VUELVEN LOS TZÁNSICOS 



VUELVEN LOS TZÁNSICOS 



Simón Zavala Guzmán

El 22 de febrero del año en curso, desde las 19 hs. en la Sala “Alfredo Pareja Diezcanseco” de la Casa de la Cultura “Benjamín Carrión”, Matriz Quito, se desarrolló el programa de presentación de la edición facsimilar de la Revista “PUCUNA” 1962-1968, que comprende los números del 1 al 9 de esta revista, órgano de manifestación y difusión del pensamiento Tzánzico. Este original nombre deviene de “Tzanza” “cabeza reducida”; ancestral y tradicional forma que tienen los Shuaras de la amazonia ecuatoriana, para a través de un proceso que únicamente ellos conocen, reducir y momificar la cabeza de sus enemigos, a un tamaño mínimo, como signo de victoria. El Tzanzismo, que se inicia el 27 de julio de 1.962, con su Primer Manifiesto, se constituyó con la idea de reducir las cabezas de ciertos círculos culturales dominantes en el país, a efectos de generar una consciencia y una actitud revolucionaria no sólo en las letras y las artes sino, principalmente, en los grupos aburguesados, proclives siempre a los intereses del capital y a las órdenes del Imperio. En la noche del 22 de febrero estuvieron algunos de los tzánzicos: Raúl Arias, Ulises Estrella, Alfonso Murriagui, Euler Granda, Teodoro Murillo, Antonio Ordóñez, Luis Corral, José Ron, Humberto Vinueza, Francisco Proaño Arandi, Alejandro Moreano, entre otros, recordándonos pormenores de sus actuaciones, en esa década de los sesenta, llena de grandes acontecimientos en el mundo.

El Grupo “Tzánsico” estuvo constituido por un buen número de escritores y artistas iconoclastas, irreverentes y cuestionadores de la literatura y de las diferentes expresiones artísticas del país, así como de la cultura oficial, poniendo de por medio, un pensamiento crítico y sin concesiones, ácido y beligerante. El sopor del mundo cultural, social y político del país se conmovió frente a estos intelectuales militantes de una izquierda radical que planteaba el cambio social del país y del mundo en todos sus órdenes. La revista “Pucuna” (pucuna en el idioma de los Shuaras significa cerbatana, instrumento con el que se lanzan dardos envenenados) fue el medio de comunicación de estos nuevos “reductores de cabezas adormecidas y sin consciencia social” por el que, expresaban sus opiniones generalmente devastadoras. Agustín Cueva, el gran pensador ecuatoriano en su libro “Lecturas y Rupturas”, Quito, 1986, al respecto escribió lo que a continuación se transcribe: “Todo empezó…a cambiar desde aquel momento; por ahí empezaron a canalizarse todos los anhelos de transformación. Se modificó la manera de escribir, gracias a una suerte de violencia verbal que descoyuntaba los parámetros de un discurso burgués que mal o bien se había implantado en Ecuador, sin separarse completamente de su ubre aristocrática. Se cambió la forma de ver el mundo, revolucionándola y a la vez desprovincializándola, en la medida en que el poeta era ahora también un trotamundos”.

Realmente fue un acontecimiento la presentación de “PUCUNA” y el poder departir con algunos tzánzicos que quedan, concluyendo que nuevamente se hace necesario que vuelvan a hacer presencia para desenmascarar a algunos seudos “escritores/as” y “antologadores” autocalificados con bombos y platillos y con el concurso de ciertos testaferros literarios que los ensalzan, de ser “los mejores”, alabándose y elogiándose entre ellos, cuando su producción supuestamente literaria es totalmente mediocre, su actitud personal es totalmente discriminatoria con respecto de verdaderos valores de nuestra cultura y, su posición política jamás ha sido de compromiso con las causas nobles de nuestro pueblo. Es cierto que a nadie se le puede exigir que escriba desnudando la triste realidad de los pobres y oprimidos de nuestro Ecuador y del mundo (los “condenados de la Tierra”, según Fánon) se dijo, pero no es menos cierto que, éstos mercenarios de la literatura, que están plenamente identificados y son desechados en todo tipo de reunión intelectual, y en el plano internacional son considerados como “fichas”, no pueden seguir apareciendo como los representantes de nuestra literatura en pago y gratificación, al esbirrismo y al tenderse como alfombras cuando los requieren.