EL MODELO MÉDICO VIOLA LOS DERECHOS DE LAS MUJERES 



DÉCADAS DE AGRESIÓN A LAS MUJERES 




El modelo médico dominante lleva décadas agrediendo a las mujeres. Agresiones que se concretan de modo diferente según la región del planeta. En los países industrializados mediante la medicalización y la invasión tecnológica de procesos naturales como la concepción, el embarazo, el parto, la lactancia y la crianza de los bebés; en los países emergentes mediante programas de abortos y esterilización a gran escala así como experimentando con ellas peligrosos fármacos sin su consentimiento o bajo presión con la complicidad de instituciones médicas y agencias internacionales. Violación de los derechos de la mujer que está poniendo en grave peligro su salud y su vida así como la de sus hijos. Lo explicamos en detalle.
“Creo haber demostrado suficientemente que las brujas deben ser castigadas; y no tanto por las cosas que hacen o quieren hacer cuanto por su apostasía y rebeldía negándose a obedecer a Dios así como por la alianza que han contraído con el diablo”.Thomas Erastus. (Diálogos sobre el poder de las brujas, 1579)
La institución médica dominante del mundo desarrollado nació en el Siglo de las Luces cuando la Ciencia se impuso a la Religión arrebatándole parcelas de poder e influencia y convirtiéndose en una especie de “nueva religión” que ofrecía a la gente algo novedoso en lo que creer -un modo de explicar el mundo- basado en la razón. Y es evidente que en ese contexto la Medicina, debido a su trato directo con la enfermedad, pasó a ser la disciplina que mejor encarnaba el papel de “protectora contra las fuerzas del mal” que tan imprescindible ha sido en todas las culturas desde el origen de la humanidad.
La medicina moderna occidental, pues, nació como un instrumento de poder. Poder que ha ido acrecentándose y acaparando cada vez más territorio en los tres siglos transcurridos desde entonces. Y es que como bien dice el sociólogo Jesús María de Miguel “el sector sanitario es seguramente la institución más importante de control social dentro de la sociedad contemporánea (...) Aparece como benefactor pero es parte de una opresión política y social sutil que existe en la sociedad contemporánea”. Solo que para poder ejercer eficazmente su opresión la institución médica no sólo se apoderó de las parcelas de poder que arrebató a los sacerdotes sino también las de otro colectivo social que ejercía -y aún ejerce- una enorme influencia en el ámbito de la salud: las mujeres.
CUANDO QUIENES ATACAN A LAS BRUJAS NO SON YA LOS SACERDOTES SINO LOS MÉDICOS.
Una nota informativa emitida en el 2009 por la ONU decía que “la violencia contra la mujer constituye un problema de salud pública y una violación de los derechos humanos” añadiendo que “muchos problemas de salud física, mental, sexual y reproductiva y de salud materna se deben a la violencia contra la mujer”. Cierto. Pero lo que no menciona esa nota es la agresión a gran escala que supone para la mujer ¡la medicina institucionalizada! Y es que la intromisión de la profesión médica -y sus instituciones- en el ciclo vital natural formado por la concepción, el embarazo, el parto, la lactancia y la crianza de los bebés implica hoy un auténtico peligro para el papel biológico que desempeñan las mujeres y, en definitiva, para la vida. Siendo una de las consecuencias más visibles la pérdida de capacidad biológica de la mujer algo que se constata fácilmente con el espectacular aumento de casos de “reproducción asistida”, con el constante e injustificado incremento del número de cesáreas y con la creciente incapacidad de muchas madres para amamantar a sus bebés.
De ahí que –sin ánimo de ser exhaustivos- hayamos decidido ofrecer a los lectores una panorámica que les permita hacerse una idea global de la magnitud de esta agresión; agresión que se concreta de modo diferente según la región del planeta que analicemos ya que hay enormes diferencias entre los países industrializados y los considerados “subdesarrollados”. Sin olvidar casos peculiares como el de España en el que existe una impronta autoritaria y machista en todo el sistema sanitario y donde ha habido épocas en las que la organización médica colegial se convirtió directamente en instrumento de control político; algo que aún hoy se resiste a perder.
Veámoslo más en detalle ocupándonos primero de todo lo relacionado con la menstruación y la menopausia, la concepción y los anticonceptivos, la infertilidad en los países ricos y los programas de esterilización para los países pobres.
EL EMPEÑO POR “CORREGIR” A LA NATURALEZA.
