LA EFICIENCIA DE LA PROPAGANDA MANIPULA AFECTIVIDADES Y ANULA CONCIENCIAS 



CORREA EN PERMANENTE CAMPAÑA POLITICA 



Rodrigo Santillán Peralbo

Como nunca antes en la historia del Ecuador, el gobierno de la Revolución Ciudadana que preside el Ec. Rafael Correa Delgado, ha planificado y ejecutado una larga campaña política que, en más seis años, ha costado muchas decenas millones de dólares provenientes del erario nacional; es decir de todos los ecuatorianos que pagan impuestos. La cifra exacta no se conoce.

En otras palabras, quiera o no quiera un ciudadano, ayuda a pagar las campañas de Alianza País y de su caudillo en funciones de Presidente de la República elegido con abrumadoras mayorías, lo que significa una gran eficiencia de la propaganda que manipula afectividades y que, en lo posible, anula conciencias analíticas y críticas. Sólo así, a pesar de análisis sociológicos, políticos y sicosociales se explicaría la inmensa popularidad de la que goza el mandatario, hasta convertirlo en un fenómeno político al que no le afectan los escándalos de corrupción en los que han intervenido algunos de sus allegados, ni sus impromptus y violencias verbales contra personas, partidos políticos, medios de comunicación, periodistas, académicos, estudiantes, trabajadores, indígenas y dirigentes de movimientos sociales que con palabras, hechos o gestos han manifestado su oposición o antipatía al gobernante.

La propaganda gubernamental ocupa medios de comunicación públicos y, también los privados que conforman la “prensa corrupta” en palabras del Presidente. Los mensajes elaborados por los propagandistas del régimen están en mallas publicitarias que copan todos los espacios en carreteras, puentes, aeropuertos, caminos vecinales, en cada obra pública de la “revolución ciudadana” sea una escuelita rural o citadina, en cada unidad educativa y hasta en unidades productivas privadas. Las mallas contienen la infaltable gigantografía con la sonrisa del Ec. Correa, acompañada de palabras connotativas para ensalzar la “revolución ciudadana” que ha puesto al país o la “patria en marcha”, porque “la patria ya es de todos”.

No hay sábado en el que el Presidente y, ocasionalmente el Vicepresidente, no ocupen por tres horas o más, decenas de radiodifusoras y canales de televisión para contar a la gente que quiera ver o escuchar lo que han hecho en la semana, incluidas anécdotas y hasta lo que han comido o bebido, ni hay lunes en que no haya cadenas de radio y televisión para informar al país acerca de la obra gubernamental o la posición del Presidente frente a hechos, discursos, proyectos, organizaciones nacionales o extranjeras o personas naturales.

Diríase que no pasa un día en que no haya alguna cadena de radio y televisión o que esos medios no incluyan en sus programaciones regulares o sean interrumpidos los noticieros para difundir los mensajes elaborados técnicamente por la agenciosa Secretaría Nacional de Comunicación –SENACOM- para desmentir, desprestigiar, insultar, agredir a políticos de oposición, medios de comunicación social, periodistas, analistas, personas naturales o jurídicas que hayan dicho o hecho algo que haya disgustado al líder de la “revolución ciudadana”. La ciudadanía se va acostumbrando a esas cansinas cadenas que difunden una sola verdad: La del régimen o la del caudillo de la “revolución ciudadana”. Lo que digan los demás son mentiras de los “mediocres”, “limitaditos” o “sufridores”. Ningún insulto que provenga de la boca del Presidente podrían calificarse de injuria o calumnia.

Parecería que la “Revolución Ciudadana” es pura propaganda que, además, ha sido diseñada para favorecer a cada instante la imagen pública del presidente Correa a fin de incrementar su popularidad que alcanza y favorece a sus áulicos, miembros del gobierno, alcaldes, prefectos, concejales, consejeros, gobiernos parroquiales y, naturalmente, a los asambleistas nacionales o provinciales.

