NO FUE TAN FIERO EL LEON COMO LO PINTABAN 



MALDONADO ESCRIBIÓ "LO QUE NO SE HA DICHO" SOBRE TAURA 




Alberto Maldonado S.
Periodista – Ecuador

Falleció la Piedadcita (a los 97 años). Cariñosamente la llamábamos así, mientras jugábamos cuarenta con el esposo. El Mario Maldonado murió de un cáncer que le carcomía todo el cuerpo pero nada del corazón. Y eso que le dio un paro cardíaco total. Pero el doctor Fabarolo (argentino) que le vio cuando con su hermano Lionel (también médico) hicieron viaje a Buenos Aires, a ver qué tenía, le dijo que al Mario le había dado un infarto total; pero que la sangre que le salía como por un grifo, se coaguló e hizo de un tapón y evitó lo “inevitable” El Mario Maldonado (profesor, por más señas, primero del Montúfar y después del Benalcázar) vivió algunos años más y se murió de todo, menos del corazón.

Me acordé de aquellos porque el Mario primero y la Piedadcita después se fueron a lo que muchos deseaban que le pase al comandante Hugo Chávez; que se muera de una vez, lo que ocurrió el 5 de marzo/2013, en horas de la tarde. Y al ir a la misa del mes, me encontré con el John Maldonado, quien escribió “lo que no se ha dicho” de la Base de Taura, cerca a Guayaquil. El John Maldonado Herrera era el capitán de los Jaguar y de la Base de Taura cuando el León Febres Cordero, era Presidente del Ecuador. Recuerdan que en el bus que le sacaban a Guayaquil, el Presidente del Ecuador le repitió al cabo de la FAE, “zambo colorado” dónde más tengo que firmar. El mismo John fue el que escribió cuando pudo y le dejaron en la base Atahualpa (cerca de Machachi) escribió, lo repetimos, sobre el Gobierno de Febres Cordero, lo siguiente:
“Ante estas circunstancias solo se me fue haciendo obsesivo un pensamiento: Si Dios me ayuda a sobrevivir, denunciaría esta vergüenza, este nazismo febres corderista instaurado en el Ecuador y en las Fuerzas Armadas, donde se había montado estos aparatos de tortura”
En otras palabras, me acuerdo del John Maldonado Herrera (que no es pariente mío pero el padre Mario y la madre, la Piedadcita,, si paisanos) porque hago una comparación con los tiempos actuales (del Rafael Correa) y me digo y me ratifico: no hace falta repetir que no hay punto de comparación con lo pasado. El capitán John y otros comandos y aerotécnicos de la Base de Taura fueron sometidos, durante unos meses, a toda clase de torturas en el cuartel militar de Conocoto (sur-este de Quito) por haber salvado la vida y haberle garantizado la idem al Presidente León Febres Cordero Rivadeneira (1984-1988) Bien se ha dicho que no hay punto de comparación entre lo uno y lo otro; aun cuando la Abogada Romo y sus boys siguen diciendo que la separación de funciones es lo óptimo de una democracia, así a uno quieran reducirle a la nada por haberle salvado la vida.
Me explico; el John era el capitán de la FAE que manejaba esos aviones supersónicos de la época. Como tal era condueño de la Base de Taura, al que el Presidente Febres Cordero no podía ir porque los comandos y aeroténicos de la FAE no lo querían, mientras no libere de la cárcel (tenía una amnistía congresil) a su Jefe, el General de la FAE Frank Vargas Pazos, que días atrás había protagonizado una de las tantas con su compadre León Febres. En el Ecuador, decimos que “enojados los compadres se descubren la verdades” Y así fue como la compra del famoso avión Fokker, para los viajes a Loja (al sur del país) era lo menos recomendable y que se trataba de una componenda de dólares USA (una compra inapropiada) Esto lo denunció el general Vargas y por eso se armó, una grande. Y otros asuntos más; todos los cuales fue el ex compadre el que puso al remojo. Y por eso no podía ir a la Base de Taura, el Presidente de la República Febres Cordero.
Hay muchos y muchas ecuatorianas que recordarán lo que ocurrió allí, un viernes 16 de enero de 1987. Por este motivo, tanto el ex Vicepresidente Blasco Peñaherrera Padilla, escribió el libelo llamado “El Viernes Negro” y el señor ingeniero mecánico (escribió o le dieron escribiendo) el libro llamado “Autopsia de una Traición” mientras el capitan John escribía en el fuerte Atahualpa, el libro “lo que no se ha dicho” sobre Taura. He recordado los tres ahora que no tengo mucho que hacer ya que soy un honorable jubilado de la U. Central. Y encuentro que lo que en esos libros (o libelos) se dijeron era como para no volverse a saludar sino a puñetes. Del John no lo dudo; pero el Blasco y el Ingeniero León fueron buenos amigos hasta el día de su muerte (me refiero al ingeniero León porque el Blasco aún vive). Allá ellos.
