EL CORREISMO EN LA ENCRUCIJADA POLITIQUERA 



LOS POLÍTICOS SE ALIMENTAN DEL ESCÁNDALO 




Rodrigo Santillán Peralbo

Los políticos ecuatorianos suelen autoinflarse con sus propios discursos generalmente vacuos, y con profundas carencias de inteligentes propuestas, pero se alimentan con escándalos que se suceden unos a otros con asombrosa rapidez, como si se tratase de una maldición que persigue a caudillos y líderes de gobiernos populistas que, aún pareciendo o siendo puros y limpios en sus concepciones y prácticas éticas, no han podido ser eficaces en el combate a la corrupción. El correismo no ha escapado de esa maldición y se ha instalado ya en la encrucijada politiquera de la trágico-cómica historia del Ecuador.

En estos tiempos de Revolución Ciudadana, la oposición partidócrata amontonada de cadáveres políticos ejecutados por Correa, y con reemplazos o sobrevivientes que, en conjunto, forman una parva de inútiles, sin más ideas que el ejercicio de la crítica insultante y del uso del escándalo como arma promocional, no encuentra ni un mínimo personaje que, en el horizonte eleccionario, sea capaz de enfrentar con éxito al que califican como, prepotente, intolerante, intemperante, autoritario, dictador, totalitario y hasta emperador.

Muchos políticos no piensan que los caudillos se construyen y que pueden ser totalitarios, no por ellos mismos, sino fundamentalmente por la gente que le rodea, la que se esmera; ya sea por un plato de lentejas, por la posibilidad de rápido enriquecimiento o para salir del anonimato y contar con minutos de popularidad o gloria, si el líder les concede la oportunidad de ejercer el mando al frente de pequeñas parcelas del poder, en servirle con testuz inclinada hasta el piso, en adular al líder para satisfacer sus egos, en prodigarle de atenciones servilleta en mano, en aplaudir sus manidos discursos, en festejar sus decires y acciones, en agredir a quienes consideran opositores. En fin, este tipo de personajes son la alfombra del amo caudillo. Sin el jefe supremo simplemente desaparecen o mueren en el ostracismo. “¡Gloriam transit mundi est!”

Claro que el presidente Correa puede ser considerado caudillo de la Revolución Ciudadana y del Movimiento Alianza Pais, pero es innegable que en su gobierno han ocurrido hechos escandalosos que han golpeado a sus más cercanos amigos y colaboradores y a él mismo: el amigo come cheques, los patiñovideos, la narcovalija, la metida de mano en la justicia, la imbatible corrupción en comisarías, gobernaciones y ministerios de Salud y Ambiente con el desvío de fondos públicos a cuentas privadas, y otras acciones colmadas de porcentajes, los descuentos a empleados públicos para las faltriqueras de Alianza País, la obligatoriedad para que asistan a marchas y sabatinas, el pago, refrigerios y transporte para la gente que, “espontáneamente”, acude a manifestaciones de respaldo para gritar consignas y aplaudir al mandatario y la costosa y cansina propaganda oficial y cadenas radiotelevisivas que son una ofensa a la inteligencia de millones de ecuatorianos.

Uno de los hechos de mayor escándalo político nacional e internacional fue el referido a la sublevación policial y mínima participación militar del 30 de septiembre de 2010. En un principio fue un reclamo clasista que bien pudo superarse sin mayores inconvenientes, pero que con el transcurso de las horas, de simple y repudiable revuelta, pasó a convertirse en intento de golpe de Estado con secuestro e intento de magnicidio incluidos, según la manipulación política de la propaganda oficial y del discurso presidencial.

A más de esos hechos, el presidente Correa ha demostrado que es un peleador en defensa de sus creencias y actuaciones. Naturalmente que, como ciudadano y mandatario, tiene todo el derecho del mundo para reclamar judicialmente lo que considera ataques a su honra, intimidad personal y familiar, buen nombre y reputación, pero de allí a meter mano en la justicia que termina por intimidar a jueces y comensales de la Función Judicial que nacieron o se hicieron pusilánimes es una barbaridad que afecta a su imagen, discursos y actuaciones. Allí están los juicios a El Universo y el caso chucki seven que, usado por los demandados y oposición, perjudicó al Presidente, a sus abogados y al acucioso super juez que, con velocidad de relámpago, habría redactado y declarado que era el autor de la sentencia, para asombro nacional e internacional. Con diferencias, igual ocurría con la sentencia a los autores del libro El Gran Hermano. En los dos casos el Presidente, antes de que se enturbie más su administración, quizá se vio obligado a perdonar a sus supuestos injuriadores sentenciados.

