ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL PARADIGMA ABYA YALA 



UNA COSA ES EL SER Y OTRA EL SABER DEL SER 




El paradigma Abya Yala o de la vincularidad, está sustentado en una cosmovisión simbólica muy poco conocida, o como lo declaran algunos pensadores, desconocida; un desconocimiento que viene desde la misma conquista y que se mantiene hasta nuestros días; incluso lo es para los propios indígenas, quienes forman parte de esa racionalidad pero no la re-conocen, pues una cosa es el ser y otra el saber del ser.

La cosmovisión simbólica, que sustenta el mencionado paradigma, es plenamente vivencial, intensamente viva, en permanente construcción, se mantiene en un constante construirse y reconstruirse mediante la con-vivencialidad y ritualidad plenas; mantiene su propia forma de producción, intercambio y organización social, un corpus específico de conocimientos y técnicas comprendidas en el más amplio sentido de la palabra; tiene su propia racionalidad y axiología; así como su característica producción estética, ética (solidaridad) y elementos propios a las diversas culturas que la comparten (religión, idioma y territorio); conjunto de aspectos que en sus múltiples interrelaciones configuran este paradigma.

Esta racionalidad como plantea Josef Estermann tiene sus propios "mitos fundantes", diferentes desde luego al de otras racionalidades y en particular a la de occidente sostenida en el "logo centrismo". Esta racionalidad, concepto sobre el cual también hemos de debatir interculturalmente, no hace referencia a la "razón" en específico, por ello podemos hablar de racionalidades en plural, lo estamos usando como un concepto "trans-cultural y trans-epocal", pensado como " … un cierto 'modo de concebir la realidad', una 'manera característica de interpretar la experiencia vivencial', un 'modo englobante de entender los fenómenos', un 'esquema de pensar', una 'forma de conceptualizar nuestras vivencias', un 'modelo (paradigma) de (re) presentar el mundo'" (Estermann, Filosofía Andina; 1998).

El paradigma Abya Yala a diferencia de otros, cuya base de generación y de organización del conocimiento es totalmente fragmentaria y mutilante, es una racionalidad fundamentalmente relacional, solidaria y vivencial; el "mito fundante" es el de la relacionalidad vivencial, de la vincularidad simbólica y no el del orden.

El concepto de la vincularidad simbólica, hace referencia más a la interrelacionalidad que a holismo; a la perspectiva hologramática, en el sentido de la profunda relación entre las partes y el todo, no el todo como una nueva manera de reduccionismo.

Esto implica: reciprocidad, complementariedad, proporcionalidad y correspondencia. Si algo se asemeja al concepto de vincularidad en la cosmovisión occidental es el concepto de complejidad. La vincularidad se da en el marco de una cosmovisión de carácter múltiple, esto es en el seno de una unidad entendida como diversa, son los tejidos vivos que en conjunto, recíprocamente vinculados, se entretejen a sí mismos; es una percepción relacional en la cual todos los elementos están integrados, articulados, interconectados.

El arjé, el principio, es el vínculo, la relación que establece; el ser, el ethos es la vincularidad o, mejor aún, la vincularidad es el todo; se trata de una red de vínculos, articulaciones, relaciones, solidaridades, en un permanente en-redarse de un tejido relacional vivo, de una densidad relacional.

Por otro lado, este todo relacional es un todo explícito y concreto, implica diferentes formas extralógicas o, mejor, poli-lógicas diferentes (reciprocidad, complementariedad, proporcionalidad y correspondencia); el runa (ser humano), si no es vinculado, no existe, el ser es nudo de relaciones; la realidad misma es un entretejido de saberes y aconteceres interrelacionados; la vincularidad es la verdadera sustancia; todo es relación solidaria; la red de nexos y vínculos es vital.

La chakana, el puente cósmico articulador entre los diversos elementos de la unidad, es el vinculador, el interrelacionador de una compleja trama de interacciones entre las partes y el todo, que permite la existencia de las unas por medio de las otras; densa red de redes que se co-producen, que son co-constitutivas de la compleja trama de acontecimientos que en su conjunto definen la densidad, diversidad, textura, del paradigma Abya Yala.

La vincularidad se expresa en un cosmos vital, en un planeta vivo, en un runa fuertemente articulado a este ecosistema planetario vivo; muestra la perspectiva de interrelación, de solidaridad, de interconexión como principio vital.

