IMPRESIÓN: PARIS YA NO ES LO QUE ERA 



PARIS SIGUE SIENDO PARIS, PERO... 




Jorge Benavides Solis

Paris sigue siendo Paris pero, ya no es lo que era: capital del mundo según afirmaba en 1939 Walter Benjamin en un texto que ahora lo leeré, ni tampoco el que Juan Goytisolo menciona en un artículo de 2002 . Se ha vulgarizado de mala manera en el centro y de otra forma tampoco envidiable en la Defense , mientras en la periferia otro Paris emerge bajo la iniciativa de los inmigrantes de segunda y de tercera generación no integrados, es decir, de aquellos que han perdido sus raíces de referencia . Por ejemplo, algunos ya no hablan árabe pero tienen la fisonomía de sus padres por lo cual, siguen sin tener la posibilidad de ser reconocidos y aceptados como franceses por los aborígenes de Francia. Es consecuencia de la suma de circunstancias históricas particulares y de la actual globalización que está despoblando el campo en todo el mundo para concentrar consumidores de todo tipo en las ciudades. Digo yo: ahora la ciudad es la forma más económica de controlar y de optimizar el lucro. Disney World-Paris parece ser una expresiva muestra.
Cuando paseé por las calles de Paris la primera vez en los años setenta, aún llegando desde Madrid, quedé deslumbrado. El barrio latino no estaba colmado de ofertas turísticas extracomunitarias como ahora. Los clochards, vagabundos que vivían en el río eran mencionados como curiosidad turística; si no recuerdo mal, constan en Los Miserables de Victor Hugo. Ya no; se los ve por todas partes. El estado se ha hecho impúdico
Haussmann, un abogado que también había estudiando música logró no solamente transformar sino, establecer un verdadero modelo de ciudad que estuvo vigente hasta mediados del siglo XX. Es un referente de Chicago y del movimiento internacional Beatifull City. Todo era limpio y como ahora se dice, glamuroso. Parecía que todos los patios y jardines hubiesen escapado del interior de las casas para recostarse al sol en los anchos bulevares y paseos. La naturaleza con su mejor expresión había recuperado la ciudad; se había introducido en ella e incluso la había rodeado con bosques. Muchas ciudades han fracasado tratando de imitarla. Los comercios en pasajes, tiendas y vitrinas brillaban y a los oriundos resultaba fácil distinguirlos por su forma de vestir, como si desde aquí partiera la moda y también el protocolo. Visitar Galería Lafayette fue una experiencia desconocida. Las calles eran adoquinadas a la manera romana, sólo quedan pocas; ahora pienso que están asfaltadas para facilitar su mantenimiento y disminuir el ruido de la circulación. El metro y todo el mobiliario urbano remitían a los primeros años de la modernidad cuyo origen se encuentra precisamente aquí, ahora son los mismos dispersos en otras capitales del mundo. La Sorbona y todos los intelectuales asociados de una u otra forma a ella, habían dejado huella en las librerías y hasta en los cafés; por su parte, Picasso lo cubría todo.
Yo llegué entonces, comparativamente con poca cosa, con un mapa mental hecho a partir de emocionantes lecturas de: Los Miserables, Balzac, Romain Roland, Bodelaire, Musset, Verlaine, y también de numerosas referencias artísticas. Todo artista o intelectual castellanohablante que se preciara tenía que ir a Paris tal como lo habían hecho: Bolívar; Montalvo, Vallejo, Neruda, Cortazar, Vargas Llosa, García Márquez y otros tantos y tantos. Ahora ha cambiado. Estados Unidos pesa mucho.
He vuelto después de diversos períodos distanciados; con Mireille fui algunas veces. Poco a poco he notado el proceso de cambio. Con frecuencia para bien: el edificio de la UNESCO, la reforma del Louvre, la apertura del Centro Pompidou, la inauguración del Arco de la Defense, del parque de la Villete con la ciudad de la ciencia y de la música, de la Biblioteca Nacional (Mitternand) y poco más.
