DE “INTIFADAS”, DIGNIDADES Y SOBREVIVIENTES  



SE DEBE SUSTITUIR EL VOTO PROTESTA POR EL VOTO DIGNIDAD 



Escribe: Jorge Zabalza

Publicado en el Semanario Voces del Frente

El intercambio con Sirio López despertó algunas inquietudes. Dos compañeros enviaron sus opiniones: Julio Cazot es un viejo conocido que sobrevivió al Penal de Libertad y a otras yerbas; en cambio, a Hugo Bruschi lo conozco a partir de un mail en que sugirió sustituir la expresión “voto protesta” con la de “voto dignidad”, cuyo significado es más “proactivo” como decimos ahora los “politólogos”. Esta es una tentativa de responderles. Ha demorado, pero no por falta de interés, sino porque está finalizando el año escolar y se les complica la vida a Veronika y Juan y, en consecuencia, también a este servidor. Esos avatares de la vida normal nos impidieron estar físicamente, como hubiéramos querido, en los dos homenajes a los “cinco de Soca”. Viven en mi memoria sin embargo y escribo pensando en ellos y en los que recordamos los 22 de diciembre. Aprendó con Ernesto Cardenal, a pensar en mis muertos cuando escribo el editorial.

En la negociación con la patronal, los trabajadores de la bebida lograron un sustancial aumento de salario. Al gobierno, que debiera haber saludado el logro obrero, le entró el miedo... ¿y si los otros sindicatos obtienen aumentos parecidos y si las patronales los vuelcan en los precios?, ¿dónde irían a parar las metas fijadas con el Fondo Monetario? Ni lerdo ni perezoso el gobierno intervino a cara descubierta, e impidió que los trabajadores recuperaran parte de lo perdido de 1973 a esta parte. El episodio define y esclarece.

El título del culebrón debería ser “El señor López Mena hizo cerrar la empresa PLUNA para hacerse del monopolio del transporte aéreo en el Plata”. El escenario inicial sería el quincho del “Tuerto” Varela y luego las escenas continúan en ministerios, Banco República y restoranes, con actores de cuello blanco y “rolex” en la muñeca. Finaliza en la puerta de los juzgados penales. “El remordimiento” es la escena final donde el actor principal se pregunta : “¿porqué permití que me organizara la cuchipanda del Conrad en Punta del Este?, ¿saben ustedes los millones de dólares que han perdido por haber cerrado PLUNA? ¿porqué dije que cerrarla ahorraba dineros al Estado?”. Esta obra maestra de la manipulación también define y esclarece.

El rumbo impreso por los gobiernos “progresistas” es claro:

1) las cifras de la inversión directa demuestran que somos una “colonia productora de materias primas para abastecer las industrias de los países desarrollados”, papel que nos asignan las corporaciónes transnacionales y el gobierno acepta;

2) el Censo Agropecuario 2012 demuestra que en los últimos diez años se aceleró el proceso de concentración de la propiedad de la tierra y de expulsión de los pequeños productores, estamos frente a una contrareforma agraria en favor del latifundio,

3) se congelaron las proporciones en que se distribuye el ingreso nacional: la clase propietaria acrecenta cada día su parte, mientras el pueblo asalariado recibe un trozo muy pequeño de la torta. Otra forma injusta de distribuir es NO resolver los problemas edilicios y de gestión en la enseñanza pública, la atención de la salud por parte del Estado y la construcción de viviendas para quienes no tienen capacidad de ahorro.

4) el carácter policíaco-militar del último presupuesto nacional consagra al Uruguay como santuario del olvido y el perdón de los crímenes del terrorismo de Estado. Carácter acentuado con el avance en las relaciones peligrosas con el Pentágono, que incluye la discusión de “acuerdos estratégicos” (léase bases militares) y la permanencia de tropas uruguayas en Haití y el Congo.

