VIVEN SUPEREXPLOTACIÓN LAS MIGRANTES EN EU 



REPRESENTAN LA MITAD DE 12 MILLONES DE PERSONAS SIN PAPELES 




Claudia Ocaranza Abascal / CIMAC
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Las mujeres mexicanas inmigrantes en Estados Unidos se enfrentan a condiciones laborales de “superexplotación”, ya que están en empleos con jornadas de más de 10 horas y sin seguro médico, expuso Ana Alicia Peña López, economista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Las labores que realizan las mujeres migrantes de origen mexicano, que representan la mitad de los 12 millones de personas sin documentos de estancia legal en Estados Unidos, están relacionadas principalmente en 19.2 por ciento en la limpieza y el mantenimiento de inmuebles; 15.8 por ciento en la producción textil, y 14 por ciento en la preparación de comida y servicios relacionados.
Lo anterior según datos presentados por Peña López y la también investigadora Nashelly Ocampo Figueroa, durante el simposio Feminización de las migraciones y derechos humanos”, realizado el 12 de febrero en la UNAM.

La superexplotación consiste en el pago por debajo de la cantidad e intensidad de labores realizadas por las migrantes. Tal situación es común en el corredor agrícola industrial de la Costa Este, que incluye los estados de Luisiana, Florida, Nueva York y Ohio.
En ese corredor las mujeres, en su mayoría indígenas mixtecas que viajan en grupos con sus esposos e hijos, se dedican a la agricultura y pasan de un estado a otro y los contratistas se comunican con ellas para avisarles de trabajos nuevos en los estados, relató Peña López.
Para las mexicanas “la corrida”, como se le llama a este tipo de trabajo, de acuerdo con Ana Alicia Peña López y Nashelly Ocampo Figueroa, representa mayores ingresos, pero también mayor trabajo, vivir en autos por el constante movimiento de un estado a otro o rentar casas en condiciones precarias.
Para las madres significa dejar a sus hijas e hijos en guarderías públicas e incluso contratar a otras mujeres para que los cuiden y ellas puedan realizar jornadas completas.
Así, el gobierno de Estados Unidos juega un doble papel, en el que proporciona cuidados a hijas e hijos de las migrantes, pero promueve el trabajo flexible y subsidia a las empresas agrícolas para que sigan explotando la mano de obra mexicana, criticó Peña López, experta en estudios de migración desde un enfoque económico.
La vulnerabilidad de las migrantes mexicanas se incrementa en estos casos por ser indígenas y carecer de papeles de estancia legal.
Peña López también se refirió a las migrantes mexicanas que laboran como trabajadoras del hogar. Explicó que sus sueldos, según datos del año 2000, oscilaban entre 50 y 60 dólares (entre 600 y 700 pesos mexicanos) a la semana, o de 50 a 100 dólares (entre 600 y mil 270 pesos mexicanos) por el cuidado de niñas y niños.
Ellas tienen jornadas de 10 horas, pero aún así muchas mujeres doblan turnos y no cuentan con seguridad social.
Es necesario considerar derechos laborales para las mujeres migrantes, en políticas mexicanas y estadunidenses, pues aquellas que laboran bajo condiciones de superexplotación en los lugares de destino, lo hacen porque no encuentran trabajo en sus lugares de origen, demandó Ana Alicia Peña López.
Remesas benefician en su mayoría a mujeres
Mensualmente, miles de mujeres guatemaltecas cruzan la frontera norte de su país en busca de mejorar su nivel de vida. En México y Estados Unidos encuentran oportunidades de trabajo que son remuneradas y envían las remesas a sus familias en Guatemala.
Según la Encuesta sobre remesas 2010, publicada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y Unicef, se estima que 389 mil 35 mujeres, o sea 27.6 por ciento de la población guatemalteca residente en el exterior (un millón 409 mil 548 personas), envían remesas al país centroamericano.
Asimismo, el documento indica que 4 millones y medio de personas son beneficiarias de las remesas, de esa cifra el 56.6 por ciento corresponde a mujeres.
“Desde que mi cuñada nos envía la remesa las condiciones de la familia han cambiado”, comentó Elizabeth Cifuentes Maldonado, de 33 años y habitante de San Cristóbal Cucho, en el departamento de San Marcos. Cada mes, su familia recibe entre 50 y 200 dólares (entre 600 y 2 mil 500 pesos mexicanos).
Esta madre de dos hijas decidió capacitarse con parte de ese ingreso mensual. Después de 10 meses de estudios en la sede de San Marcos del Instituto Técnico de Capacitación y Productividad (Intecap), este mes de febrero recibió su diploma que la acredita como cultora de belleza.
“El tiempo de la capacitación fue un poquito difícil”, contó recordando sus jornadas de estudio de lunes a viernes. La cultora de belleza hoy tiene en mente poner un salón de belleza en su casa.
“Capitalizar al ser humano siempre va a ser rentable, pero si tengo solamente el dinero, es capital muerto”, dijo a Cimacnoticias Florinda Chavaloc de Rosales, directora del programa de becas para la educación y el desarrollo económico “Semillas”, financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), y coordinado con la Universidad de Georgetown en EU.
Chavaloc de Rosales es originaria del cantón Chiyax, en el occidental departamento de Totonicapán. “Cuando estaba en la escuela, yo dejé de estudiar porque ya no nos alcanzaba para pagar el estudio”, contó.
“Pero gané el concurso Rabín Ajaw en 1995 y con ese estipendio terminé mis estudios”, destacó. Logró ganar la beca, se graduó como administradora de pequeñas y medianas empresas y hoy es la directora del mencionado programa educativo.
“Mi vida dio un giro de 180 grados. Hoy trabajo para el programa de becas que me auspició”, explicó Chavaloc de Rosales. El programa de becas apoya a un promedio de 80 jóvenes entre 18 y 25 años anualmente, el 70 por ciento son mujeres.
Las y los jóvenes eligen carreras como tratamiento de aguas, piscicultura y tecnología del medio ambiente. Al finalizar sus estudios tienen el compromiso de regresar al país.
San Marcos y Huehuetenango están entre los departamentos con mayor cantidad de familiares en México y Estados Unidos: 497 mil 44 y 403 mil 890, respectivamente.
“La población de Huehuetenango tiene gran cantidad de personas que viven o tienen familiares en el extranjero. Primero fue por el conflicto armado, ahora por la situación económica”, explicó Saúl Hernández, gerente del Consejo Departamental de Desarrollo (Codede) de Huehuetenango.
Comentó que las mujeres huehuetecas que se quedan en el país, ya sea como esposas o madres, se han organizado y tienen representación en el Codede por medio de la Comisión Departamental de la Mujer (Codemujer).
“Fue por medio de esa comisión que en 2008 las mujeres solicitaron la construcción y equipamiento del Centro de Atención Integral de la Mujer (CAI-Mujer), del departamento de Huehuetenango y hoy ya es una realidad”, resaltó.
El representante huehueteco opinó que capacitar a las mujeres es una clave importante para el desarrollo de las comunidades y previene la migración. (Rubí López, corresponsal de CIMAC).