En esta ocasión me he dado cuenta de matices con sombras antes inexistentes. Una muestra: pasear por el Boulevard Champ Elysee. Las lujosas tiendas ahora son de marcas presentes en todo el mundo. La fachada del emblemático edificio Citroen, de singular arquitectura, ha sido reemplazada por una piel poliédrica de vidrio. Por una y por otra parte, se notan huellas planas y lisas que, por ser tales se asocian a lo moderno, rompiendo la unidad formal y estética de las fachadas urbanas; la nueva solería rota o mal ejecutada, las luces navideñas formando dos círculos azules superpuestos de distinto tamaño sin diseño. ¿Son los arquitectos quienes se encargan de imponer de hecho, un lenguaje visual (exterior) urbano? ¿Son ellos quienes han fragmentado su unidad significante? Hasta mediados del siglo XX el espacio público, la calle guardaba una sintaxis que la hacía legible, tenía unidad porque había un principio: la contigüidad y la variedad. Rotas precisamente cuando aparece el bloque aislado (emergencia del individualismo) que, en estos días se camufla como edificio singular (fortalecimiento del individualismo). Apareció después de negar la función de la Historia, de matar la calle y el espacio de aproximación de los cuerpos para ubicar los objetos. El bloque aislado es una palabra despreocupada de construir frases con sintaxis. En el mejor de los casos se asemeja al inglés hablado como idioma franco. Con el no se llaga a decir lo que se quiere sino cuanto se puede. Asi la arquitectura cuando tiene que hablar en la ciudad. Los maestros de la arquitectura no utilizan el recurso plano (en el sentido metafórico) del espacio porque son cultos (Moneo, Siza). Les interesa los matices, construyen discursos, no monólogos ni gritos estentóreos. Los publicistas (Koolhaas) son eficaces, sintetizan, venden.
Aspectos similares observé en el centro. Muchas de las tiendas de recuerdos –souvenirs ya no escucho decir, como hasta hace poco- en manos de extracomunitarios, atiborradas de género kitsch similar hecho en China o en Tailandia. Igual cosa en Sacre Coeur. Nada queda de antaño. Su placita está llena de caricaturistas envejecidos y, en general, de pintores sin formación o que han renunciado a ella para satisfacer el gusto inclasificable de los consumidores globales masificados.
Mientras subíamos habíamos visto cómo un policía (malo) maltrataba a un joven africano y cómo otro (bueno) lo sujetaba. Sí señores, en el país de los derechos humanos y ante la mirada indiferente de la gente. Seguimos subiendo. Escuchamos un agradable sonido de arpa. En directo, me gusta dijo David. Alguien tocaba muy bien. Nos detuvimos, miré la decoración del arpa y la cara del músico. Sólo puede ser paraguayo dije. ¿Podría tocar una música del Paraná?, le pregunté; con mucho gusto me respondió. ¿De qué parte de Paraguay es Usted?; no, soy ecuatoriano, mi apellido es Barahona, de Quito. ¿De qué barrio? No recuerdo, soy de la calle La Gasca, aprendí a tocar el arpa en el conservatorio. Caí en la cuenta que vivía fuera de su país hace muchos años. Vestía de negro y había perdido la expresividad en la cara y la calidez en su forma de hablar.
Muy cerca de aquí, en el Boulevard Clichy en un restaurante fundado en 1898, restaurado hace pocos años nos invitó a comer un amigo de David. Pedí sopa de cebolla y bacalao fresco a la plancha acompañado de puré de papas. Excelente. Como antaño. Antes nos había invitado a su piso. En realidad había unido dos, con una superficie total superior a los cien metros cuadrados. Comparando con otras zonas, tasamos que su precio sería cercano al millón de Euros. Su amigo francés trabaja en una empresa china de comunicaciones; su esposa es psicóloga; para ir al trabajo y volver, emplea dos horas diarias. ¡Cuánto tiempo desperdiciado por el trabajo en perjuicio de sus dos pequeñas hijas!. La mayor tiene unos cuatro años. Familia muy gentil. Es lo bueno que trae la globalización (la vigencia de la alteridad, la empatía según Rifkin,). La suegra de él nos sugirió visitar el museo Jaquemart André. Hicimos bien en tomarlo en cuenta.
Vuelvo a lo anterior. Los famosos cafés donde surgieron las tertulias y fueron frecuentados por los existencialistas solamente conservan la dirección, han sido vaciados de la historia. Algunos de ellos ni siquiera conservan las fotografías; otros han sido transformados con gusto usamericano; pero todos están llenos de turistas, nacionales y extranjeros. Sí, todavía quedan cafés famosos, por ejemplo el café de la Paix inaugurado en 1862, junto a la Opera de Garnier; declarado monumento nacional. De lujo.
