LA ERA CHÁVEZ  



CAMBIOS PROFUNDOSEN POLÍTICA, ECONOMÍA Y SOCIEDAD  




Por CEPRID
Breno Altman, Jonatas Campos y Marina Terra
Opera Mundi/Adital
Traducido por Luciana Taddeo
I.- La era Chávez puso a Venezuela en el mapa del mundo
Cambios profundos en la política, en la economía y en la sociedad orientaron los focos de la política internacional A más de mil metros de altura, en la costa venezolana del Caribe, una ciudad brota del cero. Ocupa un área de 1,2 mil hectáreas, en el estado de Vargas, clavada entre Caracas, la capital, y el principal aeropuerto del país. El loteo fue planificado para ser uno de los grandes escaparates del gobierno de Hugo Chávez Frías, presidente de la República desde febrero de 1999.
El proyecto lleva el nombre de Ciudad Caribia. Bajo la responsabilidad de la Constructora del Alba Bolivariana, una empresa mixta cubano venezolana, la iniciativa ya alberga a casi siete mil personas en 1.100 apartamentos. Cuando esté conclusa, en 2018, será una urbanización con más de 20 mil unidades habitacionales, viviendas para 100 mil venezolanos.
Sólo personas muy pobres ya recibieron y seguirán recibiendo el derecho de propiedad de estos apartamentos de 72 metros cuadrados, distribuidos en tres habitaciones, dos baños, área de servicio, comedor, sala y cocina. Totalmente amoblados y equipados.
Pero no es solamente un conjunto habitacional. También tiene escuelas, parques de diversiones, guarderías, biblioteca, comisaría, radio comunitaria, club deportivo, centro comercial, áreas de reuniones y eventos. Automóviles no pueden circular en su interior. La movilidad será garantizada por un sistema de transporte público que prevé hasta un teleférico para llevar a sus moradores hacia la costa y la capital. El condominio público es dirigido por consejos comunales elegidos, que tienen poder, incluso, para crear empresas comerciales e industriales. Uno de los proyectos que ya está en práctica es la recolección de basura y su reciclaje. El funcionamiento obedece a un modelo de autogestión, que cuenta con el apoyo del gobierno nacional y deja a tras el tradicional verticalismo estatal.
El recorrido entre la autopista Caracas-La Guaira y Ciudad Caribia está tomado por obras y solo se transita en auto
"Escucho de mucha gente que Ciudad Caribia no existe, que es una mentira más del gobierno”, relata Carlos Marques, 45 años, del primer grupo de familias que llegaron, y vocero de uno de los cuatro consejos comunales. "Formamos parte de una experiencia. No soy chavista, de aquellos que acatan todo lo que dice el presidente, pero votaré por él en octubre. Él cambio mi vida.”
Esta sensación redentora, aparentemente generalizada entre los más pobres, tiene su contrapartida en el rechazo, a veces furioso, de los más pudientes. Cuando Chávez fue elegido por primera vez, se imaginaba que él sería un revolucionario en la política y un reformador suave de la economía. Parte de los empresarios llegaron incluso a apoyarlo, porque el sistema carcomido de la llamada IV República (1958-1999) se había vuelto una llaga insoportable. Tan corrupta, que hasta interfería en los negocios.
El mecanismo que imperaba era un duopolio del poder, compartido entre la Acción Democrática (AD), de centroizquierda, y el Comité de Organización Político Electoral Independiente (COPEI), socialcristiano, de centroderecha. Tras la caída del dictador Pérez Jiménez, en 1958, estas dos organizaciones hicieron un acuerdo (conocido como Pacto de Punto Fijo, nombre de la localidad en la cual fue firmado) y crearon reglas implacables para quienes quisieran aguar la fiesta. Durante cuarenta años, fueron los mandamases políticos.
Petróleo
En el caso venezolano, la rueda de la fortuna es girada por el petróleo. El país es el quinto mayor exportador y tiene las mayores reservas comprobadas. Hasta 1976, la explotación era privada y controlada principalmente por empresas estadounidenses. Los empresarios locales acumulaban riquezas como socios menores o prestadores de servicio de las grandes compañías.
