NELA 



VERSOS EN HOMENAJE A NELA MARTÍNEZ ESPINOSA 



Escritos poco después de leer la noticia del deceso de Nela Martínez Espinosa. Estos versos quedaron entre los papeles inéditos. Hoy, en el centenario del natalicio de la gran revolucionaria comunista, los comparto rememorando su imperecedero legado.

César Albornoz

I

Rebelde se despertó un día
la joven Nela Martínez,
y partió como el Quijote
a enfrentarse con el mundo.

Puso norte así a su vida,
se fue a generar conciencia
entre excluidos del campo
y la urbana clase obrera.

A encontrarse fue en las luchas
de la reivindicación social
organizando mujeres
y por sus derechos pelear.

Valiente en todos los frentes,
siguió el ejemplo inmortal
de la Manuelita Sáenz,
mujer que quiso emular.

Usó con gran maestría
la pluma en novela y cuento
y de su mente brotaron
las más bellas poesías.

Seudónimos usó en la lucha
con nombres de otras guerreras:
Flora Tristán la francesa,
pero de sangre peruana,
Rosa Luxemburgo, la mártir
de todas las alemanas.

Antes de los treinta años
era ya una veterana
en mil batallas probada.
Lideresa en la Gloriosa
inolvidable jornada
de la cual salió electa
la primera diputada
en tierras ecuatorianas.

Más de seis décadas suman
su entrega y su sacrificio
para cambiar injusticias
que a las mujeres abruman
miles de años de dominio.

Contemplando hacia el Pichincha,
evocaba las batallas
de su larga y generosa vida,
enlazada con amores
al pueblo y compañeros ausentes.
Y quería quedarse mirando
al histórico volcán
para tenerlo presente
en el momento final.

II

Pero su Ecuador convirtieron en colonia,
le trocaron el Sucre por el dólar
despojándole a la patria de moneda.
Le infectaron con la bota de los yanquis
un puerto de la franja costanera.
Le corrompieron el aire de su tierra,
y entregaron los cobardes a la rapaz águila
la soberanía nacional sin dar pelea.

Luego arriaron todas las banderas
un coronel y las víboras que reptan
en Carondelet vestidas de librea,
para servir sin pudor y sin vergüenza
toda demanda que de Yanquilandia llega.

Le ensuciaron los caminos por donde anduvo
organizando a la mujer en costa y sierra,
enseñándole que con tesón y con entrega
es posible la equidad en esta tierra.

Y si soñó alguna vez morir tranquila,
contemplando al Pichincha eternamente
para llevarse grabado en su pupilas
ese coloso de la libertad primera,
prefirió encontrar la eternidad
en suelo libre, allá en La Habana,
matriz de la segunda independencia.

Quiso respirar un aire libertario
por el que luchó la vida entera,
quiso desprenderse del planeta
cobijada por Cuba y su bandera.

¡Allá va Nela Martínez la guerrera,
allá va esa mujer sabia, esa mujer buena,
dejando su ejemplo y sus batallas,
sus sueños y todas sus quimeras,
a los jóvenes de su tierra americana
para que luchen y la esperanza jamás muera!

César Albornoz
Quito, 31 jul / 2004.