LA REVOLUCIÓN CIUDADANA CON UN CAUDILLO IMBATIBLE 



LIDER INDISCUTIDO DE ALIANZA PAÍS 



Rodrigo Santillán Peralbo


Para millones de ecuatorianos el Ec. Rafael Correa Delgado se ha convertido en el indiscutido líder de la llamada “Revolución Ciudadana”. Para otro tanto, Correa no es más que un caudillo con fuerte cacicazgo al interior de Alianza País que, al ejercer la Presidencia de la República, demuestra poseer tendencias totalitarias, ansias de concentración de poder, anhelos dictatoriales e imposición de un estilo de gobierno con su personal concepción de democracia.

Lo cierto es que en sus cinco y años y dos meses de ejercicio del poder, es el único presidente desde 1979, que ha mantenido altos niveles de credibilidad, confianza y aceptación entre la ciudadanía. Su elevada popularidad y la casi nula y, a veces torpe oposición, hacen de Rafael Correa Delgado un candidato imbatible en las próximas elecciones, a pesar de sus múltiples y graves errores como aquello de meter mano en la justicia, la concentración del poder, los juicios contra medios de comunicación y periodistas, el alejamiento de movimientos sociales, indígenas y de partidos políticos, fundamentales en el apoyo a su primera elección.

Esa realidad socio-política se debe a que el economista Rafael Correa contó con un grupo íntimo de sirvientes que montó un gigantesco aparato de propaganda política, grupo que, enancado en el poder, prefirió perfilar la imagen de un caudillo antes que la de un estadista. Utilizó todos los recursos del Estado para ejecutar un plan que aumentara el total desprestigio de la vieja partidocracia hasta agotar cualquier movimiento de oposición y, sin ella, gobernar al país a su antojo y para mayor comodidad y bienestar personal y de sus áulicos.

En este sentido el sociólogo y periodista Decio Machado afirmaba que el objetivo de la propaganda gubernamental se enfocó en la idea de que cada ciudadano sienta que más que gobierno, “ahora sí tenemos presidente”. Se articuló un plan político-comunicacional basado en el “gobernar-actuar-comunicar”, posicionándose hipotéticos valores como: autoridad, disciplina y seguridad, lo que se combinó con una mediática lucha contra la corrupción, la mala política y la injusticia social. Todo se estructuró bajo un discurso que se autodefine como “izquierda moderna” o “socialismo del siglo XXI”.
Articulada esta nueva forma de intervención política, todos los esfuerzos de la propaganda oficialista se enfocaron a reforzar la credibilidad del líder por encima de ideologías o del partido. La estrategia política y comunicacional es vieja, ha sido desarrollada en multitud de ocasiones y en diferentes países, y consiste en construir un sujeto de deseo, un superhéroe.

Bajo esta estrategia bien planificada, el presidente Correa ha consolidado durante estos cinco años de gobierno un sólido perfil basado en conceptos posicionados como: honestidad, entrega al país, gran sabiduría e inteligencia política y discurso monotemático con el fin de no perder el conquistado amor popular. Sobre esta imagen se ha desarrollado su papel de salvador de la Patria. Sin quitar méritos a los diseñadores de esta estrategia mediática, todos afincados en el anillo inmediato que rodea al presidente Correa, la operación ha sido relativamente fácil debido al enorme descrédito de los gobiernos precedentes.

Esta estrategia sumada a la fuerte personalidad del mandatario, convirtió al poder político en algo personal, misional y que solo puede ser realizado por un líder mesiánico. De esta manera, el mandatario generó gran confianza en la sociedad –de forma especial entre los más humildes- y la gente se ha identificado con su misión. Con un lenguaje agresivo ha hecho del poder un ejercicio visible en un país donde eso no existía, logrando credibilidad y convirtiéndose en la encarnación del deseo colectivo.
Con este escenario político se ha generado un nuevo problema para la democracia ecuatoriana: ésta comienza a entenderse como un sistema político basado en el personalismo, en cualidades heroicas y atributos personales en el cual los partidos políticos y la base social pierden toda legitimidad social. De esta manera, la democracia se transformó en un asunto sentimental que genera afinidades melodramáticas, cercenando las argumentaciones políticas y el debate público, sostenía Machado.

