LA LUCHA CONTRA EL FASCISMO EN VENEZUELA 



EL FASCISMO ES UN FENÓMENO QUE NO PUEDE PASAR DESAPERCIBIDO 



Por Oscar Rotundo
Barómetro Interhacional

Los episodios ocurridos después de las elecciones del 14 de abril constituyen un fenómeno que no puede pasar desapercibido a causa de la vorágine de acontecimientos encuadrados en la agenda que la oposición nos obliga a seguir.

Como podemos constatar, las acciones de calle de la oposición, que ya llevan el costo de 11 muertos y una cantidad de lesionados de consideración, no se han detenido. En muchos lugares del país han continuado las “cacerías y persecuciones” a figuras públicas identificadas con la revolución, sin que mediara ningún tipo de respeto o consideración por el derecho que tiene cualquier ciudadano a transitar libremente por el territorio de su país. A quienes no se les ha agredido físicamente, se les ha sometido a torturas psicológicas, incluso delante de menores, constituyendo este hecho, una violación flagrante a los más elementales derechos Humanos, que obviamente, no solo requieren de la intervención de los organismos judiciales, sino también de aquellas ONGs, que acusan al estado venezolano en el exterior, por la supuesta violación de los derechos humanos.

Es indudable que el germen del fascismo ha penetrado en algunos sectores de la población venezolana, y esta, no es una consideración menor.

Es por ello que nos abocaremos a tratar de reflexionar sobre este flagelo que ha llevado y lleva a las sociedades a su degradación y destrucción total.

El imperialismo se ha encargado de ridiculizar y subestimar al fascismo, mostrando, generalmente, su manifestación bélica, pero el fascismo es mucho más que lo que muestran las películas. Es mucho más que las figuras circenses de Hitler y Mussolini. Fundamentalmente es un aliado indispensable en las políticas imperialistas.

Antes de una intervención militar de EUA y sus compinches “en nombre de la Democracia, la Libertad y los Derechos Humanos” el germen del fascismo ha comenzado a horadar los valores esenciales que garantizan la convivencia en las sociedades democráticas que aspiran a su independencia, a la autodeterminación y a la justicia social.

Liquidar al oponente en la lucha de clases

Hay interpretaciones que llevan a pensar que el fascismo no considera a la sociedad dividida en clases, pero en realidad no es así. Detrás de su discurso falsamente patriótico e incluyente en el que expresan “todos somos….” Lo que existe es un profundo desprecio hacia quienes consideran inferiores a ellos y una admiración irracional hacia quienes caracterizan como superiores, generalmente por el acceso, de estos, a bienes materiales, más allá de cómo los hayan conseguidos.

Bien lo plantea Michel Foucault al referirse al fascismo como una actitud hacia el poder “…el fascismo. Y no solamente el fascismo histórico de Hitler y Mussolini- que tan bien supo movilizar y utilizar el deseo de las masas-, sino el fascismo que está en todos nosotros, que habita nuestras mentes y nuestras conductas cotidianas, el fascismo que nos hace amar el poder, desear esa cosa misma que nos domina y nos explota”, es el que se expresa en el anticomunismo fanático de la derecha venezolana.

Ese fascismo amante de la “aristocracia”, amante del conquistador, que se manifiesta xenófobos, egoístas, intolerantes, y que es esencialmente antidemocrático, penetra en nuestras sociedades como una enfermedad, que cada tanto aparece y que se retroalimenta, en muchos casos de reivindicaciones justas insatisfechas, que existen en el seno del pueblo, a causa de las deformaciones que la burocracia estatal le aplica a las políticas públicas.

La indolencia ante las necesidades populares, de muchos servidores públicos, la corrupción y la desidia e indiferencia ante el dolor de nuestros compatriotas, van formando ese caldo de cultivo que luego se expresa desde la amalgama que configura la ideología fascista.

En la lucha por el poder, el fascismo no se detiene hasta destruir a su enemigo de clases, el proletariado. Los trabajadores y sus intereses representan la concepción opuesta de lo que representa el fascismo.

A diferencia del pensamiento Marxista, que pondera al obrero como el eje fundamental de la sociedad por su rol en la producción y por el valor que le imprime a las cosas que produce mediante su trabajo, para el fascista, este, es el último eslabón en la estratificación social, así como lo era el indígena para el conquistador. El obrero “existe” para el patrón, en tanto él lo necesite y el valor que tiene su trabajo se manifiesta a través del salario que él le dé. De ahí que sea impensable que el fascismo tolere que un obrero lo dirija, o dirija los destinos de un país.

Esto no quiere decir que todos los patrones sean fascistas, pero en la lucha de clases, el fascismo siempre defiende los intereses de la clase patronal, la clase burguesa.

La xenofobia, el racismo y la intolerancia hacia el otro cultural o religioso, o hacia quien profesa una posición política diferente, son claras manifestaciones de fascismo, así no lo reconozca quien lo manifieste.

Una particularidad que reviste el fascismo es que esa xenofobia y racismo se manifiestan contra lo que provenga del mal llamado “Tercer Mundo”. Lo “demoníaco” se expresara en todo aquello que no sea Católico Apostólico Romano y lo atacable en el plano político será todo lo que hable de igualdad de derechos.

Otra característica de este, se encuentra en la profunda paranoia que lo sustenta, su visión de la realidad es apocalíptica, en tanto y en cuanto lo desafíe o signifique un cambio, representa un peligro para sí o para sus intereses, y por lo tanto “No hay mejor defensa que el ataque”.

Desprecia y agrede todo lo que lo coloque en igualdad de condiciones con sus semejantes. Es por ello que para el fascista resulta imposible convivir en una sociedad democrática. Lo que no puede controlar trata de destruirlo, y cuando solo no puede, convoca a otro más fuerte para que lo haga. Así ha sido históricamente, y hay incontables ejemplos que demuestran cómo las oligarquías fascistas han recurrido a fuerzas imperiales extranjeras para que hicieran el trabajo de exterminio cuando las fuerzas populares nativas las superaban.

Por eso no es casual que nuestra oposición fascista actúe como actúa, que recurra al exterior para pedir auxilio, propale el resentimiento xenofóbico, reniegue de las instituciones del estado, trate de dividir a las fuerzas armadas para llevarnos a una confrontación fratricida, y recurra a la mentira para manipular la opinión de la colectividad tratando de volcarla a su favor y en contra de sus propios intereses.

La violencia y la intolerancia que plantea desde sus discursos, son producto de su miedo, de su paranoia. El miedo es el origen de su violencia. Miedo a que a ellos les ocurra lo que ellos le hicieron a los demás, miedo a ser invisibilizados, miedo a desaparecer, miedo a la miseria, miedo a ser uno más.

Es por todo esto, que no basta con hacer referencia sobre la existencia del fascismo entre nosotros. Hay que actuar, teniendo en cuenta que mucha gente desde su disconformidad, confusión, desinformación o ignorancia puede sumarse desprevenidamente a esta oleada reaccionaria que en definitiva solo busca retrotraernos a un estado de sumisión.

El Partido Socialista Unido de Venezuela y las fuerzas progresistas y democráticas de la nación deben constituirse en un referente de la lucha antifascista y en una herramientas para la concientización teniendo en cuenta, que la acción de estos elementos de la burguesía, no solo se manifiesta en las calles, con güarimbas y la alteración del orden público, también se manifiesta en la lucha ideológica en el marco de la cooptación de adherentes, ¿o acaso los 800 mil votos que migraron de la revolución a la derecha no forman parte de esto?

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