EL SUR DEL BRAVO, EN LA REFORMA MIGRATORIA 



SOLUCIÓN MIGRATORIA DEBE SER INTEGRAL 




Luis Beatón / Prensa Latina
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Cualquier solución migratoria en Estados Unidos debe tener en cuenta los problemas existentes en las naciones al sur del río Bravo si se quiere que sea integral y perdure en el tiempo, estiman comentaristas y expertos sobre el tema.
Variados factores inciden directamente en los esfuerzos para alcanzar un cambio de las leyes, entre ellos, consideraciones económicas y problemas demográficos, por citar algunos.
Si realmente queremos hacer frente a la migración no autorizada, necesitamos entender por qué existe en primer lugar, señaló recientemente en un artículo de opinión publicado en el diario The New York Times, Mae M. Ngai, profesora de historia y estudios asiático-estadunidenses en la Universidad de Columbia.
La causa más importante (del fracaso) es nuestro sistema de asignación de tarjetas de residencia o visas de residencia permanente, según el cual ningún país puede tener más de 7 por ciento del total cada año, agregó Ngai.
Con un límite máximo anual de 366 mil visas familiares y patrocinados por el empleador, el límite por país es 25 mil 620.
Bajo estas normas establecidas es fácil inmigrar desde Bélgica o Nueva Zelanda, por ejemplo, pero es larga la espera, a veces de décadas, para ciudadanos de China, India, México y Filipinas. Desde 1965 ha estado vigente esta norma, lo que sin duda impulsó a miles de personas a tomar el camino de la inmigración ilegal, en especial procedentes de México, país con más de la mitad de las personas que integran los cerca de 11 millones que viven en la sombra.
A principios de 1960, el senador Philip A. Hart, un demócrata de Michigan, recomendó trabajar en una política que eximiera a algunos países del Hemisferio Occidental de las restricciones de cuotas pero la sugerencia fue descartada por el actual sistema.
Pese a que el gobierno federal invirtió miles de millones (más de 187 mil millones en los últimos años) en el control de fronteras e impuso sanciones punitivas a los trabajadores indocumentados, y creció el sistema de detención de inmigración, la crisis aumentó.
Estos enfoques no sólo son inhumanos, sino también equivocados, ya que el mercado de trabajo, más que nada, determina la migración de flujos y reflujos, estiman expertos.
Algunos informes sostienen que los llamados Tratados de Libre Comercio con países del sur convirtieron la inmigración en una bomba de tiempo, pues no ayudaron al desarrollo de sus economías y por el contrario aumentaron la crisis en las empresas, en el campo.
Esto lógicamente aumentó el número de personas desempleadas y sin fuentes de sustento para sus familias, los cuales miraron hacia el norte, al mercado estadunidense, dependiente en gran medida de la mano de obra para la recogida de las cosechas, entre otras labores que no son del agrado de los propios trabajadores locales.
Situaciones como estas, hacen que hoy el logro de una reforma migratoria en Estados Unidos enfrente un camino escabroso pese a la existencia de un presunto bipartidismo a la hora de abordarla, estiman comentaristas políticos.
El debate en el Congreso y la aspiración del presidente Barack Obama de dejar como el gran legado de su gobierno una reforma integral de las leyes migratorias, será un ejercicio lleno de dificultades.
En su discurso en Las Vegas, Nevada, Obama no sólo instó al Congreso a aprobar una reforma amplia de inmigración sino que indicó que si no lo hacían, empujaría su propio proyecto, algo difícil de lograr sin el apoyo de los legisladores.
Está claro que si no logra la aprobación de una ley en este campo, su principal legado será la deportación de un millón 500 mil personas, según estimados oficiales.
Para políticos y expertos la solución migratoria en el país es sumamente complicada por la incidencia de asuntos internos como la seguridad en la frontera.
Grupos comunitarios y defensores de los derechos de los inmigrantes consideran que ese asunto debería ser abordado fuera del contexto de la reforma.
El presidente Obama dio un sentido de urgencia a que el tema se mueva en el Congreso. Más que dar detalles sobre un proyecto de ley, en el que miembros de su gobierno ya vienen trabajando, describió principios y enmarcó el problema en el contexto histórico y político.
No obstante, el mandatario aún enfrenta dudas de parte de grupos de activistas que consideran que su papel hasta ahora ha sido enfatizar el lado restrictivo y que aún no confían en que la reforma sea verdaderamente amplia y beneficiosa.
Algunos expertos sostienen que en Estados Unidos hay 2 millones de indocumentados que están con órdenes pendientes de deportación, los que no se beneficiarán del camino a la ciudadanía. Parte de estas inquietudes fueron abordadas por el gobernante en un encuentro sostenido en la Casa Blanca con delegados de sindicatos y empresas medianas a quienes pidió apoyo para nuevos proyectos legislativos relacionados con la inmigración ilegal y la comunidad hispana en Estados Unidos.
Obama también recibió en la Casa Blanca a representantes de corporativos industriales, con quienes analizó el impacto de los inmigrantes no autorizados en la expansión macroeconómica nacional.
El principal obstáculo del gobernante en el tema inmigración es la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, que se opone a la idea de la ciudadanía y considera esa variante como una virtual amnistía para los extranjeros ilegales.
Sin embargo, el presidente tendrán la oportunidad de intervenir y de liderar estos cambios como no lo hizo en su primer mandato y como trató de hacerlo, ya al final de su gobierno, el presidente George W. Bush en 2007.
La gestión gubernamental sería lo opuesto de lo que pasó con la reforma de Ronald Reagan en 1986, un presidente republicano y un Congreso demócrata aprobaron una amplia ley, aunque no resolvió el asunto a largo plazo.
En esta ocasión el presidente es un demócrata y la Cámara está en manos de una mayoría republicana, de la que al menos el 40 por ciento es reacia y probablemente votará que no irreflexivamente.
Pese a las dificultades, estudiosos aseguran que ahora Obama tiene un capital político y si lo invierte en una reforma migratoria, puede dejar un legado inmenso.
Por otro lado apuntan que los republicanos pueden, obligados por la circunstancias, ayudar en vez de entorpecer y recuperar algo de su imagen perdida ante la comunidad latina y con ello, una posibilidad de sobrevivir como fuerza política en el país con opción de retornar a la Casa Blanca.