EL CASO DAHIK 



EL CASO DAHIK CONDENSA MUCHOS ASPECTOS 




Fausto Jaramillo Y.

Muy pocas casos, en la última etapa “democrática”, han sido tan reveladores de la identidad ecuatoriana como el llamado “Caso Dahik”. En él se condensan aspectos humanos, políticos, jurídicos, económicos y sociales, que grafican muchas de las cualidades y defectos del país y de su gente.
La historia de este personaje ha sido olvidada por un grupo numeroso de ciudadanos, ignorada por la gran mayoría de jóvenes que no conocieron de primera mano lo sucedido, y manipulada en exceso por los políticos de turno; pero en todo caso, la verdad ha sido la primera y más importante víctima de este caso y el Ecuador merece recuperar la memoria y adentrarse en la práctica de la búsqueda de la verdad, sin apasionamientos ni intereses que puedan oponerse o distorsionar este objetivo.
Por eso, el caso Dahik debe la prensa reabrirlo, investigarlo y responder a las innúmeras interrogantes que existen a su alrededor.
SU HISTORIA
Los antepasados de Alberto Dahik Garzozi, no son originarios de estas tierras, no pertenecen a lo que ahora se llama “ancestralidad”, es decir, no está emparentado, por sangre con los indígenas ni con los criollos; más bien, por sus venas corre la historia del Líbano y de Italia. A más de sus apellidos, su rostro escondido tras gruesos lentes y una barba frondosa y entrecana así lo delata; su nariz aguileña y su cabellera cada día menos poblada así lo pone de manifiesto.
Al momento de decidir su carrera universitaria, seguramente debe haber primado la actividad comercial de los hombres del Oriente medio, o Medio Oriente, por eso su título es de Economista.
Su carrera profesional la inició en su ciudad natal: Guayaquil, donde debe haber establecido vínculos de amistad con los grupos empresariales y de comerciantes. Por eso, cuando apareció en la vida pública nacional, lo hizo bajo la sombra de uno de los líderes más destacados de las Cámaras de la Producción del puerto principal del Ecuador. Cuando a ese líder le quedó chico el espacio de la ciudad y buscó un horizonte más amplio, se unió a su campaña electoral y formó parte del equipo del candidato León Febres Cordero.
El 10 de agosto de 1984, el Ingeniero Mecánico, Presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil, Senador funcional por las Cámaras de la Producción y Legislador del Guayas, se posesionó como Presidente de la República. En su gabinete no constaba el nombre de Alberto Dahik, pero si fue nombrado Presidente de la ya inexistente Junta Bancaria; es decir, uno de los personajes más influyentes en el gobierno, en materia económica y fiscal.
Su personalidad no le iba a permitir ser un funcionario de bajo perfil, por el contrario, desde un comienzo quedó claro que Alberto Dahik jugaría un papel fundamental en la implementación de las políticas económicas, financieras y fiscales del nuevo gobierno.
Pasados unos años, por razones desconocidas por el país, pero sospechamos que por intereses y ambiciones, Alberto Dahik se separó del gobierno. El líder del partido Social Cristiano y Presidente lo colocó en la lista negra de sus enemigos, lo que equivalía, en aquella época a ser “perseguido como presa de caza, por perros hambrientos”.
Su candidatura a la Vicepresidencia, en binomio con el Arq. Sixto Durán Ballén, en 1991, le daría un respiro político. Ganaron las elecciones y el 10 de agosto de 1992, juró “defender la Constitución y ejercer dignamente el cargo de Vicepresidente de la República”, y ocupó el sillón de Segundo Magistrado de la Nación.
Pero, en 1995, tras haber confesado que muchos legisladores y autoridades seccionales le “costaban mucho al Gobierno” a un periodista, el escándalo estalló y en el centro del drama apareció Alberto Dahik, como el instigador y ejecutor de estas maniobras poco éticas de comprar la consciencia y los votos de muchos políticos.