La bronca que mantiene el Presidente con la prensa puede ser legítima en sus principios y concepciones, pero la deslegitima en el momento de agresiones e injurias a los periodistas para quienes no ha se ha guardado epítetos infamantes, adjetivaciones denigrantes o sátiras y burlas de la peor especie. El líder de la Revolución Ciudadana no se ha dado cuenta que el periodista no es más que un proletario dependiente de la empresa que le paga un sueldo, casi siempre miserable.

Los periodistas han sido ofendidos cotidianamente por el Presidente y en razón de que cunde el mal ejemplo, ahora hay personas que en cualquier parte y ocasión agreden, insultan y maltratan a los periodistas cuando antes de Correa era un profesional respetado en todos los ámbitos, niveles estatales y estratos socio-económicos. Y lo más grave es que ha logrado dividir a los periodistas en buenos y malos. Los primeros son los que prestan sus servicios profesionales en las dependencias gubernamentales y en los medios oficiales, los segundos son los que trabajan para las empresas de comunicación social. Ese mismo divisionismo ha saltado a los gremios divididos tontamente entre “independientes” y oficialistas.

Pero Correa no sólo ha dividido a los periodistas y comunicadores sociales. Ha usado el viejo principio maquiavélico: “dividir para reinar” y así, de manera imperdonable logró dividir al movimiento indígena, al movimiento sindical, al movimiento estudiantil y a la totalidad de movimientos sociales, a las derechas e izquierdas.

Los que sirven y adulan al régimen son buenos indígenas y los otros son los de los ponchos dorados, indios corruptos (que si los hay), pelagatos, miserables. Igual ocurre con los trabajadores, estudiantes y dirigentes sociales. La Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador -FEUE- era respetada. Antes se decía: “La FEUE ya salió, el gobierno se cayó”. Ahora hay una FEUE correista y otra opositora, Hay rectores gobiernistas-oficialistas y rectores opositores. Y entre más divididos más pisoteada está la autonomía universitaria, la libertad de cátedra, las asociaciones de profesores, las asociaciones de empleados. Antes se decía que la patria irá a donde vaya la universidad y hoy se dice que la universidad irá a donde el gobierno quiere que vaya.

En estos tiempos de Revolución Ciudadana que tiene mucho de trastorno reformista y poquísimo de revolución, los partidos políticos de las derechas están casi liquidados a pesar de que en el gobierno gozan de elevados cargos y sueldos, y las izquierdas más divididas y liquidadas que nunca. Los gloriosos partidos comunista y socialista, de revolucionarios pasaron a tener líderes y secretarios generales burócratas de tercera que mueven a algunos militantes para agitar las rojas banderas colmadas de gloria en sus luchas, junto a las verdes banderas de Alianza Pais. Los revolucionarios de Alfaro Vive Carajo se dividieron entre empleados con sueldo y desempleados con ideales vivos. Son los logros políticos de la Revolución Ciudadana.

El crear y propiciar divisionismo es una forma de acabar con cualquier oposición que quiera consolidarse, así como ejercer el liderazgo caudillista es impedir que a su sombra crezca algún personaje que siquiera sea capaz de emularlo. El presidente Correa, de acuerdo con su personalidad, ejerce un fuerte liderazgo en su proyecto revolucionario.

Su carrera política fue meteórica. De modesto profesor de la Universidad elitaria San Francisco de Quito, pasó a forajido, Ministro de Finanzas, precandidato a la Presidencia de la República y finalmente Presidente de los ecuatorianos.