Ese es el rumbo que indican los hechos reales. Las leyes sobre despenalización del aborto, matrimonio homosexual y Universidad Tecnológica no alcanzan para desviar de la recta el rumbo emprendido. Tampoco lo desvían las palabras volcadas a los trabajadores de la construcción o en el “desayuno de trabajo” que organizó el PITCNT. Apenas alcanzan para disimularlo. Cada cual es dueño de creer cualquiera de los varios discursos que manejan los más conspicuos “jefes” guerrilleros de los años ’60. De la misma manera, otros tenemos el derecho a persistir en la óptica rojinegra, analizar los hechos que se descubren por detrás de las palabras y mirar en perspectiva hacia dónde conducen.

La consciencia rezagada.

En Grecia y en España la crisis económica y social europea, ya es una crisis política que cuestiona los mecanismos de la democracia burguesa. La tónica está marcada por el pueblo en las calles y las plazas, fenómeno que también se reconoce en en movimiento de protesta del pueblo chileno. Estas primeras décadas del siglo XXI se caracterizan por la masificación de la consciencia crítica, multitudes insurrectas que llenan los espacios vacíos que dejan la socialdemocracia y otros sucedáneos.

De la misma manera que se aprendió a hacer la guerra de guerrillas de los vietnamitas y de los cubanos, es hora de aprender de las “intifadas”, de los pueblos en movimiento que buscan escapar al control del sistema y que son los ejércitos populares del futuro. Quienes pretendan sacarle punta a la teoría revolucionaria del siglo XXI, no tienen otro remedio que estudiar a fondo esa forma palestina de resistir la agresión del ejército más sofisticado del mundo.

En ella se esconden los secretos de la cuarta guerra mundial, la guerra civil que enfrentará al 99% con el 1% opresor. Los métodos que emplean en Palestina quizás sean una lección que pueden aprovechar los pueblos latinoamericanos que se propongan hacer la revolución en el siglo XXI.

Las circunstancias en Uruguay son muy diferentes a las que se viven en ambas orillas del Mediterráneo. Las mejoras en los salarios y en el monto de la asistencia social han sido suficientes para que el sistema obtenga el consentimiento político de los trabajadores y de los excluídos. Como están un poquito mejor que ayer consienten en ser oprimidos en forma pacífica. La consciencia política del movimiento popular uruguayo está muy rezagada con relación a la existente en el Mediterráneo y en algunos países latinoamericanos. El dominio que ejerce el ideario “progresista” aplasta la lucha social y la encierra en los espacios bajo control del sistema. Los ex-guerrilleros desempeñan un rol complementario al “reflejo de genuflexión” de los académicos que gobiernan la política económica, su contribución es fundamental en la creación del consentimiento. Su metamorfosis los ha convertido en la principal fuente de la alienación política, en el sostén político del esquema de dominación “a la uruguaya”. Con total ausencia de escrúpulos emplean la autoridad moral que les transfiere la historia anticapitalista de los tupamaros, para enredar a muy amplios sectores de pueblo con los sutiles hilvanes ideológicos que protegen al capitalismo. Lo curioso es que apenas se afiliaron a las ideas del capitalismo, el sistema emprendió su cuesta abajo en la rodada. Al otro día de ceder a los halagos del imperio, Irán y Corea sabotean la hegemonía de los EEUU y el repudio a sus intervenciones militares es universal. Si el oportunismo de mis ex-compañeros de lucha fuera realmente inteligente, deberían intentar el retorno al cuadro del anticapitalismo. Habilidad no les falta, por supuesto.

