NUEVOS VIENTOS EN LA EDUCACIÓN 



MUCHAS TEORÍAS POLÍTICAS SIN RESULTADOS  



NUEVOS VIENTOS EN LA EDUCACIÓN


Fausto Guillermo Jaramillo Yerovi.
Periodista profesional.
Estudios: Universidad Central del Ecuador y Universidad de Berlín. Fue
Director de los departamentos de Radio y Televisión de CIESPAL, Secretario General de la Vicepresidencia del Ecuador,Presidente del Colegio de Periodistas de Pichincha. (Quito-Ecuador), Productor y Director de Televisión, y ha publicado "Los frentes de una guerra" en co-autoría, "La noche de las cacerolas", tercermundo.com o Dinosaurios en el siglo XXI, Crónicas de un viajero, La Odisea de América Latina. En imprenta: "Prohibido prohibir" o un ensayo sobre la década de los años 60 del siglo pasado, "Ecuamor", "Pobre Macondo" o "Panamá Hat”

Mientras escribo este artículo, la televisión transmite el partido de fútbol entre las selecciones de Ecuador y Colombia, dentro de las eliminatorias para alcanzar un cupo en el próximo campeonato mundial de este deporte a realizarse en Brasil, el próximo 2014.

Las calles de la ciudad, y supongo que de todas las ciudades del país y de Colombia estarán con un tráfico bajo, cuando no vacío, pues el fútbol convoca la atención de una mayoría, casi la totalidad, de los habitantes de un país. Los afortunados que pudieron comprar un boleto de entrada al estadio deben sentirse acompañados por los millones que verán el partido en las pantallas de televisión. Quienes no tengan un aparato en sus casas, al igual que aquellos que decidan mirar el partido en bares, o negocios públicos, se acomodarán en sillas o en el suelo, y junto a sus amigos o vecinos ocasionales comentarán las incidencias, sufrirán emocionalmente y compartirán los 90 minutos del juego.

Los jugadores concentrarán su atención en un caprichoso y esquivo balón al que pretenderán dominarlo para lograr que ingrese en el arco del equipo rival. Los cuerpos técnicos no se perderán un detalle del partido y de cada uno de los jugadores para dar las instrucciones adecuadas y tomar lo que consideren las mejores decisiones.

Los periodistas especializados tendrán en su cuaderno de notas todas las estadísticas que arrojen la historia de los enfrentamientos entre estas dos selecciones; un análisis de cada uno de los jugadores, sus virtudes y sus deficiencias, sus capacidades y aquellas que no lo sean. Pero todos, todos, con una descarga de adrenalina seguiremos ansiosos las incidencias de esta justa deportiva.

El fútbol es quizá uno de aquellos temas que logra uno de los más ansiados objetivos sociales: el consenso. Sí, este deporte no solo lo juegan los 11 deportistas en la cancha, la jugamos todos, porque al ganar el partido parece que la autoestima nacional se eleva, parece que todos somos capaces de alcanzar cimas, no solo deportivas sino también las de la vida.

Esa ilusión es, precisamente, la que hace falta cuando de alcanzar otros logros, se requiere. Esa unidad y esa esperanza es la que debe estar presente en todos los aspectos de la vida de una sociedad; pero, claro, todos sabemos que no es así, la historia nos lo demuestra.
Sin embargo, además del fútbol, la educación es el tema que más convoca a los ciudadanos. En la educación todos coincidimos en que se trata de la mejor, cuando no la única herramienta de movilidad social y la que permitirá vislumbrar el mejor camino en el desarrollo del país.

En décadas pasadas, las discusiones académicas y políticas se centraban en la búsqueda de esa herramienta. Según algunas teorías, era la política la que permitiría superar los problemas y, los gobernantes y gobernados se enfrascaron en luchas y desangres por imponer su visión. Otra teoría nos decía que era la economía y por lo tanto había que luchar por implementar un sistema financiero y productivo que permitiera el tan ansiado desarrollo. En el campo social había quienes defendían la salud como base del desarrollo y reclamaban de los gobiernos la implementación de decisiones que permitieran erradicar todos los vectores que afectaban la salud de los habitantes del país. Otros veían en la seguridad y los presupuestos se dedicaban a la compra de armas y de aparatos de represión. En fin, las teorías fueron muchas, pero los resultados no eran los esperados.

