RAFAEL CORREA GOBERNARÁ UNA DÉCADA AL “INGOBERNABLE” ECUADOR 



LA VICTORIA ELECTORAL FUE APABULLANTE. 



Rodrigo Santillán Peralbo.
"Dios les pague la victoria, que es de ustedes compañeros. A esta revolución no la para nadie. Solo estamos aquí para servirles a ustedes. Nada para nosotros, todo para ustedes, pueblo que se ha hecho digno de ser libre", expresaba el presidente reelecto Rafael Correa Delgado, en horas de la noche del 17 de febrero, ante una multitud que celebraba el triunfo que le otorgó un nuevo mandato -hasta el 2017- para completar una década en el poder del Ecuador del que se decía que era ingobernable, debido a que desde 1997 hasta 2006, siete presidentes ocuparon el Palacio de Carondelet.
La victoria electoral fue apabullante. Tras el recuento del 100% de los votos, el Consejo Nacional Electoral del país confirmó que Rafael Correa obtuvo el 56,7%; Guillermo Lasso el 23,3%; Lucio Gutiérrez 6.6%; Rodas 4%; Noboa 3.7%; Acosta 3.2%; Wray 1.3% y Zavala 1.2%.
Esos resultados confirmaron que al finalizar el proceso electoral no se produjeron sorpresas. La ciudadanía votó por la obra pública: carreteras, puentes, aeropuertos, mejoras en el acceso a la salud y educación, aumento del bono de la pobreza llamado “bono de desarrollo humano” que el gobierno entrega a cerca de dos millones de personas, más una propaganda extendida y manipuladora de conciencias con innegable uso del poder, sin olvidar el carisma personal de Correa que le dio otra ventaja frente a los demás siete candidatos que, en conjunto, no fueron reales contrincantes.

Con la reelección del presidente Correa, si alguien esperaba cuatro años más de lo mismo se equivocaba. Serán cuatro años turbulentos con mayorías capaces de forjar una revolución o un gobierno constitucional de su “regalada gana”. Con el control del poder de todo el aparato del Estado: Asamblea Nacional, Corte Nacional de Justicia, Corte Constitucional, Consejo Nacional Electoral, Tribunal Contencioso Electoral, Consejo de Participación Ciudadana, la inmensa mayoría de gobiernos seccionales: prefecturas, alcaldías, juntas parroquiales, si no cambia el sistema para servir al pueblo históricamente postergado y marginado, será otra década perdida.

Si antes se decía que el líder de las derechas, León Febres Cordera era el poderosos dueño del país, hoy se podría afirmar que Rafael Correa Delgado es más dueño y más poderoso que aquél. Si controla todas las funciones del Estado y más de una veintena de medios de comunicación social, parecería que llegó la hora de poner en marcha la construcción de un país diferente con justicia social, solidaridad, igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones, y pleno respeto de las libertades públicas y derechos humanos.

Ahora es el tiempo del cambio de época, pero de cambios en verdad revolucionarios y no de las reformas encaminadas a consolidar el Estado capitalista-burgués para beneficio de las clases dominantes y sectores privilegiados desde siempre.

Por lo pronto, el reelecto presidente Correa ya ha lanzado la propuesta de reforma constitucional que podría hacer de la garantista Constitución de Montecristi -que iba a durar 300 años-, una aplastante disminución de derechos. El recurso de protección o acción de amparo constitucional si recae en manos de jueces probos, está destinado a proteger los derechos de las personas, y repararlos cuando han sido violados. Limitar o trabar ese recurso será un retroceso inadmisible. Los asambleístas deberían pensar que es mejor que haya abuso del recurso de acción de amparo constitucional llamado de protección, antes de que desaparezca o quede en soletas y en calidad remedo o mamotreto impracticable.

La Asamblea Nacional dominada por Alianza Pais, en lugar de simples alza manos, requiere de hombres y mujeres pensantes y con la suficiente sabiduría para legislar y fiscalizar. De esta Asamblea dependerá el futuro de este Ecuador, de la profundización de la democracia o su desaparición. Esa es la responsabilidad social e histórica de cada asambleísta.

