OTRA VEZ PRESENTES LOS SUBDITOS DE “SU MAJESTAD” 



BORRERO DECÍA QUE HAY QUE REVISAR LA HISTORIA 




Alberto Maldonado S.
Periodista – Ecuador

Razón tenía el escritor Manuel María Borrero (de Cuenca, Azuay) cuando en su libro denunció a Juan Pío Montúfar y Cia. (el Marques de Selva Alegre) como unos simples súbditos que dieron “el golpe” del 10 de agosto de 1809 contra el usurpador Napoleón (el hermano) y a favor del Rey Fernando VII que andaba corriendo por Europa. Decía Borrero que había que revisar la historia patria para olvidarse de don Juan Pío y Cia. ya que ellos no dieron un golpe soberano en estas tierras (que a partir de 1830 pasaría a ser Ecuador, país libre y soberano) sino que dieron el golpe por el soberano “legítimo” de España (me refiero al Reino de Rajoy; perdón, del Rey Juan Carlos, del mismo que cazaba elefantes en África, hace poco)
Hasta mediados del siglo pasado (el siglo 20) se vendían en este Ecuador, las “haciendas con indios y todo” lo cual quiere decir que hasta bien entrado el mencionado siglo, todavía en este país sudamericano se practicaban “costumbres” que nos dejaron los españoles, en sus 5 siglos de dominio. No solo nos dejaron el indio “esclavizado y vendible” y muchas malas costumbres (como aquella de llegar siempre tarde) sino a que algunos sigan creyéndose, no ciudadanos, sino súbditos. No es lejana la historia de alguien que se creía y defendía los títulos nobiliarios (se titulaba Conde) y que fue Presidente de la comuna quiteña. No es muy lejano el día en que viajar a España era síntoma de “buen gusto” y de nobilísima afición. ¿Piensan lo mismo los españoles, cuando hablan mal en su país, de los sudacas?
Digo esto porque a raíz del Gobierno (Rafael) Correa han vuelto a aparecer en escenario de la “gran prensa” ecuatoriana, el “subditismo” que reinó en nuestros países y que se creía extinguido. No ha sido así. Quizá el caso de Julián Assange, refugiado de sus “jueces” suecos y, probablemente norteamericanos, se haya refugiado en la Embajada del Ecuador en Londres. Le escuché a alguien que no necesariamente está con el actual Gobierno; pero que, entusiasmado decía: “bien hecho. El asilo diplomático al señor ESE (Assange) está muy bien dado; y ojalá sirva de lección al otrora gran imperio para que comprenda que ya dejó de ser. Que ya no es”
El asilo al señor Assange tiene varias colas. La primera es que es que los juicios sexuales, en Suecia, no sean sino una cortina de humo para lograr su extradición a los Estados Unidos de Norteamérica. Dicho caballero (que tiene la nacionalidad de austriaco, aun cuando Austria ha hecho nada por su liberación) está acusado de no usar preservativo en una cita amorosa y de no haberla llamado a la tal July que nació en Cuba y que está alineada con la orquesta esa anticomunista, que odia a Fidel (Castro) y a todo lo que sea revolucionario.
Una segunda cola (la más grave) es que si el señor Assange va a Suecia, no sea sino para ser trasladado, con todas las agravantes, a los EE.UU. y allí “absorbido” por el juicio que le siguen al soldado Bradley Manning (así creo que se escribe) a quien no se sabe a ciencia cierta dónde le tienen y qué hace durante el día. Solo se sabe que la gran justicia norteamericana les tiene a las cinco héroes cubanos sentenciados a penas que no tienen parangón alguno en la historia de los países ciertamente democrático y libres, solo puede salir a tomar el sol una hora al día; el resto del tiempo debe permanecer en su celda de 2 metros por 1.80 centímetros. Así y todo, una asambleísta que llegó al parlamento con Alianza País, pero que le quedó grande el puesto, sigue hablando de la “división” de los tres poderes del Estado: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. No hay país o movimiento popular que se precie, que no quiera en la práctica gobernar a los tres poderes (ahora, en nuestro país, son cinco) Y por eso pregunto: ¿eran mejores los magistrados nombrados a dedo por el ingeniero León Febres Cordero que estos tres encargados por el pueblo ecuatoriano?
La tercera cola es la amenaza, cierta y escrita, que el ex Reino Unido ha proferido contra Ecuador, país que tiene sus asiento en las Naciones Unidas. No sospechaba el ayudante del Ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña que se las vería con los países del ALBA y del Mercosur, es decir, con toda América Latina, excepto naturalmente Estados Unidos de USA y lo que ha quedado de Canadá, más algún país (paisito) de las Antillas. Respecto de Estados Unidos no es nada nueva su posición; a pesar de ser el patrocinador del desaparecido TIAR, respaldó la invasión de Gran Bretaña (en manos de la vieja Thatcher) a las Malvinas, que son y han sido y será argentinas.
La cuarta cola es que los enemigos del asilo están peor que nuestras indias, que decían: “aunque mate, aunque pegue , para algo es marido” Ahora ya no se oye semejante objeción indígena; y las indias son las primeras en “hortigar” a los malcriados (blancos, mestizos o negros) que osan desafiar la “Justicia indígena” que está reconocida por nuestra Constitución.
No es extraño que quienes han ejercido el Ministerio de RR.EE. de Ecuador, algunos embajadores y directores publicitarios (los que sirven a la gran prensa ecuatoriana) piensen que el Ecuador ha perdido porque se ha atrevido a desafiar al otrora gran imperio (Gran Bretaña) Lo que no hay que olvidar es que este país (y otros) son los causantes de dos guerras mundiales, que han durado años y que han causado millones de muertos. Ellos están obligados a respetar la intangibilidad de nuestro derechos soberanos y dignos, así el otrora gran imperio esté en contra.
Razón tenía don Manuel María cuando dijo que debemos salir de Don Juan Pío Montúfar y Cia. Los historiadores locales le han dado la razón porque si no tenían el apoyo popular, mal se podía pensar en aquel grito independentista. Que no crean que los Ayala Lasso, los Gándara Gallegos y otros, son la mayoría. Eran la gran mayoría que ostentaba el poder.
Ahora, las cosas han cambiado para alegría del obispo y escritor Manuel María y otros, que estarán gustosos de que los ecuatorianos defendamos nuestra causa y al “haker” Assange, según expresión despectiva de los súbditos que han reaparecido.