EL PAPA QUE DIO ALAS AL FUNDAMENTALISMO 



ADUJO FALTA DE FUERZAS PARA SEGUIR ADELANTE 




FRANCISCO DELGADO
Presidente de Europa Laica

No ha sido habitual en los últimos siglos un abandono de esta naturaleza. Aduce “motivos de salud” y de “falta de fuerzas para seguir adelante”. Las ciudadanas y ciudadanos del mundo católico y no católico, de creyentes y no creyentes, no tenemos, en principio, por qué no creer sus razones. Aunque podamos suponer, o no, que haya otras cuestiones graves y ocultas, relacionadas con el poder, dentro de la propia curia vaticana, aunque por el momento sería sólo pura especulación.

El papado del octogenario Ratzinger, ha sido intenso y breve, a diferencia del anterior Juan Pablo II que duró más de un cuarto de siglo. Pero ambos han estado unidos por una similar ideología: procedían del centro de Europa, con un pasado presuntamente ligado, en mayor o menor grado, a las corrientes fascistas y nazis de la época. Pensamiento que posiblemente ha imprimido carácter a una iglesia oficial autocrática, opaca, sexista… que, además, ha tapado y, lo que es más grave, tratado de justificar a quienes, dentro de la iglesia, han cometido “crímenes” sexuales contra miles de menores en todo el mundo. Ya no digamos la forma de regir, opacamente, las cuentas vaticanas, las de sus Conferencias Episcopales y las de sus más de 2.800 diócesis, en todo el mundo, procedente de limosnas y donativos privados, pero en una parte importante de dinero público, con la complicidad de banqueros y de casi todos los Estados confesionales y menos confesionales.
Además, tanto el anterior Papa, como Ratzinger han “enterrado” los propósitos de cientos de miles de católicos que en los años sesenta soñaban con una iglesia abierta y actualizada, producto de algunos de los debates del Concilio Vaticano II. Sin embargo, han potenciado a los grupos más integristas y fundamentalistas de la iglesia, como los Neocatecumenos (o Kikos), Comunión y Liberación, legionarios, Opus, el Yunque… y otros grupos menores que operan, incluso como lobbys ante medios de comunicación, políticos, entidades financieras, etc.

La Jefatura del Estado y una amplia mayoría de políticos españoles rindieron pleitesía a Ratzinger en sus visitas a diversas ciudades españolas y al hacerlo se convirtieron, en parte, en cómplices de sus desatinos e ideología, marcada por un extremado fundamentalismo.

En muy pocos días, cuando pasen los análisis periodísticos de esta renuncia, se
especulará sobre en qué clérigo recaerá el futuro jefe de los católicos. Es evidente que habrá una fuerte lucha por el Poder. Pero posiblemente sea otro fundamentalista, aunque algo curtido en tareas diplomáticas. Previsiblemente será designado para no “mover casi nada” y seguir la misma trayectoria que sus antepasados: es decir tratar de imponer a todas las ciudadanas y ciudadanos del mundo, a través de gobiernos y parlamentos cómplices, sus ancestrales posiciones dogmáticas, además de “saquear” todo el dinero público que puedan para el Vaticano.

En España, entre otras medidas para avanzar hacia el Estado laico, ha llegado el momento de que el Parlamento en un ejercicio de “decoro político”, mandate al Gobierno para que se anulen los “Acuerdos con la Santa Sede” de 1979, que, en mi opinión y en la de otros muchos ciudadanos y ciudadanas, atentan contra principios democráticos básicos.