La medicina "oficial" ha llegado a establecer –en un claro ataque de prepotencia y soberbia- “patrones” de normalidad” en muchos de los ámbitos de la salud siendo uno de ellos la menstruación. De modo que todo aquello que se salga de ese patrón se considere automáticamente una situación “necesitada de atención médica”. Y de ahí que junto a lo que denominan “síndrome premenstrual” podamos encontrar multitud de presuntas “alteraciones” de todo tipo que se clasifican o etiquetan de diferentes formas. “Alteraciones” que por supuesto deben ser tratadas por los médicos a fin de restablecer la “normalidad”. Dicho de otra forma, toda mujer que presente algún parámetro que no se halle encuadrado en lo que ellos han decidido considerar “normal” -o "dentro de la normalidad”- implica la existencia de una “alteración” o “afección” que debe “tratar” un médico. Y para ello han creado protocolos de actuación en función de las “alteraciones” detectadas que, curiosamente, siempre se tratan ¡con fármacos patentados! Fármacos que alteran el proceso natural biológico induciendo procesos artificiales, con frecuencia absurdos, las más de las veces claramente iatrogénicos. De hecho han desarrollado fármacos que inducen la ovulación y otros que la inhiben junto a algunos que inciden en los procesos intermedios o en distintos puntos del ciclo hormonal. Y antiinflamatorios. Y sensibilizadores de la insulina. Y estrógenos. Y… Solo que tales intromisiones en los complejos procesos biológicos de los organismos femeninos no se pueden efectuar sin pagar un precio que es a menudo muy alto. Porque todos esos fármacos -especialmente los que contienen hormonas– tienen fuertes efectos colaterales que pueden multiplicarse o agravarse cuando se administran durante años o, incluso, a lo largo de toda la vida fértil de la mujer. Efectos que están ampliamente documentados y van desde la intolerancia gástrica hasta las náuseas y los vómitos pasando por dolores de cabeza, astenia, irritabilidad, mareos, dolor mamario, dolor abdominal, trastornos de la piel y del tejido subcutáneo, trastornos del sistema nervioso, depresión o trastornos en la libido siendo en todo caso el principal riesgo el desarrollo de patologías cardiovasculares, especialmente en el caso de los estrógenos ya que suelen provocar un aumento de la viscosidad de la sangre y estimular su coagulación por lo que pueden llevar a obstruir arterias y/o producir trombosis.
Aunque lo más grotesco es que este empeño médico de “corregir a la naturaleza” que hace que los fármacos provoquen los efectos adversos mencionados lleva luego al consumo de otros que palien los síntomas y disfunciones que los primeros han provocado pero que, a su vez, provocan otros problemas que hay que tratar con otros fármacos que a su vez… Los riesgos, desequilibrios y disfunciones terminan a veces siendo tantos que la mujer vive auténticos infiernos sin salida. Y lo grave es que la inmensa mayoría de las mujeres ignora que esto está pasando. Son los casos de las que toman por ejemplo Progyluton, fármaco que se receta desde hace décadas para “regular el ciclo menstrual”, algo más que discutible cuando lo que de verdad está demostrado que hace –ahí está el prospecto que nadie se molesta en leer porque si el médico le dice que lo tome, la mujer se lo toma y punto- es provocar “hemorragias vaginales y hemorragias o flujos anómalos, hemorragia por deprivación, manchado, dismenorrea, cambios en la secreción vaginal y síndrome de tipo premenstrual”. Sin comentarios.
CONTRA LOS SOFOCOS… ¡UN ANTIPSICÓTICO!
Obviamente en el otro extremo del ciclo, es decir, cuando se retira la regla y se producen otra serie de complejos procesos biológicos, la actitud de los médicos sigue siendo la misma: con una incomprensión absoluta del proceso natural recetan nuevos fármacos para paliar síntomas y embotar la sensibilidad. Buen ejemplo de las consecuencias de esta incomprensión es lo sucedido con el Agreal comercializado por Sanofi-Aventis que se desarrolló para “aliviar los sofocos durante la menopausia”. Un fármaco ineficaz, inútil y peligroso –el laboratorio conocía desde 1987 sus graves efectos secundarios y a pesar de ello lo siguió vendiendo en todo el mundo- que ha provocado a cientos de miles de mujeres -probablemente a millones- graves problemas de salud: parkinson, disquinesias tardías (trastornos del funcionamiento de la vesícula biliar), temblores, depresión, acatisia (movimientos anormales incontrolables), dolores de cabeza, tensiones musculares, arritmias, síncopes, alteraciones en la dilatación de las aurículas del corazón y otros síntomas y complicaciones que en esencia corresponden a medicamentos ¡antipsicóticos! Y es que el Veralipride -el principio activo del Agreal- es un potente neuroléptico que se desarrolló en un principio para ser utilizado en casos de psicosis y lo que hace es interrumpir la comunicación en el sistema nervioso central. Sin embargo con la peregrina pretensión de variar el ritmo de la temperatura corporal e “impedir los sofocos” se administró a un número incalculable de mujeres durante años hasta su retirada en la Unión Europea y otros países (aunque continúa vergonzosamente a la venta en otros). En nuestro país se retiró en el 2005 y según la asociación Agrea-L-uchadoras hay al menos 8.000 españolas afectadas con problemas neurológicos y psiquiátricos severos, buena parte de ellos irreversibles.
