LA VOZ INDÍGENA POR EL AGUA Y LA VIDA RETUMBÓ EN EL ECUADOR 



PRINCIPALES ACTORES CALIFICARON DE EXITO O FRACASO. 



Rodrigo Santillán Peralbo

500 años de resistencia indígena no bastan para que la sociedad ecuatoriana comprenda sus luchas, descifre sus sueños y esperanzas. Tampoco entiende que el indígena es sujeto de todos los derechos, libertades, y que con toda razón, necesita participar en la construcción de un nuevo Ecuador en verdad plurinacional y pluricultural capaz de comprender que la Pacha Mama merece respeto integral o que el agua es vida. No puede entenderse el sumak kausay si no existe armonía entre el ser humano y la naturaleza, y tampoco el Gobierno quiso entender que la marcha de alrededor de 700 kilómetros se motivó para exigir respeto a derechos vitales y por más que minimizó esa decisión indígena, finalmente su voz retumbó en el Ecuador y allende sus fronteras.
Es preciso reconocer que el aporte indígena ha sido fundamental en la producción y desarrollo nacional y bien se pude afirmar que no hay obra de infraestructura en la que el indígena no haya sido parte vital generalmente explotada hasta la infamia y, sin embargo, desde las altas esferas del poder, cuando expresan descontento con marchas, se les agrede con arrogancia, se les minimiza, insulta, calumnia y con muestras de racismo despreciable se ha pretendido, inclusive, ridiculizarlos.
El actual movimiento indígena ecuatoriano nació hace cinco siglos colmados de adversidades. Atahualpa, Rumiñahui y millones de indios fueron masacrados durante la conquista y colonización española. Esos etnocidio y genocidio jamás serán perdonados ni olvidados, por eso sus estrategias de sobrevivencia, sus originales formas de organización política y social, sus movilizaciones y marchas que con sus voces y andares terminaron por despertar a los asambleístas, conmovieron a multitudes blanco- mestizas e, inclusive, atemorizaron al presidente Correa y a sus cercanos e íntimos colaboradores que prefieren orejeras antes que mirar la realidad de miserias, angustias, descontentos y frustraciones que subyacen en diversas capas poblacionales de todas las etnias.
El movimiento indígena es el producto de siglos de defensa de su identidad y cultura. El Partido Comunista del Ecuador cuando era integrado por verdaderos comunistas colaboró en la estructuración de la célebre Federación Ecuatoriana de Indios –FEI- en la década de los 40¨s del siglo XX. Allí está el germen de la organización indígena y de allí surgieron personalidades extraordinarias como Dolores Cacuango o Tránsito Amaguaña.
En los inicios de la década de los 70¨s del siglo XX, se creó Confederación de los Pueblos de la Nacionalidad Quichua del Ecuador, ECUARUNARI, con la que se demostró la creciente capacidad de organización de las comunas, nacionalidades y pueblos.
Luego está el trabajo de Monseñor Leónidas Proaño, el Obispo de los Indios. Con él se fortaleció la lucha indígena que se consolidaba con intensas jornadas de combate que culminaron con la fundación de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador – CONAIE- hito histórico inaugurado en 1986.
Miguel Lluco, un ex dirigente de la CONAIE, muy cuestionado en su tiempo, decía: “Tantos años de consolidación y aprendizaje de una identidad común, de gestión de una generación de dirigentes que supieron combinar adecuadamente la doble dimensión de nuestra lucha como pobres y como indios, esa capacidad de combinar, la dimensión social y económica de la explotación del capitalismo, con la dimensión histórica cultural de la exclusión y opresión. Nuestra propia identidad ha sido nuestra mayor fortaleza.”
Nadie debería desconocer el aporte del movimiento indígena en el Ecuador, país en el que marcó hitos históricos en los siglos XVII, XVIII, XIX, XX y XXI.
En 1990, es decir hace 22 años, el movimiento indígena estremeció al país con su primer levantamiento ocurrido en los meses de mayo y junio. Miles de indígenas salieron de sus comunidades y sus chozas para exigir reconocimiento y respeto a sus demandas siempre insatisfechas. El país entero despertó de su letargo y por fin empezó a visibilizar a esos pueblos preteridos a los que, desde la conquista, se les había arrebatado su voz y su rostro.
