¿HAY UNA IZQUIERDA INFANTIL Y BOBA?  



"LA IZQUIERDA QUE NO ESTÁ CON EL GOBIERNO ES UNA IZQUIERDA BOBA"" 



Ivan Cevallos Miranda
Germán Rodas Chaves

La nueva epistemología?

Lo dijo. Y lo ha repetido insistentemente a manera de sentencia, como nueva categoría epistemológica: “aquellos de la izquierda que no están con el gobierno pertenecen a la izquierda boba”. A contrapelo, luego de estas aseveraciones, cabe preguntarse si los sectores autodenominados de izquierda que se hallan encaramados en el poder ¿son, por exclusión, parte de una izquierda adulta o de una izquierda vivísima?

Cuando se recurre a los calificativos con la intención de mermar la opinión de los demás es indispensable una pizca de sentido común para que los conceptos no se vuelvan contra quien los enuncia. Así, utilizar lo infantil como denuesto para los sectores de izquierda que somos críticos y analíticos -esa caracterìstica propia de la izquierda, que tambièn permite la autocrìtica- sólo retrata un absolutismo que nos recuerda los días en que George W. Bush sostenía que “quienes no están con él, están contra él” para justificar la indigerible y abominable “guerra preventiva”. La conducta referida parece ser el plan de batalla de los chicos del siglo XXI contra los sectores polìticos y sociales que no aplaudimos como autómatas todas las decisiones gubernamentales.

¿La adjetivizaciòn como cortina de humo?

Lo curioso de la tacha por infantilismo es que se la usa como herramienta para disminuir la voz de quienes miramos que muchos asuntos de fondo –injusticia, judicializaciòn de la lucha social, desempleo, pobreza, leyes elaboradas a medida, sin posibilidad de opiniones propias de los asambleístas del oficialismo, y disfrazadas con el barniz de la “atención a los clamores populares”, como el nuevo Código Penal Integral de Andino y de las fuerzas de la derecha ideológica- no responden a una verdadera opción de cambio; y debido a que practicamos la “altanería de pensar” en la época del “prohibido olvidar”, entonces nos quedamos en categoría de críos frente a la precocidad de la otra izquierda, “la madura”, la del siglo XXI, que se ha sumado a la coincidencia pragmática con el liberalismo re- encauchado, con la democracia cristiana, con el socialcristianismo, con el populismo.

¿Ingenuidad, entrismo u oportunismo?

Desde luego, es posible que algunos elementos que provienen de la izquierda política y de la izquierda social históricas -cuya lucha ha germinado en la búsqueda constante de transformaciones en esta Patria- pudieron haber sido convocados por los cantos de sirena del proceso sincrético denominado “revolución ciudadana” y tal vez, debido a su ingenuidad, han sido víctimas de la cooptación burocrática -y a lo mejor hasta ideológica- para transfigurarse en candorosos administradores del sistema, sin percartarse de su responsabilidad al formar parte de un engranaje que conduce a la recomposición del nuevo capitalismo. El capitalismo del siglo XXl.

También es factible que además del sector antes referido convivan una variedad de sujetos políticos que luego de alejarse de sus matrices partidarias de izquierda se “entusiasmaron” con las propuestas enunciadas en los cafetines por los abanderados del autodenominado “socialismo del siglo XXI” lo cual les dio el pretexto para entrar a la repartición del pastel, en medio de eslóganes, consignas y cantos usurpados a la izquierda.

Junto a las dos variedades anteriores quizà existan elementos que se hayan arrimado –e incluso hablado a nombre de la izquierda- para acomodarse dentro del séquito del poder y aunar las voces que proclaman que la revolución está en marcha y que “el proceso” hace parte de una historia avizorada en la inmediatez.

¿El agua bajo el puente o el puente bajo el agua?