ANÁLISIS
Los movimientos ultracatólicos ganan la partida
Benedicto XVI se retira a la clausura antes de ser devorado por sus enemigos. Que sea el primer caso en 600 años dice mucho sobre el nivel moral con el que ha convivido
• El Papa anuncia su dimisión
Miguel Mora El País es 11 FEB 2013 - 16:06 CET118
El papado de Joseph Ratzinger pasará a la historia por sus intentos —tardíos pero sinceros— de limpiar la imagen de la Curia y de la Iglesia, mancillada por los miles de casos de abusos a menores ocurridos en los últimos 50 años en instituciones y colegios católicos de medio mundo, y por la sistemática tarea de ocultación que emprendió la jerarquía durante el reinado de su antecesor, Juan Pablo II. Es verdad que Ratzinger fue el brazo teológico de Wojtyla en la Congregación para la Doctrina de la Fe, pero mientras el Papa estuvo vivo la consigna fue tapar y proteger a las ovejas descarriadas, y sobre todos ellos al líder de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, elevado al altar de asesor principal de Wojtyla e inmune a toda condena pese a la tímida oposición de Benedicto XVI, que solo pudo poner orden cuando llegó al trono de San Pedro y que finalmente puso bajo tutela al movimiento entero.
El ortodoxo cardenal alemán de alma tridentina ha sido durante su mandato un Papa solo, intelectual, débil y arrepentido por los pecados, la suciedad y los delitos —él empleó estas dos palabras por primera vez— de la Iglesia, y rodeado de lobos ávidos de riqueza, poder e inmunidad. La Curia forjada en tiempos de Wojtyla era una reunión atrabiliaria de lo peor de cada diócesis, desde evasores fiscales hasta pederastas, pasando por contrarrevolucionarios latinoamericanos y por integristas de la peor especie. Esa Curia digna de El Padrino III siempre vio con malos ojos los intentos de Ratzinger de hacer una limpieza a fondo, mientras los movimientos más pujantes y rentables, como los Legionarios, el Opus Dei y Comunión y Liberación, torpedeaban a conciencia cualquier atisbo de regeneración
La Vaticalia eterna, esa espesa gelatina formada por cardenales y civiles que confunden los intereses de Italia y los del Vaticano y hacen negocios cruzados en los dos Estados mientras deciden las cosas importantes, se ha empleado a fondo en estos siete años para mantener sus privilegios e impedir al mismo tiempo la renovación de la Curia y la modernización de Italia, especialmente en dos sectores, las finanzas y la información, los imperios donde más poder e intereses tienen el Opus Dei y Comunión y Liberación, los movimientos ultracatólicos que más medraron, junto a los Legionarios, durante el largo papado de Wojtyla.
Así, los asuntos turbios y los escándalos han sido moneda corriente, y a vuela pluma se pueden citar varios que demuestran cómo el poder vaticaliano en la sombra, aliado de hierro de ese gran pecador llamado Silvio Berlusconi y dirigido y protegido por su mano diestra, el andreottiano Gianni Letta, ha desafiado de forma reiterada la autoridad y las invocaciones a la honradez del Papa. El falso papel que acusó de homosexualidad a Dino Boffo, director de Avvenire, para forzar su dimisión; los manejos que acabaron con el cese fulminante del presidente del banco vaticano, el Instituto para las Obras de Religión (IOR); el ascenso de Angelo Scola, único cardenal de Comunión y Liberación, al arzobispado de Milán para sustituir al progresista Tettamanzi y preparar el relevo de Ratzinger; el caso nunca aclarado del mayordomo, cabeza de turco de un más que probable espionaje sistemático al Papa; y el escándalo de la Protección Civil que salpicó a un gentilhombre y a media administración berlusconiana son solo algunos ejemplos de esa comunión de intereses entre la política italiana y la curia vaticana.
El papado de Ratzinger, en ese sentido, ha sido un rotundo fracaso: pese a las críticas, su honestidad intelectual es indiscutible, pero al final ha estado muy por encima de los resultados obtenidos. Los lobos han ganado la partida, pero su renuncia, meditada para evitar un segundo calvario en directo como el vivido con la interminable agonía de Wojtyla, sitúa a Joseph Ratzinger como un pastor derrotado y coherente que, harto de luchar, se retira a la clausura antes de ser devorado por los buitres. Que sea el primer caso en 600 años dice mucho sobre el nivel de la iniquidad con el que ha convivido. Que no se haya filtrado la noticia lo dice todo sobre su soledad.