En el documento “Proceso histórico del movimiento indígena ecuatoriano”, Lluco afirmaba: “En 1992 las nacionalidades amazónicas realizaron una marcha histórica para exigir el reconocimiento de su territorio; en 1993 se elabora el Proyecto Político de la CONAIE; en 1994 enfrentamos el intento de imponernos una ley agraria reaccionaria; 1995 participamos activamente en contra de la privatización de la Seguridad Social. A finales de año se constituye el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik Nuevo País; en mayo de 1996 participamos en elecciones y conseguimos 75 autoridades, en el Congreso, en los Consejos Provinciales y Concejo Municipales; en 1997 participamos en la salida del gobierno del Bucaram; la constitución de Consejo de Planificación y Desarrollo de los Pueblos Indígenas y Negros del Ecuador- CONPLADEIN, en la actualidad CODENPE y la marcha por la Asamblea Constituyente con el slogan "nunca más sin nosotros"; En 1998 ratificación del Convenio 169 OIT y la Incorporación en la Constitución los "Derechos Colectivos".
Frente al Gobierno del Dr. Jamil Mahuad, las acciones de octubre de 1998; marzo y junio de 1999 permitieron la congelación de los precios de los combustibles y el gas de uso doméstico hasta el 30 de junio del 2000. Tras cada uno de estos momentos de movilización hubo una enorme carga de vida, esfuerzo, entrega y esperanza. El impulso de esta minga por la vida ha permitido que el movimiento indígena logre inspirar, impulsar, acompañar y aprender con nuevos actores sociales que han ido configurando en estos últimos años.”
La CONAIE fue la fuerza movilizada para derrocar al gobierno de la Democracia Cristiana y del corrupto congelamiento bancario del año 2000. Apenas 17 meses bastaron para que Mahuad decepcionara al país cuando comprobó que el banquero Aspiazu le había entregado más de tres millones de dólares.
La CONAIE convocó al Parlamento de los Pueblos que se instaló el 11 de Enero que debatió sobre diversa problemática económica, política y social con preeminencia de la idea de refundición de la república. El 21 de enero los indígenas respaldados por amplios sectores sociales ocuparon el Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia y hasta el Palacio de Carondelet. Mahuad desapareció de la faz de la República.
El poder de la movilización indígena y popular asustó a sectores blanco-mestizos que, liderados por el Partido Social Cristiano y otros partidos de la partidocracia, clamaban porque no se rompiera el orden constitucional. En ese proceso intervinieron las cámaras de la producción, las fuerzas armadas y la Embajada de Estados Unidos. Nada extraño fue que se comenzara a deslegitimar al movimiento indígena y popular a los que se los acusó de intentos de romper del sacrosanto orden constitucional y de pretender acabar con la democracia occidental y cristiana. Inclusive se dieron brotes denigrantes de anacrónico racismo. Al fin “los indios debían volver a sus llactas”.
“La movilización indígena despertó a las ciudades y al país. El planteamiento de refundar el Ecuador rearmó las expectativas de miles de personas, rompió con el mito de que no son posibles los cambios y nos devolvió el sentido de trascendencia de la acción política. Al mismo tiempo, el levantamiento transformó nuestros discursos: lo indio, la pluralidad y diferencia sólo tiene perspectiva en función de que exista y se preserve un punto más amplio llamado Ecuador. En esta ocasión lo indio no reivindica sus propias demandas, sino que encarna el eje de la reconstrucción de un nuevo país, el Himno Nacional es reconocido como síntesis de unidad, la posibilidad de la "común-unidad".
La acción del 21 de Enero fue un hecho más para consagrar la burla al poder, "la risa que impide que las penas se te vayan al alma", esta vez llegaba a los predios mismos, a los intersticios de la institucionalidad corroída. El viejo país se retorcía, a la luz quedaban las diferentes conspiraciones de los sectores de poder y todos clamaban por la "democracia", ingenua y amenazada por la alevosía del levantamiento.” Afirmaba Lluco.