Naturalmente, esto afectó a personajes y personalidades de los diferentes partidos políticos, los que al verse en evidencia, reaccionaron con fiereza. Al parecer, en los archivos del partido Social Cristiano se guardaban muchas pruebas de ciertos manejos dolosos de cuentas por parte del Vicepresidente y su equipo de colaboradores. Dos Diputados de este partido, Rafael Cuesta y Xavier Neira, acudieron a la Corte Suprema de Justicia a firmar una denuncia por peculado en contra del Vicepresidente.
El juicio se inició tanto en la Corte de Justicia como en el Congreso.
Como las pruebas fueron muchas y evidentes, en una sesión del Congreso, Dahik contraatacó y denunció varios actos reñidos contra la moral política y contra la moral económica cometidos por el entonces presidente Ing. Febres Cordero, pero sus alegatos no fueron suficientes como para inclinar la balanza de los votos a su favor, fue censurado y debió renunciar al cargo de Vicepresidente de la República. Mientras tanto, en la justicia, el Juez de la causa, dictó una orden de prisión en su contra, cuando la policía acudió a su domicilio para hacer efectiva la orden judicial, no lo encontró, había escapado hacia Costa Rica. Con su ausencia, el juicio se paralizó.
A inicios de 2012, un nuevo Juez de la Corte de Justicia, dictaminó que el juicio era nulo por errores en el procedimiento.
Hasta aquí la historia.
Pero veamos los impactos que su presencia en la política ha tenido para el Ecuador.
EL DOLOR DEL EMIGRANTE
Primero aceptemos que el hecho de verse obligado a vivir en otro país, representa un exilio forzoso, una experiencia vital dolorosa para cualquier ciudadano. Si sus antepasados fueron inmigrantes por voluntad, Alberto Dahik debió emigrar por la fuerza de las circunstancias.
Su huída demostró que los poderosos le temen a la cárcel y que prefieren el exilio a pasar una temporada tras los barrotes de las infames prisiones ecuatorianas.
LA JUSTICIA MANIATADA
Pero, su caso trajo aparejada otras consideraciones jurídicas: si desde sus inicios el juicio estuvo viciado por incumplimiento de las normas procesales, ¿por qué 3 distinguidos abogados que fueron Presidentes de la Corte Suprema, continuaron con el Juicio? ¿Es que no sabían de leyes? ¿Es que no tenían criterio? ¿Es que no tenían independencia?
El peculado que se define como uso de dineros públicos para beneficio propio o de terceros, ¿requiere de denuncias particulares, o los Jueces pueden actuar “de oficio”? Si los llamados “gastos reservados”, históricamente han sido utilizados por los Ministros de Defensa, para comprar armas o información que les permita sus planes de defensa nacional, o por los Ministros de Gobierno que lo usaban en garantizar la paz y la tranquilidad al interior del Estado ¿Por qué pudo hacer uso de estas partidas el Vicepresidente de la República? ¿Quién le autorizó? La compra de votos en el Congreso, o la financiación de obras en ciertos cantones, ¿los podía comprometer el Vicepresidente? ¿Por qué, si se trataban de fondos reservados, fueron depositados en cuentas personales, en bancos comerciales? ¿Quién autorizó a la secretaria del Vicepresidente y a su asesor, a abrir dichas cuentas, y quién les indicaba el uso que debían darse a esos fondos? ¿Por qué el Econ. Dahik, confesó a la prensa de estas prácticas?
Aquí un paréntesis: El caso del Economista Dahik es uno más, pero tal vez, el más ejemplarizador, de que nuestros políticos, cuando acceden al Poder, sufren de un mal muy peligroso: el de la prepotencia intelectual. Si, la prepotencia no es únicamente un comportamiento erróneo de la personalidad que los hace creer que son superiores a los demás y, por lo tanto, tratan con desprecio y aires de suficiencia a los otros, sino que también les afecta su autoestima y el entendimiento y los hace creer que su inteligencia supera con creces a la de los demás y, por eso, cualquier acción que emprendan no será nunca conocida, analizada y criticada por los “otros”.
Alberto Dahík, desafió a la inteligencia de los demás cuando abrió cuentas en bancos comerciales para manejar fondos reservados, creyó que nadie tendría la suficiente perspicacia como para oliscar este hecho, y peor aún, investigar en qué se gastaron esos fondos.
