DIOS, CHAVEZ Y FIDEL 



GRACIAS AL CONVENIO INTEGRAL DE SALUD 50 MIL VENEZOLANOS TIENEN NUEVA ESPARANZA DE VIDA 




Rodrigo Santillán Pralbo


Ese es el nombre de un libro escrito por dos extraordinarios periodistas cubanos: Elson Concepción Pérez, Licenciado en Periodismo, comentarista en temas internacionales del periódico Granma y de la Mesa Redonda Internacional de la Televisión Cubana y María Elena Ruíz Dávalos, Licenciada en Periodismo, Subdirectora del Centro Internacional de Salud La Pradera desde hace 10 años.

¿Por qué una obra periodística, fue titulada Dios, Chávez y Fidel? Se comprenderá tal denominación cuando en cada página del libro se encuentran los testimonios de personas enfermas que piensan que Dios puede remediar sus dolencias, secar sus lágrimas, sanar sus cuerpos, pero cada paciente venezolano va más allá de sus lucubraciones y razona en las realidades vividas y sabe, por propia experiencia, que la recuperación de la quebrantada salud se debe, también, al Convenio Integral de Salud suscrito entre los Presidentes Hugo Chávez, de la República Bolivariana de Venezuela y Fidel Castro, Presidente y Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.

Elson y María Elena han escogido la entrevista para recabar pensamientos, criterios, opiniones y, a la vez, emociones, sentimientos y pasiones de sus entrevistados. Es un trabajo que recurre a lo fundamental del periodismo: preguntar y si se entiende que la entrevista es un género muy difícil y complejo, en el libro en comento todo se vuelve fácil cuando se establece un verdadero diálogo sin aspavientos, prepotencias o veleidades entre entrevistador y entrevistado. Es más, leer cada entrevista es un acto de fe en la humanidad y del despertar de profundas emociones, y con seguridad muy pocos o casi nadie pensará en el inmenso trabajo previo que demanda la realización de una entrevista con profesionalidad y responsabilidad social. En esto, Elson y María Elena son unos maestros.

Los autores señalan con propiedad que “las preguntas a los testimoniantes persiguen, más que todo, resaltar los por qué de la solidaridad humana, adentrarnos en el entorno donde vivían o viven; conocer de su vida y que pudieran expresar, como lo han hecho, la confianza en el presente y en el futuro. Vida que en muchos casos es “la otra vida”, como han reiterado, esa que empezó cuando otros seres humanos, no importa si son de su país o de otro, ni la ideología o religión que profesen, le tendieron la mano y con profesionalidad y sensibilidad, le devolvieron la esperanza.

No hacen falta calificativos para denominar esta obra, que se ha hecho más bien con el conocimiento de pacientes, familiares y personal de la salud, sin estridencias en los grandes medios, aunque su valor social sobrepase toda expectativa”.

El Convenio Integral de Salud cubano-venezolano es una demostración sublimada de la cooperación solidaria entre dos pueblos hermanados por la lucha revolucionaria y la construcción del socialismo, pero basta mencionar socialismo, para que el odio patológico que se anida en mentes colonizadas, cipayas, oligárquicas, feudalistas, derechistas y proimperialistas surja como una constante de su propio egoísmo, de sus bajas pasiones deshumanizadas por el poder del dinero, valor supremo del capitalismo brutal y salvaje que, además, todo lo tergiversa y todo lo niega. Para este tipo de gente, un acto humano hondamente solidario se convierte en peligro para su vida cómoda, opaca y sin sentido.

Por eso los autores de Dios, Chávez y Fidel recuerdan: “Los que una vez tildaron al mandatario venezolano de “enviar agentes a prepararse en La Habana, pueden estar seguros de cuanta realidad tenía la acusación: Hoy toda Venezuela, América Latina y el mundo, deben saber que los médicos de la Isla, los centros hospitalarios, casi todos creados por la Revolución, hasta mediados del 2011 han atendido casi a 50.000 pacientes. No son pocos los que “volvieron a vivir” y todo gratuitamente. ¡Vaya agentes de Chávez preparados por Castro!

Otra realidad que no podía estar ausente en un texto como este, es el aporte de las misiones sociales en la hoy Venezuela Bolivariana.

Las estadísticas que aparecen, tanto de la Misión Operación Milagro, de Barrio Adentro; de los recursos humanos preparados de forma conjunta entre los dos países; y las tablas que muestran cuál era la situación de la Salud hace una década y cuál es ahora, son exponentes más que convincentes del apego y amor del presidente Chávez a su pueblo, a los más humildes olvidados de siempre; sin que importe para nada la etnia a la que pertenecen , el status social que tienen, la ideología, ni el tipo de religión que profesan”.

Elías Jaua, Vicepresidente Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela, en el prólogo de Dios, Chávez y Fidel expresa en una parte de su texto: “El Convenio Integral de Salud Cuba-Venezuela, la Misión Milagro, la Misión José Gregorio Hernández, la Misión Niño Jesús, la Misión Barrio Adentro, la Escuela Latinoamericana de Medicina; entre otras, son parte de ese camino hacia la construcción de un modelo de salud que priorice lo humano ante lo comercial, la lucha contra la mercantilización es parte de la batalla que libra el Gobierno Revolucionario del Comandante Chávez”.

Señala, también: “Al pueblo cubano, el que siempre nos ha dado ejemplo de solidaridad, humildad, honestidad, responsabilidad, entrega y amor, le agradecemos con infinita alegría y esperanza la posibilidad de seguir el camino de Bolívar y Martí…”

El libro de Elson Concepción Pérez y de María Elena Ruíz Dávalos se lee con verdadero placer porque en cada testimonio se encuentra la alegría de vivir, la gratitud como un imperecedero valor de lo humano y la felicidad reencontrada del paciente que, sin que le cueste un solo centavo, ha recuperado la salud. Entonces son más de 50.000 “agentes” hombres, mujeres, niños preparados por Castro. En hora buena.