En el reino del capitalismo predatorio, Venezuela usaba los dividendos del aceite de la piedra para importar casi todo lo que consumía y tenía un patrón bajísimo de desarrollo industrial y agrícola. Los que tenían acceso a los negocios con el oro negro vivían como jeques. La mayoría de la población, sin empleo fijo o renta estable, se amontonaba en las ciudades y vivía de trabajos precarios.
La elite política también se deleitaba en una cómoda posición. Los dos partidos, que se alternaban en el gobierno, vivían de gordas comisiones pagadas por las licencias de explotación y otras concesiones públicas. De arriba abajo, el país era enlazado por uno de los mayores ductos de coima del planeta.
El alza de los precios petroleros, a partir de la crisis mundial del 1973, inspiró el presidente Carlos Andrés Pérez, de la AD, a pasar esta actividad a la dirección estatal y a crear, en 1976, la PDVSA - Petróleos de Venezuela SA. Sin tocar los intereses multinacionales, ya que las actividades de refinaría y comercio internacional seguían en manos privadas, el nuevo paradigma alimentó el robo sistemático, mostrando un supuesto nacionalismo como coartada.
Las ganancias generadas por los hidrocarburos, gestionados directamente por los políticos del Punto Fijo, engordaron una plutocracia paraestatal beneficiada por contratos, de las más variadas naturalezas, con la PDVSA. Estos barones del petróleo fortalecieron sus posiciones como banqueros, controladores de cadenas televisivas, propietarios de compañías importadoras, entre otros rubros de bajo riesgo. El hecho es que el estancamiento político finalmente se fundió con los dueños del capital.
Durante los diez años de bonanza, algo de felicidad llegaba a las clases más bajas. Al fin, aún con sus bolsillos abarrotados, los políticos necesitan votos y esto demanda agradar a la clientela. La Venezuela petrolera era un país saudí, pero en un régimen de democracia electoral. Cuando la cotización del petróleo se derrumbó, a partir de los años 80, el modelo fue a la bancarrota. La inflación dio un salto del 7,4% anual en 1978 al 103% en 1996. Los intereses de la deuda pasaron a representar un 30% del presupuesto nacional. El PIB per cápita, sin considerar la inflación, cayó casi un 19% entre 1978 y 1998. En el mismo período, el sueldo real perdió el 48% de su valor, provocando una caída de un 25% del consumo familiar, mientras el desempleo saltó del 4,3% al 14,5%.
La ruina, sin embargo, no alcanzó a todos. El sector privado, que antes vivía cómodamente gracias a la escalada de la renta petrolera, pasó a compensar eventuales pérdidas con ganancias financieras obtenidas a través de los intereses que el Estado pasó a ofrecer para poner títulos de la deuda pública en el mercado. La prueba de esa hartura está en los más de US$ 30 mil millones de dólares enviados al exterior entre 1984 y 1998, cuando el país sucumbía.
La transferencia acelerada de recursos públicos a los grupos empresariales, en los gobiernos anteriores a Chávez, fue acompañada por una de las versiones más radicales del programa de ajustes recomendado por el FMI (Fondo Monetario Internacional): reajuste de tarifas de servicios públicos, corte de recursos destinados a los sectores sociales, privatización de empresas estatales.
El hecho es que, cuando el actual presidente comenzó su gestión, tenía frente a si un país quebrado económicamente y a la sociedad hundida. El diez por ciento de la población de entonces (23 millones) estaban incluidos en la patria del petróleo y las finanzas. El 90% restante veían su estándar de vida decaer, corroído por el desempleo, el ajuste salarial y la eliminación de derechos. La mayoría de esta gente dio a Chávez el aval para enterrar a la IV República e iniciar un impetuoso proceso de cambios.