Los parisinos parecería que han pasado a segundo plano. A los pocos que se encuentran entre la masa, no hay que dirigirse para pedirles ayuda o información; tradicionalmente son antipáticos. Todo lo contrario sucede con los inmigrantes. Cosas de la ayuda mutua de la que hablaba el príncipe Kropotkin e, insiste Lucio el gran falsificador anarquista a quien también hemos venido a visitar. Y en el extremo actual, según una apreciación repetida durante los cinco días de mi visita, un noventa y cinco por ciento de la gente en la calle, vestida de negro. ¿Por qué?, porque así ordena la TV (publicidad) y el mercado. La gente viste así porque no piensa. La famosa frase de Descartes cogito ergo sum pareciera haberse transformado en: consumo luego existo. Pensar es el acto más subversivo ya desde el tiempo de Safo y de los presocráticos; pensar es desobedecer, es saber que la profundidad también se esconde en lo superficial y hasta en lo cotidiano. Bien se sabía que era así en el Paris de antaño. Se debería tener presente dentro del sistema que estamos viviendo, interesado en transformarnos en piezas útiles para la producción y aunque parezca absurdo, en clientes hasta de nosotros mismos; en ninguna de las dos alternativas en seres pensantes y de hecho, críticos. Y lo peor es que la mayoría de quienes piensan, también son fagocitados por el sistema.
David vino a una sesión de trabajo con un grupo interuniversitario europeo de investigación. Yo, para disfrutar de su compañía, pasear y visitar en los pocos días, sobre todo, los nuevos museos.
El primero fue el museo Brandly . Se ubica muy cerca de la Torre Eiffel. El proyecto es de Nouvel, el mismo arquitecto de la ampliación del Centro Reina Sofía en Madrid y de la Torre AGBAR de Barcelona. Fue inaugurado en 2006 por Chirac y su contenido es resultado de la fusión de varias colecciones etnográficas, con un fondo de 300.000 objetos. Se suma a la tradición no escrita del último medio siglo: cada presidente levanta una obra arquitectónica importante dedicada a la cultura. El arquitecto ha proyectado un contenedor, visto del exterior, agradable e innovador. Su estructura, como si fuera un puente, ha dejado la planta baja libre para que se luzca la naturaleza y puedan realizarse algunas actividades al aire libre cuando el clima lo permite. Se accede por una rampa excesivamente larga como si se tratara de que, poco a poco el contenedor se disolviera o se convirtiera en una membrana invisible dentro de la cual adquiere un protagonismo preponderante la museografía: contemporánea, eficaz, con total iluminación artificial.
En zonas bien delimitadas se exponen las piezas etnográficas descontextualizadas más bonitas de cuatro continentes. ¿Por qué no de Europa? ¿Por qué no permitir una visión única sobre la diversidad humana a través de los objetos que se utilizan en la vida cotidiana? ¿La unidad en la diversidad a partir de las experiencias de vida que incluso llegan a coincidir en expresiones formales?
De pronto vi un vestido y dije ese es de Guatemala y, no; era del norte de África pero tenía numerosas coincidencias formales en el bordado, el corte y hasta en el tejido. Y seguí preguntándome ¿será debido a la intermediación de los españoles? Hay tanto y tanto que estudiar… Vale la pena dedicarle todo el tiempo necesario para contemplar la calidad estética de cuanto aquí se exhibe. Lástima que en la misma proporción al terminar, el visitante no se quede con suficientes materiales y referencias útiles para el aprendizaje y la reflexión. Al salir compré un disco de Gurrumul, un aborigen australiano de encantadora música.
Al día siguiente fui al museo de la arquitectura. Me resultaba un poco extraño, difícil de concebirlo ¿para qué –me decía- si hay la posibilidad de apreciar la arquitectura en la misma ciudad? Pero, ahora que he visitado por primera vez el museo cité de l'architecture et du patrimoine , he caído en la cuenta que tiene un sentido pedagógico sobre todo para los jóvenes: informa, despierta curiosidad, estimula, motiva.
Una cosa es leer la arquitectura o sea, acudir a los planos para conocer las propuestas de los maestros; a fuerza de práctica y sensibilidad se adquiere una solvente capacidad para comprender los edificios, sin embargo, vivir la arquitectura a través de la experiencia/vivencia/visita es otra cosa y, una distinta es hacerlo a través de maquetas e imágenes. Es similar a ver una pintura en una excelente reproducción o a escuchar música en alta fidelidad. Vivir, ver o escuchar reproducciones supone una experiencia distinta que disfrutar del original. Por eso Celibidache se negaba rotundamente a grabar sus conciertos y también el genial Glen Gould. Y por algo parecido no simpatizo con los engaños de la cirugía plástica.
