CHILE: LAS LETRAS DEL HORROR 



EL LIBRO DE M. SALAZAR PROFUNDIZA ACERCA DE LA DINA 



Rodrigo Mundaca
Las letras del horror (2011), es el título del libro de Manuel Salazar que profundiza acerca de la formación de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), estructura represiva creada por la Dictadura de Augusto Pinochet.
Este libro profundiza sobre los mandos de la DINA, su composición operativa, los cuarteles secretos de detención, los métodos empleados, es un libro que habla también de los Chilenos que organizando la resistencia cayeron en manos de los represores, de los tormentos vividos, de la saña con que los agentes de la DINA actuaban, de la impunidad con que detenían, en palabras simples, criminales autorizados por el Estado para actuar con absoluta impunidad y por encima del bien y del mal.
La historia es un elemento imprescindible para analizar el presente y proyectar el futuro, en Chile en particular, y en América Latina en general, mucho hemos hablado de la influencia de Estados Unidos en la imposición de la Dictaduras Militares desde la década de los 60 y hasta fines de los 80, sin embargo, la lectura de este trabajo desnuda la influencia que tiene en América Latina, la Escuela de Guerra Francesa.
La doctrina francesa tuvo una gran influencia sobre el ejército Argentino, sobre todo a partir de fines de los 50. Esta influencia se materializó con el envío de cientos de oficiales Argentinos a “estudiar” a la escuela superior de guerra de Francia, oficiales que hicieron suya una concepción muy particular, y que tendría enormes efectos en nuestro continente, la concepción del enemigo interno, ese concepto que el hombre con el cual convivíamos podía ser nuestro enemigo si adhería a la concepción marxista leninista.
En sus orígenes los conflictos armados eran de soberanía, a partir de 1955 comenzó a imponerse la doctrina Francesa, que sostenía que el comunismo era el mal del mundo y había que destruir el comunismo, concepción que se fue imponiendo en la mente de los oficiales/estudiantes que tendrían mas tarde la misión de llevar a la práctica esta formulación. La concepción del enemigo interno, se “enriqueció” con la doctrina de la seguridad nacional a mediados del 60. Las atrocidades cometidas en Argelia por los mandos y tropas Francesas ocurrieron en el continente Africano, sin embargo esta experiencia y sus efectos se replicaron en los campos y ciudades de Argentina, Brasil, y por supuesto de Chile, afectando por igual a hombres y mujeres.
La Doctrina Francesa le asignaba una importancia capital al servicio de Inteligencia, ellos acuñaron el concepto de que las “leyes” se aplican para los combatientes regulares, es decir con uniforme, no para el guerrillero que no lleva uniforme y además es portador de armas escondidas, ese hombre no respeta las leyes de la guerra, y bajo esa premisa, la tortura es la única manera de sacar información a un guerrillero.
Instructores Franceses, veteranos de la ocupación de Argelia, dictaron cursos en la Escuela de las Américas a oficiales de toda Latinoamérica, Chilenos incluidos, en rigor, la Doctrina de la Seguridad Nacional fue una prolongación de la doctrina Francesa.
En Chile, una vez consumado el golpe de Estado contra el gobierno popular de Salvador Allende (Septiembre de 1973), la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional se aplicó de forma implacable, la creación de la DINA, como brazo ejecutor de la represión es el ejemplo más gráfico.
La estructura de la DINA contaba con una dirección ejercida de forma vertical por el coronel Manuel Contreras, quién informaba de forma directa a Pinochet, un Estado Mayor, que conformaban entre otros, Rolf Wenderoth, César Manríquez, Raúl Iturriaga Neumann, Marcelo Moren Brito, Maximiliano Ferrer, entre otros.
Contaba además con una Subdirección, ejercida al principio por el contraalmirante Rolando García al que posteriormente lo sucedió el oficial de ejército Jerónimo Pantoja.
La Dirección de Operaciones fue creada cuando la DINA tuvo una estructura claramente definida, reemplazando esta estructura al Estado Mayor. El jefe de esta estructura fue el Teniente Coronel Pedro Espinoza, el que antes de llegar al cargo se desempeñó como jefe del centro de detención y torturas de la Villa Grimaldi.