El Movimiento País -Patria Altiva y Soberana-, creado para impulsar la candidatura de Rafael Correa Delgado a la Presidencia de la República en el año 2006, está integrado por personas de distintas ideologías: derechas e izquierdas de diverso membrete, y, naturalmente, por gente oportunista, arribista, sin más ideología que el pancismo.

No cabe duda, el Ec. Correa Delgado, dueño de un gran carisma impulsado por la propaganda, es, también, un personaje de tarima, como si siempre estuviese en campaña electoral. Agresivo en sus discursos adobados con un lenguaje directo y sencillo, encandila a las masas de por si alienadas con tanta propaganda en las que mantiene una importante popularidad reconocida, hasta, por sus pasmados opositores.

La propaganda en favor del Presidente de la República, y de la “revolución ciudadana” han convertido al Movimiento Pais en la primera fuerza política del Ecuador, a tal punto que quienes aspiren a intervenir en un proceso electoral ya sea para asambleísta, concejales, consejeros, alcaldes, prefectos provinciales o presidentes y miembros de una junta parroquial, deben cobijarse bajo la sombra de la popularidad de Correa, y aparecer en afiches, hojas volantes, gigantografías, pancartas o mallas publicitarias, abrazados o junto a Correa y la elección está, prácticamente, garantizada si, además, Correa mención al aspirante a ganar una elección, con uno o varios calificativos que destaquen la personalidad del candidato, así la realidad sea abiertamente diferente. En otras palabras, la propaganda bien utilizada sirve para todo, porque hasta se sacrifica la verdad, se la exagera o se la esconde. La ética del propagandista a menudo es escamoteada, así existan deontologías profesionales de la comunicación social extendidas al propagandista. En definitiva la propaganda es amoral.