INJUSTIFICADAS MUTILACIONES.
La solución definitiva que la medicina convencional propone en no pocas ocasiones, la de “cortar por lo sano” -muy "avanzada" y "científica" como es fácil de entender-, también se aplica en muchos casos de “trastornos de la menstruación”; tanto en mujeres jóvenes como durante la menopausia. Llevados por la aplastante lógica cartesiana de “muerto el perro se acabó la rabia” que durante décadas aplicaron los médicos para tratar muchas patologías -por ejemplo en el caso de las anginas extirpando las amígdalas- los poco reflexivos agentes del modelo médico hegemónico se dedican en el caso de las mujeres a mutilarlas sin justificación alguna más a menudo de lo que pueda creerse. El médico higienista Eneko Landaburu recoge en su libro ¡Cuídate compa! un ejemplo impactante que aporta una perspectiva reveladora en relación con las histerectomías o extirpaciones de úteros. En él cuenta que de las 6.284 extirpaciones practicadas en un solo año en 35 hospitales privados de Los Ángeles (California, EEUU) 5.557 -es decir el 88,5%- se hicieron sin que se hubiera establecido previamente su necesidad. De hecho la mitad de las pacientes ni siquiera presentaba síntoma alguno. Una vez realizadas las operaciones se comprobó que el 30% de las mujeres intervenidas –con edades entre los 20 y los 29 años- estaban completamente sanas y sólo un 40% recibieron un diagnóstico que pudiera justificar –y aún en esos casos sería discutible- la extirpación. Y estamos hablando de apenas 35 hospitales de una sola ciudad… luego la cifra de mutilaciones injustificadas en el conjunto de Estados Unidos debe de ser de vértigo.
Y no digamos ya en el resto del mundo. ¿No lo cree? Pues según se denunció en las Conclusiones de un estudio realizado en la Universidad de California hace escasos años “el 70% de las histerectomías son inapropiadas”, algo que achacaron a que “los seguros médicos se están haciendo ricos por histerectomías innecesarias”. Ignorando completamente tratamientos alternativos sólo porque ¡no resultan tan rentables! “Las estadísticas muestran que los médicos están demasiado ansiosos por hacer histerectomías. Se hacen -a menudo innecesariamente- a más de medio millón de mujeres cada año. Las compañías de seguros pagan grandes cantidades por ellas y muy poco para tratamientos alternativos que podrían ser más adecuados. Por eso cada vez se realizan más histerectomías cada año. Las mujeres menores de 44 años que sufren sangrado abundante, que es generalmente causado por la endometriosis, están recibiendo la peor parte de estas cirugías innecesarias”.
Según la Agencia para la investigación y calidad del cuidado médico las frías cifras indican que la extirpación de útero es ya -tras la cesárea- la segunda operación más frecuente en las mujeres estadounidenses. Y estudios recientes concluyen que al menos el 15% de ellas eran innecesarias.
Y pasa en todos los países. En el Reino Unido por ejemplo seis periódicos denunciaron en el 2002 que el 46% de las extirpaciones practicadas durante los años 1994 y 1995 se debieron a simples hemorragias y únicamente en un 4% de los casos se había intentado algún tratamiento menos agresivo. En lo que se refiere a España el 14% de las consultas ginecológicas tienen que ver con un sangrado menstrual excesivo y en el 60% de los casos se realizan histerectomías; sin embargo, en un alto porcentaje, una vez analizado el útero extirpado, resulta ser normal.
AMENAZA BAJO LA PIEL.