Inicio
El primer paso del nuevo régimen, denominado V República a partir de la Constitución de 1999, fue hacer estallar el sistema político que había heredado. Amparado por la mayoría parlamentaria, los partidarios de Chávez pudieron adoptar una serie de mecanismos plebiscitarios y de participación política que detonaron en el control institucional antes ejercido por el bipartidismo. Las fuerzas derrotadas por el chavismo perdieron la hegemonía sobre la asamblea nacional, el poder judicial y las fuerzas armadas.
Las nuevas reglas del juego permitían que consultas vinculantes, a través de referéndums, fueran convocadas por el presidente, el parlamento o incluso por iniciativas populares que tuvieran un mínimo de apoyo. Mandatos legislativos o administrativos podrían ser revocados por voto popular. Leyes podrían ser aprobadas en detrimento del parlamento, si fuesen selladas en las urnas. Esta ofensiva política debilitó a los sectores más conservadores. A finales de 2001, Chávez se sintió fuerte como para poner en práctica sus primeras reformas estructurales en la economía. Las principales fueron la Ley de Tierras (que fijó los parámetros de la reforma agraria) y de Hidrocarburos (que aumentó impuestos a las compañías privadas y el control gubernamental sobre la actividad petrolera).
La reacción de la oposición y de los grandes grupos económicos fue inmediata, convocando a las calles la clase media e incitando a los militares a que se rebelaran contra el gobierno. Aprovechándose de su amplio dominio sobre los medios de comunicación, estos círculos crearon un clima de caos y se lanzaron en la empresa del golpe de Estado, en abril de 2002. La aventura duró menos de 48 horas. Militares legalistas, impulsados por centenares de miles que se manifestaban en las calles, restituyeron a Chávez su mandato constitucional.
Nuevo intento vendría a ocurrir a fines de 2002, entonces a través de un paro patronal que paralizaría la economía del país, centrada en la PDVSA, que en este entonces aún era controlada por directores y gerentes que se rehusaban a obedecer al gobierno. Nuevamente el presidente venció la pulseada, tras una batalla de 60 días. En la secuencia del golpe de abril, pudo desbaratar los grupos adversarios dentro de las fuerzas armadas. Derrotada la paralización petrolera, Chávez finalmente logro poner a la estatal bajo su comando, aunque a costas de la demisión de 32 mil funcionarios que habían adherido al paro patronal.
La oposición aún tuvo energía para convocar, en 2004, un referéndum revocatorio para la destitución del presidente por la vía constitucional. En la Venezuela de Chávez, calificado de déspota por sus enemigos, la firma de un 20% de los electores puede llevar a un plebiscito para derrocar al Jefe de Estado. A pesar de haber podido obtener esta adhesión mínima, los opositores fueron derrotados en la consulta popular. El presidente mantuvo su mandato y fue reelegido en 2006, con más de un 60% de los votos.
Prueba para Chávez
Esta gestión se termina en enero de 2013. Será la tercera del líder bolivariano (la primera duró solamente un año y medio, entre 1999-2000, finalizada tras la promulgación de la nueva Constitución). Después de cinco años en los cuales su principal preocupación fue llevar a cabo una revolución política que alejara las viejas élites del poder y derrotara sus intentos anticonstitucionales, Chávez dedicó los últimos seis años a la construcción de un nuevo proyecto económico social, que en octubre será juzgado en las urnas.
El presidente abrió distintos frentes. Su primera invención fueron las misiones sociales, destinadas a combatir especialmente las carencias en la salud y en la educación. A la vez, aceleró un amplio proceso de nacionalizaciones, empezando por el rubro petrolero, pero alcanzando también otras áreas estratégicas como el sistema financiero, el siderúrgico y las comunicaciones, pero a veces interviniendo en segmentos menos importantes como la distribución a minorista y servicios. Parte de la ganancia de PDVSA, más el aumento de los impuestos y de la deuda pública fueron destinados a pagar la adquisición de esas compañías.
La estrategia chavista, desde 2006 bautizada de "socialismo del siglo XXI”, tiene como centro un Estado fuerte, proveedor de derechos y regulador de la economía, con expresiva participación directa en la propiedad de los medios de producción.
