JOSE MARTI Y SUS 159 AÑOS DE NACIMIENTO 



MARTÍ SIGUE JOVEN Y ACTUAL 




Gustavo Zelaya

El 28 de enero se conmemoraron 159 años del nacimiento de José Martí, a pesar de sus 42 años de edad todavía sigue joven y actual ese cubano. Es poco tiempo el que ha pasado y muchos pretenden ver en ese hombre al delicado poeta, otros lo consideran crítico del arte e inspirador de corrientes literarias. Ciertos admiradores de su figura han pretendido hacer un mito que tendría que estar en los museos o en estatuas. También se puede ver en Martí al político, o al exquisito degustador de comidas, al filósofo, al buen dramaturgo, el de la prosa iluminada o al que denuncia los peligros del imperio norteamericano, pues, todo eso fue Martí. Todos esos momentos se descubre en su obra. Para los especialistas en literatura es complicado ubicarlo en alguna doctrina de pensamiento, especialmente porque sus propuestas se van elaborando según las exigencias de su vida. Esto se nota en su capacidad de conocer y hacer suyas algunas tesis del naturalismo, del modernismo, del realismo y del liberalismo político, hasta forjar una concepción que superó esas influencias para enlazarlas con la necesidad de construir un Estado y una cultura nacional como base de la identidad nacional.
Ese interés crítico por las distintas ideas se manifestó en Martí en una gran producción en el periodismo, la poesía, la crítica literaria, la novela, el ensayo, el teatro y en la acción política. Por su forma y profundidad se le puede colocar a la altura de los clásicos de la literatura de todos los tiempos. Ese apego al estilo y al contenido de calidad tenía una función social, en palabas suyas: “Acercarse a la vida –he aquí el objeto de la literatura- ya sea para inspirarse en ella; - ya para reformarla conociéndola”.
Es posible que los fundamentos de su obra se encuentren en la prosa política y en la práctica revolucionaria. Sobre todo es el organizador del Partido Revolucionario Cubano encargado de emprender la primera independencia cubana. Es decir, es su principal creación política-cultural, su obra más eficaz en donde se fundían la política con los valores y las aspiraciones más elevadas de la sociedad. Esa síntesis del arte con la política se deja ver cuando afirmó que la literatura debía saber expresar las exigencias sociales del momento, en tal sentido dijo que “hay que llevar sangre nueva a la literatura” para dignificar a los “pobres de la tierra” y desmontar el sistema colonial. Ello se lograría dirigiendo la guerra por el bien de todos y no para obtener privilegios. En palabras suyas: “Con el dolor de toda la patria padecemos, y para el bien de toda la patria edificamos, y no queremos revolución de exclusiones ni de banderías”.
159 años de haber nacido y 117 de su muerte física pero con una actualidad y vigencia que se descubre en su recorrido como pensador y revolucionario enfrentado a dos situaciones: por un lado, participando directamente en la lucha independentista contra el imperio español y, por otro, al saber anticipar los peligros del nuevo poder expansionista norteamericano. Esos dos momentos lo hacen parte de nuestro tiempo en donde existen muchas transformaciones sociales por resolver. Esa circunstancia, entre la independencia y el desarrollo de los Estados Unidos como gran potencia fue vista y asumida por Martí de forma que lo coloca más allá del liberalismo clásico. Es un proceso de maduración de ideas que al inicio ocurre entre 1885 y 1891 cuando conoce la realidad de las ciudades norteamericanos y se pone de lado de los desposeídos. Esa visión directa y compleja le hace pensar en la urgencia de combatir, no sólo al imperio, sino también a sus sirvientes, por ello escribió que había que “impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino… de la anexión de los pueblos de Nuestra América al norte revuelto y brutal que los desprecia… Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas, - y mi honda es la de David”.
Poco va creando un conjunto de argumentos sobre el ser latinoamericano, distinto del modelo liberal anglosajón al que aspiraban muchos pensadores liberales de la época. Martí insistirá en valorar a la persona y a su tierra, valorar auténticamente a la patria grande y la necesidad de la libertad.