Y más grave aún es el caso de ciertos anticonceptivos, algunos de los cuales se utilizan también para contrarrestar diversas alteraciones menstruales. Es el caso de laMedroxiprogesterona Acetato,hormona sintética cuyo mecanismo principal consiste en impedir la ovulación y es el principio activo de dos conocidos anticonceptivos: Depo-Provera y Progevera. Su fabricante, Pfizer, considera que es tan eficaz como la ligadura de trompas y más que la “píldora”. Lo singular es que también está indicado para otras presuntas patologías como la amenorrea, la dismenorrea, la endometriosis, la esterilidad, la menopausia… Es decir, que “lo mismo sirve pa un roto que pa un descosío” que decían nuestras abuelas. Y es que resulta como mínimo sorprendente que una hormona sintética cuyo mecanismo principal consiste en impedir la ovulación se recomiende también en casos de ¡esterilidad!
En ensayos realizados desde 1963 ya se determinó que producía tumores mamarios en animales. Sin embargo en 1977 un artículo en The Guardian denunció que se había administrado a medio millón de mujeres en 57 países, obviamente con la complicidad de organizaciones médicas internacionales. Dos años después el Gobierno español autorizó un experimento con mujeres mientras el producto se prohibía en Francia, Gran Bretaña, Japón y Escandinavia.
Y a principios de los ochenta -según documenta la revista Medicina Holística- unos cuatro millones de mujeres recibían la inyección de tres meses en el llamado Tercer Mundo, en muchos casos sin su consentimiento e incluso sin su conocimiento, como es el caso de El Salvador. En un campo de refugiados de Tailandia se inyectó a ocho mil mujeres entregándolas a cambio ¡una gallina!; y algunas repitieron la inyección antes del plazo para conseguir una segunda gallina. Según la revista mencionada, la OMS utiliza este producto “para estimular una esterilización reversible en el Tercer Mundo”. Y en cuanto a España se comercializa sin mencionar entre sus efectos adversos ¡el cáncer, la disminución de densidad ósea y el riesgo de osteoporosis!
EL “FÁRMACO SEGURO” QUE PRODUCE CEGUERA Y TUMORES.
Otro anticonceptivo de graves efectos adversos que continúan utilizando ampliamente las mujeres es el Levonorgestrel que, administrado en una o dos dosis -muy altas-, sirve como "anticonceptivo de emergencia". Es el popularmente conocido como “píldora del día después” solo que inicialmente se comercializó con el nombre de Norplant en forma de cápsulas que se implantan bajo la piel en el brazo de la mujer impidiendo la concepción cinco años. Lo denunciable es que aunque se sabe que puede provocar alteraciones del ciclo menstrual en el 70% de las mujeres así como alteraciones visuales, dolores de cabeza, ceguera por tumores cerebrales al presionar el nervio óptico, embarazos extrauterinos, pérdida de cabello y aumento de la pilosidad facial... la Organización Mundial de la Salud (OMS) le dio su beneplácito y la FDA lo aprobó como "medicamento seguro" en 1989.
Obviamente pronto se empezarían a hacer evidentes los efectos adversos y los problemas al retirar los implantes. En Brasil por ejemplo se interrumpieron los estudios en marcha con Norplant debido a múltiples irregularidades. Incluso aparecieron denuncias sobre el modo en que se habían realizado los implantes sin autorización. Y asimismo se supo que en Bangladesh y en Haití los responsables de los centros de planificación se habían negado a retirar los implantes a las mujeres ¡a pesar de los graves efectos adversos que estaban sufriendo! Hasta que en 1999 se retiró de la venta en el Reino Unido y en el 2002 dejó de comercializarse en el mercado estadounidense. Claro que el "reemplazo" estaba ya en marcha: laFDA había aprobado en 1996 Norplant-2 -presentado en forma de barritas de silicona- pero poco después, en el 2002, apareció una nueva versión que se comercializó con el nombre de Jadelle. Fármaco que hoy se vende en todo el mundo -incluida España- a pesar de que el principio activo es !exactamente el mismo!: el Levonorgestrel.
LA VERDADERA RIQUEZA... BIOLÓGICA.
Hace muchos años que se viene constatando que las mujeres tiene cada vez menos hijos. Basta una simple búsqueda en internet para encontrar toda clase de informes realizados por instituciones públicas y privadas, estadísticas y cifras comparativas, documentos de la Organización Mundial de la Salud y noticias y reportajes en medios de comunicación. Y en todos ellos se pone de manifiesto un debilitamiento de la capacidad biológica para concebir, muy especialmente en los países occidentales, industrializados o desarrollados. El documento Estadísticas sanitarias mundiales editado en el 2008 por la OMS señala en su introducción a las estadísticas demográficas y socioeconómicas lo siguiente: “La población mundial continúa creciendo pero a una tasa inferior a la del pasado decenio. La tasa media de crecimiento anual fue del 1,3% en el periodo 1997–2007 frente al 1,6% del periodo 1987–1997 (...) La tasa de crecimiento de África es más de 10 veces superior a la de Europa donde las poblaciones de varios países están disminuyendo de hecho (...) La fecundidad también está disminuyendo en todo el mundo”. Las cifras son significativas: mientras en África nacieron una media de 5 niños por mujer en Europa el promedio es de 1,6, y en España de 1,5.