Conceptualmente, la propaganda es una forma de las ciencias de la comunicación, pero con su propia y particular teoría y elevada praxis que tiene como objetivo “vender” o imponer ideologías, doctrinas y filosofías políticas o religiones por medio sofisticadas técnicas manipuladoras que tergiversan y desinforman hechos y circunstancias para configurar discursos que influyan en las masas, de tal manera que determinen comportamientos, opiniones y actitudes favorables respecto de personas o causas aparentemente positivas para uno o varios sectores de la población.
Naturalmente que los mensajes que se emiten o difunden con el uso sistemático de los medios de comunicación social, son científica y técnicamente elaborados para destacar el lado positivo y bueno de hechos y teorías, ocultando o negando sus aspectos negativos. Para que un mensaje tenga éxito, debe ser escrito con un lenguaje sencillo, simple, conciso, directo, con elevadas cargas connotativas que golpeen con fuerza la afectividad o anulen la capacidad de análisis o reflexión del hombre-masa. El mensaje persuasivo debe ser reiterado con intensidad hasta, si es posible, anular la conciencia colmada de otras creencias o dogmas de fe.
En cierto sentido, la propaganda se opone a los objetivos éticos de las ciencias de la comunicación y del periodismo que tienen la obligación moral de buscar la verdad de los hechos y realidades, y difundirlos en pleno ejercicio de la libertad de informar y de expresar con absoluta libertad las opiniones, los criterios, las críticas, el pensamiento.
Por el contrario, la propaganda exagera la verdad o la oculta, y deliberadamente engaña o miente sin rubor. Se ha dicho que “de modo opuesto al suministro de información libre, la propaganda, en su sentido más básico, presenta información parcial o sesgada para influir una audiencia. Con frecuencia presenta hechos de manera selectiva y omite otros deliberadamente para sustentar una conclusión, o usa mensajes manipulados para producir una respuesta emocional, más bien que racional, respecto de la información presentada. El efecto deseado es un cambio en la actitud de una audiencia determinada acerca de asuntos políticos, religiosos o comerciales. La propaganda, por lo tanto, puede ser usada como un «arma de guerra» en la lucha ideológica o comercial”. Y esto lo saben muy bien los propagandistas de Rafael Correa Delgado y de su “revolución ciudadana”
“Mientras que el término «propaganda» ha adquirido en algunos casos una connotación sumamente negativa debido a los ejemplos de su uso más manipulador y chauvinista (p.e. la propaganda nazi para justificar el llamado «Holocausto» o la propaganda estadounidense para justificar la guerra contra Irak), el sentido original de la palabra era neutro y se refería a usos generalmente benignos o inofensivos, tales como las recomendaciones de salud pública o las mensajes que incentivan la participación política, entre muchos otros”.
La propaganda es tratada como una forma intencional y sistemática de persuasión, alienación, manipulación, tergiversación y desinformación con fines ideológicos, políticos. Sobre todo, los mensajes de la propaganda se diseñan para influir en las emociones, sentimientos y pasiones o en actitudes, opiniones y formas de pensar de los diversos sectores de la población. Atacar los sentimientos, pasiones y emociones es fundamental, utilizar las necesidades más sentidas e insatisfechas de la gente es vital, dosificar los mensajes de acuerdo a las necesidades es la técnica y el fin último es lograr adhesiones, si es posible, fanáticas de las masas o por lo menos de un sector amplio de ellas.
Los nazifascistas de Hitler y Mussolini ejecutaron la propaganda con mucha eficiencia. Los estadounidenses copiaron a los nazis y muchos de sus principios, teorías y técnicas los perfeccionaron. Los propagandistas ecuatorianos copiaron a los estadounidenses y a los nazis, y usaron y abusaron del poder, para desde el poder atosigar a las masas con una serie de mensajes que terminan por hacer de Correa un nuevo Mesías y un líder indiscutible. Bien se podría decir que el ecuatoriano común y corriente, el hombre-masa, es hoy un alienado político.
Richard Alan Nelson, en “A Chronology and Glossary of Propaganda in the United States, 1996, en su planteamiento decía que la propaganda consiste en utilizar una información presentada y difundida masivamente con la intención de apoyar una determinada opinión ideológica o política. Aunque el mensaje contenga información verdadera, es posible que sea incompleta, no contrastada y partidista, de forma que no presente un cuadro equilibrado de la opinión en cuestión, que es contemplada siempre en forma asimétrica, subjetiva y emocional. Su uso primario proviene del contexto político, refiriéndose generalmente a los esfuerzos patrocinados por gobiernos o partidos para convencer a las masas; secundariamente se alude a ella como publicidad de empresas privadas. Propaganda, difusión de ideas e información con el fin de inducir o intensificar actitudes y acciones específicas. Dado que la propaganda con frecuencia va acompañada de distorsiones de los hechos y de llamamientos a la pasión y a los prejuicios, a menudo es considerada como falsa o engañosa. Sin embargo, este punto de vista es relativo. A pesar de que algunos propagandistas pueden distorsionar los hechos de forma intencionada, otros los presentan de forma tan fiable como cualquier observador objetivo. El alegato de un abogado puede ser tan propagandístico como el anuncio de una valla publicitaria. Incluso la educación, cualquiera que sea su objetivo, podría ser considerada en último término como una forma de propaganda. La principal diferencia reside en la intención del propagandista al intentar convencer a una audiencia de que adopte la actitud o acción que él representa.
La propaganda puede ser difundida para o por personas, empresas, minorías étnicas, organizaciones religiosas o políticas y gobiernos a cualquier nivel. Miles de grupos con intereses específicos difunden propaganda: sociedades patrióticas, ligas antialcohol, comités de prevención de accidentes y de seguridad vial, asociaciones que promocionan la conservación del medio ambiente o que defienden los derechos de los animales, sindicatos y cámaras de comercio. Sea cual sea su objetivo, intenta la persuasión a través de los sentimientos o de la razón. El uso eficaz de los medios de comunicación es una herramienta fundamental en este sentido. El nivel de éxito de una acción propagandística está en relación directa con la dificultad que tengan aquéllos a los que va dirigida de acceder a una información alternativa”.