En definitiva, la propaganda política que es pagada -quieran o no- por todos los ecuatorianos ha rendido sus frutos: Correa es el caudillo indiscutido, el líder irremplazable al que se le aplaude y se le rinde culto en cada sabatina, en cada aparición pública mesiánica, en cada acto populista que confunde a ciertas izquierdas y obnubila a los pobres recipiendarios de tanta generosidad jamás vista en gobiernos anteriores.

Correa cree que en este país sólo hay buenos y malos. Los buenos son sus amigos que, más que colaboradores son obsecuentes servidores, son los que ríen con sus chistes, los que aplauden y gozan cuando remeda a sus enemigos, los que aplauden a rabiar cuando inulta y ofende a hombres y mujeres, cuando se mofa de sus opositores. Los malos son la “prensa corrupta”, los “sicarios de la tinta”, la partidocracia, los “payasitos”, los dueños del circo, los indios de ponchos dorados, los izquierdistas traidores de la “Revolución Ciudadana” que, además, son mediocres y hasta ex revolucionarios colaboradores de las derechas y la partidocracia. Los revolucionarios de ayer convertidos en burócratas con sueldos significativos son del grupo de los buenos.

Si bien es cierto que la propaganda ha magnificado la personalidad del Presidente, no es menos cierto que en su gobierno existen realizaciones muy positivas que comenzaron por dedicar grandes recursos económicos al desarrollo de la infraestructura que se constata en la obra pública, en particular las sustanciales mejoras en vialidad y en la generación de proyectos hidroeléctricos, a más de destinar ingentes recursos a la salud pública y educación y que, sin embargo de todo, persisten los problemas, como si tanto dinero hubiese ido a parar a un barril sin fondo.

Desde la oposición se acusa a Correa de los mayores déficits fiscales de la historia, del despilfarro de los recursos e irregular manejo del Presupuesto del Estado que, en suma, ha desperdiciado los elevados precios del petróleo. Ha sido un gobierno que puso en práctica el abuso en la otorgación de subsidios a la vez que descuidó la inversión en el aparato productivo.

Según el ex ministro de Finanzas del gobierno de Gutiérrez, Mauricio Pozzo, “el crecimiento económico de los últimos cinco años es del 3,9% anual tomando como referencia el estimado de crecimiento del BCE para 2011, sin embargo, los cinco años previos el promedio fue de 5,1%. Si bien 2011 probablemente registre un crecimiento económico mayor, con lo que el promedio mejorará, esto no es compatible con la abismal diferencia entre el precio del petróleo de los cinco años anteriores y el de los últimos cinco años que ha sido más del doble. Si se hubiera configurado un ambiente amigable a la inversión privada y extranjera, se hubiesen registrado tasas de crecimiento mucho más aceleradas. El gasto y la inversión pública sin el apoyo del sector privado no brinda los resultados esperados”.

Con todas las críticas, la denominada “revolución ciudadana” está encarnada en la personalidad del presidente Correa, quien impone su voluntad en Alianza País y en el Ecuador entero. Asamblea Nacional, Corte Nacional de Justicia, Consejo Nacional Electoral, Consejo de Participación Ciudadana, Contraloría General del Estado, Corte Constitucional, Superintendencias, IESS, municipios y gobiernos provinciales se someten al dictado presidencial expresado mediante decretos, vetos a leyes, reformas e interpretación de leyes o manejo del Presupuesto Nacional. .

Durante la presidencia de Correa se ha impulsado un reformismo populista destinado a captar clientelas electorales logradas con su permanente contacto con el pueblo en las sabatinas que se ejecutan en lugares nunca antes visitados por un Presidente de la República. Si por un lado ataca agresivamente a medios de comunicación y a periodistas, por otro sabe aprovecharlos a su antojo porque él mismo es un buen comunicador, característica fundamental de un caudillo.