¿Y a qué se debe esta degeneración vital, esta pérdida de capacidad biológica? Una pista importante la ofrece el hecho de que este fenómeno de empobrecimiento biológico no afecte por igual a todo el planeta. Hemos señalado algunas cifras suficientemente reveladoras que ponen de manifiesto que son los países industrializados, los países considerados “ricos”, los más empobrecidos en su capacidad biológica mientras los países llamados “subdesarrollados”, los países “pobres”, mantienen aún altas potencialidades para la procreación. Algo que, como señala el investigador social Lluis Botinas, “tiene graves repercusiones en la salud de la propia población de los países económicamente ricos. La adaptación biológica de los habitantes de estos países a tantos cambios rápidos y tan nocivos se expresa en un constante crecimiento de enfermedades (crónicas, degenerativas, autoinmunes, mentales, infantiles...), muchas de las cuales son llamadas precisamente 'civilizacionales' y cuya edad media de aparición está bajando constantemente”. En otras palabras, los países “ricos” están pagando un alto precio por su supuesto “progreso”.
Y aquí entra en juego una importante clave para comprender cómo la medicina institucionalizada sirve de mecanismo de poder en el marco del actual proceso de globalización neocapitalista: el planeta está siendo expoliado por una minoría que ya acapara el poder y la riqueza y no repara en medios para mantenerlos.
HOLOCAUSTO: DE LOS NAZIS A LOS YANQUIS.
En julio de 1989 se desclasificó el National Security Study Memo 200, más conocido como Informe Kissinger. Se trata de un documento elaborado por personal de Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado, que a principios de los años setenta le fue presentado al presidente Richard Nixon. Y en él se decía textualmente: "La despoblación debería ser la más alta prioridad de la política de Estados Unidos hacia el Tercer Mundo". Más claro, agua. Es lo que los nazis llamaron “solución final”; es decir, el exterminio de gran parte de la población del planeta. En concreto el documento recomendaba al Gobierno declarar de máxima prioridad el control de la natalidad en 13 países: Brasil, India, Bangladesh, Paquistán, Nigeria, México, Indonesia, Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia. Una estrategia, por cierto, que continúa vigente. ¿Y por qué en el Tercer Mundo? Pues según el citado informe porque el crecimiento de la población en esos países ponía en peligro la obtención de las materias primas que las industrias estadounidenses necesitan. Por otra parte, el “Tercer Mundo” crece constantemente y se convierte cada vez más en una zona rebelde en la que proliferan gobiernos que se oponen a los planes imperialistas del mundo “rico” y “civilizado”. El argumento del crecimiento indiscriminado de la población se ha convertido por eso en un recurso habitual para desviar la atención del hecho de que una ínfima minoría haya arrebatado la riqueza y los recursos del planeta a la inmensa mayoría. “Somos demasiados” es el mensaje que se intenta inculcar en los ciudadanos del “Primer Mundo” a través de los medios de manipulación de masas, mensaje que el ciudadano medio de los países ricos está encantado de oír ya que alivia su conciencia y le ofrece una explicación "digerible", una razón para poder seguir disfrutando de un nivel de vida magnífico mientras en otros países millones de personas están en la miseria: ¡la culpa es de ellos por tener hijos a mansalva!
LA “SOLUCIÓN FINAL” DE LAS AGENCIAS INTERNACIONALES.
El mismo razonamiento que viene sirviendo de base para los programas de esterilización dirigidos a esos países que se presentan bajo eufemismos como “planificación familiar” o “control demográfico” desde las agencias internacionales a la cabeza de las cuales está el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU o UNFPA por sus siglas en inglés), agencia especializada de la ONU que patrocina programas de “política demográfica” desde 1967 y trabaja en 140 países con esta declaración sobre su misión: “El Fondo de Población de las Naciones Unidas es una agencia de cooperación internacional para el desarrollo que promueve el derecho de cada mujer, hombre y niño a disfrutar de una vida sana con igualdad de oportunidades para todos. El UNFPA apoya a los países en la utilización de datos socio-demográficos para la formulación de políticas y programas de reducción de la pobreza y para asegurar que todo embarazo sea deseado, todos los partos sean seguros, todos los jóvenes estén libres de VIH/SIDA y todas las niñas y mujeres sean tratadas con dignidad y respeto”.
