INDIGNADOS DE TODO EL MUNDO… ¡UNIOS! 



Millones y millones de jóvenes sin futuro 



INDIGNADOS DE TODO EL MUNDO… ¡UNIOS!
Rodrigo Santillán Peralbo
Millones y millones de jóvenes sin futuro, los marginados sociales, los subempleados o desempleados condenados a vivir en la mediocridad y en la miseria, los que padecen discrímenes, los sentenciados a vivir en la ignorancia porque se les niega la educación destinada sólo a las élites que pueden pagarla, los desengañados del sistema que genera abismales diferencias de clase; unas con privilegios y riquezas y otras en la pobreza o franca indigencia, los sin techo y sin pan, los agotados de tanta explotación, violencia guerrerista imperial, prepotencia de los políticos que mienten y engañan, los que están hartos de tanta opresión y falsas democracias, decidieron indignarse y se manifestaron en cientos de ciudades como si fuera un presagio de que todos los indignados del mundo decidieran unirse para humanizar la humanidad, y alcanzar un nuevo sistema de vida con dignidad, tolerancia, solidaridad, respeto a los derechos humanos y libertades, justicia social, igualdad y paz.
Gritan los indignados en todo el mundo: "¡Por una economía justa, toma la bolsa!". Es la consigna más difundida para mostrar a los pueblos que en las llamadas ‘bolsas de valores’ -como Wall Street- se concentran enormes riquezas que deberían repartirse entra los desocupados y hambrientos del mundo. Por eso también dicen: "Quien siembra miseria recoge la rabia". ¿O, acaso, no es exactamente lo que está sucediendo y anuncia que seguirá por mucho tiempo provocado por una inequitativa economía que ha hecho más millonarios a los ricos y más miserables a los pobres? Ante esa consigna de "toma la bolsa" los poderosos gobiernos han lanzado a miles de militares para reprimir al pueblo” decía el analista mexicano Pedro Echeverría V.
El grito de los indignados comenzó en Madrid para exigir, entre otras demandas populares, el cambio de la Ley Electoral para que las listas sean abiertas y con circunscripción única. La obtención de escaños debe ser proporcional al número de votos, atención a los derechos básicos y fundamentales recogidos en la Constitución como son: derecho a una vivienda digna, articulando una reforma de la Ley Hipotecaria para que la entrega de la vivienda en caso de impago cancele la deuda; sanidad pública, gratuita y universal; libre circulación de personas y refuerzo de una educación pública y laica, abolición de las leyes y medidas discriminatorias e injustas como han calificado la Ley del Plan Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior, la Ley de Extranjería y la conocida como Ley Sinde, reforma fiscal favorable para las rentas más bajas, una reforma de los impuestos de patrimonio y sucesiones. Implantación de la Tasa Tobin, que grava las transferencias financieras internacionales y supresión de los paraísos fiscales, reforma de las condiciones laborales de la clase política para la abolición de sus sueldos vitalicios, así como que los programas y las propuestas políticas tengan carácter vinculante, rechazo y condena de la corrupción, medidas plurales con respecto a la banca y los mercados financieros en cumplimiento del artículo 128 de la Constitución, que determina que “toda la riqueza del país en sus diferentes formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Reducción del poder del FMI y del BCE. Nacionalización inmediata de todas aquellas entidades bancarias que hayan tenido que ser rescatadas por el Estado. Endurecimiento de los controles sobre entidades y operaciones financieras para evitar posibles abusos en cualquiera de sus formas. Desvinculación verdadera entre la Iglesia y el Estado, como establece el artículo 16 de la Constitución española. Democracia participativa y directa en la que la ciudadanía tome parte activa. Acceso popular a los medios de comunicación, que deberán ser éticos y veraces. Verdadera regularización de las condiciones laborales y que se vigile su cumplimiento por parte de los poderes del Estado. Cierre de todas las centrales nucleares y la promoción de energías renovables y gratuitas. Recuperación de las empresas públicas privatizadas. Efectiva separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Reducción del gasto militar, cierre inmediato de las fábricas de armas y un mayor control de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Recuperación de la Memoria Histórica y de los principios fundadores de la lucha por la Democracia en el Estado. Total transparencia de las cuentas y de la financiación de los partidos políticos como medida de contención de la corrupción política.
Propusieron el cambio de sistema y el sistema los reprimió con violencia en Madrid y en Estados Unidos, en Chile y Colombia, en Europa, África y Asia.
La intención de los indignados fue promover una democracia más participativa, alejada del dominio de bancos y corporaciones, así como una auténtica división de poderes. Las consignas más repetidas eran: «No somos marionetas en manos de políticos y banqueros» o «Democracia real ¡YA! No somos mercancía en manos de políticos y banqueros».
El movimiento de los indignados se organizó a través de asambleas populares abiertas en plazas o parques. La inmensidad de manifestantes determinó que en España se estructuraran diversas Comisiones de Trabajo: Legal, Comunicación, Acción, Actividades, Barrios, Estatal e Internacional, Información, Infraestructuras, Lenguas de Signos, Cultura, Educación, Política, Economía, Medio Ambiente, Trabajo Social, Feminismos, Ciencia y Tecnología, Diálogo entre Religiones, Migración y Movilidad, Pensamiento. Toda una comuna de rebeldía necesaria para cambiar el status quo de tantas miserias e inequidades.
Sin teoría revolucionaria no hay revolución afirmaba Lenin y los indignados tuvieron su teoría en “Indignaos” del escritor y diplomático francés Stéphane Hessel, uno de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Allí plantea un alzamiento contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica.
“ ¿Cómo concluir este llamado a la indignación? Diciendo todavía lo que, en ocasión del sexagésimo aniversario del programa del Consejo Nacional de la Resistencia dijimos el 8 de marzo del 2004 -- somos veteranos de los movimientos de resistencia y fuerzas de combate de la Francia Libre (1940-1945) -- que ciertamente "El nazismo fue derrotado, gracias al sacrificio de nuestros hermanos y hermanas de la Resistencia y a las Naciones Unidas contra la barbarie fascista. Pero esta amenaza no ha desaparecido y nuestra ira contra la injusticia sigue intacta". No, esta amenaza no ha desaparecido por completo. Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos”. Stéphan Hessel sostenía que cuando los gobiernos no escuchan al pueblo la democracia se convierte en oligarquía.