La eliminación de los capitalistas, como ocurrió en otras experiencias socialistas, no está en el horizonte. Sus oponentes, a propósito, suelen criticarlo por haber creado una "boliburguesía”, empresarios ligados al gobierno y al proyecto bolivariano. De todas formas, no hay dudas de que, al nadar en contra de la corriente de las ideas liberales triunfantes tras el colapso de la Unión Soviética, Chávez despertó la atención mundial a su país.
Este protagonismo es actualmente más movido por la polarización político ideológica contra los Estados Unidos y demás potencias occidentales, además de los conflictos con la oposición interna. Defensor de la integración latinoamericana y de una geopolítica sin el predominio de la Casa Blanca, el presidente venezolano se transformó en un importante actor del escenario internacional. La reciente filiación de su país al Mercosur, celebrada el 31 de julio, resalta ese protagonismo.
Pero la Venezuela de Chávez merece ser investigada más allá de la batalla de ideas. Los resultados de estos casi 14 años no son despreciables. A pesar de los problemas, como las dificultades para diversificar la industria y la alta criminalidad en las grandes ciudades, el país realizó hechos notables. No es poco haber sido declarada como nación libre del analfabetismo por la UNESCO. O ser el país sudamericano con la mejor distribución de la renta, según la Cepal y medido según el índice Gini. O presentar el mayor sueldo mínimo de la región, como relevan dados de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). O celebrar el más acelerado nivel de crecimiento del IDH (Índice de Desarrollo Humano) del continente en los últimos diez años, hecho informado en el reciente informe de las Naciones Unidas. La patria fundada por Simón Bolívar pasó a verter más que petróleo. Sus experiencias y cambios, se guste o no, son temas relevantes para quienes quieran discutir con seriedad los desafíos contemporáneos.
II.- Misiones reorganizan servicios públicos y enfrentan a la pobreza A pesar de reconocer que el programa es eficaz y obtuvo logros, opositores denuncian "manipulación política”
A medida que el coche se aleja del centro de Caracas por la autopista que lleva hacia la ciudad de La Guaira, en cuestión de minutos, el paisaje se transforma. Si antes los edificios y carteles de publicidad eran abundantes, ahora son las construcciones humildes aglomeradas en Catia, área metropolitana de la capital, lo que llama la atención. Justamente en este mar de casas amontonadas unas sobre otras, hechas de material ligero, sobresale un edificio rojo y Blanco, con aspecto y olor a nuevo. "Me mudé hace sólo 15 días”, cuenta Suyin Morales, al abrir la puerta del ascensor. "Bien venidos al A4-03”, dice sonriente, al entrar a su departamento, uno de los 40 de esa construcción hecha con fondos de la Gran Misión Vivienda, programa de viviendas del gobierno de Venezuela lanzado en 2011. Se trata de un espacio de 70 metros cuadrados, divididos en sala, cocina americana, dos habitaciones y un baño. "Todos los muebles fueron entregados por las autoridades”, afirma Suyin, que antes de llegar allá era una persona en situación de calle. "Perdí todo en una inundación, incluso mi casa. Terminé en un albergue con mi marido, hijas y nietos. Éramos ocho en aquel agujero”, recuerda.
Fueron dos largos años hasta que fue llamada por el Ministerio de Vivienda y Hábitat. Suyin pudo obtener su casa, pero según cálculos del gobierno, hay un déficit habitacional de alrededor de 2,7 millones de viviendas. Son 3.742.226 jefes de hogar inscritos en el registro – un 73,6% necesitan nuevas casas. "Fue la primera vez que un gobierno dio casas a la gente, sin costos. Antes, no se ayudaba a los más pobres”, dice Suyin.