Y cómo se concreta en la práctica esta grandilocuente declaración! Pues el instrumento fundamental del UNFPA lo constituye la red de socios de UNICEF, entre los que se hallan el Banco Mundial, la OMS y la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF por sus siglas en inglés) así como una serie de ONGs entre las que destacan AID, Planned Parenthood International (Paternidad planificada internacional), el Center for Research on Population and Security (Centro para la Investigación sobre población y seguridad) o IAMANEH (International Association for Maternal and Neonatal Health; Asociación Internacional para la salud maternal y neonatal). Amplia red que en colaboración con otras organizaciones que proveen médicos y personal sanitario difunden fármacos y dispositivos abortivos así como programas de esterilización forzosa, encubierta o consentida bajo presión.
EL APARATO MÉDICO, CONTRA LA VIDA.
En 1977 Reimert Ravenholt -director por aquel entonces de la Office of Population, la agencia estadounidense encargada de los programas de control de la población y que posteriormente ha ocupado altos cargos directivos en la FDA y los CDC- declaró en una entrevista que el Gobierno estadounidense tenía la intención de proporcionar medios para esterilizar a ¡una cuarta parte de las mujeres del mundo! Veinte años después un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Población revelaba que la esterilización se estaba aplicando ya al 40% de la población como "método de control demográfico". Por su parte, un portavoz de la Fundación Rockefeller diría: “La superpoblación es un cáncer; y nunca he oído que un cáncer se cure alimentándolo”.
El procedimiento empleado por esta estructura de agencias internacionales es en suma muy simple: utilizar el chantaje de la ayuda internacional del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para forzar la aplicación de programas de esterilización, abortos, experimentación humana y un largo etcétera de atrocidades. El mencionado Memorando 200 lo dejaba muy claro: “El arma de los alimentos debe ser utilizada. Los gobiernos del Tercer Mundo que no se sometan voluntariamente al programa de reducción de población deberán ser forzados a esa sumisión por estos medios: denegarles el crédito por parte del FMI, incitar a la rebelión a la población hambrienta, etc.”.
MENTIRAS, SOBORNOS, COACCIÓN Y BILLETES DE LOTERÍA.
En muchos países se promete a las mujeres comida, descuentos en medicinas, ropa o un paseo en autobús a cambio de dejarse esterilizar. En otros casos se soborna a los trabajadores sanitarios para que convenzan a las mujeres y poder así presentarlas ante la opinión pública como voluntarias. Para “incentivar” estos programas se eliminan políticas de asistencia y protección a madres e hijos y se endurece la legislación en relación con el aborto y otras medidas. En Puerto Rico, por ejemplo, se penalizó con 2 años de prisión el aborto y al mismo tiempo se pagaba a los médicos 50 dólares por cada esterilización. Y en Filipinas, México, Nicaragua y la India se han llevado a cabo esterilizaciones encubiertas durante campañas de vacunación de tétanos que, sospechosamente, estaban dirigidas únicamente a mujeres a pesar de haber mayor incidencia de tétanos en hombres. El resultado fue que las mujeres embarazadas que habían sido vacunadas abortaron en pocos días. En la India se entregaban carnets que permitían saltarse colas para la comida, se daban ventajas para conseguir empleos, preferencias en la asistencia médica, distribución de tierras e, incluso, billetes de lotería. En Bangladesh se entregaba a cada mujer esterilizada un sari de un valor equivalente al sueldo de un mes; en Singapur se obligó a los padres a partir del tercer niño a sufragar los gastos de atención médica y hospital durante el parto; en Brasil sólo se podía conseguir trabajo con un certificado de esterilización; y a Guatemala le envió Estados Unidos como regalo para los pobres partidas de alimentos que contenían sustancias anticonceptivas y esterilizadoras.
Aunque el colmo de lo grotesco fue quizás un programa de cría de cerdos puesto en marcha en Tailandia bajo el lema “Deja el próximo embarazo al cerdo” que consistía en regalar un lechón y pienso barato a cada mujer que se esterilizaba.
Estos chantajes -unidos en determinados países a métodos más expeditivos: presiones, amenazas y violencia contra la mujer o su cónyuge- consiguieron a veces resultados estremecedores. En Brasil, país número uno de la lista de Kissinger, el número de niños nacidos por mujer pasó de 6,1 en 1960 a 2,4 en 1994. En 1991 más de 25 millones de mujeres mayores de 15 años habían sido esterilizadas según el propio Ministro de Salud brasileño. Porcentaje que alcanzó en algunos estados el 80%, siendo la media del país del 45% (y téngase en cuenta que el porcentaje medio en los países desarrollados es del 7%).