El sociólogo Ménthor Sánchez, sostenía que el movimiento indígena ecuatoriano ofrece distintas expresiones tanto políticas como sociales, que buscan objetivos divergentes. El enunciado es una parte de la verdad histórica ya que la sociedad blanco-mestiza trató de minimizar a la CONAIE con el uso de medios de comunicación social que son de su propiedad, con los partidos políticos tradicionales de las burguesías que piensan que la política es de su incumbencia casi exclusiva y con la práctica del maquiavélico principio: divide para reinar.
El presidente Correa, fiel a ese principio ha pretendido romper al movimiento indígena. Lo ha dividido, denigrado, insultado, ridiculizado incluso con expresiones típicas del peor de los racismos al hablar de “ponchos dorados”, de “cuatro pelagatos” de “ponchos y emplumados”. Sabe que en el movimiento indígena se producen corrupciones, ambiciones personales, posiciones egoístas y ambiguas, deserciones y traiciones. Aprovecha de las debilidades humanas y a indígenas con cierto liderazgo en sus comunidades los ha nombrado embajadores o los ha seleccionado para algunos cargos dentro del gobierno de Alianza País.
Mucho antes de Correa, los divisionistas, crearon la FEINE con una definida ideología religiosa evangelista, marcadamente fundamentalista y políticamente de derecha. Fue concebida para oponerse a la CONAIE y arrebatarle sus conquistas. La FEINE actuó y actúa con las rancias derechas y para ello fundó Amawta Jatari como brazo político electoral; para seguir el ejemplo de la CONAIE que conformó Pachakutik.
La FEINE se somete a la iglesia evangelista-norteamericana y sus miembros conducidos por pastores son instrumentos de división dentro de sus propias comunidades y pueblos y a menudo han sido aliados de PSC, ID, PRIAN, PRE, DP y, olvidándose de sus propias raíces milenarias han hecho de la CONAIE su enemigo fundamental.
El ex dirigente indígena afirmaba: “En 1997 se crea la FENOCIN (Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras). Tiene como antecedente la influencia de la Federación de Trabajadores Agropecuarios FETAP (1965), de la FENOC o Federación Nacional de Organizaciones Campesinas (1968) y del Partido Socialista Ecuatoriano. En la realidad concreta la FENOCIN ha participado en algunos levantamientos indígenas y se ha enfrentado a la política neoliberal, ha luchado por la tierra y por una mejor distribución de la riqueza en aras de materializar su ideal socialista. Sin embargo, en el último gobierno de Lucio Gutiérrez asumió un papel conciliador e interesado, pues su máximo dirigente, Pedro de la Cruz5, entregó simbólicamente el poder de mando al ex presidente Gutiérrez para que castigase la corrupción. A cambio, el régimen se comprometería a entregar 30.000 dólares americanos del BEDE, por intermedio de Carlos Polit, para la reconstrucción de la sede social de la FENOCIN. Con ello, esta organización quedaría políticamente anulada para enfrentarse al gobierno de Sociedad Patriótica. Estos hechos marcaron un sismo en la organización, que se vio afectada por las acciones de un gobierno antipopular”.
Al referirse a la CONAIE expresaba: “La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) data de 1986 y abarca a la Ecuarunari- Región Sierra, a la Confeniae-Región Amazonía y a la Conaice- Región Costa; entre sus principales objetivos está la construcción de un Estado plurinacional y de una sociedad intercultural.
Entre sus logros fundamentales se hallan la creación de la Dirección de Educación Intercultural Bilingüe (1988), la creación del Codenpe, el desarrollo y aplicación de los derechos colectivos de los pueblos y nacionalidades impartidos en la Constitución (1998), el respeto a los convenios internacionales, como el 169 de la OIT, la recuperación y control de los territorios y de sus recursos naturales, el fortalecimiento de la identidad cultural de los pueblos, etc.
Podríamos decir que la lucha del movimiento indígena desde la década del 70 al 80 se caracterizó por el planteamiento de demandas reivindicativas como la tierra, el agua y los servicios. A partir del 80, se pasa de las demandas locales a las demandas nacionales en beneficio de todos los sectores sociales explotados y marginados.