Para el periódico Opción Socialista que dirige Víctor Granda, el triunfo de Correa se debe, a que ofreció: “10 revoluciones”. Señala que “los resultados electorales del 17 de febrero consolidan al gobierno y liderazgo del Presidente Rafael Correa y si bien triunfa en una sola vuelta con el 57 % de los votos válidos, el apoyo mayoritario que recibe en las urnas se reduce a menos del 50 por ciento de los electores, si se toman en cuenta el ausentismo y los votos nulos y blancos. En su actual triunfo electoral inciden las políticas populistas del gobierno, algunos rasgos progresistas, su hábil y persistente sistema de comunicación y la utilización permanente y sin control de los recursos e infraestructura públicos.
En un tono menos agresivo, el Presidente en sus primeras palabras, insistió en su ataque a los grandes medios de comunicación privados, a la “partidocracia” y a los “tirapiedras”, condenó por anticipado a los 10 de Luluncoto y haciendo gala de su doble discurso saludó a la oposición “ideológica de derecha” que ahora supuestamente representa Laso y tuvo un tono más bien conciliatorio con sectores ¨decentes” no identificados de la política nacional y de la diversidad sexual e implícitamente, con expresiones que ojalá aseguren rectificaciones, insistió que su proyecto es colectivo, que su figura es transitoria y que esta oportunidad será aprovechada para realizar un cambio de verdad. Dijo dramáticamente: “o cambiamos ahora al país o no lo cambiamos más”.
En los seis años de ejercicio del poder, el gobierno, utilizando un lenguaje y referentes de izquierda, se olvidó de los postulados de fondo de la gran “Revolución” con la que se comprometió con el pueblo ecuatoriano y optó por la construcción, sin mayor control en su calidad y costo, de una gran obra pública nacional y adoptó algunas acciones internacionales progresistas y políticas redistributivas, sin afectar los intereses fundamentales del capital internacional - al que más bien le abrió las puertas con su orientación extractivista en la minería y con controvertidas negociaciones con monopolios de la telefonía móvil-, y mucho menos a las oligarquías locales y a nuevos ricos, los que, más allá del amague con sectores bancarios, han visto incrementar sus ganancias y utilidades como nunca antes en la historia nacional.
En este contexto, es importante el anuncio del régimen, repetido en varias ocasiones y reiterado ahora en el proceso electoral, de profundizar “la revolución ciudadana”. El programa de Gobierno para el 2013 – 2017 se compromete ahora a realizar 10 “revoluciones” y formula “35 propuestas” para construir el “socialismo del buen vivir”. Las propuestas son generales y ambiguas, pero abordan asuntos importantes para una moderada evolución de la sociedad ecuatoriana que de ninguna manera implican cambios radicales ni la transformación de las estructuras económicas y sociales vigentes, por lo que, con mayor precisión, deberían denominarse “reformas” y no “revoluciones”, dejando de devaluar el término como lamentablemente lo ha hecho.
Está por verse, en la próxima gestión y leyes del Presidente Correa, de qué manera práctica y atendiendo o afectando a cuáles intereses va a concretar las anunciadas reformas, particularmente las del sector agrario y del régimen de aguas. Si éstas recogen los derechos de los sectores sociales populares marginados merecerán nuestro apoyo, caso contrario, además de nuestra propuesta alternativa, estaremos en oposición y movilización permanentes”
Rafael Correa Delgado tiene todo a su favor para convertirse en el estadista que el Ecuador del siglo XXI requiere. Para ello podría superar sus tendencias autoritarias, su narcisismo político que le lleva a adoptar poses prepotentes, confrontaciones propias del “infantilismo político de izquierda” y una cierta megalomanía que comienza a inquietar a sus partidarios nada esbirros y opositores que suelen acusarle de rasgos autoritarios antidemocráticos, acaparador de todo el poder sin creer siquiera que el objetivo de su “Revolución Ciudadana” es comprometerse a luchar contra la terrible pobreza, inequidad e injusticia social en la que está inmersos el 60 % de los ecuatorianos.
Del presidente de los ecuatorianos se dice de todo: Por ejemplo que es un economista con astucia política y un agresivo discurso antiestadounidense que ha encandilado a sectores de la izquierda y a muchos nacionalistas, pero que también es un populista que no tiene reparos en utilizar el desfinanciado presupuesto estatal para, en apariencia o en realidad, incrementar el clientelismo electoral, inclusive con obras de relumbrón como las carretas o el gasto estatal en salud y educación en beneficio de los pobres en las periferias urbanas y zonas rurales.
Diego Delgado Jara, académico, intelectual, jurista destacado y ex candidato a la Presidencia de la República por el Socialismo Revolucionario expresa: “Resulta que, en un balance de las últimas décadas, cuando más extraordinariamente bien les ha ido a estos grupos económicos privilegiados, ha sido en el gobierno de Rafael Correa y la llamada “revolución ciudadana”. Sus vínculos visibles nacen desde cuando empezó la campaña electoral del 2006…
Y no es que se careciera de alternativas financieras desde las entidades públicas. Se podía haber actuado en estas actividades con el propio banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, el BIESS, Banco del Pacífico, de Fomento, de Desarrollo, y otras opciones. Pero precisamente no se incursionó en esa línea para evitar la competencia y proteger a toda costa los negocios privados ya instalados de estos muy poderosos grupos económicos. ¡Todo tiene su lógica y razón de ser!
El régimen de Rafael Correa ha fingido todo el tiempo ser de “izquierda” para, sorprendiendo a la gente crédula, recibir apoyo ciudadano, y, una vez instalado en la Presidencia, entregar el patrimonio social y nacional de la República a manos de las grandes corporaciones extranjeras. Por ejemplo, el negocio más lucrativo y seguro del país, la telefonía celular, entregó por quince años, desde el 2008 al 2025, a Portacelular o Claro, propiedad de América Móvil, posesión de Carlos Slim Helou, el hombre más rico del mundo, y a los accionistas de Movistar. Este negocio tuvo una rentabilidad de 2.900 millones de dólares en el año 2009 según información de uso público. Si no hubiese un teléfono más hasta el final de la concesión, y a ese promedio, en quince años obtendrán 43.500 millones de dólares los accionistas de la telefonía celular.
¡Estos 43.500 millones de dólares equivalen a 5,39 veces el total del atraco bancario de 1998 y 1999 calculado en 8.072 millones de dólares! Mucho mayor es el perjuicio que produjo Rafael Correa entregando la telefonía celular a favor de las multinacionales que el daño provocado en el régimen de Jamil Mahauad con el atraco bancario. Los 8.072 millones de dólares de este perjuicio lo determinó una Comisión del propio régimen conformada por el Econ. Eduardo Valencia Vásquez, presidente de la CFN, el Dr. Ramiro Larrea Santos, ex presidente de la Comisión Cívica de lucha contra la Corrupción –que la desapareció la “revolución ciudadana”-, y el obispo de Riobamba Victor Corral Mantilla. ¡Todo está documentado!
La entrega del petróleo y las minas sigue imparable mientras se miente todo el tiempo utilizando cadenas de radio y televisión para convencer a la ciudadanía que una supuesta “revolución” está en marcha.
