TUNEZ INSURGENTE, INDIGNADA  



ISLAMISMO: ¿MÍSTICA O MISTIFICACIÓN?  




Rashid SHERIF

En la presente intentaremos aportar primero una clarificación acerca de los islamismos a través de un breve recuento histórico; seguiremos luego con una perspectiva de desconstrucción inicial de la articulación entre fuerzas externas que lograron finalmente imponer en Túnez al movimiento islamista Ennahdha.
Breve recuento histórico.

El origen del islamismo político-religioso remonta a la Hermandad Musulmana fundada en Egipto en 1928 por Hasan al-Bannâ, teólogo conservador y líder espiritual en la época colonial británica. El objetivo esencial de esa agrupación religiosa fundamentalista ha sido y es todavía la re-imposición en países musulmanes (árabe y demás) de la tradicional Sharia, o ley islámica. Originalmente, ese cuerpo de leyes supuestamente derivado del Hadîth o Sunna (dichos y hechos del Profeta Mohammâd según testimonios, base de la secta suni) fue aplicado paulatinamente por los primeros califes (herederos) desde finales del siglo VII c. poco después de la muerte del Profeta --fuera de su voluntad y en ausencia de cualquier testamento. Al principio, se trató de una necesidad de gobierno del primer embrión de Estado en la península arábica por iniciativa propia de estos auto-designados herederos espirituales del Profeta --los llamados Khulafâ Er-râshidun o los sabios califes. Más tarde, la Sharia se impuso en una suerte de constitución en los territorios conquistados a raíz de las invasiones coloniales a todo lo largo y ancho del Medio Oriente, remolcando en su camino a países del África del Norte y más allá, como sabemos.
El grupo Al-Banaâ y sus seguidores aplicaron métodos coercitivos incluyendo la violencia y el terrorismo a nombre del “jihâd” (la lucha). Primero se opusieron a las fuerzas ocupantes británicas por “infieles” en tierra del Islam y no tanto por motivos patrióticos. A la vez, frente a las carencias del Estado, instituyeron actividades sociales caritativas a favor de poblaciones pobres entre las cuales reclutaban sus tropas, como lo sigue haciendo hasta hoy en día esa confraternidad en varios países.
En 1952, los Oficiales Libres, con Gamal Abd-Enasser y sus compañeros derrocaron por medio de un golpe de Estado militar patriótico al monarca Faruk, y trataron de instituir un Estado-Nación moderno. En 1956, siendo el segundo presidente de Egipto, Nasser promovió con pasión patriótica el renacimiento árabe que suscitó un gran entusiasmo en todo el Medio Oriente, despertando un nacionalismo pan-árabe de corte abiertamente antiimperialista y anti-sionista. Nasser surgió así como una figura histórica propia de su tiempo. En contraste, el movimiento de la Hermandad Musulmana estaba alejado de toda visión patriótica y del pan-arabismo, siempre a nombre de una vuelta al pasado remoto del imperio de los califatos para la resurrección mítica de la “Umma Islamía”, aquel pan-islamismo original hegemónico iniciado desde finales del siglo VII, el cual como sabemos constituyó la base de un imperio, el más amplio de la historia, extendiéndose hacia el occidente europeo y el oriente más lejano. Son estos motivos precisamente, los que siguen guiando a los islamistas de hoy en contraposición con los movimientos nacionalistas modernos que surgieron posguerra mundial. En realidad, se trata más bien de una verdadera mistificación paseísta y una grosera manipulación del Islam por parte de grupos minoritarios reaccionarios cuyos intereses un tiempo se oponen, otro tiempo convergen con los planes de las fuerzas imperialistas de EEUU y sus “socios minoritarios” europeos e Israelí.
Es así como los Hermanos Musulmanes se enfrentaron a Nasser abriendo una vía de convergencia de intereses con la CIA al tiempo en que Nasser nacionalizaba el Canal de Suez. Mientras Egipto luchaba contra la guerra imperialista dirigida por la coalición franco-británica y apoyada por Israel, los Hermanos Musulmanes jugaban a la quinta columna. De hecho, el pan-islamismo se opone radicalmente al patriotismo y al nacionalismo.