En este museo se aprecia la evolución de la arquitectura a través de reproducciones: maquetas, planos e imágenes que resultan de una eficiencia única. Por ejemplo, una vivienda tipo de la Unidad de Habitación de Marsella proyectada por Le Corbusier reproducida en escala natural aunque en madera, resulta un instrumento eficaz para comprender lo que dicho arquitecto hizo. De similar forma valiéndose de dibujos originales, fotografías e imágenes de arquitectos de los arquitectos franceses más importantes de las épocas moderna y contemporánea. En la planta baja, en cambio la mayor parte de lo exhibido, son partes importantes de los monumentos franceses en escala natural.
En total, la Cité de l'Architecture ha tardado en ser remozada, diez años y ha costado 80 millones de euros. Se inauguró en 2007 y se prevé quinientos mil visitantes al año. En ella trabajan 130 personas. Tiene 23.000 metros cuadrados de los cuales, 1.500 metros cuadrados están dedicados a la arquitectura moderna a partir del Crystal Palace de Londres (1851) hasta ahora.
Valió la pena. No es difícil ni caro imitar esta iniciativa, pensé.
Pasear en Paris incluso por las calles y los mismos espacios ya conocidos es siempre agradable. La mente no puede escapar de construir un entorno imaginativo para enmarcar los recuerdos o las experiencias, con frecuencia, acudiendo a la música de aquí. Cómo no recordar a Edith Piaff , Aznavour, Brel, Raggiani, Dalila y tantos otros y, cómo obviar los años del Paris narrado en los trazos de Toulouse Lautrec y en los colores de los impresionistas.
Fuimos al Museo de la Orangerie porque lo han reabierto hace poco después de remodelarlo, por curiosidad pues, no teníamos referencia de su contenido. El nombre tiene que ver con un antiguo invernadero de naranjos que fue transformado, a propuesta del político Clemenceau, a principios del siglo XX para que en él Monet pintara sus grandes oleos des Nymphéas. Lo hizo durante ocho años. En 1927 fue abierto al público. A partir de entonces se utilizó algunas salas para exposiciones temporales de importancia que necesitaran menos espacio que el Petit Palace. La obra de Monet se encuentra en dos salas ovoides de unos treinta metros de radio mayor. Son ocho lienzos, todos con una altura de 2m pero de diferente longitud; el mayor de 17m, dos de 12,75 m y los demás de varios tamaños. El más pequeño es de 6m. Deduje que los pintó en los años de la postguerra, en sus últimos años de vida, seguramente abstraído en la pintura para evadir el contexto político y social. Constituyen clases magistrales de pintura que son coherentes con un soporte teórico todavía vigente pero en proceso de cambio. Tengo la impresión de que este pintor más bien era o se hizo conservador.
En el subsuelo se encuentra la Colección Jean Walter y Paul Guillaume.
Constituye la culminación de un propósito de dichos marchantes de arte. Ella continuó presentando exposiciones hasta su muerte en 1977. Para un estudioso del mercado del arte, me parece un sitio ideal. Resume por una parte, el gusto implícito, la preferencia de los clientes de toda una época, por otra, la sensibilidad catalizadora del intermediario y, finalmente el producto que el artista ponía en el mercado; por lo tanto, en la colección hay de todo y, en términos generales, de un buen nivel. No podía ser de otra manera si se toman en cuenta los nombres de los artistas. Sin embargo una colección es solamente la acumulación de preferencias personales que no son válidas para formarse una idea contextualizada sobre el arte ni sobre los artistas pero que en cambio, dejan ver las preferencias seleccionadas.