Su carrera tuvo apoyos fundamentales. Llegó a la presidencia en el 2007 con la fuerza de una pluralidad de movimientos sociales forjados en las luchas políticas: indígenas, maestros, trabajadores, intelectuales de izquierda y partidos políticos como el FADI Frente Amplio de Izquierda, Partido Comunista del Ecuador, Partido Socialista Frente Amplio, Partido Comunista Marxista Leninista –MPD y hasta la Izquierda Democrática y Red Ética y Democracia de León Roldós y su sobrina Martha Roldós. Fue importahte el respaldo de estudiantes universitarios, movimientos de mujeres, campesinos y organizaciones barriales urbanas. A ese respaldo exterior conseguido con la oferta de cambios, se unía un entusiasta entorno intelectual que le dio consistencia ideológica al movimiento en ciernes. Se destacaron Alberto Acosta, Fander Falconí, Gustavo Larrea, Manuela Gallegos. Hoy, la mayoría de esos partidos y apoyos quedaron afuera del gobierno de Correa.

Sólo persisten pequeños grupos del Partido Comunista del Ecuador, del Partido Socialista Frente Amplio y algunos intelectuales de izquierda convencidos, por algún a razón, de que la Revolución Ciudadana es una Revolución de Izquierda en la que ni Correa cree porque, a más de reiterar que no tiene ideología, dijo enfáticamente: Yo prefiero estar con un tipo de derecha decente que con un tipo de izquierda inmoral que solo ha hundido a los que dice defender”, o sea que los de izquierda que no han hundido a sus defendidos siguen en el gobierno ¿o será que se han vuelto decentes de la derecha?
Por otra parte, de cara a las próximas elecciones del 2013, Correa ha afirmado sin eufemismo que estaría dispuesto a tejer alianzas inclusive con políticos de derecha. “Siempre hemos estado abiertos a toda clase de alianzas en función del país, de programas, de coincidencias no solo ideológicas, porque para mí más importante que las ideologías son los principios”.
Mateo Martínez Abarca en Anarquismo.net, sostenía: “Más allá del tono típicamente caudillezco y populista del discurso (afirmación de lo moral por sobre lo ideológico) y de que en los hechos era patente desde ya hace algún tiempo el giro a la derecha del gobierno; la apertura pública de Correa a una alianza con sectores de la derecha es de singular novedad dentro el proceso de los últimos cinco años. No solamente se trata del agotamiento de un discurso, si se quiere, “anti sistémico”, con el que Correa ha seducido tanto dentro como fuera del país, sino también un parte aguas político que debe leerse minuciosamente. A continuación se proponen algunos elementos a tomar en consideración.

1. Mega minería, ampliación del modelo extractivista y revitalización de la capacidad de movilización de indígenas y sectores populares.

Entre los antecedentes recientes, es necesario recordar que hace pocos meses el gobierno de la “Revolución Ciudadana” firmó con una compañía china el primer contrato para explotación de minería metálica a gran escala en el Ecuador. El proyecto Mirador, ubicado en la cordillera del Cóndor al sureste del país y destinado a la extracción de cobre, es el primero de una larga lista de proyectos de desarrollo de la minería industrial en los planes del régimen.

Con el movimiento indígena a la cabeza y junto a la Coordinadora Plurinacional por la Unidad de las Izquierdas, la gran mayoría de sectores populares organizados han demostrado firme resistencia a la continuación del modelo extractivista en el Ecuador. Dicha resistencia, que ha tenido como respuesta desde el gobierno tanto la represión como la persecución judicial, pasó al plano de la protesta en las calles: entre el 8 y el 22 de marzo, se realizó la “Marcha plurinacional por el agua, la vida y la dignidad de los pueblos”, que recorrió gran parte del país.

A pesar de una vasta campaña de descrédito (que no excluyó contenidos abiertamente racistas contra el movimiento indígena), organización de contra movilizaciones mediante aprovechamiento de recursos públicos, así como intentos de desarticulación a través de los aparatos de seguridad del gobierno; la marcha se desarrolló con sorprendente éxito y, a su llegada a Quito, recibió innumerables muestras de respaldo, cariño y solidaridad por parte de la población.