Con su discurso reiterativo, con su peculiar estilo que extrovierte dureza para referirse a sus “enemigos” y opositores, con su intemperancia, intolerancia y comportamientos muy poco democráticos, ha logrado acabar con la influencia de partidos políticos, medios de comunicación, Iglesia, cámaras de la producción, cuyos socios principales han sido los beneficiarios directos de esta etapa gubernamental.

Correa sabe perfectamente que “hay que dividir para gobernar”, y así ha conseguido dividir al movimiento indígena, a movimientos sociales, sindicales, estudiantiles, profesionales, intelectuales y a movimientos y partidos progresistas-democráticos identificados con diversas manifestaciones de las izquierdas que hoy están más divididas que nunca antes.

Los excesos del ejercicio del poder han pretendido ser descalificados por la débil y casi inexistente oposición, realidad que fortalece a Correa porque en el imaginario popular se ha enraizado la idea de que Correa no tiene adversarios que valgan la pena, pero siempre habrá necesidad de tener conciencia que en la política ecuatoriana nada está dicho y que todo puede suceder.

En consecuencia, algunos opositores piensan otras realidades y una de ellas es que el ejercicio del poder termina por desgastar a los líderes que se creen predestinados. Prueba de ello es la evidente división que existe en Alianza País, movimiento político muy heterogéneo en el que confluyen todas las tendencias de derechas e izquierdas y miles de oportunistas sin más ideología que la dictada por la necesidad y el hambre.

Dígase lo que se diga, es innegable el deterioro de la imagen nacional e internacional del Presidente Rafael Correa Delgado, así como los irresolutos problemas internos de Alianza País que crecen a pesar de los esfuerzos de los fieles sirvientes que pretenden ocultar lo inocultable: división insatisfacción personal, inalcanzables prebendas, ascensos incumplidos, rivalidades personales y de grupos, celos y recelos, y negativa en muchos casos a compartir pequeñas parcelas de poder dentro o fuera de Carondelet, factores que conducirían a imprudentes declaraciones sobre supuestos planes desestabilizadores.

Correa ha perdido valiosos cuadros que ahondaron la división de Alianza País. Gustavo Larrea considerado uno de los ideólogos fundadores de AP cuando se desempeñaba como ministro de Seguridad Interna y Externa fue acusado por el coronel ex presidente Lucio Gutiérrez de un supuesto intento de compra de conciencias de asambleístas de AP. Correa no quiere y nunca quiso que nadie le haga sombra y Larrea fue separado del Gobierno.

Un caso que rompió a Alianza País fue la bronca entre Alberto Acosta y el presidente Correa por insuperadas divergencias en la dirección de la Asamblea Constituyente de Montecristi. La separación de Acosta mostró intereses y objetivos opuestos entre los distintos grupos de las diversas corrientes agrupadas en AP.

Los procesos electorales influyeron en la desunión de AP. La lucha por el poder en la provincia del Guayas terminó con el surgimiento de bandos antagónicos: Los hermanos Pierina y Fabricio Correa enfrentados contra los hermanos Raúl y Ricardo Patiño.

Gustavo Larrea, el hombre fuerte de AP, fue relacionarlo con Ignacio Chauvin en el escándalo de narcotráfico por la supuesta colaboración a través de la Aldhu en la protección de presuntos guerrilleros y sobrevivientes del bombardeo en Angostura. Correa, en lugar de defender a Larrea terminó por separarlo del Gobierno.

Alianza País se formó con el concurso de diversos grupos y sectores políticos, económicos y sociales y amigos estudiantes de los tiempos de Rafael Correa en la Universidad Católica de Guayaquil que habían formado parte de la democracia cristiana de Jamil Mahuad.

Los más importantes grupos y movimientos políticos y sociales que fortalecieron en su inicio a Alianza País fueron: Alianza Democrática Nacional (ADN), de Manuela Gallegos; Iniciativa Ciudadana, que agrupaba a los llamados "forajidos"; Alianza Bolivariana Alfarista (ABA), de Leonardo Vicuña, y Jubileo 2000, que lo encabezaba Gustavo Larrea. A estos sectores se unieron Fander Falconí y Alberto Acosta que no pertenecían a agrupaciones políticas pero que si eran cercanos amigos del académico Correa Delgado. Ya en plena campaña electoral del 2006, llegaron a filas de Alianza País, Freddy Ehlers y Fernando Cordero de Nuevo País, Ruptura de los 25 y Alternativa Democrática. Larrea, Acosta, Manuela Gallegos, Ruptura 25 no están más en Alianza País.

