los pueblos y de los estados, como ocurre hoy mismo en algunos países del África; asunto que de otra parte no puede hacernos olvidar, sucesos históricos, como los siguientes:

La reunión que se produjera entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885 que se realizó en Alemania, bajo el impulso de Francia e Inglaterra, con la concurrencia, además, de Bélgica, Irlanda, Portugal, Dinamarca, Italia, España, Rusia, Suecia y los llamados Países Bajos, encuentro en que los EEUU concurrieron como observadores, es un antecedente que puede explicarnos la conducta imperial de la Europa de estos días.

La finalidad del cónclave al que hago relación, fue la búsqueda de un sistema mediante el cual los países concurrentes se distribuyeron, sin disputas ni confrontaciones, las regiones y los países del continente africano que, entonces, habían comenzado a colonizarlo, particularmente en las zonas de la cuenca del río Congo.

El pacto se consolidó a partir de aprobar que el mecanismo que facilitaría superar cualquier contradicción debería estar precedido por la demostración de que habían tomado posesión real en el territorio africano, lo cual solo se podía acreditar si el país invasor hubiere suscrito un tratado con la población local y, además, hubiese ejercido administración en aquellos territorios.

El canciller alemán, Otto Von Bismarck logró de esta manera que se superaran los crecientes niveles de confrontación, particularmente existentes entre Francia, Alemania e Inglaterra, a propósito de las disputas por los territorios de Túnez, Egipto y Marruecos.

De nada sirvió cualquier valoración sobre la historia de los pueblos dueños de esa parte del mundo; poco importo la perspectiva de desmembrar sus etnias y atropellar sus identidades; no les causó ningún rubor el uso de la violencia que ya se había venido orquestando en contra de los habitantes africanos.

Frente al objetivo de extraer las riquezas la cita en Alemania, tan solo se constituyó en un mecanismo para precautelar las contradicciones y ambiciones desmedidas de los países que se aprestaban al saqueo en las diversas regiones del continente africano.

La inaudita y estremecedora conducta de repartición de los europeos del África, constituyó una de las partes del conflicto que años más tarde desembocaría en la guerra mundial de 1914. Esa es la Europa Imperial que hoy vuelve a acometer a diversos países del mundo en medio de la crisis económica que sufre y, como he señalado, en medio de los requerimientos del capital que se difumina con perspectivas y particularidades disímiles en los distintos rincones del mundo.

Si hablamos de Europa y sus prolegómenos imperiales, no podemos olvidar, también, de algunos sucesos históricos que atañen a nuestra región y que evidencian, una vez más, a EEUU en sus afanes imperialistas, basados en la política Monrroista que ha marcado su comportamiento a lo largo de la historia. Revisemos unos cuantos sucesos para confirmar el aserto: en 1898 impidieron la independencia de Cuba frente a la metrópoli española al propio tiempo que se la invadió; fue el momento, además, para que compraran Las Filipinas y se apoderaran de Puerto Rico. En 1903 fracturaron territorialmente a Colombia para favorecer la construcción de un canal que uniría los océanos Pacífico y Atlántico. En 1909 desembarcaron en la República Dominicana a fin de aplastar un movimiento de oposición en contra del Presidente de ese país. En 1915 ocuparon Haití para impedir el triunfo electoral de un candidato de corte nacionalista. En 1926 asaltaron Nicaragua con la finalidad de aplastar la rebelión de Augusto César Sandino….solo para citar algunos casos…

Luego las intervenciones ya no serían directas. Optaron por controlar el poder mediante gobiernos de plena sumisión a sus intereses. Tal fue el caso de Batista en Cuba y de Trujillo en República Dominicana.

Y para desarrollar políticas de control, sometimiento y monitoreo permanente utilizaron la agresión militar y el sojuzgamiento económico y cultural en sus diversas modalidades. Nos avasallaron, además, desde la ideología; de la misma manera hoy utilizan las bases militares para afrentar la soberanía del continente e impedir que los llamados regímenes de cambio puedan optar por comportamientos contrarios al modelo de desarrollo económico puesto en marcha por el capitalismo en su proceso de recomposición. Toleran la retórica, dan paso a reformas políticas que tan solo maquillan la realidad de nuestra “democracia restringida”, pero no permitirán las modificaciones estructurales…

Así el capitalismo, como expresión del imperialismo, ha diseñado un tramado que impide la construcción del socialismo, cuya Ideología y doctrina suelen ser manipulados desde conceptos ambiguos. Basta señalar que el socialismo ha sido falsamente interpretado desde posturas teístas y a partir de las piruetas explicativas del buen vivir y del bien común, abstracciones que disuelven en la práctica la modificación de fondo y profunda de nuestras sociedades y que han alterado espistemológicamente su riqueza científica y su auténtica proyección histórica.

Por todo ello la lucha antiimperial que nos compromete debe reconocer que el imperio, en el mundo multipolar y globalizado se expresa en diversos espacios geográficos del planeta. Es una red que patrocina los intereses del capital, que asalta los estados, que manipula a las masas, que vacía de contenido a las doctrinas de cambio; que promueve espejismos democráticos y que también da zarpazos a base de utilizar la violencia.

Entonces no es tan solo la consigna, dicha para efectos mediáticos, la que nos ha de confrontar con el imperio.

Tampoco es la repetición de frases acuñadas, que se crearon cuando el capitalismo tenía un modelo de desarrollo hace muchas décadas, las que han de definir nuestra convicción por el cambio.

La lucha antiimperialista es el conocimiento de la realidad concreta; de los subterfugios y enmascaramientos políticos que ocurren en nuestra realidad. Solamente así seremos capaces de confrontar con un lobo que, para sus objetivos, suele aparecer con piel de oveja confundiendo a quienes, incluso, luchan por nuevos días.

Ante tal realidad y para no cometer equivocaciones, abramos la puerta al pensamiento crítico, aún a despecho de parecer contrarios con quienes hablan de modificaciones políticas y económicas, y que en la práctica solo han favorecido, insisto una vez más y finalmente, el reacomodo del capital.

Ser antiimperialista, en este momento de la historia, es ser anticapitalista. No hay términos medios.