Bajo la Dirección de operaciones estaban el Departamento de Inteligencia Interior y el Departamento Exterior.
Del departamento de Inteligencia Interior dependían la Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM), la Brigada de Inteligencia Regional (BIR) y la Brigada de Inteligencia Ciudadana.
La Brigada de Inteligencia Metropolitana quedó conformada por dos grandes agrupaciones: CAUPOLICÀN y PURÉN, la primera de carácter operativo, a cargo de Marcelo Moren, y la segunda en apariencia sólo de análisis e inteligencia, bajo el mando de Raúl Iturriaga Neumann.
De la agrupación Caupolicán dependían las brigadas Halcón I y Halcón II, dirigidas por Miguel Krassnoff, Aguila, dirigida por el teniente Ricardo Lawrence, Tucán, dirigida por Gerardo Godoy, Cóndor, dirigida por Ciro Torré y Vampiro, dirigida por Fernando Laureani.
Las brigadas Halcón, Aguila, Tucán, Cóndor y Vampiro, tuvieron la misión de detener, torturar, y desaparecer a miles de Chilenas y Chilenos, contaron para sus deleznables propósitos con Centros secretos de detención, Londres 38, José Domingo Cañas 1367, Venda Sexy, Villa Grimaldi, conocida en jerga DINA, como cuartel Terranova.
La aplicación de palizas, corriente, submarinos húmedos y secos, el pau de arara, abusos sexuales contra hombres y mujeres, tortura sicológica, el encierro en solitario, fueron norma en cada centro de detención, y sus ejecutores, criminales financiados por el Estado para mantener la “paz y unidad nacional”.
No es fácil hablar de nuestra historia reciente, a veces pasan días, meses en que las urgencias del modelo nos mantienen ensimismados en nuestras propias cavilaciones, sin embargo esta historia cada ciertos momentos golpea nuestra memoria, algunas veces recordando un amigo, un lugar común, algún homenaje tardío, en otras los hechos se agolpan cuando individuos como el alcalde Labbé le rinde tributo a Miguel Krassnoff, y a contrapelo sostiene que a los Chilenos que llevaron a los centros de detención, no fueron llevados por andar vendiendo leche.
A Labbé se le unen los que como el presidente de la UDI, Juan Antonio Coloma, relativizan la historia señalando que el homenaje a Krassnoff es un error que no pone en juego el apoyo de la UDI a la repostulación de Labbé, se suma a este coro de ángeles, el senador designado Carlos Larraín, apoyando abiertamente esta iniciativa, también el “nunca bien ponderado” Hermógenes Pérez de Arce se hace presente, defendiendo lo moralmente indefendible, es decir la inocencia de Krassnoff, hoy condenado a 144 años de presidio.
En no pocas ocasiones se dice que no hay que avivar los odios del pasado, que la justicia en la medida de lo posible es lo mejor que nos ha podido pasar, por de pronto la cúpula represora se encuentra cómodamente instalada en el penal cordillera, con la familiar civil y militar velando por sus derechos.
Al finalizar, se queda grabada en mi memoria el relato de una mujer detenida en un centro clandestino de la DINA, y contenido en el libro las letras del horror, página 167.
“Por violación de los torturadores quedé embarazada y aborté en la cárcel. Sufrí shock eléctrico, colgamientos, pau de arara, submarinos, simulacro de fusilamiento, quemadura con cigarros. Me obligaron a tomar drogas, sufrí violación y acoso sexual con perros, la introducción de ratas vivas por la vagina y todo el cuerpo. Me obligaron a tener relaciones sexuales con mi padre y hermano que estaban detenidos, también a ver y escuchar las torturas de mi hermano y padre, me hicieron el teléfono, me pusieron en la parrilla, me hicieron cortes con yatagán en mi estómago…..”
Contreras, Moren, Krassnoff, Espinoza, Iturriaga Neumann, Labbé, Coloma, Larraín, Pérez de Arce, es nuestro derecho, es nuestro deber decirles claramente, NADA NI NADIE ESTA OLVIDADO.