El desgaste de Correa y Alianza País salen a flote y para ello, en cada instante, se menciona como culpable al propio Presidente y su intolerancia a las críticas, la permanente injerencia de Mera y los hermanos Alvarado en el Gobierno, y en la Asamblea Nacional la permanente imposición del Ejecutivo. Los amigos de ayer convertidos en opositores suelen afirmar que Correa se olvidó de los ejes de la revolución ciudadana, del rompimiento de la ideología de Alianza País y de las definiciones conceptuales de la revolución ciudadana, de la prepotencia que se expresa en el irrespeto de otros entes gubernamentales y de las funciones del Estado, la continua presencia de grupos privilegiados en el interior del bloque asambleísta y el oportunismo glotón de los aliados coyunturales.

La desunión en Alianza País ha paralizado la aprobación de importantes leyes junto a acervas críticas al incondicional Cordero que preside la Asamblea Nacional. Esa misma desunión ha permitido que los llamados “asambleístas independientes” adquieran fuerza porque saben que sin ellos el bloque oficialista está perdido.

“Más grave aún es que Rafael Correa y el Gobierno ha cambiado de enemigos. Las corporaciones multinacionales ya no lo son (Ivanhoe, Petrobrás, las mineras canadienses y chinas); y, al parecer, los bancos tampoco. En cambio, los pueblos indios, los trabajadores, los “ecologistas infantiles” se han tornado el blanco de su furia. De los antiguos enemigos quedan algunos medios de comunicación y los cadáveres, Febres Cordero, Álvaro Noboa, Gutiérrez”, sostenía el analista y sociólogo Alejandro Moreano.

El cambio de enemigos expresa las variaciones en el rumbo del Gobierno, afirmaba Moreano, además, en la primera fase de su gestión, el Gobierno parecía dirigirse hacia una suerte de desarrollismo nacionalista a partir del fortalecimiento del Estado, incremento de las políticas sociales, defensa de la soberanía frente a las transnacionales, política exterior independiente. Hoy de esa orientación parece quedar muy poco. Su política minera es cada vez más afín a los intereses de las grandes corporaciones. Y tampoco mantiene el desarrollismo que, realizadas ya las reformas básicas, debería encauzarse a un proyecto de desarrollo agroindustrial, integración suramericana, sustitución de importaciones. En su lugar, apuesta a la minería que intensifica la vieja dependencia al mercado mundial y echa al traste todo proyecto de integración.

La definición del Gobierno ha propiciado un realineamiento de fuerzas. La clausura de Radio Arutam y la malhadada intervención respecto al Proyecto ITT-Yasuní ha precipitado no solo la ruptura con la CONAIE y los movimientos sociales sino la derrota final del ala progresista de Alianza País.

La derecha se encuentra feliz. Si bien no tiene aún expresión política con fuerza ha desplegado con éxito una estrategia de jaque constante al Gobierno que lo obliga a definirse hacia la derecha en materia de seguridad, política petrolera, relaciones con Colombia.

Empero, el juego mediático de amigos y enemigos crea una imagen falsa de peligrosos efectos políticos. La vida y la dinámica reales oponen al Gobierno y a las fuerzas sociales, la CONAIE, los trabajadores, los ecologistas. En el terreno político, en cambio, la escena aparece copada por la pugna entre Correa y la derecha que, carente de fuerza social propia, pretende cosechar a río revuelto. Contribuye a esa falsa imagen la carencia de un proyecto político de izquierda y la confusión que crean algunos grupos radicales que convergen con la derecha.

