GENOCIDIO AL POR MAYOR 



GENOCIDIO AL POR MAYOR 



Simón Zavala Guzmán*


Uno de los males terribles que azota a la humanidad es el cáncer. Millones de seres humanos mueren anualmente sin que en ninguno de los países pobres del tercero, cuarto y quinto mundos, existan políticas públicas de salud preventiva y curativa para evitar esta enfermedad. Por cierto que las poblaciones de los países pobres son las más vulnerables y, en las que más altos son los índices de muertes por cáncer. Sus gobiernos, en la mayoría corruptos, privilegian el saqueo de los fondos públicos, sin atender las necesidades más elementales de sus poblaciones y, sin siquiera pensar, morigerando la culpa, en que si se diera una especial atención para ayudar a los pobres que sufren de cáncer, de todas maneras les quedaría mucho dinero para satisfacer sus cleptomanías y sus egos. Lo cierto es que, de conformidad con datos de organizaciones importantes de salud, al año mueren entre 250 a 300 millones de personas, de las que, un gran porcentaje son niños y adolescentes.

Hace unos quince años, más o menos, leí un artículo de un científico norteamericano –cuyo nombre ahora no recuerdo- que decía que existía el remedio para el cáncer, pero que se impedía su salida al expendio público, porque si esto se daba, las grandes transnacionales de la farmacéutica perderían millones de millones de dólares, debiendo mantenerse a los enfermos con los distintos productos médicos paliativos y las quimioterapias y radioterapias con que los venían tratando. Naturalmente en complicidad con ciertos profesionales que los recetaban obligatoriamente como agradecimiento a las distintas invitaciones que recibían para intervenir en Congresos Científicos del Cáncer en donde los “capacitaban” para recetar nuevos paliativos –que eran los anteriores con cierto maquillaje- y los atendían de maravilla, con turismo incluido, levantándoles su autoestima y haciéndoles creer que casi eran dioses porque con los nuevos productos que les presentaban iban a salvar una gran cantidad de vidas humanas. Y éstos, regresaban contentos a sus países por los paseos realizados – a veces con familia incluida- a seguir convirtiéndose en mudos ejecutores de la muerte de todos aquellos que desgraciadamente caían en sus manos. Pero como toda regla tiene excepciones, hay que decir que si han existido y seguirán existiendo médicos con un alto sentido de su misión fundamentalmente humana, que conscientes de que con los paliativos sólo conseguirán retardar las muertes, hacen todo lo posible por rebelarse de la subyugación que ejercen las poderosas corporaciones y con toda la entereza, ingenio y talento, luchan por salvar esas vidas que se encuentran en sus manos. Y en algunos casos lo han conseguido.

Entonces debemos preguntarnos, por qué razón esta situación a nivel mundial continúa. Por qué esos gobiernos no hacen algo para que el o los productos que pueden acabar con el cáncer salgan a la luz y puedan llegar a los pacientes de esta enfermedad? Por qué no importa a alguien, a pocos, a muchos, las muertes de esos millones de niños y adolescentes que anualmente fallecen? Las respuestas son sencillas y variadas y todos las conocemos. Pero el hecho es que, hay un genocidio ocasionado voluntaria y deliberadamente por estas transnacionales de la farmacéutica con la complicidad de ciertos gobiernos que han recibido dinero y apoyo logístico de estas corporaciones para llegar a las cúpulas gubernamentales, precisamente, para no hacer nada, que toque los intereses de ellas.

La Corte Penal Internacional se creó, de acuerdo con el Estatuto de Roma, el 17 de julio de 1.998. Una de sus competencias es la de juzgar los delitos de lesa humanidad y, de entre ellos, el de genocidio mediante exterminio de seres humanos por diferentes medios. El genocidio, a través de exterminio, no se da únicamente por conflictos armados o como parte de ataques armados sistemáticos o prolongados, a grupos civiles poblacionales, ni por asesinatos, desapariciones forzadas y torturas. El genocidio, mediante exterminio, también se da por otras causas, como la muerte de millones de personas a las que sistemáticamente y en forma consciente se les niega las medicinas que requieren para salvar sus vidas del cáncer que paulatinamente las va matando. Por eso, hoy más que nunca, es necesario, que gobiernos que quieran a sus pueblos, presenten sus denuncias contra estas transnacionales de la muerte ante la Corte Penal Internacional y pidan que éstas sean juzgadas por el genocidio que anualmente provocan y que, toda esa inmensa riqueza que han acumulado a costa del dolor y la miseria de los familiares de los exterminados, sea confiscada y entregada como un Fondo Internacional, a una organización civil multinacional, con representaciones de la ciudadanía y de la oficialidad, que se preocupe de la atención seria y responsable y, en cualquier parte del mundo, de quienes padecen esta maldita enfermedad.

*Poeta, Ensayista y Jurista ecuatoriano