Frente a esa falsa y supuesta “izquierda”, represiva y antipopular, se pretende presentar como alternativa otra fracción de los mismos pelucones (la derecha frontal), en un concurso para determinar quien sirve de manera más dócil y eficiente a las grandes corporaciones extranjeras. La derecha jamás se ha ido del poder en la República. Todo lo que un día anhelaron entregar, concesionar y privatizar políticos como Sixto Durán Ballén, Alberto Dahík Garzozi, Jaime Nebot Saadi, Jamil Mahauad Witt, o Gustavo Noboa Bejarano, lo ha hecho Rafael Correa disfrazado de “izquierdista”. ¡Los antes nombrados deben rascarse la cabeza de no haber pensado ellos en disfrazarse de “izquierda” mucho antes! ¡Habrían pasado a la historia como otros “revolucionarios”!
Una vez más el pueblo ecuatoriano asiste a este tongo y show entre distintas fracciones de los mismos pelucones que, con diferentes disfraces y discursos acaramelados, pretenden mantener el formidable y extremadamente lucrativo –para ellos- negocio de la dominación política, la más grande industria sin chimeneas para la plutocracia.
¿Qué hacer en esta coyuntura? Impulsar a los sectores indígenas, campesinos, afroecuatorianos, montubios, de trabajadores, maestros, estudiantes y sectores excluidos y perseguidos para que puedan de mejor manera defenderse frente a la política extractivista, destructora de la naturaleza, represiva, y de nociva apertura a las semillas y producción transgénica que se agazapa atrás del membrete de la falsa “revolución ciudadana”.
Las grandes corporaciones que dominan el mundo y están enfiladas a imponer un genocida Nuevo Orden Mundial –a cualquier costo y con cualquier método- anhelan profundizar la instalación en el República del Ecuador del modelo extractivista, de saqueo minero y petrolero, de agricultura orientada a los biocombustibles, a la depredación absoluta de nuestras materias primas aunque se destruya nuestra flora, fauna y agua. ¡Para ello disponen no de uno sino de varios Correas listos para cumplir la faena asignada!
Y para ello, como colocaron en el poder –sin ganar legítimamente las elecciones- a Carlos Salinas de Gortari, Felipe Calderón Hinojosa, o a Enrique Peña Nieto, en México, pretenden imponer y mantener un alfil obediente escondido tras una postiza retórica “izquierdista” que en caso alguno moleste en los hechos los voraces afanes e intereses de las corporaciones transnacionales, así como de la vieja y nueva fracción oligárquica o pelucona local, que participan de modo conjunto en la depredación nacional.
La estrategia de estas simulaciones políticas, ya probadas con “éxito” en otras partes del mundo, apunta a mantener en el poder a los alfiles de su entera confianza para que sigan entregando y concesionando los recursos naturales no renovables a favor de las grandes transnacionales. El saqueo lo consuman de cualquier manera: pueden invadir un país como Iraq, o, mucho más fácil, barato y expedito, instalando regímenes que obedezcan sus designios. Si para ello se disfrazan de “izquierdistas”, ¿cuál es el problema si finalmente obtienen lo que tanto anhelan?
Sólo en el campo minero del Ecuador tenemos que, sobre todo en oro, plata y cobre, en las 18 minas más grandes y ya seleccionadas por la “revolución ciudadana”, se calcula existen 185.400 millones de dólares, según la información del propio Ministerio de Recursos Naturales No Renovables (puede verse la publicación en El Comercio, lunes 5 de marzo del 2012, pág. 6).
¿Qué va a suceder si es elegido Correa u otro candidato de esa misma tendencia entreguista? Pues firmarán los convenios de explotación garantizándoles el uso del agua y de la electricidad que se generará con las centrales que se construyen con el mismo capital chino. Su disposición rotunda a esa explotación, como ya lo han advertido, no se detendrá ante nada, aunque se destruya en forma irreparable una parte maravillosa del país más megadiverso del mundo en función de su tamaño como es el Ecuador.
¡Esos 185.400 millones de dólares proclamados equivale a un millón de dólares diarios durante 508 años de saqueo a favor de la depredación de las multinacionales! Si un presidente de la República firmara los contratos de explotación en este año 2013, esa explotación, a un millón de dólares diarios, alcanzaría hasta el año 2.521. ¡Este ha sido uno de los temas centrales no debidamente abordados en la campaña electoral y no enrostrados como una de las fundamentales razones del ánimo reeleccionista del actual presidente! ¡Para la firma de esos contratos los ánimos para pelear la Presidencia estaban tan dispuestos como para hacerse del poder a dentellada limpia!”
Diego Delgado añade: “¿Qué les importa el destino de nuestra Patria, de su naturaleza y de las próximas generaciones, a los accionistas de la Tongling Nonferrous Matals, Ecuacorriente, Kinross-Aurelian Resourses, International Minerals Company, Iamgold, Cornestone, Monterra, Odin Minning, Lowell Mineral Exploration, o cualquier otra compañía apadrinada por la “revolución ciudadana”? ¡Estas grandes corporaciones devastadoras solo desean un régimen entreguista que los favorezca en su codicia insaciable! ¡Y a otros solo les interesa participar de la depredación nacional y sus migajas! ¡Qué triste momento y vía crucis para el pueblo ecuatoriano!
Si no existe destrucción de flora, fauna y agua, cabe preguntar ¿por qué el Ecuador no explota en forma directa tanta riqueza? Solo en el proyecto Fruta del Norte, en Yantzaza, provincia de Zamora Chinchipe, el principal ejecutivo de la Kinross-Aurelian Resources, Dominic Channer, reconoce que el Estado les ha entregado –con esa concesión- once millones de onzas de oro y catorce millones de onzas de plata, con un monto cercano a los veinte mil millones de dólares. (Ver entrevista en Expreso, del martes 19 de octubre del 2010, pág. 7). ¡No se puede alegar entonces que falta dinero o recursos!
Por elemental sentido común deberá medirse si incluso conviene la minería. El cianuro, mercurio, cadmio, arsénico, y otros elementos lo envenenan todo. En la región de Moquegua, en el Perú, la agricultura desapareció porque el agua se secó. La mayor pobreza de Bolivia está en las zonas mineras de Oruro y Potosí, al igual que en Cajamarca, en Perú. ¿Saben que la ciudad de Chuquicamata, en Chile, ya no existe por la contaminación? Los daños genéticos que derivan en las subsiguientes generaciones son terribles. ¿Cómo entender que ningún canal de televisión, ni de la “revolución ciudadana” ni los llamados “independientes”, hubiesen pasado jamás imágenes de los daños de la minería en Chile o Perú, por ejemplo? ¿Todos están concertados en empeños comunes? ¿Qué “patriotismo” es el que prefiere engordar los bolsillos de cientos de accionistas de las multinacionales antes que proteger la vida de una nación hermosa y digna de mejor suerte? ¡Que nadie diga que no se advirtió y que todos nos callamos ante este crimen contra nuestra amada Patria!” afirmaba Diego Delgado Jara.
Cabría destacar que el presidente Correa y la Revolución Ciudadana despiertan profundas polémicas y graves controversias en un permanente escenario confrontacional en el que participan, a veces sin ser invitados, los sectores de las derechas e izquierdas que no participan en el gobierno. Personas o grupos son atacados en las famosas sabatinas.
Suele decirse que sus “enfrentamientos con inversores de Wall Street y las empresas petroleras lo han ayudado a construir una imagen de un aguerrido populista que lucha contra las élites en nombre de los pobres. Para sus detractores, es un político autoritario e impulsivo que no tolera las opiniones diferentes y persigue a sus adversarios, mientras ataca tanto a la libertad de expresión como a la libre empresa” a la que sirve de la que se sirve.