Tenemos que mencionar una rama más extrema de esa Hermandad Musulmana, los Salafistas, con visibilidad cada vez más amenazante en toda la región. Se trata de una secta con estrecha filiación con el “wahabismo”, doctrina fundamentalista que se originó en el siglo XVIII, en Arabia Saudita, y que lleva el nombre de su fundador Abdul Al-Wahab. Ellos pretenden apoyar su legitimidad doctrinal sobre el Corán y el Hadïth, fundamento de la Sunna, así como el ejemplo de los Khulafâ Er-râshidun. Es como si el tiempo se hubiera detenido para arrancar de nuevo justo en el punto dejado por esos primeros califes. Los Salafistas están convencidos de detener la Verdad (tal como Pol Pot en su tiempo en Cambodgia y hoy los sionistas colonos judíos ortodoxos en tierra palestina). Han sido autores materiales de masacres de cientos de miles de inocentes ciudadanos en Argelia, vidas que apenas cuentan por parte de los que carecen de sentimientos patrióticos. En Túnez, unos cientos de ellos llegados después de la insurrección, se han convertido a menudo en tropas de choque de Ennahdha. Los Salafistas reciben apoyo generoso por donaciones financieras saudí.
Osama Ben Laden –Yemeni/Saudí- y su grupo sunita Al Qaeda son afiliados al wahabismo, mientras el jefe actual de Al Qaeda, Ayman Al-Zawahiri, es un ciudadano egipcio médico surgido de la Hermandad Musulmana del Cairo. Es así como el binomio Ben Laden-Al-Zawahiri simboliza en la práctica la integración Al Wahab-Al-Bannâ. Mientras los Salafistas en Túnez representan un grupúsculo, en Egipto se constituyeron en un partido político que recién alcanzó la segunda posición en las últimas elecciones legislativas detrás de los Hermanos Musulmanes. Hay que recordar que en Túnez la insurrección popular que culminó hace un año el 14 de Enero 2011 contó básicamente con la lucha frontal llevada a cabo por los obreros y campesinos pobres, las mujeres y los jóvenes desempleados. Los partidos políticos, los sindicatos y mucho menos los islamistas, ninguno de ellos ha tenido participación alguna en ese proceso, aunque luego tanto los partidos como los islamistas y sus nuevos aliados imperialistas han tratado y han logrado recuperar los frutos de estas luchas. Pasa lo mismo en Egipto aunque los Hermanos Musulmanes se habían solidarizado de cierta forma al principio con el movimiento popular insurreccional.
Islam e Islamismos
Tercera religión monoteísta, el Islam surge a mitad del siglo VII c. con las profecías de un joven iletrado, Mohammâd, nacido huérfano de padre y pronto de madre en la imponente tribu Qoraïsh, en una península arábica caracterizada por una gran dispersión de tribus y clanes viviendo en constante conflicto en un territorio árido y desértico. Su gran experiencia de joven adulto al frente de caravanas como viajero comerciante saliendo de su tierra hasta Damasco en Siria lo llevó a conocer de cerca a las dos religiones monoteístas anteriores y formas urbanizadas de vida. Con alta inteligencia y valor físico, su gran gesta revolucionaria político-militar a la vez terrenal y espiritual llegó a crear el primer Estado-Nación en la localidad de Medina en tanto como un ¡Estado laico! donde judíos, cristianos, musulmanes y animistas fueron capaces de convivir en paz, según su famosa máxima: “Lakum dînukûm wa liya dîni” [Ustedes su religión, yo la mía]. Su mensaje de paz (essalâm, o shalôm en Hebraico) llamaba a la tolerancia y la convivencia entre pueblos y seres humanos. Su lucha se había limitado en unificar el conglomerado heterogéneo de las tribus árabes dentro de un territorio definido, la península arábica. Al principio había llamado a sus seguidores a la guerra santa o jihad contra sus enemigos dentro y fuera de su propia tribu. En ningún momento lanzó consigna alguna para invadir territorios ajenos fuera de la península ni para forzar otros pueblos en el Islam. Son más bien sus seguidores después de su muerte los que emprendieron esas aventuras colonialistas por décadas. El consideraba que la fe y la práctica religiosa derivan de una voluntad propia, íntima, privada y de profunda intencionalidad para cada persona. En definitiva, su mensaje espiritual converge con los valores universales de las anteriores religiones monoteístas como también los valores vigentes desde siglos entre los pueblos más antiguos del mundo.
Antes de morir, el Profeta Mohammâd aclaró que ni dejaba heredero alguno ni apuntaba hacia algún seguidor para sucederle. Sin embargo, al morir dejaba un vacío de poder en la naciente nación árabe, lo que provocó una lucha sangrienta por el poder durante varios años. El mismo concepto de “Califa” surgió entonces fuera de su voluntad y después de su muerte, creado por un pequeño grupo entre sus más cercanos compañeros, llamados Essahabah, con el intento inicial de proseguir su obra, o sea dirigir y administrar el nuevo Estado-Nación.
