¿HASTA DÓNDE AVANZAMOS? 



60 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL BOLIVIANA 



Antonio Peredo Leigue
Abril 2012

El 9 de abril se cumplieron 60 años de un capítulo importante de nuestra historia: la Revolución Nacional. Duró lo que tenía que durar en la discordancia entre un pueblo que marchaba hacia el socialismo y un gobierno que se esforzaba por construir un estado capitalista moderno. Ni una ni otra cosa fueron posibles, cuando el gobernante Paz Estenssoro cedió ante las pretensiones arribistas de un general: René Barrientos Ortuño, abiertamente apoyado por el Departamento de Estado y el Pentágono norteamericanos.

Seis años y algo más tiene el proceso de cambio que encabeza el presidente Evo Morales. Un pueblo que impulsa la revolución democrática y cultural y un gobierno que busca encontrar el equilibrio entre las fuerzas que se afincan en el pasado y la tumultuosa corriente que quiere avanzar a paso redoblado.

Seis años después del 9 de abril, en 1958, gobernaba el presidente Hernán Siles Zuazo quien, al comenzar su mandato en 1956, había impuesto la estabilización monetaria que frenó la hiperinflación arrastrada desde los primeros días de la revolución. Para los trabajadores, tal política fue conocida como “Plan Eder”, debido al nombre del bufete norteamericano que redactó los lineamientos del decreto con que se manejó esa coyuntura.

Hay diferencias, sustanciales diferencias. La inflación de entonces era un fenómeno local, provocado por una manipulación de Washington contra la Revolución Nacional. El gobierno del MNR se doblegó y no volvió a sentirse el aire renovador de la Revolución de Abril. La situación económica que vivimos ahora, con una inflación minimizada ante la tremenda crisis que sufren los países europeos y Estados Unidos, es resultado de una visión distinta: los países de Nuestra América, hermanados en ALBA y UNASUR, están enfrentando las políticas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que, curiosamente, dictan las normas que deben seguir los países europeos en crisis.

Pero si hay tales diferencias y, debe repetirse, sustanciales por cierto, hay similitudes a tomar en cuenta. La demanda de los sectores populares es la misma de entonces: avanzar a paso redoblado. El gobierno se maneja en busca de un equilibrio tomando en cuenta al gobierno de Estados Unidos. Este es un manejo bastante delicado, pues hace ya más casi cuatro años que no hay embajadores en las misiones diplomáticas de ambos países. El gobierno del presidente Evo Morales expulsó al señor Philip Goldberg por abiertas intromisiones en la política nacional; Washington respondió con la misma moneda. Hoy, cuando se anuncia el reinicio de relaciones plenas, la detección de un vehículo con placa de esa embajada, manejada por oficiales de la policía boliviana, portando armas, crea un conflicto que posterga tal reinicio. En este caso, a Estados Unidos le interesa sentar el precedente de que no habrá relaciones entre iguales o bien, a Washington no le preocupa la designación de embajadores. Es más factible esta alternativa, porque al gobierno de Bolivia, sí le interesa normalizar sus relaciones internacionales.

Para 1958, seis años después del 9 de abril, el empuje popular que había tomado las armas de los cuarteles y formado milicias obreras y campesinas, había cedido ante la embajada norteamericana que instaló, en Bolivia, una misión militar que se encargó de reorganizar a las Fuerzas Armadas. A partir de ese momento, los uniformados tuvieron un papel importante en el gobierno. Cada vez más importante, hasta que se produjo el golpe de Barrientos, el 4 de noviembre de 1964.

El presidente Evo Morales ha trabajado arduamente para que los militares asuman el proceso de cambio como suyo. No sólo se trata de lemas y emblemas. La participación militar en la entrega de los bonos en lugares alejados de los centros urbanos, crea un relacionamiento estrecho con la población. Al menos, esa es la idea que maneja el gobierno actualmente. No pasa desapercibido, sin embargo, que tal adhesión no es uniforme ni mucho menos.

En 1958, seis años después de la Revolución Nacional, la Central Obrera Boliviana (COB) había roto con el gobierno y luchaba contra la aplicación de las medidas dictadas por el Plan Eder. La COB, organizada pocas semanas después del 9 de abril, estaba dirigida, en su totalidad, por hombres del MNR encabezados por Juan Lechín. Durante el primer periodo de Paz Estenssoro (1952-1956) la COB ejerció un co gobierno, que le permitía designar –no proponer, sino designar- a tres ministros: de Minas y Petróleo, de Obras Públicas y del Trabajo. En tales circunstancias, la confrontación de la COB con el gobierno, fue al menos sorprendente. A partir de entonces, el MNR no tuvo relaciones con el movimiento popular; su base de sustentación fue el movimiento campesino.

A seis años de iniciado el proceso de cambio, la base esencial en que se asienta el MAS que encabeza Evo Morales, tiene serias dificultades con las organizaciones campesinas que le dieron la posibilidad de alcanzar votaciones sólo comparables a las que obtenía el MNR en los primeros años. Se trata del TIPNIS, de la distribución de regalías petroleras, de los límites departamentales, provinciales, municipales y hasta cantonales. Es muy probable que, los periodos sean los mismos, porque los sectores menos favorecidos de la sociedad esperan soluciones prontas, como lo prometió el gobierno. Pero esa explicación no ayuda a recobrar la confianza de las organizaciones sociales que esperaban más, mucho más y no entiende razones, cuando éstas llegan después de que ocurren los conflictos. La historia nos enseña que hay que actuar antes. Un viejo refrán español dice: es imposible frenar al caballo desbocado; hay que calmarlo antes y eso se logra únicamente trasmitiendo confianza y autoridad basada en el respeto, no en el látigo.

Sesenta años de la Revolución de Abril. Buen momento para la reflexión.