Los opositores aseguran que “su éxito político se deriva de la gran expansión de los poderes presidenciales y del uso indiscriminado de las arcas del Gobierno, hinchadas por el alza de los precios del crudo, el aumento de los impuestos y los acuerdos de financiamiento con China”. Hay quienes querrían que el reelecto Presidente se convierta en líder no sólo del Ecuador sino latinoamericano, en la circunstancia de que el mandatario Hugo Chávez Frías, por efecto de su enfermedad, no pudiese seguir siendo el destacado líder de la región.

Tanto Chávez como Correa mantienen un radical discurso antiimperialista o antiestadounidense, pero Rafael Correa Delgado ha dicho enfática y reiteradamente que no le interesa el liderazgo regional porque suficiente tiene con los asuntos internos del Ecuador. Pero cabe recordar que, a nivel internacional, el reelecto Presidente causó rechazo, escozores y molestias a muchas potencias proyanquis cuando decidió conceder asilo a Julián Assange, periodista que en su momento representó el derecho a la información y el derecho a ejercer la libertad de expresión tantas veces vapuleados y manipulados a nivel nacional por detractores que celebran el discurso de Correa sobre la “prensa mediocre y corrupta” o “los sicarios de la tinta” y defensores dogmáticos y fanáticos de sus propios intereses, de esas libertades fundamentales.