Como siempre ocurre después de la muerte de líderes con dimensión agigantada dentro de la perspectiva histórica, sus seguidores los endiosan, se apoderan de su legado, a menudo distorsionándolo, abundan en citas de sus palabras y/o escritos y el ejemplo de su vida – Así lo precisó el propio Lenin en su lecho de muerte; y así fue como ocurrió también en su contra.
Después de la muerte del Profeta, no había culminado el siglo VII c. cuando tropas armadas árabes a caballo y camello emprendieron la invasión de territorios vecinos y mucho más allá. Son ellos los autores iniciales de la instrumentalización del Islam con objetivos políticos de poder, lo que por siglos sigue ocurriendo hasta el día de hoy. Luego de su paso por Egipto y Libia, estos invasores llegaron de su desierto árido a Ifriqya la “verde” por sus tierras fértiles y agua abundante. Se trata de Túnez, según el nombre que le pusieron por su confort, lo mismo hicieron con el “Maghreb”, denominación que indica tanto la región como el país (Marruecos) y que significa en árabe “occidente”, definiéndose precisamente ellos mismos como centro y punto de referencia original en la península arábica. Ifriqya se desiste entonces de su nombre para darlo a todo el continente, como África. Los invasores habían ya sometido a su paso a Egipto y Libia; se adueñaron finalmente de toda la región y más allá en Europa en una clara misión de conquista para una colonización de población, siempre disfrazada de ropaje ideológico llamado el infitah, o la apertura (del Islam). Con todo, no les fue un paseo. Estos conquistadores chocaron violentamente y por décadas con el pueblo originario y rebelde Amazigh (mal llamado berbere por los romanos). Además de la población amazigh --la que sufrió a través de los siglos un verdadero genocidio del cual no se habla (!)-- estos invasores árabes encontraron otras poblaciones originarias judías y cristianas con arraigo milenario en la región.
Hay que recordar la hazaña heroica de una mujer amazigh, al-Kâhina, el antecedente de Juana de Arco, la que levantó una tropa y se lanzó en una larga lucha de resistencia en las montañas. Su nombre todavía está aborrecido entre los árabes del medio oriente y los islamistas. Al cabo de décadas de constante hostigamiento con refuerzos desde la península y otros territorios ya conquistados como Egipto, los invasores terminaron por arabizar e islamizar de forma desigual –con excepción de los judíos- las poblaciones originarias de África del Norte. Como hemos señalado, desde esa época remota se mantiene el uso y abuso del Islam como ersatz ideológico en acciones políticas y militares por el poder bajo formas diferentes de islamismos e islam político. Es así finalmente como a través de la historia, a nombre del Islam se han hecho conquistas, se ha creado un vasto imperio, se ha realizado una civilización musulmana floreciente que ha aportado a la humanidad. A la vez, se ha gobernado oprimiendo pueblos, provocando resistencia revirtiéndose así el proceso con sublevaciones: Es una larga historia de siglos con invasiones, dominación colonial, ocupación territorial, con tiranos y títeres imperiales en el poder, siempre a nombre del Islam. El propio sistema colonial francés supo utilizar el Islam para provocar resignación y estancamiento de los pueblos sometidos. Con todo, sin embargo, los pueblos africanos islamizados alzados en la posguerra mundial, a falta de una ideología nacionalista de lucha por la independencia (lograda en Vietnam), lo hicieron apoyándose en el Islam en tanto como teología independentista.
Hoy vemos al Islam como instrumento político de nuevo en mano de fuerzas neocoloniales e imperiales manipulando y mistificando a pueblos con creencia y cultura musulmana, para imponer sus nuevos agentes, bajo el ropaje de un “Islam político moderado” de corte sunita forjado en sus laboratorios, lo que me atrevería en llamar el nuevo consenso de Washington. Estas maniobras neocoloniales son ya una realidad que se extiende poco a poco recuperando [insisto en afirmar que son luchas recuperadas y no fomentadas por los EEUU] genuinas insurrecciones populares (Túnez, Egipto), reprimiendo otras (Yemen, Bahréin), fomentando de paso eso si, sublevaciones según viejos planes (Libia, Siria), aplacando otras (Marruecos, Jordania), para en fin establecer su barrera islamista suni en contra del cambio y la ruptura con el neocolonialismo del siglo XX, desde Marruecos hasta el Golfo Pérsico frente a las costas del Irán chiita, antiimperialista combatiente, precisamente.