De acuerdo a datos del gobierno, de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) y otras organizaciones internacionales, de 1984 a 1995 la población pobre de Venezuela aumentó del 36% al 66% y la cantidad de personas en condición de pobreza extrema se triplicó: de un 11% pasó a un 36%. Además de eso, entre 1981 y 1997, la participación de los pobres en la renta del país disminuyó del 19,1% al 14,7% mientras la de los más ricos subió del 21,8% al 32,8%. En 1998, el 70% de la población no tenía acceso a servicios de salud o no estaban cubiertas por ningún sistema de otorgamiento de renta. La mayoría de los adolescentes y jóvenes no se encontraba en el sistema educativo. Frente a este panorama, las misiones son creadas en un contexto de profunda crisis social.
Según la magíster en Historia de la UFF (Universidad Federal Fluminense), Mariana Bruce, en su tesis acerca de las misiones, estos programas se estructuran "a partir de la preocupación en combinar reformas sociales con la acción organizada de las clases populares”. Para ella, fue así que "mas allá de un programa asistencial, éste fue pensado como uno de los principales instrumentos responsables por la construcción de un nuevo modelo social y económico”.
Financiadas con dinero público, las misiones surgen en un momento de conflicto político agudo. Con el gobierno aún abalado por el golpe de abril de 2002 y la paralización patronal de diciembre de este mismo año, las transformaciones sociales de impacto tardaban y los venezolanos estaban insatisfechos. Buscando reorganizar y consolidar su base política y electoral, el presidente Hugo Chávez apostó a las misiones. En una charla con Fidel Castro, el líder venezolano pidió apoyo para su plan. "Le dije: ‘mira, tengo esta idea, atacar por debajo con toda la fuerza’. Y me dijo: ‘Si algo sé yo es de eso, cuenta con todo mi apoyo’. Y empezaron a llegar los médicos por centenares, un puente aéreo, aviones van y aviones vienen”, relató Chávez, en noviembre de 2004.
Las misiones
La misión Barrio Adentro, cuya génesis es mencionada en la conversación entre Chávez y Fidel, se inauguró la era de las misiones en Venezuela. No obstante, la cooperación entre Venezuela y Cuba y el real origen de la misión de salud remonta a 1999, cuando voluntarios cubanos fueron al país en carácter humanitario tras un desastre natural que afectó a diez Estados. Se había sembrado la primera misión. Al principio, los médicos cubanos se quedaban hospedados en casas de familia. Con el desarrollo del proyecto, fueron construidas al interior de las localidades más necesitadas de Venezuela pequeñas casas, de dos pisos. Allá, los cubanos prestaban servicio de salud primaria, como exámenes y vacunación, con la intención de prevenir el desarrollo de enfermedades y descongestionar los pasillos de los hospitales. Hasta el 17 de abril de este año, cuando la misión Barrio Adentro completó nueve años, fueron realizadas más de 500 mil consultas médicas gratuitas, según el gobierno. Con la ampliación del programa, más de ocho mil médicos venezolanos se formaron en la UBV (Universidad Bolivariana de Venezuela).
Las misiones obtuvieron resultados significativos también en la Educación. La Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declaró a Venezuela como territorio libre del analfabetismo en 2006, tres años después del comienzo de la misión Robinson, programa que enseñó a 1,6 millones de venezolanos a leer y escribir. Esta misión también contó con el apoyo del gobierno cubano, que ofreció profesores, tecnologías y el propio método de alfabetización "Yo sí, puedo”.
La misión Robinson fue seguida por la misión Robinson II, que pretendía dar continuidad a los estudios, llegando hasta el sexto grado. En 2003 también fue lanzada la misión Ribas, dedicada a los venezolanos secundarios. Por fin, fue construida la misión Sucre, cerrando el ciclo completo con el acceso a la enseñanza superior, culminando en la creación de la UBV.
Más recientes son las misiones Amor Mayor y Hijos de Venezuela – la primera orientada a ancianos y la segunda, de otorgamiento de pensiones a adolescentes embarazadas, hijos menores de 17 años en situación de pobreza y personas con discapacidad, sin límite de edad. El gobierno pretende ayudar a 1.500.543 venezolanos que nunca pudieron pagar los aranceles de la seguridad social al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS). Según el gobierno, 216.492 ancianos ya fueron beneficiados por la medida, pasando a recibir mensualmente un sueldo mínimo (cerca de 400 dólares). Treinta mil participantes de la segunda misión pasaron a recibir entre 430 (100 dólares) y 600 bolívares (140 dólares) cada mes.