¿Un nuevo fantasma recorre el mundo: ¡Los indignados!? El análisis sociológico y político de Jaime Baeza, invita a nuevas reflexiones sobre el movimiento juvenil y no tan juvenil que se agita a lo largo y ancho del mundo. Decía: “¿Es el movimiento de los indignados que recorre al mundo un fenómeno de las masas cansadas del abuso capitalista? ¿Acaso desde Wall Street a las calles de Madrid se escucha un grito desenfrenado que nos anuncia un cambio de era social, donde no habrá potencias hegemónicas como la norteamericana? El problema, es que algo de eso es verdad, pero mucho no lo es. La mayoría sigue utilizando las herramientas de la ciencia política que teníamos en el siglo XX para explicar fenómenos nuevos, para los que necesitamos nuevas categorías de análisis.

El movimiento de los indignados, e incluso el estudiantil, es el grito de aquellos que, satisfechos en lo básico (comer, techo, abrigo), hoy salen a las calles para pedir la igualdad que las elites siempre han negado. Esta no es la movilización de las clases proletarias exigiendo el derecho a la silla o el fin del trabajo infantil. Es ahí donde radica la discusión y que la elite global no quiere entender por temor a perder el control. En realidad, saben que existen cuatro mundos conviviendo en un solo planeta, pero no hay una real voluntad política por cambiar.

El primero de estos grupos está conformado por la inmensa minoría satisfecha en todo sentido - porque además tienen todas sus demandas post-materiales cubiertas - eso significa acceso a la cultura, educación de calidad y alta expectativa de vida. Está un segundo grupo que, teniendo acceso a servicios y altos grados de conexión a la globalización, hoy exigen como derecho recibir la misma educación y poder competir con las elites actuales. Luego, están quienes siguen luchando por lo básico. Son los pobres del mundo occidental que, si bien tienen para comer, carecen de acceso a la globalización. Pero hay un cuarto grupo, que conforma la mitad del mundo y que nunca ha realizado una llamada por teléfono, que vive en la marginación y en cuyo seno se replican las estructuras propias del feudalismo. En este segmento debemos incluir los que mueren en la hambruna africana. Impedidos de interactuar, viven en función de la voluntad de un explotador o en campos de refugiados esperando la ayuda internacional.