¿Por qué los diputados social cristianos esperaron que la prensa destapara el tema de la corrupción de ciertos diputados y de ciertas autoridades, para presentar la denuncia de los gastos reservados? Quizá porque algún diputado o algún Alcalde de este partido estaba incluido en estas prácticas.
¿Los diputados, socialcristianos, denunciantes ignoraban acaso que para seguir un juicio por cualquier motivo a un Vicepresidente, se requería la autorización del Congreso? Si lo sabían ¿por qué no la pidieron? Si ellos no estaban enterados, los abogados que los auspiciaban estaban en la obligación de aclarar a sus clientes la necesidad de estos requisitos ¿por qué no lo hicieron? Tal vez, solo tal vez, no querían enjuiciar realmente al Vicepresidente, sino provocar su salida del cargo, ¿por miedo a lo que él pudiera revelar?
La verdad es que aun existen muchas interrogantes en el tema jurídico.
LA PRÁCTICA POLITÍCA O LA POLÍTICA PRÁCTICA
Pero lo que verdaderamente ha camuflado, con sus putrefactos olores, este caso, es la política entendida como la guerra de dos o más adversarios por alcanzar el Poder, olvidándose del país y de su gente.
El Economista, en el ejercicio de sus funciones públicas fue siempre un personaje ligado a la plutocracia ecuatoriana. Sus ideas liberales, de libre mercado y de ausencia del Estado en el control y participación de la economía, lo impulsaron a tomar medidas como por ejemplo, la liberación de los controles de cambio del sucre con relación al dólar, la liberación de las tasas de interés, que permitió que los Bancos nacionales pagaran y cobraran lo que a bien tuvieren por sus servicios provocó una ola especulativa que rebasó toda racionalidad, y fuera el punto de partida de la carrera desbocada de una crisis económica que tuvo su punto culminante entre 1999 y el 2000, con el feriado bancario, la hiperinflación y la posterior dolarización de nuestra moneda.
En su vicepresidencia se pusieron las bases para la “privatización” de los servicios públicos con la Ley Trole, y que provocaran la quiebra de empresas como Ecuatoriana de aviación, la línea aérea nacional. (Hay quienes sostienen que la quiebra de esta compañía tuvo intereses no confesados de apoyar a su hermano que quería ser el propietario de la misma) Otras empresas no fueron privatizadas por la oposición fuerte que empleados, trabajadores, grupos sociales y políticos hicieron sentir en las calles.
Pero, aquí aparecen nuevamente varias interrogantes: ¿Por qué, si el partido Social Cristiano, coincide con este pensamiento, se convirtió en enemigo del Econ. Dahik? No puede entenderse esta enemistad por razones ideológicas.
¿Será acaso, que en este como en otros casos, la forma de ser del ecuatoriano se manifiesta apropiándose de los triunfos y condenando en los otros los fracasos?
¿Será acaso, que ciertos líderes no soportan la más ligera discrepancia con su voluntad?
¿Será que ciertos aprendices de tiranos roban la capacidad de pensar a los miembros de sus equipos y apenas les reconocen la facultad de obedecer?
¿Será que para gobernar se torna necesario cierto autoritarismo que sobrepase la Constitución y las Leyes?
¿O será, simplemente que, en este caso, el Ing. Febres Cordero y el Econ. Dahik rompieron relaciones por “secretos” de Estado, en el manejo de la cosa pública cuando trabajaron juntos?
Pero lo más sorprendente es que ahora, un gobernante que en la retórica se dice enemigo de la corrupción imperante en la “larga noche neoliberal”, enemigo declarado de la “partidocracia”, haya sido el que ha impulsado el retorno al país de quién es uno de los más conspicuos representantes de esta ideología y de estas prácticas: ¿Para permitirle que se defienda en el juicio? ¿Por qué está tan seguro de su honradez?
Si el persecutor de Dahik fue un autoritario presidente neoliberal, el anfitrión e invitante a su retorno es otro autoritario presidente, solo que éste se declara socialista del siglo XXI.