Críticas
El éxito de las misiones es uno de los pilares de la popularidad del presidente Hugo Chávez. En tal medida, que incluso la oposición, antes ferviente crítica de la iniciativa, ahora resalta que las misiones serán mantenidas si ganan las elecciones. No obstante, los opositores rechazan aspectos del programa. "Las misiones deberían ser un compromiso con la transformación social, pero pasaron a ser un instrumento de la revolución chavista, del socialismo”, se queja Leopoldo López, ex intendente de Chacao y miembro del partido Voluntad Popular. "Es necesario gobernar para todos los venezolanos, incluyendo a los sectores más ricos, y no solamente para un segmento de la población”.
El coro opositor es respaldado por voces de especialistas. Los investigadores venezolanos Yolanda D’Elia y Luis Francisco Cabezas, del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales, opinan que "las misiones dejaron de ser un dispositivo para enfrentar las adversidades políticas y económicas, y se volvieron un mecanismo de control político y social para avanzar en los propósitos de la revolución”. Para ellos, este cambio creó un obstáculo para la profundización y la propia institucionalización del proyecto, lo que se refleja en la calidad y la cantidad de las misiones.
Pero en donde los adversarios encuentran problemas, el gobierno ve avances. "Las misiones fueron la forma de romper con el mecanismo de un Estado burocrático, vertical y distante del pueblo”, afirma Aristóbulo Istúriz, vicepresidente de la Asamblea Nacional y del PSUV. "No se trata solamente de aplicar política social, sino de ayudar a la auto organización de las personas y transformar sus comunidades en espacios de poder y participación”.
III.- Inseguridad es la preocupación central para la mayoría de los venezolanos
Un estudio indica, sin embargo, que la percepción de la violencia es mayor que el crecimiento del número de víctimas
El niño aguarda con ansiedad antes de empezar a hacer su declaración. Mira con curiosidad la cámara, toma aliento y espera que el sonido de las bocinas del barrio 23 de Enero – uno de los más poblados y pobres de Caracas – le dejen hablar. "¿Filma?, bueno, me llamo Andrés López, tengo 15 años y la única cosa que me gustaría cambiar en Venezuela es el miedo a la violencia”, dice. "Si sales a la calle, serás robado, secuestrado, y es lo que oigo cada día de mi madre. Es un ambiente de terror.”
A pesar de la expresiva disminución de la desigualdad social desde la llegada de Hugo Chávez al poder, la inseguridad sigue siendo un tema protagónico – el 61% de los venezolanos lo apuntan como el más importante, según el centro chileno de estadísticas Latinobarómetro. Además, es el principal argumento de la oposición en contra del presidente. Si por un lado algunos creen que hubo un aumento de la inseguridad tras la elección del líder venezolano, otros indican que ésta siempre fue preocupante.
"Hay grupos de moradores protegiendo sus distritos, pero de modo equivocado, con pistolas y armas”, complementa Andrés, en referencia a las milicias armadas que rondan por los distritos de Caracas. "Terminan por difundir el terror. No hay paz en Venezuela.” De hecho, Venezuela es uno de los países más violentos del mundo, con una tasa de 49 homicidios por cada 100 mil habitantes, según el gobierno y el UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito).
"Podemos ver que, entre los diez países con las más altas tasas de homicidio en el mundo, ocho son latinoamericanos, y Venezuela es el quinto, lo que es un ejemplo de que no bastan las políticas sociales para disminuir los índices de violencia criminal”, reconoció Chávez en junio, durante el lanzamiento del programa Gran Misión a Toda Vida Venezuela, orientada a disminuir la violencia. El presupuesto total del proyecto suma 287 millones de bolívares (cerca de US$ 66 millones). "Entre el 60% y el 70% de los delitos son cometidos por jóvenes. El enfoque de la misión es reducir la producción de delincuentes, de jóvenes que lamentablemente terminan siendo protagonistas de hechos delictivos”, explicó el ministro de Interior y Justicia, Tarek El-Aissami. En mayo, el gobierno anunció otra medida de seguridad pública: la prohibición de la venda de armas a civiles. "Más del 90% de los homicidios que ocurren en Venezuela son cometidos con armas de fuego, lo que nos obliga a adoptar medidas para abordar de manera radical este tema", resaltó El-Aissami en la ocasión.