Como podemos apreciar, las protestas de los indignados están en el segundo segmento, más cercano a las elites. En muchos países la elite es este mismo grupo. ¿Es por esto exagerado lo que hacen y piden? Para nada. La esperanza del mundo pasa porque este segmento de la población mundial, que constituye la clase media, siga presionando para que efectivamente se produzca una mejor redistribución de la riqueza. Sin embargo, esto no es sólo un problema de atacar la concentración del dinero. También es clave luchar en contra de la concentración del conocimiento, en especial de sus herramientas. Después del dinero lo peor democratizado en el planeta es la tecnología. Es decir, es clave la lucha por aumentar el acceso a la riqueza y el conocimiento. El movimiento es indispensable y necesario, pero sigue siendo acotado a una minoría. Además no se percibe que muchos de sus dirigentes tengan una vocación de agregar preferencias de las grandes masas, porque muchos de sus discursos son sólo contestatarios, inflexibles, poco dados al diálogo social. Muchos de los indignados son radicales en su rechazo a la democracia, pero poco y nada dicen acerca de qué sistema debería ser el reemplazo natural. Es en este punto donde la capacidad de articular mayorías globales reales falla.

Mientras en Manhattan o las calles de Londres se protesta para un mundo que supere la democracia representativa, en Túnez la elección de una asamblea constituyente se celebra como una fiesta. Es decir, también hay un tránsito entre el cuarto y tercer mundo. Muchos pujan por llegar al segundo estadio, el mismo desde donde quieren salir, y con razón, todos los indignados del mundo occidental.

Es definitiva, los dirigentes del movimiento y la clase política deben demostrar mayor inteligencia para saber negociar, para presionar a los intereses del actual status quo. Si no existe esa capacidad articuladora, el movimiento de los indignados no pasará de ser una anécdota histórica de principios de la segunda década del siglo XX.”

Sin embargo, toda expresión de rebeldía demuestra que la humanidad aún tiene esperanza. El movimiento de los Indignados es insatisfacción manifestada desde diversas posiciones y ópticas, desde visiones ideológicas y doctrinarias distintas pero hay en común algo que une: el rechazo al sistema capitalista, el hartazgo de la gula de financistas y banqueros, el repudio a las facciones políticas que hicieron de la demagogia y la corrupción una forma de vida y una forma de gobierno nacida del engaño y la mentira.

Alguien tenía que levantarse y gritar y fueron millones y serán millones los que se manifestarán en Puerta del Sol de Madrid, en la Rambla de Barcelona, en Manhattan de Nueva York, en las plazas y anchas avenidas de de Los Ángeles, San Francisco, Boston o en Atenas y Roma, en Santiago de Chile, en Bogotá y Medellín de Colombia, en la Tribuna de los Shyris de Quito, en todo el mundo.
Echeverría sostenía: “Todo aquel que tenga un grado de dignidad debería salir a la calle. Vale un comino, es decir, no vale nada que se pasen rabiando, insultando en sus hogares contra los gobiernos, los partidos y los empresarios sin que busquen agruparse para hacer un frente común. Aunque comencemos siendo pocos pronto crecerá la fuerza con la participación de más compañeros…
En Wall Street de Nueva York, sitiada por los jóvenes indignados a pesar de la brutal represión que han sufrido, se concentra parte del poder económico mundial, y en Washington opera el poder político y militar de ese país yanqui que lleva pisoteando al mundo por lo menos un siglo. En la Puerta del Sol madrileña y la Bolsa de valores y la Rambla, paseo de los barceloneses, así como frente al palacio de La Moneda, donde fue asesinado en 1973 el presidente Allende, hoy son poderosos centros de concentración de manifestantes. En México hasta 1977 la burguesía solitita celebraba sus elecciones, pero desde entonces absorbió a la socialdemocracia y a la seudo izquierda para alejarla de las luchas sociales.
Se espera la consolidación de muchas de las concentraciones de indignados en el mundo. Son ensayos importantes que nos permiten medir la correlación de fuerzas con miras en la organización de batallas futuras. La permanencia de las concentraciones en EEUU y los países europeos, además de Chile en América Latina, serán sin duda ejemplos que ayudarán a extender la indignación en otros lugares. Mientras tanto los gobiernos, muy alarmados y muy temerosos por el despertar de los pueblos, han sacado a poderosos ejércitos de policías y militares a la calle. A pesar de ello no nos intimidarán e impedirán nuestro derecho a salir a la calle para demostrar nuestra indignación.
El Movimiento de los Indignados es algo más que protestas callejeras, espontáneas, manifestaciones y toma de plazas y calles. Es la demostración del cansancio de los pueblos del mundo ante la barbarie política, económica y social, es el repudio a las políticas y acciones de los corruptos banqueros y poderosos empresarios, es el hartazgo de tanto capitalismo cruel, deshumanizado, consumista, glotón, que irrespeta la naturaleza y provoca el temido cambio climático, es la búsqueda de un nuevo sistema más justo, más humano y más solidario, para coincidir con el primer comunicado de prensa de “Democracia Real YA” que sostenía: “Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo. (17/05/2011).