La confluencia de los movimientos sociales con la izquierda originada en Alianza País y hoy perseguida por Correa, bajo un programa que deslinde campos y se oponga a la derecha –grandes medios, banca, partidos- y al Gobierno, es una condición fundamental para retomar el nacionalismo por el que se ha pronunciado el pueblo ecuatoriano. Y avanzar más allá. Caso contrario, el camino chileno es inevitable, advertía Alejandro Moreano en El Telégrafo.

Diego Delgado Jara, ex candidato a la Presidencia de la República por el Partido Socialista Revolucionario, Movimiento Bolivariano y otros grupos de izquierda marxista, expresaba que el gobierno de Correa es auténtica patraña ideológica encabezada por los servidores de Febres Cordero, Nebot Saadi, Mahauad Witt, Hurtado Larrea, Gutiérrez Borbúa, y otros dirigentes políticos, que no son sino los representantes alternantes de los mismos grupos de poder económico asociados a los intereses de las grandes multinacionales.

Como para desmentir los postulados ideológicos de la revolución ciudadana y del Presidente, Diego Delgado afirma que varias publicaciones y ex estudiantes de la Universidad Católica de Guayaquil dan cuenta que Correa era parte de un grupo apostólico formado por Gustavo Noboa Bejarano, formador de los llamados “gustavinos” entre los que destacan Alberto Dahík Garzozi, su hermano Ricardo, los hermanos Correa –Fabricio y Rafael-, Alexis Mera, quien luego sería abogado de Gustavo Noboa en Industrial San Carlos, entre otros.

El ex presidente Gustavo Noboa fue el creador de los “gustavinos”, neoliberal privatizador y amigo de las oligarquías y del presidente Correa. Heinz Moeller fue canciller socialcristiano por lo que Delgado sostiene que varios ministros y altos funcionarios, de la “revolución ciudadana” han sido profesionales cercanos a Heinz Moeller, caso de la ministra de Medio Ambiente, abogada Marcela Aguiñaga, que fue parte de su estudio jurídico. “Rafael Correa ha sido el gran promotor de las amnistías para estos neoliberales y “pelucones” políticos como Noboa Bejarano y Dahík Garzozi”
Parte fundamental del gobierno de Correa, es del abogado de Febres Cordero y Noboa Bejarano, Alexis Mera Giler, Secretario General Jurídico de una supuesta e inexistente “revolución ciudadana”, típico ejemplo de ese fantasmagórico “socialismo del Siglo XXI”

Diego Delgado, al referirse a otros colaboradores cercanos de Correa preguntaba ¿Quién fue el presidente del Congreso desde el 10 de agosto de 1992 hasta agosto del año siguiente, “en la larga y triste noche neoliberal”, con el entusiasta apoyo de Durán Ballén y Dahík Garzozi? Fue Carlos Vallejo López, demócrata cristiano quien, además, fuera ministro de Agricultura de Osvaldo Hurtado y del propio Rafael Correa. Hoy es embajador en Roma del régimen de la involución ciudadana.

Delgado Jara afirma: “Rafael Correa, tal vez como producto espiritual e ideológico de estos piadosos “formadores”, siempre se ha proclamado, en forma pública, un fiel seguidor de la “Doctrina Social de la Iglesia”, tesis esgrimida por la derecha católica y el Opus Dei de América Latina.

Otro colaborador de absoluta confianza del régimen de la revolución ciudadana es Vinicio Alvarado Espinel que fue conductor de las campañas electorales de Jaime Nebot Saadi en 1996 y de Jamil Mahauad Witt y Gustavo Noboa en 1998.

Delgado Jara informa que la ministra de Turismo de Lucio Gutiérrez, Doris Soliz es la actual ministra de Coordinación Política del régimen de Correa. Ivonne Baki, la candidata de Correa a la Presidencia de la UNESCO, actual presidenta de la Comisión del Yasuní en tiempos de la “revolución ciudadana” era Ministra de Gutiérrez. . ¿Y quién era el subsecretario de Industrias de Ivonne Baki, durante el régimen de Gutiérrez? El ministro de Industrias de Rafael Correa, Xavier Abad.

