SI CALLAN A LOS MIOS… GRITARÁN HASTA LAS PIEDRAS 



TRASCENDENTE CRÓNICA DE "LA GUERRA DE LOS CUATRO REALES" 




Francisco Herrera Araúz es un periodista poseedor de un trascendente testimonio de vida caracterizada por la lucha permanente junto a su pueblo. No se trata de un periodista “independiente”, sino profundamente comprometido con los sueños y esperanzas de transformaciones profundas sentidas por colectividad, y quizá por esas razones que no necesitan justificaciones, apenas a los 16 años de edad, junto a otros estudiantes- adolescentes participó activamente en la llamada “guerra de los cuatro reales” que en abril de 1978 puso en jaque a la dictadura derechista pomposamente llamada Consejo Supremo de Gobierno, que reemplazó al Gobierno Nacionalista y Revolucionario presidido por el General Guillermo Rodríguez Lara.

No es un periodista improvisado. Se graduó en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central del Ecuador, tiene un postgrado en la FLACSO y un doctorado en Jurisprudencia por la UTPL.

Fue Embajador del Ecuador en México y por su trabajo periodístico ha recibido varios premios e, incluso, en el año 2002, el gobierno le otorgó la condecoración “Orden Nacional al Mérito” en el Grado de Oficial.

Pero fue en su calidad de estudiante y dirigente estudiantil de los colegios Mejía y Nacional Eloy Alfaro, en donde dio sus primeros pasos insurgentes. Allí descolló en la lucha estudiantil en contra del incremento de los pasajes del transporte urbano que elevó de un sucre a un sucre cuarenta centavos, un aumento de apenas “cuatro reales” pero que fue un duro golpe a las empobrecidas familias de Quito. Esa lucha estudiantil se extendió por 21 días y tuvo la virtud de poner en apuros y miedos a la dictadura del “endeudamiento agresivo” iniciado por Poveda Burbano, Durán Arcentales y Leoro Franco, nombres que la historia los recogerá para que las nuevas generaciones no los olviden en sus calidades de ambiciosos desleales que acabaron con el proyecto nacionalista y revolucionario de las Fuerzas Armadas.

Esa lucha vivida es recordada por Francisco Herrera Araúz en una formidable crónica extraída de su memoria, escrita con pasión luego de una prolija investigación que recogió los recuerdos de sus compañeros y compañeras de combate, muchos de los cuales fueron encarcelados por los dictadores, torturados, humillados, golpeados y amenazados de muerte, y por eso el título de su libro que debe ser leído con la misma pasión del escritor: Si callan a los míos…gritarán hasta las piedras

El historiador y cronista de la ciudad de Quito, Juan J. Paz y Miño Cepeda al presentar el libro sostiene: “Uno de los estudiante, que por entonces contaba con 1º6 años de edad, Francisco Herrera Araúz, vivió el drama de aquellos momentos. No fue solo una vivencia personal. Estaba comprometido con una red que rebasaba su propia actuación individual, pues junto a Francisco se movilizaron estudiantes de numerosos colegios de Quito, que incluso recibieron la solidaridad de colegiales de otras ciudades ecuatorianas.

¿Se trató de una reacción “espontánea” contra “los cuatro reales”?. Tampoco. Francisco Herrera Araúz, como un amplio sector de dirigentes estudiantiles y compañeros de lucha había adquirido una primera conciencian política precisamente en las aulas de la secundaria. Todos despertaban a la inquietud sobre la marcha del Ecuador. También sentían en medio del romanticismo de la adolescencia, que en Ecuador se conjugaba un espíritu latinoamericanicista de lucha y que no estaban solos en el mundo. Siendo estudiantes y adolescentes experimentaban que ese mundo y, sin duda el Ecuador, merecía su entrega, su efervescencia juvenil, sui energía generosa y su compromiso político”.

En Si callan a los míos…se notará que más allá del “espontaneísmo” juvenil había una sólida organización que, convocada por el ideal marxista-leninista, decidió estudiar y analizar las realidades que carcomían al pueblo sometido por una dictadura ignara y represora, Muchos estudiantes de esos días, entre ellos Francisco, debían haber soñado con la posibilidad de una Revolución Liberadora que, a veces, se la veía venir a la vuelta de la esquina.

La “guerra de los cuatro reales” duramente reprimida por la dictadura, fue un claro y sonoro campanazo que despertaba al pueblo ecuatoriano que se conmovía de la situación nacional y respaldaba la lucha estudiantil que, tal vez, terminó por acelerar el fin del triunvirato que pronto pasaría al basural de la trágico-cómica historia ecuatoriana.

Juan Paz y Miño dice que este libro escrito por Francisco, un protagonista directo, en su hora madura y de reflexión, luego de dos años de búsqueda de referencias y de la reconstrucción de los hechos, ofrece un capítulo de la historia del Ecuador contemporáneo que muchos habían olvidado y que las nuevas generaciones, por supuesto, ni siquiera lo conocían.

Revista SIEMPRE