Los propagandistas de Correa saben que la propaganda sirve para crear, impulsar y mantener el apoyo cuasi incondicional al Presidente. Sirve para decir cualquier cosa menos la verdad, sirve para convencer a la gente común y mejor a la gente sin cultura política, sirve para hacer creer la verdad oficial como única e irrebatible; por eso la descalificación continua de sus opositores y críticos por medio de canales de televisión radiodifusoras que, además pretenden mantener la verdad oficial difundida con ventaja porque los ofendidos o señalados carecen del poder de réplica. Entonces se inclina la balanza y se logra una opinión pública favorable con la exposición de datos y opiniones nunca contrastadas y menos analizadas con el uso de la dialéctica. Se dice que se informa cuando en realidad se manipula la información sobre hechos y discursos. La información transmitida por el Gobierno “a menudo es presentada con una alta carga emocional, apelando comúnmente a la afectividad, en especial a sentimientos patrióticos, y apela a argumentos emocionales más que racionales”. Ejemplo: “La patria ya es de todos” o la descalificación continua de la partidocracia copada de “mediocres”
“La propaganda, cuando es utilizada de forma no ética, es en realidad un modo de desinformación y censura y usa la metodología de la retórica para convencer a los destinatarios de la misma. En el sentido político del término se desarrolló fundamentalmente en el siglo XX con la Sociología moderna y la consolidación de la sociedad de masas. El ministro de propaganda de Adolf Hitler, Joseph Goebbels, sociólogo, lo primero que hizo para llegar al poder fue apoderarse de los medios de comunicación de masas para adoctrinar al pueblo con propaganda política. La famosa frase de «Una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad» refleja ese modo de proceder” dice el autor arriba mencionado y añade:
La propaganda se inserta en el campo de la comunicación, un terreno que engloba diversas áreas de conocimiento que, por su naturaleza, pueden dar lugar a confusión. Por lo que respecta a la frontera entre publicidad comercial y política, la principal diferencia es el tipo de conducta que se propone modificar. En el caso del mercado, se pretende que el consumidor lleve a cabo un acto de consumo, mientras que en el ámbito político, se trata de que se adhiera a una ideología o creencia. Asimismo, los teóricos consideran que la publicidad política requiere una mayor complejidad, ya que tiene como objetivo alterar los principios organizativos de la sociedad cuyo arraigo los hace muy resistentes al cambio. Otra de las discrepancias es que la publicidad comercial se dirige al individuo, mientras que el público objetivo de la propaganda es el grupo social para identificar al ciudadano con los valores del conjunto. No obstante, en la actualidad la frontera entre ambos términos se vuelve difusa debido a la convergencia de intereses entre las grandes empresas y partidos políticos. Así podemos afirmar que existe una relación conflictiva que remite a la confrontación entre lo privado y lo público en las democracias contemporáneas.
Varios analistas ecuatorianos, al referirse a la propaganda oficial suelen referirse al “padre de la propaganda nazi Joseph Goebbels, responsable del Ministerio de Educación Popular y Propaganda, creado por Adolf Hitler a su llegada al poder en 1933. Goebbels había sido el director de la tarea comunicativa del Partido Nazi y el gran arquitecto del ascenso al poder. Una vez en el Gobierno y con las manos libres para monopolizar el aparato mediático estatal, Goebbels prohibió todas las publicaciones y medios de comunicación fuera de su control, y orquestó un sistema de consignas para ser transmitido mediante un poder centralizado del cine, la radio, el teatro, la literatura y la prensa. Era también el encargado de promocionar o hacer públicos los avisos del gobierno.
Usó mucho lo que hoy en día se conoce como el marketing social, ensalzando los sentimientos de orgullo, promoviendo muchos odios y en muchas ocasiones mintiendo y convenciendo de cosas muy alejadas de la realidad. Ante la necesidad de un fuerte respaldo económico Goebbels inauguró la ayuda de invierno de 1941, en ella se promovía la colaboración del pueblo y el descuento obligatorio del 10% de los sueldos. La ayuda de invierno fue un éxito y recaudó mucho. En esa temporada los chicos de las Juventudes Hitlerianas salían con huchas en mano a recaudar donaciones. Otra de las singularidades de este evento se observaba en algunos voluntarios como dibujantes rápidos hacían retratos por 2 marcos o más. También tuvo otra técnicas y métodos como el de hacer esperar al público alemán por las noticias en tiempos de victoria para crear un fuerte suspenso y hacer que cuando recibieran las buenas nuevas la alegría sea más duradera”.
Los teóricos de la propaganda se han nutrido de los conocimientos y técnicas de la Psicología Social, de la Antropología Social, la Sociología y la Antropología Cultural. De cada una de ellas han tomado lo que sea pertinente a sus fines y objetivos para manipular las conciencias y aprovecharse de la ignorancia de las masas Se enumeran a continuación una serie clásica de técnicas propagandísticas: Fabricación de falsos documentos, inspiración del miedo, testimonios, mentalidad «gregaria», redefinición de palabras o conceptos, buscar la desaprobación, generalizar o estereotipar, imprecisiones intencionales o mentiras por omisión, proyección, simplificación exagerada, slogans, cabeza de turco, trueques semánticos
Estos métodos fueron analizados en el Periodo de entreguerras por parte de los estadounidenses, en el «Instituto de análisis de la propaganda», (Institute for Propaganda Analysis) en inglés. Uno de sus miembros Clyde R. Miller se dio a conocer por los 7 trucos de propaganda política que son: Insulto y difamación del adversario, explotación de tópicos y lugares comunes, técnica del «transfer», referencia a la autoridad y el prestigio, ser modesto, ponerse en el lugar de los más desgraciados, técnica de la mentira, falsedad y calumnia, técnica que explota la frase «lo hacen todos».
Entre los estudiosos, en especial los sociólogos y psicólogos, que investigaron y produjeron estudios clásicos respecto la Propaganda Política y Ideológica están: Tchakhotine, Domenach, Albig, Ellul, J.A.C. Brown, Lasswell, F.C. Bartlett.
La analista ecuatoriana Consuelo Albornoz Tinajero en el diario Hoy al referirse a la propaganda de estos tiempos de la “revolución ciudadana” afirmaba: “La equiparación de la comunicación política con el mercadeo político es uno de los elementos que está minando la vida pública y las relaciones sociales. Ya no se trata de que los políticos se comuniquen, es decir dialoguen e interactúen con sus representados (los mandantes los dicen los amigos de la fraseología rimbombante), sino que los electores, vistos como consumidores, se decidan a "comprar" un producto político, es decir, un candidato.

