DÉCIMO ANIVERSARIO DE LA INVASIÓN NORTEAMERICANA A IRAK  



DOS MANDATOS DE BUSH Y DOS DE OBAMA NO LOGRARON "MISIÓN CUMPLIDA" 




El 19 de marzo de 2003 George W. Bush ordenó el inicio de la invasión a Irak. Hoy, bajo la presidencia de Obama el grueso de las tropas se retiraron, pero ninguno de los dos pudo lograr la victoria. En Irak perdieron todos, comenzando por los iraquíes.
EMILIO MARÍN

El texano bruto, con su vice Dick Cheney y el ministro de Defensa Donald Rumsfeld fueron los principales responsables de esa guerra imperial a principios del siglo XXI. El secretario de Estado Colin Powell y los jefes militares también tuvieron mucha culpa en este drama del que se han cumplido diez años.
Esa responsabilidad también abarca a políticos y militares de otros países. El británico Tony Blair y el español José M. Aznar se reunieron con Bush en las Azores y bendijeron esa guerra. Se los llamó “el Trío de las Azores”.
Están bien los pequeños castigos, como el que informó Democracy Now:
“el sitio web Gawker publicó lo que dice que es la dirección privada de correo electrónico del ex Presidente George W. Bush. La información habría sido obtenida por un hacker, que dirigió ataques cibernéticos a una serie de figuras políticas. Gawker publicó la dirección bajo un titular que rezaba: 'Desee un feliz día de la guerra de Irak a George W. Bush: ésta es su dirección privada de correo electrónico'”.
Después de todo, esta invasión de la privacidad del ex presidente no es nada en comparación con la invasión que él ordenó. La población árabe fue impactada por bombardeos, misiles, proyectiles con uranio empobrecido y fósforo blanco, etc, por parte de un contingente de 170.000 soldados de decenas de países, aunque siempre bajo mayoría y liderazgo estadounidense.

Muertes de norteamericanos

¿Cuántas muertes se produjeron a raíz de esa guerra imperial? Vale la pena recalcar, injusta desde todo punto de vista, incluso en el argumento dado para comenzarla, de que Saddam Hussein contaba con armas de destrucción masiva y estaba vinculado con los atentados a las Torres Gemelas.
También los demócratas se sumaron a esa “preparación” de la opinión pública para justificar la invasión. La senadora Hillary Clinton, declaró el 10 de octubre de 2002: “los informes de inteligencia muestran que Hussein ha trabajado para reconstruir su química y existencias de armas biológicas, su capacidad de entrega de misiles y su programa nuclear. También ha prestado ayuda, consuelo y refugio a los terroristas, incluyendo a miembros de Al Qaeda”. Vendiendo este pescado podrido se intoxicó a buena parte del mercado de opinión norteamericana.
En esa década de guerra perdieron la vida casi 4.500 soldados de EE UU; republicanos y demócratas, con honrosas excepciones, son los responsables de ese derramamiento de sangre propia.

Un millón de muertos y Bush impune

Las autoridades estadounidenses -sobre todo Bush pero también sobre el final Obama-, son los culpables de tanta muerte de los iraquíes.
¿Cuántas personas murieron? Las agencias que sintonizan la onda del Departamento de Estado contabilizaron “sólo” 112.000 iraquíes. Se quedaron muy cortos, porque la revista británica The Lancet, especializada en salud, y varios periodistas, entre ellos Rupert Cornwell, cuantificaron entre un millón y 1.5 millón de civiles iraquíes los fallecidos en la guerra. Cornwell lo afirmó en nota publicada en Página/12 (“Discurso para la retirada”, 1/9/2010).

A quienes crean que semejantes denuncias no tienen asidero o son muy exageradas, se les recomienda la lectura de un artículo de Dennis Kucinich, congresista de EE UU y uno de los pocos que se opusieron a la guerra desde antes de su desencadenamiento. Al trazar el balance de diez años de estos debates, tomando de jalón el 2 de octubre de 2012, él lo tituló “Irak: diez años, millones de vidas y miles de millones de dólares más tarde”. Allí se refirió a estos números de bajas: “cuatro mil cuatrocientos, ochenta y ocho estadounidenses fueron asesinados. Más de 33.000 personas resultaron heridas. Nada menos que 1.000.000 civiles iraquíes inocentes fueron asesinados”.

El documentalista Michael Moore se quejó días atrás en un programa de la CNN: “en lo que a mí respecta, Bush es un criminal de guerra. No entiendo por qué él, Cheney, Wolfowitz, siguen caminando por la calle.

El hecho de que ninguno haya pagado por sus crímenes. ¿Por qué un estadounidense como George W. Bush enviaría a miles de estadounidenses a la muerte? ¿Por qué razón? ¿Y por qué no responde por eso?”.

Respuesta obvia. El imperio protege a los sus “son of a bitch”.