Correa aparece con muchas debilidades: concentrador del poder, temperamento fuerte y hostil que hace temblar a sus servidores, arrogancia, prepotencia que le hace creer que es invencible e intocable, dueño de la verdad y de la historia, pero tiene innegables virtudes: clara inteligencia, indiscutido carisma, deseo de modernizar la república para salir del subdesarrollo, combatir la extrema pobreza con una mejor distribución de la riqueza que proviene de la renta petrolera, de los cultivos tropicales y de los recursos marítimos. Pero para sus propósitos siempre faltará dinero que piensa obtenerlo de la explotación de la minería a gran escala y de nuevos préstamos chinos.
Analistas nacionales e internacionales coinciden en afirmar que el “Ecuador es la octava economía de América Latina y, pese a no tener moneda propia, es pujante y se mantiene en crecimiento desde los últimos años. Sin embargo, distintos especialistas han alertado sobre los riesgos de que las finanzas del país estén atadas a los vaivenes del mercado internacionales.
Agregan que la producción del país se compone, principalmente, de dos sectores: la industria y la agricultura. El Producto Interno Bruto (PIB) es de 134 mil millones de dólares, mientras que el ingreso per cápita alcanza los US$ 8.800, de acuerdo con datos de The Cia Factbook.”
Correa ha triunfado inobjetablemente en el último proceso electoral al que he criticado con dureza en este mismo espacio. La votación obtenida consolida su imagen pública y política, su popularidad indiscutida, pero esa misma popularidad debería llevarle a meditar en aquel proverbio latino: “transit gloria mundi est” que es lo mismo que todas las glorias del mundo son pasajeras.

