PELEA DE GALLOS 



PELEAS DE GALLOS POR AMBICIONES POLITIQUERAS 




ALFREDO VERA

Algunos extraviados pensarán que a falta de las corridas de toros, por culpa de CITOTUSA, buenas son las peleas de gallos por culpa de las ambiciones politiqueras.

Entre los gallos peleones, el señor Tituaña prefirió ser “cabeza de ratón que cola de león” y desertó del movimiento indígena, como quien dice: cambio el poncho por la guayabera.

Pero no alcanzó ni a estrenarla, porque moralmente los propios los descalificaron por ambicioso, al cambiar de nominación para pasar de probable asambleísta a seguro perdedor desde la vice, dejándolo sin pan ni pedazo.

Disputa que se repite en otra de las tiendas políticas, replicando lo que sucedía en la época de oro de la partidocracia, entre dos personajes que han venido agitando el panorama de las candidaturas: Solines y Montúfar, con acusación mutua de practicar el “camisetazo”.

Otra vez la polémica se desata por determinar en qué casillero se ubica cada uno, con la esperanza de ser el ganador, cuando las cifras de todas las encuestadoras delatan lo contrario.

Si las cifras espontáneas dan para presumir que las polémicas, lejos de ayudarlos lo que provocan es mayores dudas y desconfianza, la interrogante es obvia: ¿qué es lo que se pelean?

Aquí el paralelismo para constatar la capacidad de mentir o tergiversar la verdad, provocando la duda y el desconcierto sobre las noticias que tienen tufo a falsedad: igual que los empresarios de la feria taurina no tienen la entereza de decir la verdad de que suspenden las corridas de toros porque han disminuido las ventas de las entradas al coso taurino, mientras han subido el valor de las entradas, los practicantes de la política no se atreven a decir que es la ambición de figurar, mientras más alto mejor, en la contienda electoral lo que producen las desavenencias que permiten recordar las nefastas prácticas de la partidocracia.

Decir la verdad o admitirla es uno de los valores humanos que se debe recuperar en la cultura ciudadana, si queremos que la convivencia entre personas se dignifique para tener derecho al buen vivir.

Debe quedar en claro que esta práctica nociva en la noble acción política se gesta por la carencia de identidad ideológica y firmeza en los principios éticos que destruyen la personalidad de los individuos que incursionan en la vida pública.

El espectáculo resulta tan desalentador que conduce a jóvenes a "animalizar" la política en lugar de "humanizar la" y por eso llevar en Guayaquil a presentar un burro para candidatizarlo a la Asamblea, demostrando el menosprecio a la democracia.

Estos gallos que se disputan las ubicaciones electorales y se pelean a picotazos verbales, sin ser capaces de decir la verdad, hacen mucho daño a la credibilidad de los ciudadanos comunes y silvestres que son la mayoría.