Aunque en las semanas de movilización bulleron torpes acusaciones de golpismo por parte del gobierno e intelectuales latinoamericanos como José Steinsleger; la movilización de indígenas y sectores de la izquierda no tuvo en absoluto la finalidad de desestabilizar al régimen. La marcha transcurrió pacíficamente a pesar de las provocaciones y la paranoia, culminando con una enorme concentración y posterior entrega de las demandas ante el presidente de la Asamblea Nacional.

El éxito de la marcha representó -y en esto coinciden la mayoría de análisis-, una clara muestra de la revitalización de la capacidad de movilización popular desde la izquierda, que -además de sufrir el letargo propio de las expectativas de transformación que ofrecía el régimen-; ha tenido que enfrentar la acción coordinada desde el Estado para cooptarla o desmovilizarla.

2. Tratado de Libre Comercio entre Ecuador y la Unión Europea e inviabilización de un proceso de redistribución de la tierra: Rafael Correa asume la posición de empresarios y terratenientes.

Durante los últimos meses el gobierno ha continuado con las negociaciones tendientes a la subscripción de un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea. Aunque el régimen de Correa se ha empeñado en sostener eufemísticamente que no se trataría de un acuerdo de libre comercio, sino uno “para el desarrollo entre los pueblos”; la contraparte europea ha puesto en claro que los términos no serán diferentes a los ya alcanzados en las negociaciones mantenidas con Colombia y Perú.

El acuerdo es promovido insistentemente por el empresariado, la banca, los medios de comunicación, y al interior del gobierno por los grupos cercanos a las élites encabezados por la ex funcionaria del gobierno de Mahuad, la actual embajadora en los Estados Unidos Nathalie Cely. Advirtiendo la notoria inclinación de la balanza hacia una posición pro acuerdo por parte del presidente, los escasos críticos han ido abandonando el gabinete. Primero fue la Ministra Coordinadora de la Política Económica Katiuska King en el mes de octubre del 2011, y más recientemente, el vicecanciller Kintto Lucas, quien presentó su renuncia durante los primeros días del mes de abril.

A pesar de que al interior de la “Revolución Ciudadana” aún permanecen varios militantes históricos de la izquierda, que defienden la cada vez más endeble tesis de que “el proceso está en constante disputa”, en torno al TLC esta posición parecería haber llegado a su quiebra final. Aunque la Constitución de Montecristi prohíbe de manera tajante los acuerdos de libre comercio, la red de organizaciones sociales Ecuador Decide ha denunciado que el gobierno se encuentra restringiendo la información en torno a las negociaciones (realizadas además en Bruselas), de las cuales cual se informará a la población cuando los hechos se encuentren consumados.

Durante la campaña del 2006, uno de los elementos centrales de la plataforma política de la Revolución Ciudadana, fue precisamente la no reanudación de las negociaciones para la firma de un acuerdo comercial con los Estados Unidos, (las cuales venían desarrollándose primero durante el derrocado gobierno de Lucio Gutiérrez y finalmente durante el breve lapso que duró el de su vicepresidente, Alfredo Palacio). La suspensión definitiva de las negociaciones de un TLC con los Estados Unidos constituye una de las más importantes victorias en la historia reciente de las luchas sociales en el Ecuador. Un acuerdo con la Unión Europea pavimentaría el camino político al restablecimiento de las negociaciones para un TLC con los EE.UU.

Este no es el único tema en el que el gobierno ha adoptado la posición de las élites y sus representantes políticos de la derecha. Otro tema candente y de mucha preocupación sobre todo para los sectores indígenas y campesinos, es el tratamiento de la nueva ley de tierras. Hace pocos meses, Correa reveló en un discurso su cercanía con la posición de los grupos terratenientes y de la agro industria exportadora, al mostrarse reacio a un proceso de redistribución de tierras (necesidad histórica en un país de alta concentración de la tierra en grandes propiedades como el Ecuador). En el mes de noviembre del 2011, Correa declaró:

“Algunos quieren definir latifundio de acuerdo a un tamaño: más de 100 hectáreas y ¡prohibido los latifundios, la Constitución prohíbe el latifundio…! [Pero] lo importante es la propiedad y lo importante que se esté produciendo… Primera idea de fuerza: cuidado por hacer un bien hacemos un daño mayor… Para que todos seamos propietarios partamos estas 2.000 hectáreas en 1.000 familias a dos hectáreas cada familia. Bueno, vamos a tener 2.000 familias más pobres que antes. La segunda idea de fuerza es la productividad. Tenemos una productividad agrícola demasiada baja. Y en la economía campesina esa productividad es desastrosa. Y parte de esa baja productividad son las pequeñas parcelas de terreno. Incluso, con el sistema capitalista, si tenemos una producción de 2.000 hectáreas y una sociedad anónima con 200 accionistas en buena hora: se está democratizando en algo la propiedad de esa tierra. Esto es lo que no entienden muchos compañeros. Por ahí veo proyectos de tierra, incluso del propio Consejo de Soberanía Alimentaria, que tienen solo esa visión de justicia. Cuidado, por buscar la “justicia”, entre comillas, destrozamos la eficiencia y lo que hacemos es a todos igualitos, pero igualmente miserables, igualmente pobres.”

Para Correa, el criterio de una repartición justa de la tierra para los campesinos, puede representar una amenaza contra la eficiencia de la producción agrícola. La conclusión en esta argumentación del presidente, es que es preferible una distribución injusta de la tierra a una reducción de la eficiencia, a pesar de que innumerables estudios muestran que no hay fundamento teórico sobre la disminución de la eficiencia productiva en la pequeña propiedad campesina. No hace falta recordar además que la firma de un TLC beneficiaría sobre todo a la agro industria exportadora, afectando gravemente a los pequeños campesinos.

3. Algunas conclusiones
Además de declarar la apertura a una alianza con sectores de la derecha y de alabar la inteligencia de sus precandidatos, en el mismo discurso Correa atacó a la izquierda develando un posicionamiento con miras al escenario de las próximas elecciones del 2013: “Por ejemplo, aquí hay grupos que se proclaman de izquierda, pero habría que ver su quehacer. Yo prefiero estar con un tipo de derecha decente que con un tipo de izquierda inmoral que solo ha hundido a los que dice defender”

Más allá de que uno de los rasgos clásicos del discurso populista latinoamericano es la banalización de la política y su subordinación a la moral, el discurso de Rafael Correa revela que, en la lectura política del gobierno con respecto escenario de las próximas elecciones, resulta mucho más cómodo y fácil coincidir- buscar el apoyo de sectores de las elites y la derecha que están de acuerdo con, por ejemplo, la minería a gran escala y el TLC; que con una izquierda “inmoral” que se les opone “hundiendo a los que dice defender”. Después de todo, han sido ellas, las élites, quienes se han beneficiado sustancialmente durante este periodo.

Correa ha dicho ya en varias ocasiones que “el mayor peligro para nuestro proyecto de país es el izquierdismo y el ecologismo infantil. Temo que no me equivoqué, aunque tal vez me faltó añadir el indigenismo infantil” (26 de julio del 2008); y que “La minería es fundamental para la era moderna. Sin ella regresamos a la época de las cavernas. No podemos caer en la irresponsabilidad de ser mendigos sentados en un saco de oro. La minería correctamente manejada es positiva.”(5 de marzo del 2012).

En las últimas semanas las fichas se han movido sobre todo en territorio de las candidaturas de la derecha, en particular a partir de la nueva candidatura del millonario Álvaro Noboa y la más que posible postulación del banquero Guillermo Lasso, ex ministro de economía de Jamil Mahuad cercano al Opus Dei. Aunque Correa conserva todavía un evidente respaldo entre la población, sabe que ha perdido considerable parte de su electorado de izquierda y comienza a desplegar una estrategia que le permita captar votación de un electorado más conservador ubicado sobre todo en la costa.