Por muy descorazonador y poco estimulante que parezca, el punto de partida del análisis es el camión de los rezagados. De nada valen los deseos de subirse al pelotón de los punteros. Por suerte queda el recurso de negarse a aceptar que la realidad actual sea eterna y encorvando la imaginación a puro coraje, es posible elevar el pensamiento hacia ese horizonte de “intifadas” que quizás aguarde a los revolucionarios en los próximos años. El desafío es cómo conectar esta triste realidad actual con ese futuro soñado; el desafío es buscar afanosamente como estimular al movimiento popular para que su estado de ánimo escape del pozo en que se encuentra. Imaginar un hipotético recorrido hacia el horizonte insurreccional que tal vez sobrevenga. Nuestro pueblo no es diferente en nada del pueblo chileno, del griego o del español, simplemente pasa por un estado subjetivo diferente, un estado que puede cambiar apenas los centros del capitalismo decidan descolgar las consecuencias de la crisis sobre los países productores de materias primas. Quizás en esas condiciones el pueblo uruguayo decida sacudirse de encima el peso del “progresismo”, de la misma manera que los griegos y los españoles están pasando el plumero a las telarañas ideológicas de la socialdemocracia. Quizás en ese entonces su consciencia se acople a las diversas formas de anticapitalismo que conmueven a los pueblos que rodean el Mediterráneo.

El desafío del “voto dignidad”.

A dos años de noviembre de 2014, la clase política y los medios masivos ya reflotaron el clima electoral, de nada vale quejarse, ése es su trabajo y su negocio. En Uruguay la democracia burguesa no ha sufrido todavía el golpe del “váyanse todos” o el de la abstención gigantesca de los chilenos y, por consiguiente, mantiene su efectividad y vigencia el jueguito de la mosqueta entre caudillos que “recambian” entre sí, haciendo promesas que saben no van a cumplir. Al no haber pelea en las calles, no se polariza el debate entre las clases sociales y cobra importancia la proximidad del día del voto, como único y muy reducido instante de participación política que se le permite a las mayorías populares. La dinámica de la demagogia electoral domina el espíritu del pueblo en el Uruguay, induciéndolo a confudir política con elecciones.

Aunque los espectadores de la vida política no lo perciban, el cotejo electoral es entre dos campañas publicitarias de un mismo producto, el proyecto que quiere vender la derecha tiene apenas microgramos de diferencias con el producto que fabrica el oficialismo y vende a su clientela. Los votantes del nuevo partido tradicional, el que desalojó a los otros dos del gobierno, están deslumbrados por el reingreso de Tabaré Vázquez como director de murga. Su juego parece un endiablado zigzagueo pero, sin embargo, su “línea” es de una coherencia llamativa: no firmó el plebiscito para anular la ley de caducidad y anunció que firmará para anular la ley que despenaliza el aborto. El tipo se ríe de la “participación popular” y hace lo que se le canta, con la total seguridad de que los aparatos partidarios aceptarán su chantaje y cederán ante las garantías de “ganador” que ofrece el gran líder. Después del 2014, cuando Tabaré se abrace y bese con Obama, el PCU y el MPP y el PS pondrán el grito en el cielo.

El objeto de nuestras preocupaciones es el espacio de los desencantados, de los que miran con escepticismo el vedetismo mediático Vázquez, de los que votaron a Mujica por creerlo capaz de dar un vuelco hacia a la izquierda y quedaron mirando al vacío con ojos asombrados, sin entender nada. En estas condiciones de coyuntura (reflujo en la lucha social, consentimiento que legitima el sistema y reingreso de Vázquez), el “voto dignidad” quizás sea el instrumento que mejor exprese desilusión, desengaño y bronca. Tal vez pueda ser una manera de decir “no nos llevan más del cabresto”, ¡basta de jueguitos semánticos, señores! Sin cólera, como dice Hugo Bruschi, pero con la fuerza de lo masivo, este grito de protesta y dignidad podría hacernos sentir que estamos vivos, que nos quedan suficientes restos de coraje para decir NO una vez más. Quizás se exprese así un primer y mínimo movimiento de escape del control político e ideológico, un pasito hacia la ruptura con el sistema. Uno desea fervientemente que el desengaño pueda transformarse en fuerza política consecuente con el campo popular