El otro concepto clave de ésta racionalidad simbólica es el de runa, que hace referencia a la idea de individuo, de ser humano, de ser cósmico, de ser humano fuertemente arraigado en el tawantinsuyu. El runa, desde la racionalidad Abya Yala, como señala Estermann, no es logo céntrico, ni grafo céntrico, su manera predilecta de ser es la ritualidad, la sensibilidad, el baile, el arte, el culto, la festividad; es transceptual.

El concepto de runa va más allá del de sujeto, hace referencia a la comunidad, a la humanidad, a la tierra-patria como dice Edgar Morín, al mismo cosmos vivo. El sujeto Abya Ayala es un sujeto colectivo, comunitario; el sujeto es el runa anónimo y colectivo (sin derechos de autor), con una herencia vivencial milenaria; el pensador, el sabio, el amawta, cuando habla, reflexiona, plantea, no es sino el "portavoz", el "partero" de esa colectividad.

El individuo como tal "no es nada" sino es en la comunidad, el sujeto vinculado es la comunidad, la "red de nexos", esa es la fuerza vital, constructora de realidad. El runa es SER - ESTAR - HACER al mismo tiempo y su vivencia tiene lugar dentro de un universo vivo, en el cual no hay nada inerte; por eso el runa habla, corazona, espiritualiza, sacraliza, vibra, con la tierra, con el sol, las plantas, los animales, la luna, las piedras, el cosmos.

De esta manera, el planeta vivo, la Pachamama, es el símbolo vivo de la vincularidad presente, es parte del curso de la vida, del orden natural, del cosmos vivo y bio-ético. Este símbolo vivo presenta una fuerte relación parte-todo; individuo-comunidad; comunidad-mundo; mundo-cosmos. Se trata de una racionalidad que conoce la realidad vitalmente, no "representativamente".

El paradigma Abya Yala observa activa y correlacionadoramente con todos los sentidos: el tacto, el olfato, el oído, el gusto, la vista; cada uno de ellos, dependiendo del momento y las circunstancias propias de cada paisaje vivo, será privilegiado sabiamente; por eso es que el runa "escucha la tierra, el paisaje, el cielo", siente la realidad; es una racionalidad emocio-afectiva (corazona), el runa piensa con el corazón y comprende a la realidad como interrelación, como tejido en conjunto y no como fragmentos a ser reificados según una cierta lógica lineal.

Conocer algo desde la racionalidad vinculadora, significa realizarlo celebrativamente y simbólicamente; se trata de una comprensión espacio-temporal al unísono: las categorías temporales no son pasado, presente y futuro, sino antes y después, sostenidos por un espacio fuerte en el ahora, el "poder del aquí y ahora". Antes y después están co-presentes en un ahora, y en su conjunto o de manera individual, pueden estar arriba, aquí o abajo. El aquí y ahora es muy valorado por su fuerte vincularidad simbólica. Se plantea una noción de espacio-tiempo helicoidal, cíclico, por tanto lo que acaba da inicio a lo que comienza, se funde un antes en el futuro con un antes en el pasado. El futuro no es algo que viene y el pasado no es algo que se acumula detrás; en esa circularidad, es más bien el runa el que viene del futuro y va hacia el pasado. Lo bueno vivido (pasado) será el futuro que vendrá (mediante un pachakutic).

Desde esta racionalidad el tiempo-espacio es multidireccional; ñawpacha es un vocablo común para antes y después, el futuro está detrás y el pasado está delante. El pasado está presente en el tiempo actual de diferentes maneras (los antepasados siguen viviendo en la comunidad) y el después está detrás, es el paraíso perdido, la tierra sin males, y que está muy vivo. Es como si pasado, presente y futuro estuvieran muy pegaditos, muy articulados en el aquí y ahora, de ahí el poder del aquí y ahora y la posibilidad de co-habitar diversos mundos paralelos.

La idea de una unidad diversa, sustentada en una perspectiva múltiple, permite unas lecturas complejas, unas interrelaciones variadas, una riqueza inagotable en la base misma del paradigma Abya Yala. Se trata de tensiones vinculares y solidarias complejas, desplegadas e implicadas de las más diversas maneras. Múltiples ciclos, análogos pero no idénticos ni antitéticos, son repeticiones cíclicas transformativas. Y que en su dinámica crían y recrean la vida permanentemente.

Son necesarias las visibles respuestas epistémicas a tanto iluminismo mercantilista que inundan las querencias académicas. El somos se abre paso.

Respondemos. Jorge García y Ramiro Mantilla.