La izquierda política y los movimientos sociales, agrupados en torno a la Coordinadora Plurinacional por la Unidad de las izquierdas, se encuentran desarrollando un proceso de debate amplio que permita proponer un proyecto de transformación consistente, como alternativa a la modernización capitalista anclada en la extracción de recursos naturales que impulsa el gobierno. Sin embargo, la tarea no es fácil: pasa por la consolidación de un proceso político y social mucho más profundo que asegure la unidad a largo plazo y que no puede agotarse en lo meramente electoral.
Así las cosas, el Ecuador se encuentra nuevamente ante una encrucijada. Aunque el gobierno de Correa ha recuperado en alguna medida el Estado redistributivo desmantelado por el neoliberalismo; el combustible progresista de la Revolución Ciudadana finalmente se ha agotado, primero en los hechos y ahora también en el discurso. La apelación de Correa a la derecha es muestra evidente no solamente de la decadencia y deriva regresiva cada vez mayor de la Revolución Ciudadana, sino también de la recomposición de las élites en el escenario político, justamente gracias a un gobierno que nunca hizo ni lo necesario ni lo suficiente para articular este proyecto junto a los sectores populares”
El correismo comenzó a forjarse en las calles en los años 2005-2006, de la mano de los movimientos de los "forajidos" que en sus protestas ganaron ese nombre de la boca del entonces presidente Lucio Gutiérrez que al, tomar fuerza la movilización popular, huyó en helicóptero antes que “morir en el intento”, según su promesa de cambiar la República.
Entonces Correa creció al socaire de los movimientos que provocaron el fin del coronel que se autodeclaró “el mejor aliado y amigo de Estados Unidos”. Esos movimientos fueron Alianza Democrática Nacional de Manuela Gallegos, Iniciativa Ciudadana de Gustavo Larrea, Alianza Bolivariana Alfarista de Leonardo Vicuña, Movimiento País de Freddy Ehlers, movimiento Nuevo País de Fernando Cordero, Ruptura de los 25 de Paula Romo, Alternativa Democrática y otros de izquierda como el MPD, UNE, UGT, estudiantes de la FEUE y de la FESE y varias ONGs vinculadas a los sectores populares e indígenas.
Alianza Pais creció a la sombra de partidos y movimientos políticos y sociales. Es una gran mezcolanza de ideologías pero sobre todo de intereses pancistas y arribistas al que concurren personajes identificados con las viejas partidocracias, insignes miembros de las derechas socialcristianas, social demócratas, demócratas cristianas, conservadores, liberales, roldosistas, cefepistas, revolucionarios de ayer hoy desorientados, y jóvenes hombres y mujeres en busca de trabajo e indígenas y activistas de derechos humanos, campesinos con prebendas, beneficiarios de bonos y, entre ellos, la clase desclasada del volante, pueblo despistado y deslumbrado y empresarios beneficiarios de la obra pública.
Los fundadores de Alianza Pais, los que en sus inicios lo definieron ideológicamente y que de algún a manera podían perturbar el sueño del ser único e irremplazable, fueron desechados. Fander Falconí y Albero Acosta, junto con Gustavo Larrea, Janeth Sánchez y Pedro Páez, trabajaron en la propuesta ideológico-política y fueron los padres del plan de gobierno de Alianza País. Los tres primeros no van más en Alianza Pais; sin embargo de que Falconí regresó al gobierno a un puesto secundario.
“Como explica el profesor investigador del Instituto de Estudios para el Desarrollo, en la Universidad de Sussex, Andrés Mejía Acosta "Falconí, junto con Acosta, habían sido los ideólogos del movimiento, desde años antes de la campaña electoral, ellos conformaron un grupo de economistas críticos que cuestionaban la ortodoxia y proponían una alternativa de desarrollo sustentable". Pero esa amplia coalición que arropó a Rafael Correa, en la actualidad ya ha sido desgajada.
Correa sufre el lógico desgaste de cinco años en el ejercicio del poder con prepotencia, arrogancia e indiscutible autoritarismo. Los apoyos de ayer no van más y esta es la razón para que públicamente declare que busca alianzas con las derechas y otros sectores socio-políticos, razón suficiente para sospechar de una especie de tongo con el renacimiento de Álvaro Noboa, líder de las oligarquías entontecidas por el dinero y que dice por quinta vez, buscar el Poder para ofrecer lo mismo: casas de hormigón armado para todos, automóviles para todos, trabajo para todos, títulos universitarios para todos y llevar al Ecuador al primer mundo.
Pobre país de la mitad, otra vez sometido al mismo juego politiquero de su triste historia.