El llamado vergonzoso e indecente hecho en público en varias oportunidades por el actual jefe del gobierno provisional de Ennhadha en Túnez (movimiento terrorista notorio en las décadas de los 80 y 90), a favor del advenimiento de lo que llama “el séptimo califato”, es ni más ni menos una réplica del grito de las hordas invasoras árabes en el África del Norte bajo el mando de los califes del Medio Oriente. Este anuncio se hizo en un país recién salido de las garras de una dictadura férrea, con la sangre todavía fresca de sus mártires y el sufrimiento de los heridos y sus familiares. Al hacer eco a los conquistadores de finales del siglo VII c. estos islamistas se han definido a ellos mismos como seguidores tardíos (vuelta siglos atrás) de los foráneos árabes invasores a nombre del Islam. Su ridículo llamado equivaldría imaginar un ciudadano actual de Bolivia, Ecuador, Venezuela o México que se atrevería desde posiciones de poder en alabar a los conquistadores españoles o resucitar su forma de dominio colonial monárquico a nombre de la fe cristiana enarbolada lo mismo como disfraz ideológico por aquellos conquistadores sanguinarios en tierra americana.
Un dirigente de Ennahdha hoy ministro de justicia declaró recientemente en la televisión nacional que la historia de Túnez empieza a partir de finales del siglo VII c. a raíz de la conquista árabe (¡él utilizó el eufemismo de Infitah!) con la introducción del Islam. Además de ridícula, ésta afirmación por parte de ese sujeto ignorante acerca de un país mediterráneo del cual pretende ser ministro, país con miles de años de historia prestigiosa, revela una vez más la oposición irreconciliable desde siempre entre pan-islamismo suni y valores patrióticos de liberación nacional. Esta polarización atrae el interés fundamental del imperialismo para perdurar en los países tanto árabes como musulmanes sunitas. En contraste con tradiciones occidentales de partidos demócrata-cristianos con arraigo nacional afirmado, Ennahdha y sus semejantes islamistas no pueden compararse ni de lejos ya que son y seguirán siendo no más que un retoño desarraigado y rezagado con filiación perdida en el desierto de la historia para siempre con ilusorios califatos islámicos.
Movimiento independentista Vs Islamismos
El periodo posguerra mundial, como sabemos, ha sido caracterizado por el auge de los movimientos nacionalistas de independencia en África y en Asia con el objetivo común de crear el Estado-Nación. Fue el pueblo vietnamita el que dio la señal definitiva en 1954 con su extraordinaria hazaña en la famosa batalla de Dien Bien Phu, donde el pueblo armado derrotó definitivamente las tropas élite del ejército colonial francés, poniendo fin a la dominación francesa. Con la visión genial de Ho Chi Minh, el Vietnam como único, llegó a realizar a la vez tanto la lucha nacionalista independentista como la lucha patriótica concomitante de liberación nacional. Hasta la fecha, ningún otro pueblo ha logrado esta potente correlación de objetivos de liberación. Es así como desde Vietnam se disparó la chispa hacia los países vecinos y luego más allá alcanzando las riberas africanas. Durante la guerra contra el colonialismo francés en Argelia, comandantes prestigiosos como Abbâne Romdhâne (jefe guerrillero Kabyle asesinado a traición) se habían fuertemente inspirado del ejemplo vietnamita en su visión de lucha patriótica (cf. Asamblea de la Summâm).
1955, en Bandung, Indonesia, se concretizó el Movimiento de No-Alineados en plena guerra fría, con los “padres” fundadores Tito, Nehru, Nasser, Chou En Laï y Sukarno el anfitrión. En 1956, se otorgó la independencia formal a Marruecos y Túnez, a través de una componenda, al tiempo que se desataba una sublevación en Argelia. Alertados por los acontecimientos en Argelia, los poderes francés y británico se apresuraron en otorgar independencias formales a sus colonias en África. Mientras el uno y el otro estaban enfrascados en contener las luchas nacionalistas anticoloniales: En Argelia se trató de posesionarse del petróleo y el gas recién descubiertos al costo de una guerra de siete años con un millón de mártires; mientras en Egipto era para mantener el dominio del Canal de Suez con la intervención militar en 1956 por la coalición franco-británica e israelí contra Nasser.