En el ensayo “Nuestra América” Martí enfrenta a los pensadores liberales y les reclama la urgencia de construir la identidad del continente con elementos originales y sin despreciar los aportes de la cultura universal, pero diferenciándose del norte anglosajón que amenazaba a toda la región. Les decía con orgullo y con rabia” “estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan ¡bribones¡ de la madre enferma”. Se opuso también al entreguismo político y cultural y les decía que “El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu” para ir edificando un ser superior, auténtico y opuesto al colonizado, pero debía considerarse la realidad para cambiarla; en tal sentido señalaba: “Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España…. Las levitas son todavía de Francia pero el pensamiento empieza a ser de América”. Las dificultades para erigir una sociedad libre eran varias y a ellas se les agregaba la actitud servil de los grupos de poder y la arrogancia del nuevo imperio. Según él, la amenaza principal era “el desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor.” Y para los otros, para los entreguistas que ocultan y son cómplices de la expansión imperial, para ellos “los pueblos han de tener una picota para quien los azuza a odios inútiles, y otra para quien no les dice a tiempo la verdad”.
La noción de la libertad tal vez sea el elemento más constante en los trabajos de José Martí, la pensaba no como algo ideal y absoluto sino como un resultado de la práctica social. Para hacerla realidad debían buscarse en la realidad material qué tipo de valores existían y cómo la cultura podía contribuir en esa indagación. Esa libertad se edificaba en una lucha constante, en un proceso inacabado, conflictivo, o como decía Martí en uno de sus escritos: eran “nacidos de grandes miedos, o de grandes esperanzas, o de indómito amor de libertad, o de amor doloroso a la hermosura, como riachuelo de oro natural, que va entre arena y aguas turbias y raíces, o como hierro caldeado, que silba y chispea, o como surtidores candentes”.
El darse cuenta que la existencia se componía de diversos momentos contradictorios, inseparables, fue haciendo posible esa unidad entre arte y política como partes de la lucha revolucionaria de su pueblo. Este puede ser la obra principal de Martí y pudo ser no como fruto de la inspiración repentina o de sentirse tocado por las musas, fue un proceso coherente que cruza su vida entera dedicada a la independencia cubana. Tal formación, con arte, política y dentro del pueblo, sirvió, además, para combatir el colonialismo español, edificar el sentimiento antiimperialista y defender el mestizaje cultural
100 años después de la muerte de Martí, exactamente un 26 de julio de 1953, se muestra otro aspecto de ese hombre humanísimo, uno de sus legados fundamentales: con Fidel Castro a la cabeza, José Martí surge más vivo que nunca como autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada, el paso inicial de la segunda independencia de América. Renace como el creador de un arte al servicio de la revolución, fundido con la lucha popular y a su servicio con productos artísticos de gran nivel. La herencia martiana es tan potente y va más allá que el uso selectivo de algunas frases, se expresa en los logros culturales de la revolución cubana anticipados por Martí cuando afirmó que “Un pueblo de hombre educados será siempre un pueblo de hombres libres”; supo sospechar que desde la dignidad y la justicia es posible alcanzar niveles superiores de existencia. Si no se entiende la importancia de la lucha de Martí por fusionar el arte con la política y los valores no se puede comprender la realidad de esta Cuba tan modesta en recursos naturales, enfrentada a la guerra económica y propagandística de los Estados Unidos, a ese agresivo bloqueo, que haya podido obtener logros importantes en la educación y la salud, haya alcanzado reconocidos niveles culturales y deportivos que no sólo son de los cubanos sino que son compartidos con gran parte de los “pobres de la tierra”.
Conociendo la obra de Martí es que podemos entender la conducta de los profesores cubanos en los países pobres de América y África; el papel de los médicos formados por la revolución por todo el mundo y no por una mera beneficencia sino por la solidaridad gestada por Martí y potenciada por la Revolución, todo ello para que “la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.