También se puede caminar a pasos más largos, con programas más profundos, pero en las actuales condiciones de reflujo, caminar con mucho apuro no expresa el sentir de la masa desengañada, sino los propósitos de grupos con exigencias ideológicas profundas. Votar en blanco, nulo o abstenerse, el voto de la dignidad, son modos de protesta adecuados a la desconfianza que tiña el desencanto. Es un camino entre varios posibles y, en consecuencia, pasible de errores, pero en la historia electoral del Uruguay existen varios ejemplos de “Voto Dignidad”: el NO del plebiscito en el ’80, el Voto Verde, el NO que salvó las empresas públicas de las privatizaciones (menos a PLUNA), el Voto Rosado por la anulación de la ley de impunidad... Vale la pena correr el riesgo de equivocarse.

El papel de los sobrevivientes.

Siempre es más sencillo decir “sí, acepto” y contraer matrimonio con la democracia burguesa... uno deja de ser el “asqueroso”, recibe abrazos y besos de quienes ya claudicaron, es muy gratificante... ¡hasta Hillary Clinton te aplaude! Sin embargo, la enorme mayoría de los sobrevivientes tupamaros dijo que NO a las tentaciones del poder. Julio Cazot calcula que un 95% del total sobreviviente se negó a comprar el verso. En un artículo que le hicieron semanas atrás, María Elia Topolansky coincidió con ese cálculo y sostuvo que los tupamaros que merodean en la burocracia estatal y partidaria son escasos en número. Por ahí otros compañeros proponen una nueva reorganización de los sobrevivientes. No le veo cabida en el contexto del análisis que vengo haciendo.

No quiero meterme en honduras, pero aquella tesis del “palito y la colmena” (marzo de 1985) que presidió la reorganización del MLN(T), llevo a adjudicar a los recién amnistiados rehenes el rol de imprescindibles, del “palito” sin el cual es imposible nada. Ese sentimiento político una relación de mucha dependencia de las veleidades y caprichos de los imprescindibles. Se resquebrajó el principio de igualdad entre las personas, principio que hace a la participación política en la sociedad por la cual luchamos. En ese sentido y según la experiencia vivida, parece poco conveniente reeditar roles tan proclives a desviarse hacia formas de autoritarismo interno. Uno ya no puede permitirse el error de convocar a compañeras y compañeros a conformar el embrión de un nuevo aparato partidario, cuyo destino en el mediano plazo sería subordinarse a los malhumores y debilidades de otro viejo caprichoso. Lo hicimos, sabemos como lo hacen y no queremos hacerlo nunca más.

Suscribo totalmente la frase de Julio Cazot “creo con total seguridad de que nuestro pueblo continùa valorando muy mucho nuestras luchas de entonces, pero que sólo depende de nosotros la posibilidad de rescatar algo de ellas”. Por ello mismo, los antiguos militantes tupamaros estamos en condiciones de aportar conocimientos y experiencias en el movimiento de bases, contribuyendo de distintas maneras a intensificar y profundizar las luchas sociales que puedan sobrevenir. Parece ser conveniente esperar el ascenso de las luchas sociales y su autorganización, para que surja de su propio desarrollo la necesidad de organizar a quienes tienen la intención de hacer la revolución. La organización de los sobrevivientes hoy día estaría en sintonía con el grado de consciencia anticapitalista que campea en el mundo, pero desprendida de la subjetividad actual de las mayorías populares en Uruguay. Quizás en ese adelantarse a los acontecimientos, organizando antes que cante el gallo, esté el gérmen de los aparatismo y militarismo que tan caros salieron en el pasado. Nos mantenemos al acecho entre la masa de los desengañados, indignados y alzados. Francamente no creo para nada necesario el esfuerzo de rejuntar nuevamente el disperso rebaño tupamaro, valoración que no impide seguir dando la batalla de ideas sin concesiones.