HOMENAJE A ENRIQUE GIL GILBERT EN EL CENTENARIO DE SU NATALICIO 



UN ARTÍCULO DE PABLO NERUDA Y OTRO DE FREDDY ALMEIDA 





Artículo escrito por Pablo Neruda, publicado
en nuestro periódico El Pueblo,
entonces clandestino. Edición N.
395, del 12 de junio de 1964.


LOS COMPAÑEROS SILENCIOSOS

“Los campesinos caminan con rápidos pero agobiados pasos debajo de los enormes racimos de bananos. El Ecuador saca por Guayaquil su inmenso tesoro dulce y dorado.

“Dos cosas me impresionaron en aquel puerto bananero, en el que hay tan pocas cosas que ver. Una es la muerte.

Digo el cementerio de Guayaquil, monumental, abundante de jardinería, bellísimo y suntuoso. En general, en Guayaquil y en el Ecuador lo pasan mucho mejor los muertos que los vivos.

“La segunda cosa que me impresionó en ese puerto fue la risa de mi amigo, es decir la vida. Mi amigo se llama Gil Gilbert. ¡Qué risa tan grande y tan verde! ¡Qué risa tan sólida y tan colorada!

“Allí por las calles, entre las bananas y bajo los grandes pájaros negros, su risa se quedaba plantada como si fuera un constructor de monolitos. La gente de Guayaquil
tenía por fuerza que tropezar con las carcajadas, con la alegría de Gil Gilbert.

“Pero hace tiempo ya que no se le oye reír por las calles de Guayaquil. Mi amigo está encerrado en una celda.

También en una celda o en un campo de presos o en una isla podrida de los trópicos viven o mueren Pedro Saad, Luis Valdivieso, Jesús Faría y miles de venezolanos…Las
clases reaccionarias de América Latina se sienten amenazadas por la nobleza de Faría, por la entereza de Saad y Valdivieso, por la alegría y relatos de Gil Gilbert.

“Estos hombres representan con sus compañeros silenciosos la conciencia y el sufrimiento del Gran Continente. Representan la luz en plena lucha con la vieja noche de la opresión, de la ignorancia, del atraso.

Jesús Faría, dirigente de los comunistas venezolanos, entonces se encontraba en la cárcel San Carlos de Caracas.

Luis Valdivieso Morán, miembro del Comité Central del Partido Comunista del Ecuador fue detenido en una calle de Guayaquil. Pasado un tiempo, estando sin conocimiento a causa de monstruosas torturas, fue arrojado por una ventana del tercer piso del Palacio de la Gobernación de esa ciudad, en donde tenía sus oficinas la policía
política. Por milagro quedó con vida.

A Pedro Saad, Secretario General del Partido Comunista, y a Enrique Gil Gilbert los detuvieron inmediatamente después del golpe. Con los ojos vendados y maniatados
fueron trasladados al Penal García Moreno, de Quito.

Durante los interrogatorios se les propuso que renunciasen a la actividad política. Era el precio a pagar por la libertad.
-Conocen poco a los comunistas, si se atreven a hacernos semejante proposición –respondió Enrique.

En todo el mundo se extendió el movimiento de solidaridad con los presos políticos. Los dictadores decidieron enviar al exilio a Saad y a otros comunistas encarcelados.
Los dirigentes del Partido dijeron que son ecuatorianos y tienen derecho a vivir y luchar en su país y exigieron la libertad sin ninguna condición.

Sintiendo orgullo, con la cabeza bien alta, salió de la cárcel Enrique Gil Gilbert y, posteriormente, Pedro Saad y sus compañeros de lucha.

Uno días después de ser puesto en libertad, Gil Gilbert envió una carta a Moscú, en la que decía:
Queridos camaradas de Moscú. Vuestras cartas y telegramas influyeron enormemente no sólo en la opinión pública del país, que no pudieron ignorar los miembros de la Junta. Por encima de miles de kilómetros, atravesando los gruesos muros de la cárcel García Moreno nos llegó vuestro saludo y nos inspiró. Los mítines en Moscú, Santiago, Montevideo y La Habana nos fortalecieron y aumentaron nuestra firmeza. Fue la solidaridad de los hombres progresistas con la lucha de nuestro Partido, lo que nos ayudó en los momentos difíciles; y escribo esta carta para expresarles mi agradecimiento fraternal por todo lo que se hizo por nuestra liberación…”
PABLO NERUDA
LA INTENSA VIDA DE ENRIQUE

POR: FREDDY ALMEIDA
MILILTANTE DEL PARTIDO COMUNISTA DEL ECUADOR


Este hombre de la sonrisa ancha y verde, el luchador por la Paz, el que hacía comités antifascistas, el que recorría los campos tropicales y se abrazaba con los campesinos, y se abrasaba en amor con ellos, y les hablaba de la Reforma Agraria, de la tierra para el que la trabaja. Este hombre que iba a los sindicatos obreros, y les enseñaba que el futuro de la patria y de la humanidad, está en la lucha proletaria; que ellos en la unidad de los pobres enterrarán para siempre al capitalismo.

Este hombre que era sencillo como el pan, como el agua, como el día. Que amaba a Alba, por bella y luchadora. Ella con colores y él con palabras. Ese hombre que repartido está entre sus hermanos, no se llamaba, se llama: Enrique Gil Gilbert. Y comparte su nombre con nosotros: camarada.

Un tránsito vital extraordinario, sesenta y un años: poeta y militante comunista. Su hacer literario de escritor revolucionario, y su militancia política era con ardor poético.

Escribía organizando, luchando, denunciando. Poeta sí, sus novelas y cuentos eran poesía, su obra eran frescos de la realidad campesina, del suburbio guayaquileño, eran Asfalto y era duro, uno de los cinco de Guayaquil que eran como un puño cerrado, para golpear al burgués, al vendepatria, al latifundista feudal de Costa y Sierra.

Los artistas en metáforas explican a veces primero o poéticamente la realidad de una época, así Enrique en su obra, escribe la amarga indignación del pueblo montubio, la estructura socio-económica del Ecuador del siglo veinte, la indignación porque a la revolución liberal la dejaron coja, por la traición de unos y el temor de otros. De esos traidores que luego asesinarán al pueblo en lucha el 15 de Noviembre de 1.922. La lucha de un pueblo traicionado el 41, de ese pueblo que luego hace la revolución de mayo el 44 y vuelve a ser traicionado.

Él, Enrique en sus escritos y en la tribuna señala los males que se cultivan en el capitalismo: el hambre, la angustia, la miseria, el analfabetismo, la escasez de vivienda, las enfermedades, la desnutrición, el analfabetismo, la desocupación y más lacras sociales. Y nos dice que estas anomalías de las democracias burguesas, se curan con el Socialismo. Que el capitalismo es incompatible con la verdadera democracia, si ésta es el gobierno del pueblo Las democracias burguesas, no son, en última instancia más que la democracia de los poderosos. Hablan y estatuyen en sus leyes de Derechos del Hombre, y son tan sólo de cuerpo constitucional, de azucaradas disposiciones de códigos, que violan diariamente. La libertad de expresión es derecho exclusivo de los propagadores de las ideas imperantes, de los que cantan loas a la organización capitalista en la prensa escrita, en los canales de televisión, en las radios. Y no para el pueblo
.
Eso lo denunciaba Enrique Gil, y por eso amaba a su Partido que es el instrumento idóneo para organizar la revolución, y construir la patria socialista. Yo le oí decir en una conferencia que él tenía el mejor doctorado: ser revolucionario, y el mejor título: comunista.