Cuando se habló de la Era de la Información, y luego de la Era del Conocimiento, la atención de la Academia y de la política comenzó a fijar su atención en la Educación. Es que era evidente que era el “cerebro” el culpable de los logros alcanzados que habían modificado las condiciones de la humanidad hasta lanzarla a una nueva Era.

No se trataba apenas de una serie de cambios, sino que éstos arrastraban a la historia a un nuevo capítulo, a una nueva cosmovisión. Rompiendo el tiempo y el espacio, la mente humana descubrió que un nuevo mundo se desplegaba frente a sus ojos.

Frente a la evidencia, la conclusión no podía ser otra: la educación es la base del desarrollo.

Con esa constatación llegaron una serie de preguntas: ¿Cuál era, entonces, la educación para esta nueva Era? ¿Qué clase de educación es la que hace falta? ¿Pueden ser los maestros, educados a la usanza anterior ser los encargados de llevar a un país hacia ese nuevo mundo? ¿Los sistemas educativos imperantes hasta ese momento, empujan a las nuevas generaciones al tan ansiado desarrollo?

Por siglos, la humanidad había ensayado varias propuestas pedagógicas, todas puestas su mirada en el objetivo de alcanzar una excelente educación; y los resultados demostraban que ya no daban más, que las nuevas condiciones exigían nuevos paradigmas, nuevos conceptos, nuevas actitudes.

Los gobiernos habían ensayado múltiples sistemas para impulsar y controlar la educación y los resultados demostraban su incapacidad de lograr excelentes resultados.
Los maestros, especialmente, en los países llamados del tercer mundo, o clasificados con el eufemismo de “en vías de desarrollo”, que tradicionalmente habían sido socialmente menospreciados, mal pagados y politizados, no estaban preparados para los cambios que se avecinaban y continúan siendo necesarios.

Por supuesto aun no se encuentra la fórmula mágica que permita, no solo promover los cambios, sino sobre todo alcanzar un sistema educativo eficaz, moderno, y que sus resultados puedan ser calificados como excelentes; sin embargo, ya se puede vislumbrar ciertos parámetros que apunten al logro deseado.

En primer lugar, ahora se sabe y se acepta, que la educación no se limita a las cuatro paredes de un aula. La educación es un proceso permanente en el que interviene múltiples actores sociales: la escuela, los maestros, las familias, el sistema, los medios de comunicación especialmente la televisión y la sociedad y los gobiernos.

En segundo lugar, la computadora, el Internet y las redes sociales, amplían mucho más el ámbito en el que se ha insertado la educación. En estos días no es posible ignorar estas tecnologías cuando se trata de la formación de los estudiantes.

En tercer lugar, y precisamente por los dos factores anteriores, la discusión apunta a que la educación no debe limitarse a “informar” a los educandos los conocimientos alcanzados por la humanidad en los diferentes campos, sino que debe “formar” a los estudiantes en sus actitudes, aptitudes, emociones y anhelos. Es decir ahora se asume que la educación no es ascética sino que está contaminada por todo el ambiente social y por lo tanto debe estar inmersa en los valores éticos.

En cuarto lugar: la influencia de la computadora y del Internet, ha trastocado las teorías pedagógicas, pues, hasta antes de la difusión del aparato y sus contactos, el uso y ampliación de la memoria era el objetivo principal de la educación. Al estudiante se le “embutía” de conocimientos: fórmulas, nombres, datos y detalles. Mientras más datos tenía en su cabeza, se creía que era una persona culta y educada. Ahora, toda la memoria de la humanidad está condensada en el Internet, al alcance de todos, a la velocidad de un “click”. Entonces, la memoria ya no es la única herramienta a desarrollarse; ahora se presta atención a la capacidad de investigar, de analizar, de establecer nuevas relaciones; en definitiva la educación ha vuelto a los consejos de los griegos, la lógica se ha puesto de moda y, en estos días, los estudiantes deben conocer y aplicar conceptos y métodos como la analogía, la inducción y la deducción, los silogismos.

En quinto lugar, se ha demostrado hasta la saciedad que la atención humana, especialmente la del estudiante no puede medirse en horas y horas de aburrida disertación. Los métodos tradicionales no han logrado provocar sino la asistencia obligatoria al aula. Los modernos métodos apuntan, más bien, a aspectos lúdicos, alegres y novedosos que atraigan no sólo la atención, sino un compromiso con la ciencia y la historia.