¿Quién era el subsecretario de Gobierno de Lucio Gutiérrez cuando el ministro era el abogado Mario Canesa Oneto? El actual portavoz del bloque legislativo de Alianza País, Virgilio Hernández, y uno de los organizadores de esta agrupación política junto a Carlos Vallejo López, demócrata cristiano ministro de agricultura de Rafael Correa y antes de Osvaldo Hurtado, ex jefe del bloque legislativo del PRIAN, de Alvaro Noboa, actual embajador en Roma.

¿Quién era el Secretario de Diálogo y Participación Social durante el régimen de Gutiérrez? El actual alcalde de Quito de Alianza País, Augusto Barrera, quien llegó a concejal del cantón Quito a través de Pachakútik. ¿Y quién es el Contralor General del Estado, nombrado en forma personal por Rafael Correa para que investigue el manejo económico desde el 2003, esto es desde cuando llegó al poder Lucio Gutiérrez? Carlos Pólit Faggioni, el Secretario General de la Administración Pública y ministro de Bienestar Social de Lucio Gutiérrez Borbúa, recordaba Diego Delgado Jara.

Una de las características de Correa es el reciclaje de sus ministros quizá porque carece de más personas de confianza o que acepten sin protestar, sus órdenes. Los que no fueron reciclados han preferido alejarse del proyecto de ‘revolución ciudadana’. Es el caso de Fausto Ortiz, de Finanzas; Xavier Casal, ex Ministro de Transporte y Obras Públicas, Nicolás Issa Wagner, ex secretario del desaparecido Ministerio del Litoral, y antes director regional del Servicio de Rentas Internas; Xavier Abad, ex ministro de Industrias y Competitividad; Alfredo Vera, ex ministro del Interior; y de María Elsa Viteri, ex Ministra de Finanzas, por citar unos cuantos nombres, a más de cuadros valiosos arriba mencionados.

Otros personajes valiosos que se apartaron definitivamente de Alianza País y de Correa, fueron Betty Amores, César Rodríguez, el cura cuencano Fernando Vega, Gustavo Darquea, Diana Acosta, Rossana Queirolo, María Paula Romo, Fernando González y 15 más “sancionados” por atreverse a desobediencia. El analista político, Diego Pérez, al referirse a este problema aseguraba: “El ejercicio del poder desgasta y termina desgastando por el hecho práctico de que no se puede hacer feliz a todos, más aún cuando con esa dificultad real, se suma la práctica de un Estado en transformación que implica recortar beneficios a varios sectores que venían acomodados”. Añadía que en ese recambio de actores, es que muchos de los que se han incorporado a Alianza PAIS, en el último periodo, son actores con los que es altamente probable que tengan vinculaciones con el pasado de la partidocracia, para usar la misma terminología”.

Diego Borja, ex titular del Banco Central y actual presidente de la Nueva Arquitectura Financiera Nacional, se suma a los ex amigos de Correa que en dura crítica sostenía: “No puede haber un partido democrático, incluyente y pluralista cuando existe una voz tremendamente alta de un personaje que lo define todo”.

Tal como está la política en este país, Correa será el candidato a la Presidencia de la República en las próximas elecciones, pero tendría que buscar un candidato a la Vicepresidencia, puesto que Lenin Moreno, ha dicho en forma reiterada que se retirará de la política nacional. “La figura del Vicepresidente, ha mantenido un balance especialmente entre el sector privado y público. Sus campañas a favor de las personas con discapacidad, lo han hecho merecedor del cariño de quienes incluso no aprecian al Primer Mandatario, pero para los analistas, en épocas de elecciones, lo que pesará más es la figura presidencial”.

No es que Lenin Moreno sea desleal al presidente Correa, pero si son personalidades totalmente opuestas. Al primero le agrada llegar a consensos, al segundo imponer su voluntad. El vicepresidente es contemporizador y tolerante el segundo es muestra irascible e intolerante. Moreno dialoga y escucha, Correa tiende a oírse a sí mismo.
Sin embargo de todos los aspectos y factores negativos, en este país, Correa es en la actualidad un líder que, en estos tiempos, no tiene competidores.