Haber rebajado a los políticos a la condición de mercancías, por tanto objetos transables, atados a la lógica de la oferta y la demanda, es decir instalados en el sistema de compra y venta, es lo que estamos viendo en esta campaña electoral (mejor sería llamarla feria) que acaba de comenzar.
Con la lógica del mercado, pues mercadeo viene de esta palabra, mal vista por los economistas estatistas, los candidatos venden su imagen y pervierten el momento electoral. Lo que importa es ganar, a como dé lugar. Y si para lograr este propósito hay que ofrecer las ofertas en combo, bienvenido. O si hay que rebajar las mercancías y ponerlas a precio de saldos no adquiridos en la temporada pasada, está bien. Lo importante es vender: "mercadear" es el vocablo. Pues luego de adquirido el producto (entregado el voto, se podría traducir), no hay ninguna institución, estatal, pública o privada a la que los consumidores (electores en el caso que analizo) pudieran reclamar por haber sido engañados, estafados o recibido menos de lo que adquirieron; en otras palabras, si les metieron gato por liebre.
Con esta metodología, los comicios se transforman en baratillos o, en términos menos populares, en el "Gran Salón del Votante". Ya no son espacios de construcción de la democracia. Pero por qué menciono a la democracia. Porque uno de los puntales de la democracia son las elecciones, pero elecciones de candidatos que planteen propuestas, ideas, proyectos políticos. No únicamente eslóganes o jingles. O sea, algo distinto y que el mercadeo político no puede cumplir, ni medianamente.
Agravan las circunstancias que sea un organismo del Estado, el Consejo Nacional Electoral, el que preconice el deslumbramiento por el mercadeo político. Su metodología de asignar espacios de propaganda, de segundos, iguales al de los spots que contratan otros productos o marcas comerciales, es la estrategia que han establecido y que está destruyendo la política, pues las tales propagandas desinforman. Haber vuelto a los candidatos objetos comerciales es una de las realidades de la actualidad. "Celebración de la comercialización política" podría ser denominado este momento, muy al estilo de cómo suele titular sus microcrónicas Eduardo Galeano.
El ex presidente de la República Rodrigo Borja, en el diario El, Comercio de Quito decía: Fueron los fascistas los descubridores de los efectos hipnóticos de la propaganda política sobre la masa popular. Mussolini y Hitler desentrañaron los secretos y el influjo de esta herramienta política -usada como verdadero "lavado cerebral" sobre los pueblos- y la manejaron con impresionante destreza para detentar el poder con respaldo popular por largo tiempo.