Según Ascujocama (Asociación Cultural José Carlos Mariátegui) para la solidaridad con el pueblo peruano Stephan Mumford y Elton Kessel, dos investigadores norteamericanos, exportan desde 1988 -con el apoyo financiero de asociaciones de la derecha norteamericana que luchan contra la inmigración- píldoras esterilizadoras a países del “Tercer Mundo” y han comenzado a introducirlas en Estados Unidos. Según cifras de la fundación que dirige Mumford -el Centro para la Investigación de Población y Seguridad- esterilizaron a 50.000 mujeres en Vietnam, a 26.000 en la India, a 15.000 en Pakistán, a 5.000 en Chile, a 4.700 en Bangladesh, a 900 en Indonesia y 700 en Costa Rica; muchas sin saberlo, sin conocer los peligros del tratamiento o, incluso, contra su propia voluntad.
El método empleado por Mumford y Kessel fue desarrollado en Chile por Jaime Zipper en los años setenta y es básicamente el mismo que se utilizó en los campos de concentración de la alemania nazi; se trata de unas pastillas que se introducen en el útero y que contienen Quinacrina, sustancia desarrollada en 1930 contra la malaria que quema las trompas de Falopio y la parte superior del útero provocando a corto plazo desmayos, fiebre, hemorragias menstruales, dolor de cabeza y fuertes dolores dorsales y abdominales. Pero el mayor peligro proviene del hecho de que provoca mutaciones en las células y, por tanto, es potencialmente cancerígeno.
THE GOOD CLUB: LOS NUEVOS GENOCIDAS.
Según un reportaje publicado en 1999 por la revista Fortune la donación más alta realizada hasta ese momento a una organización dedicada a la anticoncepción y el control demográfico internacional ascendía a dos mil doscientos millones de dólares y fue realizada por Bill Gates a su fundación William H. Gates Foundation que se dedica a la “salud reproductiva” y al “control de la población” en países del “Tercer Mundo”. Y hay más: según el Times este mismo personaje se reunió el 5 de mayo de 2009 en casa de Sir Paul Nurse -presidente de la Universidad Rockefeller- con David Rockefeller Jr., los financieros Warren Buffet y George Soros, el alcalde de Nueva York Michael Bloomberg y Ted Turner y Oprah Winfrey, magnates de los medios de comunicación. Todos ellos miembros del autodenominado Good Club que viene donando miles de millones de dólares a programas sanitarios y escolares en países en desarrollo tras ponerse de acuerdo en presentar como "una causa noble" la disminución de la población en el planeta.
Recordemos que el año pasado, en una conferencia del TED (Technology, Entertainment, Design), el propio Bill Gates, tomando como excusa la farsa del calentamiento global, dijo: “Si hacemos un buen trabajo con nuevas vacunas, atención sanitaria y servicios de control de la reproducción, podríamos reducirla quizás en un 10 o un 15%”. Teniendo en cuenta las previsiones oficiales eso implicaría conseguir una reducción poblacional de unos ¡mil millones de personas! Aunque lo más significativo es que la propuesta de Gates deja bien claro lo que hay o puede haber detrás de conceptos como “vacunas”, “atención sanitaria” y “control de la reproducción”.
VIDA ARTIFICIAL EN LA ERA VIRTUAL.
Y mientras en los países del “Tercer Mundo” -empobrecidos por la colonización y la explotación occidental- el aparato médico al servicio del poder despliega estas tácticas genocidas en el mundo industrializado se afana en lo contrario: en sustituir a la Naturaleza mediante técnicas de concepción artificial en una batalla químico-tecnológica que avanza inexorablemente. Sirva como dato indicativo que en los años cuarenta la media de espermatozoides por mililitro de semen en un adulto de mediana edad era de 250 millones, en los años noventa descendió a 40 millones y en 1999 la OMS estableció el mínimo “normal” en 20 millones, cifra que luego redujo en el 2010 a 15 millones. Obviamente existen toda una serie de factores documentados como causantes de infertilidad; desde plaguicidas y todo tipo de sustancias químicas pasando por las radiaciones ionizantes y las nucleares hasta las vacunas y los fármacos; del más famoso de los cuales, la talidomida, hablaremos en la segunda parte de este reportaje cuando tratemos el embarazo y el parto.
