LA REALIDAD ¿UNA CUESTIÓN DE AGENDAS MEDIÁTICAS? 



LA REALIDAD ¿UNA CUESTIÓN DE AGENDAS MEDIÁTICAS? 



Por José Luis Bedón
jbedon@ciespal.net
No todos los días son iguales...y tanto no lo son que estas mañanas en hogares, oficinas, aulas y otros sitios de encuentro social (también en el twitter y el facebook) el tema de conversación que ha menudeado y sigue haciendo noticia en las redes virtuales es Muammar al-Gadaffi, que de golpe y porrazo se ha convertido en el cuco del día, de la semana o del mes; algo así como el “polémico de la semana” como titulaba un segmento de un conocido periódico. Pero sin que sepamos gran cosa del personaje ni del pueblo libio... si acaso los hechos de coyuntura y las repetitivas y consabidas acusaciones sobre las que pueden tener o no razón, y ya prematuramente estamos, algunos más que otros, condenando y satanizando las acciones de Gadaffi, como si lo conociéramos o habríamos ya tomado conciencia definitiva sobre el personaje, y repetimos casi automáticamente lo que dicen algunos medios y algunos “líderes” de opinión.
Independientemente del personaje enfocado por la agenda de la gran prensa mundial y local necesitamos que el periodismo nos hable de la historia del personaje, sus contextos, su posición política frente al poder mundial. Por ejemplo, que nos digan que Libia era una colonia Italiana y el primer país africano que logró su independencia luego de la segunda guerra mundial y que el coronel Muammar al-Gadaffi accedió al poder con un sector progresista del ejército, en 1969, y que lo primero que decidió fue la salida de las bases militares de Gran Bretaña y los Estados Unidos en territorio libio, y que en 1970 acabó con la tradición política de que las multinacionales petroleras fijaran el precio del hidrocarburo a su antojo, siendo ésta la base para la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Pero más allá de la geopolítica o de los intereses en torno al petróleo que están en juego en los territorios de esta agitación social en el norte de África y el Oriente Medio, no sólo de Libia. Más allá de las víctimas y la represión de regímenes afectos y desafectos a los Estados Unidos, más allá del desconocimiento casi total de las realidades de esos pueblos alzados y de la pobre contribución que hacen los grandes medios para conocerlos, está o debería estar la inquietud de porqué unas noticias son más importantes, más visibles, más relevantes o se les concede mayor espacio que a otras en los medios internacionales y también en los medios locales, por cierto tan dependientes de las agendas mundiales de sus canales aliados: CNN y Telemundo con los que casi exclusivamente, construyen su visión y versión mediática del mundo.
Quienes todavía y tercamente intentamos escuchar los noticieros de la radio o ver la tv en las frías mañanas de Quito, a pesar de que muchos ya no los escuchan ni los ven, nos encontramos con que en los micrófonos y en las pantallas cunde el pánico y todas las adjetivaciones de condena posibles en contra de Gaddaffi, tengan o no razón. Pero ¿por qué no ocurre lo mismo ni se conoce el crecimiento de la rebelión estudiantil y de maestros en contra del primer ministro de Italia Silvio Berlusconi quien pretende privatizar la educación pública en ese país europeo? También ¿por qué se trata de ocultar al máximo lo que ocurre en Bahrein, un pequeño y estratégico país de la región del Golfo Pérsico que alberga a la V Flota de los Estados Unidos y cuyo reino sunita afronta la mayor protesta social de su historia? Sin embargo, está claro que ahora el objetivo de la agenda-setting de las grandes corporaciones mediáticas mundiales y también locales son Gadaffi y de paso Evo Morales y Hugo Chávez con quien se rumoró un encuentro en Caracas que fue desmentido.
Igualmente, esos medios, en aquellos días de la protesta popular en Egipto, se callaron o minimizaron la relación directa de la administración norteamericana con el caído Hosni Mubarak, aliado de la política exterior de la gran potencia e Israel y que, por ejemplo, prohibió durante su régimen el paso de barcos iraníes por el estratégico canal de Suez.
Es decir que el tema que hoy mismo es objeto de conversación, de preocupación de la opinión local y mundial, con todos sus vacíos y que se lo dice cara a cara o por medios digitales es aquel establecido por la agenda de los medios: esa realidad construida a partir de lo que está y no está en esos medios.
La teoría del “establecimiento de la agenda” o la agenda-setting postula que los medios tienen una gran influencia al determinar qué historias poseen interés informativo y cuáles no, cuánto espacio, importancia e impacto se les otorga, y qué grado de conciencia alcanzamos sobre determinada noticia. Es decir que los temas, los personajes, los hechos que nos preocupan son una construcción mediática deliberada.
Bernard Cohen ha precisado que los medios (informativos) pueden no acertar al decirnos cómo pensar sobre un determinado tema, pero sí cuando nos dicen sobre qué pensar.
El filósofo y lingüista estadounidense Noam Chomsky ha dicho que a la hora de escuchar, ver o leer las informaciones que traen los medios es necesario pensar en la “alianza tácita que existe entre el gobierno de un país (generalmente occidental y sobre todo Estados Unidos) y los medios de comunicación para comunicar a los espectadores, oyentes o lectores de un determinado medio sólo lo que interesa, y ocultar al máximo lo que puede resultar peligroso o perjudicial para la estabilidad que ellos creen la correcta para su país”.
Es decir que a consecuencia del bombardeo mediático local por medios televisivos, radiales, escritos e incluso digitales se terminará, casi en exclusivo, visibilizando y posicionando a los problemas libios o iraníes, mientras que se tratará de ocultar o bajar de perfil a las protestas en varias ciudades marroquíes pese a que su reinado ha ofrecido “reformas estructurales”, o las protestas que han alcanzado a Arabia Saudita y la monarquía petrolera y aliada de la política exterior de Estados Unidos en la región, soslayando similares alzamientos populares en Argelia, Yemen, Jordania y Siria, que quizá merezcan ser visibles cuando resulten funcionales.
Lo que llama la atención de nuestros medios locales es la poca o ninguna autonomía y pluralidad de fuentes que muestran cuando se trata de revelar lo que sucede en otras partes del mundo, o la intencionalidad mal disimulada de algunos periodistas de radio que afirman sus propios criterios entrevistando a sus 40 invitados-estanco de siempre, o entrevistando a asambleístas o a un vocero de una embajada interesada en comentar contra Gadaffi o Chávez o Morales para establecer paralelos extremos y forzados con realidades más cercanas. Esa agenda-setting impuesta y auto impuesta en vertical, hecha carne y cuero en las malas prácticas del periodismo local (de la radio y la televisión) que pontifican sus propias opiniones olvidando que están ahí para abrir campo a la expresión múltiple de los otros y no para deslegitimar, adjetivar, endilgar, acusar, insultar y hasta atreverse a pensar por nosotros; o para denigrar a quienes los criticamos pretendemos escuchar y ver algo digno en los medios de comunicación locales.
La responsabilidad del periodismo ecuatoriano es, además y sobre todo, hacer una lectura política y crítica de lo que está pasando en el norte de África, y evitar ser, sin saberlo o sabiéndolo, los orquestadores gratuitos y útiles de una nueva agresión bélica en contra de un pequeño país con mucho petróleo, con el pretexto de la prolongada presencia de un régimen cuestionado por su falta de democracia.