A lo que voy, a un asunto por demás comprobado: que solo la derecha de cualquier país es lo que es, cuando le dan la oportunidad. No se ha sabido (tampoco se ha oído) que en estos tiempos hayamos asistido en este Ecuador, a esos tormentos. Lo peor del caso, que fueron irrogados en un cuartel militar cerca a nosotros, los que vivimos en Quito. Y por lo menos creo que el triunfo del Rafael Correa y de su “revolución ciudadana” es un consuelo. Imagínense lo que nos habría pasado a los y las ecuatorianas si triunfaba el CREO, con el señor Guillermo Lasso, a la cabeza. Ellos no olvidan las ofensas.
Traigo a colación lo que le ocurrió al John Maldonado Herrera no por nada sino para repetir lo que he dicho en muchas ocasiones: que la derecha de cualquier país es la que no olvida. Al John le quitaron y le sometieron a torturas, en un recinto militar y le quitaron su profesión (porque era un oficial de la FAE que esperaba) y con él a una centena de mecánicos y aeroténicos de la FAE, solo porque el ingeniero (¿qué en paz descanse?) se comprometió en el bus a no “ejercer acción penal alguna” contra los complotados de Taura. Y el capitán John Maldonado Herrera lo dice en su libelo “lo que no se ha dicho” (de Taura) como Anexo 1 que copia, tal cual fue emitida una sentencia contra él y contra los mecánicos y aeroténicos de la FAE, a 16 años de prisión, que el gobierno del doctor Radrigo Borja Cevallos (1988-1992) les levantó y les puso en libertad. Solo que el John tuvo que buscar acomodo, para salvar su vida y de su familia y sus hijos, en donde pudo. Ya que le quitaron la posibilidad de seguir llamándose de la Fuerza Armada del Ecuador.
No hemos visto nada igual, en estos 6 años de dominio del economista Correa. Al contrario; hemos asistido a un “clamor” porque algo ocurra; y no ocurre nada. Solo hay amenazas; y la pobre OEA y su famosa comisión sobre los Derechos Humanos (CIDH) no sabe qué hacer. Hace años que alguien (creo que fue Fidel Castro) que dijo que la OEA era el Ministerio de la guerra de los Estados Unidos. Y no se equivocó. Solo que ahora es lo que es. Por culpa de los chilenos y los mexicanos y los pocos que aún creen en ella. Ya el doctor Velasco Ibarra, que en nada se parece al economista Correa, lo dijo hace fuuu, que la Ooo..Eee…Aaa… y la SIP (se burlaba de ellas) eran lo que eran y no se parecían a nadie. Solo que en el Ecuador (los medios sipianos le llaman derrota) con lo que les hizo en Guayaquil, primero; y en Nueva York, después, les puso a pensar. El señor Insulza y sus muchachos y sus muchachas (se vieron algunas de ellas) deben estar con dolor de cabeza de tanto pensar. Lo que el Ecuador quiere (igual que Bolivia, que Venezuela y que Nicaragua) es que se paguen a las comisiones de la OEA los países que han firmado el Pacto de San José. Si los Estados Unidos hizo lo que hizo (igual que Kyoto) allá ellos. Lo que es nosotros nos conformamos con firmar. Firmamos lo que nos pongan adelante; y el Lucio firmó (y era timbre de orgullo) la carta de intención que le pusieron al frente y se declaró el mayor amigo del señor Bush hijo.
¿No fue así? Y basta de escribir. Lo que quiero decir es que se cuiden los países que no acompañaron a Ecuador, en esta tarea. Porque la derecha no olvida. Sino que le pregunten a los sobrevivientes de eso que se llamó la dictadura militar de la Argentina y al actual Papa, que se hace llamar Francisco, debe ser por la cantidad de bebes que se rifaron ya que a los padres, sin preguntarles nada, les botaron a las jóvenes mamás, de los aviones militares.
Dicen que salió humo blanco de la Vicentina (centro-norte de Quito) y que lo que querían decir, es que hay “tripas asadas” en cantidades. Dicen las malas lenguas que el nuevo Papa, siendo argentino, no debió llamarse Francisco sino firmar Jesucristo 2; por obvias razones. Vaya con los argentinos, que encima del Papa van a tener Reina propia, en los Países Bajos, mejor conocida como Holanda.