No obstante, para todas estas categorìas de izquierdistas –y de frente a la historia- ya ha corrido bastante agua bajo el puente y debieron haber advertido que, por ejemplo, el proyecto de cambio de la matriz productiva devela el carácter de clase de quienes impulsan tal modificación; que es evidente la conformación de un nuevo núcleo hegemónico en la economía; que la tecnocracia constituye la brújula del comportamiento gubernamental; que el discurso radical y de cambio se está quedando sólo en aquello; que la fractura a los partidos de la izquierda y al movimiento social, en la cual el poder ha intervenido abiertamente, entregando el control de estos espacios a desconocidos que ignoran la lucha social y que viven del discurso vacìo; que la democracia ha sido vaciada para ser comprendida tan solo como la proliferación de eventos eleccionarios; que la determinación en favor del extractivismo -por eso el plan B que siempre fue alternativa A en el caso Yasuní- no solo que es una forma de recurrir en búsqueda de recursos, sino que responde a los intereses del capital mundial y de sus actividades comerciales. Más un largo etcétera.

¿Coincidencias, confusiones o arrejuntamiento voraz?

Frente al contexto descrito, volvemos a inquirir ¿dónde, realmente, se halla la bobería y la viveza de la izquierda? o ¿cuál ha sido en todo este proceso la extrema habilidad de los nuevos sectores del capital para llevar a ciertos sectores de izquierda a la confusión?

¿Se habrán preguntado estos colaboradores del gobierno -que una vez dijeron haber definido su quehacer en contra del capitalismo, a favor del pueblo y de sus luchas- ¿cuáles son sus coincidencias con personajes como Doris Solís, Ivonne Baki o Virgilio Hernández, fulgurantes funcionarios del Gobierno de Lucio Gutiérrez? o ¿qué identificación conceptual tienen con Alexis Mera, colaborador del ingeniero Febres Cordero? o bien ¿qué les une con los hermanos Alvarado y con Marco Albuja, figuras cercanas al abogado Abdala Bucaram? Cabe también preguntarse si ¿entenderán las causas de sus actuales cercanías con Raúl Patiño, auspiciante, en 1996, de una candidatura Presidencial de la Democracia Popular y de sus coincidencias con Álvaro Sáenz o con Nathaly Celi, personajes alumbrados por la democracia cristiana? ¿Cómo explicarán estas izquierdas su papel junto a Ramiro González, ex dirigente de la ID o de su proximidad con Carlos Vallejo, conocido demócrata cristiano devenido, luego, en auspiciante de Álvaro Noboa? Todo este champús solo para citar unos pocos ejemplos.

¡Crisis en la izquierda!

A partir de todas estas constataciones somos testigos que en el país existe un comportamiento diverso en la izquierda -corriente polìtica cuyo patrimonio fundamental debe ser la ética- que va más allá de cualquier crisis orgánica o partidaria. Por un lado se expresa un sector al que por sus orígenes los catalogamos como de izquierda y que se ubicado del lado del poder valiéndose de una figura prestada a las circunstancias del post neoliberalismo y que nunca formó parte de la lucha social o política de la izquierda, al extremo que no conocía a Jaime Guevara.

Por otra parte existen sectores de esta misma tendencia que, desde una postura contrahegemónica, intentan propiciar su accionar recuperando la tradición de pensar y luchar de la misma manera como lo han hecho quienes han forjado el pensamiento alternativo y crítico en el Ecuador.

Vistas así las cosas es necesario abrir el debate ideológico en la izquierda, desde la izquierda y para la izquierda, sin la intromisiòn de los que han optado por la transfiguración ideológica y, menos, de quienes estuvieron siempre en la orilla contraria a los intereses del pueblo en la historia polìtica del paìs.

Esto es necesario porque la corriente ideológica de la izquierda tiene un único argumento central para existir que no es otro que el cambio estructural del país. Cualquier otra perspectiva de su quehacer puede constituirse, esa sì, en un infantilismo o en una bobería que solo hará el juego no solo a la transitoriedad de los regímenes, sino a los intereses perversos del poder real y de la ideología dominante.