Pero quizás las luchas más fundamentales de la CONAIE se expresan en sus acciones por detener y combatir el modelo neoliberal que han impulsado varios gobiernos (Borja, Mahuad, Bucaram, etc.) y que fueron frenados y derrotados por el poder del pueblo en las movilizaciones convocadas por la CONAIE en 1990,1994, 1997, 1999 y 2000. Pese a sus logros políticos, el escenario electoral de 2002 en adelante sería decisivo y fatal para la CONAIE, porque empieza a enfrentarse a una serie de contradicciones políticas que tendrán honda incidencia en las bases y en la opinión general.
La corta alianza electoral entre el Pachakutik y los militares, legitimada por el Comité Ejecutivo de Pachakutik de aquel entonces y apoyada por un sector de la dirigencia de la CONAIE y de sus filiales, terminaron dividiendo a la organización y poniendo en cuestión el proyecto político original, debido a que no se cumplieron ninguno de los acuerdos firmados entre Pachakutik y Sociedad Patriótica7, como la construcción de un Estado plurinacional con un modelo de desarrollo económicamente justo, el impulso a una política soberana con respecto al Plan Colombia, la deuda externa, el TLC, etc.
Luego de varios impases políticos surgidos entre las dos agrupaciones que fueron parte de la alianza, el ex presidente Lucio Gutiérrez terminó con esta falsa relación. A los pocos meses de llegar al poder, pasó a gobernar con los sectores de derecha, con el apoyo abierto de los EE.UU. y de los organismos financieros internacionales. Entre las principales acciones desatadas en contra de la CONAIE destacan la creación de organizaciones paralelas al movimiento indígena, como FEDEPICNE; la cooptación de ciertas dirigencias de la CONAIE (especialmente de la CONFENIAE Y CONAICE); la entrega de las instituciones indígenas a los evangélicos y a un cierto sector de la FENOCIN; la represión a los dirigentes de varias organizaciones; atentados genocidas en contra de los compañeros Leonidas Iza y su familia, etc.
Por ello, antes y en el proceso de la alianza han surgido muchas preguntas: ¿por qué cierto sector de la dirigencia del Pachakutik y de la CONAIE apoyaron la alianza con los militares sin consultar a las bases? ¿No son acaso los militares en su mayoría serviles de la burguesía? ¿No fueron ellos quienes reprimieron a nuestros compañeros y causaron más de 15 muertos, varios heridos y cientos de detenidos en el último levantamiento? ¿No resultan beneficiados casi siempre en el Presupuesto General del Estado en contra de los sectores pobres? De otro lado, ¿por qué cuando el gobierno de Gutiérrez tomó medidas a favor de la burguesía nacional y firmó el acuerdo con el FMI, el Pachakutik y la CONAIE no rompieron con él? Muchas interrogantes que deben ser aclaradas con la propia base para salir de este bache político” se preguntaba Lluco.
La alianza con el coronel s.p. Lucio Gutiérrez fue nociva para la totalidad del movimiento indígena, en particular, para algunos de sus líderes que se vendieron o corrompieron, como si la militancia política o la cercanía al poder hubiese sido el espejo de los blanco-mestizos a los que había que imitar en sus más execrables vicios y el peor de ellos el amor al dinero y la corrupción.
Pero si el indigenado fue el pilar que encumbró a Gutiérrez, también lo fue para que Correa llegue al poder. El movimiento indígena apoyó al candidato Corea y luego fue parte de su gobierno, por lo menos hasta que comenzaron las primeras decepciones. Otros indígenas permanecen en “colaboración” ya sea en el Ejecutivo, en la Asamblea Nacional, en algunos sectores burocráticos o en gobiernos seccionales porque prefieren las migajas del poder al proyecto histórico de la CONAIE. Ellos son la división, los oportunistas, los de los sueldos burocráticos, los promovidos a cargos diplomáticos.
Pero vino la marcha de marzo a perturbar los sueños de los enquistados en el poder que no comprenden que este es el momento para recomponer las estructuras organizativas del movimiento indígena, que es preciso juntar los pedazos para fortalecer la CONAIE., que es indispensable el ejercicio de la crítica y autocrítica para recuperar espacios, rediseñar el proyecto político, buscar la unidad con otros movimientos sociales blanco-mestizos que, como ellos, son ofendidos y humillados por el poder burgués y que ansían construir un nuevo Ecuador en el que impere la justicia social, el respeto y ejercicio pleno de los derechos y libertades.