El nazismo creó el Ministerio de Propaganda al servicio de su partido y de su gobierno, que fue dirigido desde 1933 por el genio maléfico Joseph Goebbels, cuyos principios de la acción propagandística en el ámbito político han sido copiados al pie de la letra por regímenes posteriores: adaptar la propaganda al nivel del menos inteligente de los individuos a los que va dirigida; inventar buenas noticias para desviar la atención sobre las malas; repetir incansablemente los temas propagandísticos -recordemos el cínico lema de Goebbels de que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad- y acompañarlos de la "orquestación" de sus secuaces; acallar los temas sobre los que se carece de argumentos; silenciar las noticias que favorecen al adversario; colocar a los enemigos en una sola categoría y adjudicarles todos los errores y defectos, incluidos los propios; responder el ataque con el ataque; magnificar las pequeñas amenazas para justificar las acciones represivas.

Con el progreso tecnológico la propaganda política pasó del formato escrito y de lenta y restringida difusión a la ubicuidad de la radio, a la transmisión audiovisual de la TV y después, con la revolución digital, a las imágenes proyectadas por internet y otros modernos software electrónicos al servicio de las comunicaciones de alcance planetario.

La publicidad fue inventada para vender mercancías, la propaganda política para "vender" ideas y personas, pero ambas coinciden en sus métodos. El consumidor y el elector, cada vez más parecidos, son el objeto de sus asechanzas. Las modernas empresas de promoción política fabrican candidatos y los venden como mercancías. Forjan artificialmente carismas y manufacturan imágenes para entregarlas al "mercado" político o electoral.

Las campañas eleccionarias difieren poco de las campañas publicitarias de las grandes empresas comerciales que colocan sus productos en el mercado. La técnica y los ardides promocionales son bien parecidos. Acuden al subconsciente -donde germinan las motivaciones profundas de los actos humanos- para modificar sutilmente la voluntad de las personas y condicionar su conducta. Dentro de los trucos electrónicos del "marketing" político hacen fortuna los "phrasemakers" -hacedores de frases-, los "wordsmith" -que interpolan pensamientos de los grandes personajes de la historia- y los "escritores fantasmas", que escriben los discursos que los políticos leen como suyos en el teleprompter”

El pueblo ecuatoriano está sometido a la propaganda difundida intensamente por el régimen. Sus efectos son: alienación, manipulación, tergiversación, desinformación. El resultado es la elevada popularidad de Correa que hará que sus protegidos alcancen alcaldías, prefecturas provinciales, concejalías y consejerías y hasta juntas parroquiales en las próximas elecciones convocadas por el CNE. Todo copa Correa, al mejor estilo de los gobiernos caudillistas retratados por Roa Bastos en el Yo, el Supremo, por Asturias en el Señor Presidente, por Vargas Losa en la Fiesta del Chivo, por García Márquez en el Otoño del Patriarca, por Pedro Jorge Vera en El Pueblo Soy Yo. Valdría decir : “Quo vadis Ecvuador?