Mentiras y negocios

El 9 de marzo de 2011, Fidel Castro publicó una de sus Reflexiones cuyo título bien se puede parafrasear, aunque estaba destinada a desenmascarar la agresión que se imponía contra Libia. La bautizó “La OTAN, la guerra, la mentira y los negocios”.
En Irak, los Estados Unidos conformaron una coalición militar más amplia pero que tenía a la OTAN como espina dorsal, asentada en 505 bases militares a lo largo y ancho del país.
Fue una guerra de exterminio, como se demuestra simplemente con ver los resultados en muertos de los bandos: 1 millón de un lado y 4.488 soldados del otro. Un genocidio, justificado con el taparrabos de combatir la supuesta dictadura de Hussein.
Y que todo fue una gran mentira, quedó fuera de polémica cuando promediando 2003 las tropas invasoras pudieron controlar relativamente el territorio. Fueron capaces de hallar a Saddam escondido en un sótano pero no pudieron encontrar ni una sola arma de exterminio masivo, el gran pretexto de la invasión. Los inspectores de Naciones Unidas estaban haciendo su labor antes del 20 de marzo y no habían hallado nada, pero igual invadieron los marines. No había tal tipo de armas. Fue la demonización de un gobernante para poder ocupar Irak y masacrar a su gente, incluido el presidente, ahorcado tras una parodia de juicio.

Y detrás de la estela de humo, llanto, escombros y cuerpos mutilados que dejaba cada bombardeo, lo único que florecía entre el Tigris y el Eufrates eran los negocios de Halliburton, la compañía de servicios petroleros de Cheney. De lejos, las más favorecidas, como en toda guerra, fueron las del complejo militar-industrial. Según la prensa británica, citada por la agencia rusa RIA-Novosti (19/3) “militares, constructores y otros contratistas han ganado 138.000 millones de dólares en los últimos diez años en Irak”.

Varios cáncer

La guerra de Irak dejó varios tipos de cáncer.

Algunos, reales, en el cuerpo de los iraquíes que ya estaban vivos y se enfermaron, así como de nuevas generaciones que nacieron con malformaciones.
A Democracy Now hizo declaraciones el periodista de la cadena Al Jazeera, Dahr Jamail, que estuvo varias veces en Irak. En relación a los defectos de nacimiento registrados en ciudades iraquíes bombardeadas y su probable relación con el uranio empobrecido y el fósforo blanco empleado por los proyectiles de los invasores, Jamil declaró: “es extremadamente difícil probarlos, pero es una situación a la que todos debemos prestar atención. Lo que esto generó desde 2004 hasta hoy es un porcentaje de malformaciones congénitas registradas en Fallujah incluso mayor al porcentaje que hubo en las ciudades de japonesas de Hiroshima y Nagasaki tras las bombas atómicas a finales de la Segunda Guerra Mundial”.

El otro tipo de “cáncer” es el provocado a la economía del país invadido y a las finanzas del mismo invasor. La destrucción de la infraestructura social, viviendas, caminos, centrales eléctricas, escuelas, refinerías, etc, todavía perdura. La población carece de los servicios elementales. Además de esos aspectos estructurales debe computarse la desorganización social, con 2,7 millones de desplazados internos y 2 millones de refugiados en países limítrofes, según datos del Alto Comisionado de la ONU para Refugiados.

El despilfarro de fortunas afectó la economía norteamericana, aún beneficiando a determinadas ramas. El frente iraquí consumió 1 billón (millón de millones) de dólares, aunque Joseph Stiglitz ya en 2008 lo estimó en 3 billones. No hace falta ser economista para deducir que semejante gasto no sirvió para prevenir la crisis del capitalismo global detonada por la caída del Lehman Brothers en 2008, sino más bien para precipitarla.

¿Se fueron los militares norteamericanos de Irak tal como prometió Obama en su campaña de 2008? Sí y no. SÍ porque a fines de 2011 se retiraron las fuerzas de combate y quedaron unos pocos cientos o miles de efectivos en la Zona Verde de Bagdad, donde está su embajada. Y NO, porque sigue habiendo militares norteamericanos que entrenan a las fuerzas policiales del gobierno iraquí, además de haberse reforzado con 30.000 unidades el frente afgano, tener intromisión en la guerra en Siria y amenazar a Irán.

“Mientras que la mayoría de las tropas están en casa, EE UU mantienen una importante presencia en Irak a través del Departamento de Estado y sus miles de contratistas de seguridad privados”. No lo dijo el ahorcado en 2006, sino el citado congresista Dennis Kucinich en 2012.

Hasta 2003, sunnitas, chiítas y kurdos, connvivían, aún con problemas.

Desde entonces hasta hoy se matan entre sí. Un fracaso total: el Pentágono mató a Hussein, su ex aliado sunnita y hoy gobierna Bagdad un premier chiíta, Al Maliki, de buenas relaciones con Irán y Siria.


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Sergio Ortiz
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