La marcha de los cuatro pelagatos, de los ponchos y emplumados llegó a Quito multitudinaria y no fue un fracaso como afirmaron Correa y sus íntimos de Alianza País.
La marcha de marzo fue un éxito porque miles llegaron a Quito desde el sur, la Costa, el oriente y el norte y nadie habló de golpes de Estado, de desestabilizaciones, del fin del gobierno de Correa. No hubo brotes de violencia a pesar de las provocaciones y de la suma oportunista de políticos, muchos de los cuales merecieron rechazo como aquel sufrido por el dirigente Montufar o por aquellos de Sociedad Patriótica como el coronel Cobos.
La marcha indígena recorrió en quince días ocho provincias a pesar de las amenazas de represión militar y policial, de la negación al transporte motorizado, de soportar fríos helados, lluvias y soles, de múltiples carencias y de una pertinaz propaganda oficial prepotente, racista, descalificadora, difusora de supuestos planes de golpe de Estado o de toma violenta de la capital de los ecuatorianos.
Habría que preguntar: ¿quiénes fueron o son los golpistas? ¿Dónde están? ¿Cuentan acaso con el apoyo de las fuerzas armadas, de la embajada de Estados Unidos y la CIA? El pueblo tiene derecho a saber la verdad, no sea que de tanto repetir intentos desestabilizadores o golpistas, vaya a terminar como el cuento del pastorcito y del lobo.
La Marcha por el Agua, la Vida y la Dignidad removió al país y delineó un nuevo escenario político en el que el presidente Correa ha dejado de ser el único actor, quien sin querer perder protagonismo insiste en pregonar el fracaso de la marcha frente a los 70 mil contramarchistas de Alianza PAIS.
Que la marcha indígena haya movilizado a miles de personas y recibido apoyos desde lo largo y ancho del país es un éxito, pero más aún si llegó a Quito luego de vencer toda clase de adversidades y temores. No es posible establecer comparaciones entre los contramarchistas organizados por el Gobierno con todas las facilidades de transporte, alimentación y hasta viáticos, según denuncias con la simple voluntad de acudir a la convocatoria de la CONAIE. No se trata de miles más o de miles menos, se trata de la calidad de las motivaciones.
El presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), Humberto Cholango, resumía el logro de la marcha al afirmar: “Lo primero era posicionar el tema minero en el debate político nacional y eso se ha logrado porque se ha generado conciencia en la gente de que la minería a gran escala es perjudicial”.
Pero también es un éxito de la marcha porque gracias a ella, el Gobierno por medio de sus distintos aparatos, organizó ferias de distracción, repartió cheques, atendió peticiones postergadas y más todavía porque la gente perdió el miedo y porque comprendió que en la movilización popular está la fuerza para reclamar derechos.
Bien harían el presidente Correa y la totalidad de su Gobierno y dirigencia de Alianza PAIS en hacer un análisis objetivo y desapasionado de las marchas y contramarchas a fin de que obtengan conclusiones reales y mediten y reflexionen en sus haceres y decires, porque en política, uno de los peores enemigos es el autoengaño muy propio de los caudillos y obsoleto entre los líderes y estadistas.
Salvador Quishpe, uno de los impulsores de la marcha, señaló: “Sabemos que hay mucha gente que estaba temerosa de expresarse y lo que hicimos fue dar ese impulso para que pierdan el miedo y exterioricen su inconformidad”.
El presidente de la Ecuarunari, Delfín Tenesaca, puso el dedo en la llaga al sostener: “pese a toda la campaña sucia y racista emprendida por el régimen contra la marcha no se haya caído en las provocaciones, hizo que la ciudadanía se dé cuenta de que veníamos en paz y sin planes desestabilizadores”.
En definitiva, muy por encima de adversarios y políticos de oposición, las marchas de marzo sirvieron para reposicionar al movimiento indígena e iniciar una etapa de recuperación sobre la impostergable necesidad de actualizar sus planteamientos y estrategias de lucha. Algunos dirigentes sostienen que la marcha de marzo sólo es el principio de nuevas formas de lucha hasta la reivindicación total de sus derechos.