La inmensa mayoría de los políticos, banqueros y empresarios de Europa o Estados Unidos han estafado a los débiles, es decir a los que menos tienen. La justicia en el mundo se ha puesto del lado de los poderosos y millares de familias se han quedado sin vivienda y millones en el desempleo. De este sistema de miseria moral han quedado millones y millones de pobres mientras que los beneficios de las grandes empresas y bancos se han multiplicado hasta el infinito. Los gobiernos han tomado medidas drásticas que afectan las economías populares con la intencionalidad de resolver la crisis, pero en realidad todas las medidas que impusieron estaban diseñadas para beneficiar a quienes provocaron la crisis. Ahora los millonarios son más millonarios y poderosos y contra esas realidades de iniquidad y corrupción se alzaron los indignados.

En el centro hegemónico del capitalismo imperial surgió el Movimiento Somos el 99%. “El espectro ideológico de Estados Unidos, en algún tiempo tan estrecho como la diferencia entre dos refrescos de cola, empezó a ampliarse a consecuencia de la crisis económica de 2008 y la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de ese mismo año. Primero fue el Tea Party, surgido en 2009, para demandar la reducción del gasto público, los impuestos, la deuda externa y el déficit del presupuesto del gobierno federal. En el otro extremo del abanico político, nació otro movimiento popular, sin liderazgo ni propuestas definidas, unido en torno a una indignación común frente a los abusos de los grupos financieros estadunidenses. Ocupar Wall Street se ha extendido a más de 25 ciudades de la Unión Americana.
Siguiendo el esquema de los indignados de España, la revista canadiense Adbusters lanzó un llamado a ocupar Wall Street en protesta contra los abusos del sistema financiero estadunidense que ha provocado alzas en vivienda, salud y educación, así como despidos masivos” La represión ha sido brutal. Más de 700 jóvenes fueron golpeados, masacrados, detenidos por la policía neoyorquina por manifestarse sin permiso en el puente Brooklyn y recibieron el apoyo de personalidades como Noam Chomsky, Susan Sarandon, Michael Moore o el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, quien escribió en el New York Times: “Tienen razón al acusar a Wall Street de ser una fuerza destructiva económica y políticamente. El movimiento empieza a verse como un acontecimiento importante con posibilidad de transformarse en un punto de quiebre”.
“Ocupar Wall Street es una protesta contra la usura de las corporaciones financieras que ocasionaron la crisis económica mundial hace cuatro años y recibieron como “recompensa” un rescate de 2 millones de millones de dólares. Es una condena contra la corrupción entre las élites política y económica, también llamada capitalismo de cuates o de truhanes (crony capitalism), en el cual los altos funcionarios gubernamentales buscan el apoyo financiero de las élites empresariales, y viceversa. Dinero a cambio de favores políticos, como el acceso monopólico a ciertos mercados, acceso preferente a empresas gubernamentales y acercamiento a los detentadores del poder político. Así lo describió Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, en su libro Age Of Turbulence, y hoy sabemos que él fue uno de los arquitectos y beneficiarios de esa catastrófica connivencia que dio lugar a la crisis económica de 2008; basada en la desregulación de la especulación financiera que operó, con su anuencia, a través de préstamos hipotecarios y de todo tipo conocidos como derivatives (productos derivados: instrumentos financieros cuyo valor depende de la evolución de precios de otros activos, tales como monedas, tasas de interés, materias primas, etcétera).
Ocupar Wall Street también es un grito contra la creciente desigualdad: 46 millones de estadunidenses viven por debajo de la línea de pobreza y 25 millones no tienen empleo. No está claro hasta dónde llegará este movimiento ni cuáles serán sus consecuencias, tampoco se sabe de qué manera afectará las elecciones presidenciales en EU, dentro de 13 meses. A primera vista parecería que la protesta de Occupy Wall Street es afín al reclamo que hizo Barack Obama contra los abusos de la élite financiera estadunidense, pero muy pronto quedó claro que nadie puede contra el imbatible poder del dinero: en su gabinete económico permanecieron los principales artífices del desastre financiero”.
Por lo pronto, Ocupa Wall Street se alza como la contraparte ideológica del Tea Party, la extrema derecha de los republicanos. Pronto los indignados de todo el mundo se unirán y harán temblar al sistema capitalista hasta liquidarlo.