En política nada es definitivo. Las victorias de hoy pueden ser causa de las derrotas del mañana y de la derrota de la Izquierda Plurinacional puede surgir el nuevo pensamiento político de una nueva izquierda nacional unitaria, combativa, revolucionaria que, además, se convierta en la indispensable oposición a todo cuanto signifique retrocesos históricos en materia penal, libertades y derechos que estarían en peligro si se afianza la concentración del poder y si las reformas a la Constitución que propone Correa para aprovechar la amplia mayoría que tendrá en la Asamblea Nacional, no sólo modifique el derecho al recurso de protección sino también que modifique la Constitución para permitirle la reelección indefinida, conforme la amenaza anunciada, como la haría un padre caprichoso y autoritario, lleno de soberbia cual Júpiter tonante, desde la finita altura a la que ha ascendido llegó a decir: “Me iré en cuatro años, excepto si siguen molestando los mediocres de la partidocracia, me lanzo a la reelección”.
La actual Constitución de Montecristi, establece que ese será su último período y Correa, que asumió el poder en 2007, dijo que se opondría "a cambiar el sistema de reelección, que es muy razonable". Pero en la política ecuatoriana todo es posible y en las anunciadas reformas podría imponerse la mayoría no sólo para las "muy puntuales" como las que citó: la división de competencias en salud y educación entre municipios y Gobierno central, así como la figura de la "acción de protección", que faculta a un juez para parar una medida gubernamental por causa de una demanda ciudadana, lo que consideró "un absurdo". Dijo también que "hay que sacar el candado constitucional". Refiriéndose al tema de los transgénicos expresaba que podrían admitirse, cuando fuera tan cuestionado cuatro años atrás por la misma Alianza Pais que los rechazo constitucionalmente.
José Hernández, Subdirector de Expreso de Guayaquil decía: “La buena salud electoral de Correa se debe a virtudes suyas y, sobre todo, al vacío político que la oposición no ha logrado llenar. El presidente fue capaz de vender un imaginario lo suficientemente amplio para que muchas fuerzas sociales, progresistas, nacionalistas y de izquierda se creyeran representadas, y lo suficientemente etéreo para no sentirse ni comprometido con alguien ni rehén de nadie. Él es un pragmático que usa las consignas ideológicas según las necesidades”.
El Presidente del Ecuador, Rafael Correa Delgado tiene todo a su favor para convertirse en el gran estadista del siglo XXI o para hacer de su gobierno un autoritarismo constitucional de la peor especie.