NUEVOS DESAFÍOS PARA EL PUEBLO PARAGUAYO 



EL NUEVO PRESIDENTE PODRÍA INSTALAR UN RÉGIMEN AUTOCRÁTICO 



José Antonio Vera (ARGENPRESS)

Muchas enseñanzas, curiosidades y algunas sorpresas, han dejado las elecciones generales cumplidas en Paraguay, con un triunfo arrollador de Horacio Cartes, candidato del Partido Colorado pero no funcional al mismo, y cuya conducta independiente del viejo, burocrático y costoso aparato orgánico, es un factor nada pequeño que, en meses, podría desembocar en fuertes colisiones internas.

Varios elementos dejan presagiar que el flamante Presidente podría reinstalar un régimen autocrático, retornando en cierta forma, aunque con estilo moderno, a los métodos de su admirado General Alfredo Stroessner, desplazado por la corrupta jerarquía del Ejército en 1989, después de haberlo apuntalado durante 35 años, con el apoyo desembozado de Estados Unidos.

En esos puntos, ni tampoco en el ideológico, habría diferencias entre Cartes y la cacofónica y cavernaria máquina tradicional colorada, pero un elemento que probablemente estará muy presente en sus relaciones es que el virtual Jefe del Ejecutivo Nacional no es el patrón orgánico del Partido, a diferencia de todo el período anterior, de casi un siglo, aunque su peso jerárquico y financiero, sin dudas será resolutivo en el momento de las grandes decisiones.

Todo ello en términos de hipótesis, muy distinto al cuadro objetivo de victorias pírricas protagonizadas por el gran perdedor de estos sufragios, el Partido Liberal, que ha tenido a casi toda la población de espectadora ante su desastrosa y corrupta gestión de los últimos diez meses, desde su Golpe de Estado contra el gobierno democrático presidido por Fernando Lugo, pasando por el pacto electoral de un mes atrás con el Partido Unace, de extrema derecha, hasta llegar a esta final electoral que también podría interpretarse como el epílogo del plan iniciado el 22 de junio pasado.

En cualquier análisis frío, habría margen para concluir que la actual dirigencia liberal es sinónimo de obsolescencia. Alienada por su avaricia de poder, e incapaz de consultar y respetar la opinión de sus bases, convirtió su impericia e ineficiencia en involuntaria influencia para que más del 30 por ciento de los inscriptos, no pasara por las urnas.

Cierto es que esa abstención, de un millón 300 mil habilitados, 200 mil más que los votos a Cartes, no sólo es fruto de la traición liberal a su propio compromiso con la voluntad de cambios expresada por la mayoría de los paraguayos que, con su aporte de afiliados, eligieron a Lugo en abril del 2008. La derrota tiene otros parientes.

A esa resta de participación, se debe sumar otros tres elementos. 1) el pacto Liberal-Unace, fue repudiado en las urnas por afiliados de ambos partidos, 2) el luguismo fue sancionado por quienes se han sentido decepcionados por la tibieza de su política y, aunque su líder fue electo primer Senador del Frente Guasu, que pasó de dos a cinco curules en la Cámara Alta, su candidato presidencial sólo reunió poco más del 3.0 por ciento del electorado, y 3) sería un error pensar que el millón 100 mil votos que dieron el triunfo a Cartes, fueron para el Partido Colorado, sino que probablemente el mayor porcentaje, con claros signos de incredulidad, optó por ilusionarse un poco con la promesa del favorito de imprimir “Nuevos Rumbos” al país.

Las empresas encuestadoras, sin ningún control estatal, fueron otro factor que incidió fuertemente en la sicología de sectores del electorado, incluso estimuló a indecisos, cumpliendo a cabalidad su misión de manipular las voluntades a favor de Cartes, (incluso alguna cuyo dueño es afiliado liberal), al difundir las impresiones de boca de urnas desde las primeras horas del escrutinio, con el anuncio de que la ventaja era grande entre los dos postulantes con más chances.

A media mañana del domingo, el Vicepresidente del Tribunal Superior Electoral, Juan Manuel Morales, de la vieja satrapía colorada, fue más lejos, al convocar a la prensa para anunciar esa tendencia que, en su indecoroso juicio, “proseguirá así hasta el final de la jornada”. Ese pisoteo a reglas constitucionales, ratifica la vigencia en Paraguay del viejo matonaje estronista.

Hay una coincidencia general entre analistas, que Lugo graficó oportunamente en sus declaraciones de inmediato a difundirse los resultados finales, de que “el Partido Liberal perdió las elecciones el día que fracturó la institucionalidad”, hace 10 meses, aplicando un perverso libreto golpista, cuyos autores hay que buscarlos entre la oligarquía vernácula y sus guías intelectuales que operan desde embajadas extranjeras y las corporaciones financieras dueñas del agro-negocio y el extrativismo minero.

Comparando la participación ciudadana en las urnas, entre ésta elección y la del 2008, hay motivos suficientes para concluir que la dirigencia liberal fracasó en su estrategia desde que ocupó la Vicepresidencia con Lugo, debido a su desesperación por ocupar el primer puesto. Federico Franco, a los 15 días de asumir, dijo a compatriotas residentes en Nueva York que “por ahora está él”, palabras que ya presagiaban el plan golpista.

El quiebre institucional, tras un anormal juicio político, fue precedido en una semana por una masacre de veinte campesinos y siete policías, en un enfrentamiento montado para acusar a Lugo de mal cumplimiento de sus funciones. El escenario fue un campo ocupado ilegalmente desde hace décadas por la familia Riquelme, cuyo jefe fue Blas, Senador colorado durante años y uno de los personajes paraguayas más siniestro. Sin pruebas, permanecen en la cárcel desde entonces una docena de labriegos y otros cincuenta andan escondidos, acusados de delincuentes por el Ministerio Público.

Amigo y correligionario de Riquelme, Lino Oviedo, verticalista dogmático, supo construir, con demagogia y mucha trampa, una importante masa de adherentes, la tercera del país, codiciada por todas las otras fuerzas de la derecha, con las que el exGeneral estaba siempre en negociaciones sin llegar nunca a un acuerdo, debido a su incontrolable ambición de comandar todo, colisionando sucesivamente con el hambre de poder de los viejos aparatos de los partidos Colorado y Liberal.

Al no conseguir el puesto de presidenciable en todas las tentativas de alianza, Oviedo se resistió hasta último momento a confiar su electorado cautivo a otro emblema, en particular a su partido de origen, el Colorado, cuyo flamante Presidente ha sido indirectamente aludido, junto con ciertos barones del narcotráfico y alguna potencia extranjera (léase Estados Unidos), por la ratificada Diputada Fabiola Oviedo (hija), como principal autor intelectual de la explosión del helicóptero que terminó con la vida del líder, hace un mes.

El retorno del Partido Colorado a la conducción del Ejecutivo Nacional, y con ello la reafirmación de su posesión del poder, que nunca perdió a pesar de su derrota electoral del 20 de abril del 2008, que abrió la esperanza de acabar con seis décadas de absolutismo frente a la Alianza Patriótica para el Cambio, encabezada por Lugo, deja ver claramente que el atentado o accidente que hace un mes acabó con la vida de Oviedo, ha incidido fuertemente, por planificación o no, en los cambios últimos de la vida política paraguaya y quizás fue parte del plan aplicado desde el 22 de junio pasado.