En sexto lugar, los Ministerios o Secretarías de Educación están revisando su Misión y su Visión, como entidades encargadas por la sociedad en velar por el control del sistema. Atrás vienen quedando los días en que estas oficinas eran las encargadas de construir más escuelas, de contratar más maestros, de burocratizar la educación; en su lugar, ahora estas oficinas intentan adentrarse en el diseño de currículums, de establecer estímulos a los afanes innovadores y apoyar en sus intentos de construir nuevos paradigmas educativos, así como de sancionar el incumplimiento y la irresponsable actitud de maestros y educadores.

En séptimo lugar, junto con lo anterior, los maestros deben adaptar sus métodos en el aula para despertar el interés de sus alumnos y, si para ello, deben aprender nuevas técnicas, aprender a usar las nuevas herramientas tecnológicas, pues, deben hacerlo.
Además, empujados por estas herramientas tecnológicas, los maestros deben aprender a usarlas y a emplearlas en su tarea. No se trata de aprender a aplastar botones, sino de hacerlo teniendo un objetivo claro. A manera de ejemplo, he conocido maestros que no saben de la existencia de páginas de Internet, como el “Rincón del vago” y por ello, sus alumnos parecen, ante sus ojos, como genios, cuando en realidad apenas ejercen la metodología del “copy and page” o sea, copiar y pegar.

En octavo lugar, los Ministerios o Secretarías, deben desarrollar un sistema de control del proceso educativo. Evaluar permanentemente y cuando las circunstancias así lo exijan, cambiar y modificar. El miedo al cambio paraliza a la sociedad e impide la adaptación a lo que sucede en el mundo.

En noveno lugar, los Ministerios o Secretarías, deben integrarse a su sociedad y no permanecer encerrados en sus castillos intocables en los que los únicos que cambian son sus autoridades, y eso también porque son sujeto políticos nombrados por sus simpatías con el gobierno de turno, antes que por sus méritos y competencias. Los funcionarios medios también deben ser constantemente capacitados y permitírseles que desarrollen su imaginación preparando nuevos métodos de trabajo que apunten a alcanzar el objetivo a ellos encomendado, que la inteligencia no es atributo solo de los más afortunados.

En décimo lugar, la sociedad debe aprender a valorar a los maestros. No se trata únicamente de establecer un salario digno y atractivo para ellos, sino que además deben ser reconocidos como los portadores del futuro de la sociedad. Ellos tienen la responsabilidad mayor de una sociedad puesto que deben trabajar con la materia primar más importante, el cerebro, de los niños y jóvenes. Eso significa que solo podemos permitir que lo hagan los mejores elementos de la sociedad, aquellos que a lo largo de su vida vienen demostrando su capacidad y su ejemplo. Sociedades que van a la vanguardia en este tema exigen, por ejemplo, que para ingresar a la carrera pedagógica, sólo pueden hacerlo los mejores estudiantes, aquellos que alcanzan las más altas notas científicas y de comportamiento; por eso, resulta ser un honor ser “maestros” reservado sólo a los mejores.

En décimo primer lugar, los Ministerios o Secretarías, deben apropiarse del concepto de que la educación es todo un sistema que no puede ser dividido acorde a los intereses políticos del gobierno de turno. Desde la edad inicial hasta alcanzar su profesión, el estudiante es un ser único e indivisible, por eso no hay razón para creer que la educación tiene que ser diseñada y controlada por varios estamentos o divisiones o entidades. El divorcio que se produce en esos casos conspira contra la continuidad que debe existir en la educación y malestares y contradicciones peligrosas y dañinas.

Finalmente y quizás lo más importante. Es hora de diseñar los nuevos contenidos del sistema educativo. Atiborrar el cerebro con cantidades extremas de información no es lo que los tiempos demandan, por el contrario se torna imperativo determinar lo que las aulas pueden brindar, lo que los estudiantes pueden adquirir fuera de ellas, lo que las sociedades requieren para su desarrollo, integrarse con el aparato productivo para saber sus demandas tecnológicas, desarrollar sistemas modernos de evaluación, respetar al maestro, estimular su imaginación y desarrollo.