Como es sabido el primer “bebé probeta” llegó al mundo en 1978 en el Reino Unido iniciándose entonces una carrera tecnológica para desarrollar y perfeccionar distintos métodos y manipulaciones: en 1983 nació en Australia el primer bebé de óvulo ajeno a la madre gestante; un año después, en el mismo país, nació el primer bebé concebido en un embrión que había estado congelado; en 1985 se consiguió por primera vez determinar intencionadamente el sexo de un bebé y en 1987 -en Sudáfrica- una mujer se convirtió en la primera abuela que gestaba a sus propios nietos. Mientras, en Estados Unidosse conseguía que un bebé naciera de una madre clínicamente muerta manteniendo vivo artificialmente su organismo para dar tiempo a que se gestara totalmente y extraerlo luego con vida.
Actualmente las tres técnicas básicas de "reproducción asistida" o "fecundación artificial" son la inducción de la ovulación administrando hormonas, la inseminación artificial -que consiste bien en introducir el semen de la pareja o de un donante ajeno en la vagina, bien de los espermatozoides directamente en el útero- y la fecundación in vitro -que consiste en la fecundación del ovario, propio o procedente de donación, fuera del cuerpo de la mujer utilizando esperma de su pareja y la posterior implantación del embrión en el útero tras cultivarlo durante 3 días.
ESPAÑA: 56.000 PELIGROSOS TRATAMIENTOS DE FERTILIDAD CADA AÑO.
Estás técnicas y los procedimientos que conllevan tienen un alto coste; y no única ni principalmente económico. Para empezar son necesarias varias intervenciones, análisis, ingesta de fármacos, punciones y una serie de pequeñas operaciones previas. Por otra parte, la administración de hormonas para estimular la producción de óvulos puede ocasionar lo que la medicina denomina “síndrome de hiperestimulación ovárico” cuyos síntomas son aumento de peso, dolor abdominal, disminución de la micción y dificultad para respirar. A ello se suman los efectos adversos documentados del propio tratamiento hormonal: jaquecas, problemas visuales, ansiedad, insomnio y depresión.
La operación de extracción de óvulos supone otro grave riesgo que en algunas ocasiones ha causado muertes. Y los fármacos utilizados como "estimuladores de la ovulación" -como el Clomifeno- tienen un alto riesgo de producir embarazos múltiples –con los peligros que eso supone- y a sus efectos secundarios más leves -como sofocos, náuseas, vómitos y mareos- hay que sumar su probable asociación con el aumento de cánceres de ovario. Por último, una amarga paradoja: el resultado de todas estas alteraciones e intromisiones en la naturaleza puede ser ¡la infertilidad en los descendientes!
Bueno, pues a pesar de ello un reportaje publicado en el diario El Pais el 20 de agosto de este año cifraba en 56.000 los tratamientos de fertilidad que se realizan cada año en España, fruto de los cuales nacen anualmente unos 9.000 niños, cifra esta que se estima irá aumentando. Buenaventura Cordeu, Director Médico del Instituto Universitario Dexeus, afirmaba que cada año se realizan 40.000 procesos de fecundación in vitro a los que hay que sumar otras técnicas. Un jugoso negocio.
LA HUMANIDAD, EN PELIGRO.
Para finalizar diremos que las investigaciones que viene realizando el Dr. Heinrich Kremer sobre las mitocondrias celulares aportan una perspectiva tan clarificadora como profundamente dramática. Y es que como ya explicamos en su día (lea en nuestra web –www.dsalud.com- el artículo que con el título La Terapia de Simbiosis Celular apareció en el nº 132) las mitocondrias juegan un papel crucial en el desarrollo y mantenimiento de la vida pues son las generadoras de energía de las células -en ellas se produce más del 90% de la energía que necesitamos- pero además contienen un genoma propio que desarrolla tareas fundamentales de colaboración y modulación con la información genética contenida en el núcleo celular. Y recuérdese que las mitocondrias se reproducen de modo independiente de la célula y pasan de madre a feto directamente sin intervención del padre lo que enfatiza aún más el papel determinante de las mujeres en la trasmisión de la vida.
Ahora bien, desde el triunfo de la Teoría Microbiana de la Enfermedad se comenzó a desarrollar y utilizar masivamente un arsenal de fármacos que primero actuaban deteniendo la proliferación de bacterias en el exterior de las células pero a partir de 1930, con las sulfamidas, comenzaron a introducirse en su interior. Y puesto que esos fármacos estaban diseñados para matar bacterias comenzaron a dañar las antiguas bacterias que viven en simbiosis en su interior: ¡las mitocondrias! De ahí la degeneración biológica que venimos sufriendo todos pero, muy especialmente, las mujeres.
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Jesús García Blanca, Revista española de salud Discovery De Salud