Además del alto índice de circulación de armas, la acción del crimen organizado y la corrupción en los cuerpos policiales son otros factores de preocupación. Una de las principales medidas del gobierno venezolano fue la creación, en 2009, de la Policía Nacional Bolivariana. Además de eso, lanzó también el "Índice Global de los Cuerpos Policiales en Venezuela", con más de 170 indicadores para medir la eficacia, el respeto a los derechos humanos y muchos otros puntos relativos a la actividad. Fue fundada también la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES), orientada a la formación superior de nuevos policías.
Tema de campaña
Ninguna de estas medidas parece apaciguar las denuncias de la oposición, que eligió la seguridad pública como principal agenda de la campaña presidencial. "Chávez alega que la violencia se origina en el capitalismo, en las películas, en las telenovelas, en los gobiernos anteriores. Pero no asume sus responsabilidades”, afirma Leopoldo López, ex-intendente de Chacao, dirigente del partido Primera Justicia y uno de los principales líderes de la campaña del opositor Henrique Capriles. "Es evidente que el problema se salió de control.”
Según números cedidos por López, hubo 150 mil homicidios durante los 14 años del gobierno de Chávez –140 mil no habrían sido resueltos – y un aumento de 2.500% en los casos de secuestro.
Un escenario igualmente alarmante es presentado por la ONG Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), acusada por el gobierno de ser financiada por la oposición. En 1999, al inicio del mandato de Chávez, el país habría registrado cerca de seis mil homicidios por año. En 2011, este índice saltó a 19,3 mil asesinatos, dice la ONG.
Percepción de la violencia
Según la encuesta de Latinobarómetro, sin embargo, los altos índices de percepción de la violencia serían desproporcionados en relación a los indicadores reales. La tasa de victimización – porcentaje de hogares cuyos habitantes sufrieron al menos un delito en los últimos doce meses – habría retornado a los niveles históricos, con un 31% en 2011, tras haber alcanzado un 50% entre 2001 y 2007. En el mismo período, entretanto, la percepción de la violencia como problema principal aumentó del 8% en 2003, al 61% en 2011.
Esta desproporcionalidad, que las autoridades gubernamentales atribuyen parcialmente a la exploración del tema por los medios anti Chávez, repercute de forma diferente en las distintas capas sociales. Para la clase media y los más ricos, la violencia se volvió un motivo fundamental del rechazo al presidente venezolano. Entre los más pobres, la responsabilidad del gobierno nacional es compartida con las administraciones de los estados y municipios, muchas veces controlados por la propia oposición.
La escalada de este tema en la opinión pública, de todas formas, puso la violencia urbana como una cuestión de primer orden en los planes chavistas. El lanzamiento de la Gran Misión a toda Vida Venezuela refleja ese nuevo enfoque, que provoca polémicas sobre el contenido del programa.
La oposición clama por más represión y policías en las calles, además de apuntar con un dedo feroz hacia la corrupción de los actuales aparatos de seguridad. El gobierno, aunque presentando políticas que refuerzan los sistemas de vigilancia, sigue vinculando la lucha contra la criminalidad y la mejoría de los indicadores sociales, con una presencia fuerte del Estado para ofrecer servicios y oportunidades en los distritos más vulnerables.
Para Andrés Antillano, profesor de la UCV (Universidad Central de Venezuela), especialista en Criminología, las soluciones deben estar asociadas a la recuperación de los espacios públicos. "El origen de la violencia es social y está presente esencialmente entre los más pobres”, afirma. "Por eso, debe ser enfrentada con políticas sociales y organización política, conjuntamente con acción policial.”