En resumidas cuentas, los años posguerra en África del Norte y en Medio Oriente consagraron los objetivos de movimientos independentistas nacionalistas. Mientras, opuestos con violencia al nacionalismo y al Estado-Nación, los Hermanos Musulmanes enarbolaban una mística pan-islámica tratando de reactivar la era de los califatos supra-nacionales. Por esta razón, en Egipto los Hermanos Musulmanes eran enemigos declarados de Nasser. Aquella oposición frontal era un terreno fértil para la CIA junto con el Mossâd israelí para estrechar lazos secretos con los Hermanos Musulmanes en una clara convergencia de intereses para derrocar a Nasser; un patrón de conducta que no dejara de repetirse a lo largo de los años con Al Qaeda en Afganistán, los Balcanes, Irak, últimamente en Libia y Siria y a la luz de la recuperación de las luchas populares por el tándem USA-Islamistas en Túnez, Marruecos, Egipto y más países en una lista ya pre-establecida en Washington.
La nueva “alianza sagrada "
Resulta pues que el mencionado esquema de convergencia de intereses –según declaraciones descaradas de los propios portavoces y líderes de Ennahdha- se está produciendo en Túnez. Mientras la insurrección popular pacifica y victoriosa del 14 de Enero 2011 alzaba la bandera de los valores patrióticos y en algunos casos lemas antiimperialistas con la figura del Che Guevara, con cantos fervorosos llamando a la dignidad (al karâma) y a la soberanía del país, los islamistas que en nada participaron a ese movimiento liberador, hoy recuperan el poder de un Estado que al mismo tiempo niegan en nombre de un supuesto séptimo califato islámico. Aquí también observamos como en ocurrió otras tierras, los intereses antagónicos y excluyentes entre los objetivos patrióticos del pueblo y las ambiciones foráneas de los islamistas.
En Túnez como en otros países de la región extendiéndose al Medio Oriente, la nueva “alianza sagrada” conlleva un triple beneficio a favor de las potencias occidentales: por una parte abre amplios mercados al capital global y su derivado neoliberal borrando fronteras nacionales; por otra parte, se refuerza la protección de Israel y se crea una sólida alianza cerrando el cerco suni contra Irán chiita antiimperialista y sus aliados árabes en la región.
Habíamos avanzado, con muchos otros analistas políticos, que el objetivo estratégico a largo plazo seria ampliar el cerco aún más -suponiendo una intervención militar en Siria y en Irán-, contra Rusia y China, controlando sus rutas comerciales y sus fuentes de aprovisionamiento en materias primas, a la vez fragmentando sus territorios por inducidas sublevaciones de minorías musulmanas suni y otras etnias.
En resumen
Los islamistas en Túnez hacen uso del poder del Estado como trampolín en función de sus objetivos pan-islámicos a despecho de los intereses patrióticos. Sin embargo, recién se está despertando la conciencia del pueblo, como trataremos de mostrar en la próxima entrega (III). Una buena parte de la ciudadanía se está percatando de la terrible mistificación que nos agobia, con consecuencias a corto y mediano plazo probablemente más costosas que las dictaduras que nos ha tocado sufrir y enfrentar por generaciones desde aquella ficticia independencia formal de hace 54 años.
El proyecto de vuelta al califato borra las fronteras y la identidad de los pueblos a favor de amplias zonas continentales a nombre de un Islam ficticio como ersatz ideológico y bajo la mistificación de un “Islam político moderado”. El capitalismo global y su derivado el neoliberalismo apuntan hacia los mismos objetivos para su expansión sin límite de mercados y su dominación mundial.
Estos proyectos convergentes se oponen de forma frontal y categórica a los sueños a la vez patrióticos e internacionalistas africanos a favor de conjuntos regionales e unión continental, a semejanza del gran sueño de Bolívar, la Patria Grande; así como también un sueño todavía mucho mayor Sur-Sur: África-Asia-SurAmérica.
Mientras se mantengan las condiciones que han llevado al pueblo a la insurrección, más temprano que tarde se alzará de nuevo el clamor popular en contra de las nuevas formas de opresión. Siendo el Islam parte intrínseco del tejido sociocultural de la mayoría de nuestra población, es preciso hacer coincidir los valores básicos y universales del Islam con los objetivos de la lucha patriótica por la liberación nacional a través de la búsqueda de una teología de la liberación.
Si le agregamos a esto la podredumbre estatal y el deterioro institucional develado en gran dimensión en los últimos meses, no es difícil pensar en perspectiva en una crisis integral cada vez mayor, acompañada de una intensa indignación popular proclive a convertirse en movilizaciones crecientes y ascendentes. La caldera se está reventando y no se sabe cuando habrá de estallar. Pero por el camino que trazan los de arriba a los de abajo y a los del medio no le queda otra que indignarse y reventar de manera original.