Acogiendo la sugerencia de nuestra amiga francesa fuimos al palacio - museo Jaquemart André . Tenía curiosidad de conocer un palacio parisino del s. XIX ubicado precisamente en el Boulevar Haussmann. Algo similar pero más grande debe ser el Palacio de Liria en Madrid (no lo conozco), le dije a David. Desde luego también me interesaba ver la exposición "Fra Angelico et les Maîtres de la lumière" con 25 obras suyas provenientes de varios museos y colecciones privadas y otras de su escuela. Compré el Catálogo. Lo hago excepcionalmente. ¿Dónde vas a ponerlo? me dijo David, sonriendo. Es ocasión única de verla le respondí. Extraordinaria. La primera vez que me emocionó la obra de este religioso fue en el Convento de San Marcos de Florencia, cuando yo comenzaba a poner en orden mis pocas ideas sobre la historia del arte gracias a una profesora que nos acompañaba a un grupo de profesionales. He ratificado mi impresión. Me quedé extasiado por su delicadeza, su capacidad de síntesis (su pintura tiene lo esencial), su cromática (colores luminosos incluido el pan de oro además del carmesí y del azul añil), su sensibilidad (figuras estilizadas, rostros humanos que expresan emociones); composiciones equilibradas fuera de la convencionalidad gótica. Pertenece al primer Renacimiento. Todo comenzó en 1401 a propósito del concurso para la puerta del Baptisterio de la catedral que ganó Lorenzo Ghiberti. Lo dice Benévolo y si mal no recuerdo, también Hausser. A partir de entonces se sucederán los numerosos e imprescindibles maestros italianos. ¿Por qué en aquella época aparecieron tantos genios entre los italianos como nunca más en otro grupo nacional?
La bruma empuja a ir a casa temprano a buscar la llama. La neblina hace propicia la nostalgia. Las nubes bajas impiden que la vista goce del azul. Todo es gris. Se busca refugio en casa, en las cafeterías o en la compañía de los amigos. En este ambiente con frecuencias la gente se retrae, viaja hacia donde está el corazón para allí depositar las emociones. Paris preponderantemente es gris pero cuando se despeja es luminosa, encantadora y por la noche se hace cálida.
Desde el Hotel du Ville hasta el Centre Pompidou hay poca distancia. También a Le Halles. Las calles están saturadas de ofertas para el turista. Después de un concurso internacional en los años setenta se decidió convertir a parte del antiguo mercado en un centro comercial. Hoy lo están derribando para reemplazarlo, dentro de una supermanzana por otro, también escogido después de un concurso internacional. En uno de los extremos lucirá la iglesia de San Eustaquio, en el otro el enorme centro comercial y en el medio un gran espacio verde, un parque . Es uno de los nuevos proyectos con entidad. El otro es el de una alta torre pirámide en Montparnasse que tendrá todos los usos y actividades posibles.
“Después de casi cinco años de obras, el 31 de enero de 1977, el Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou fue inaugurado por el Presidente de la República, Valéry Giscard d'Estaing. Desde entonces, ha recibido a más de 150 millones de visitantes . Por mantenimiento fue cerrado entre 1997 y 1999. Como arquitectura, sigue conteniendo mucho de vanguardia, no está distante de una instalación o mejor dicho, es un conjunto relacionado de instalaciones que además están a la vista. Se ve su esqueleto, es decir, la forma como están organizadas las piezas metálicas de la instalación, de cómo está organizada la edificación. Bien puede entenderse como un verdadero contenedor y a la vez una refinería de donde salen las “ideas refinadas”, la cultura.
Entré, pero el contenido de las salas es diferente al de hace diez años aunque agrupado en dos partes, entre 1905-1960 y de 1960 a nuestros días. Ahora se ha puesto de moda organizarlos según temas o ideas antes que por cronología, movimientos y autores. En teoría, con el fin de recuperar el contexto generativo de las obras y propuestas en todas las expresiones estéticas, desde la fotografía y el diseño hasta las instalaciones. Después de recorrer todas las salas me he quedado con la sensación de que actualmente entre otras cosas, se están retomando ideas planteadas a partir de los años sesenta o que se producen frecuentes coincidencias, lo cual, en la era de Internet, me hace dudar.
De las exposiciones temporales, me interesaron dos: Eduard Munch y Yayoi Kusama. Al ver ésta última caí en la cuenta que era la misma que había visto en el Centro Reina Sofía y que incluso me había provocado escribir algunas impresiones. La de Munch me atrapó. Tenía una personalidad muy fuerte, singular. Nace en 1863, en el 68 muere su madre; en 1937 los nazis confiscan 82 obras. Al final deja 1100 tailes, 18.000 estampes; 4500 desino et aquerelles, 6 sculptures, 183 fotos, 92 carnets de dessim ausi que ses manuscrits de sa biblioteque. Lo copié mientras hacía una larga cola. Le preocupaban los avances de la ciencia, los rayos x, la técnica, la fotografía, el cine, el espacio que éste generaba, el movimiento. Su pintura describe? No, re-resenta? No, inter-preta?, No. Expresa a su manera, muestra, enseña el paisaje. De alguna manera des-vela lo que el puede o cree. A él la realidad le con-mueve, le in-conforma. Al cuadro parece una escena del teatro de Ibsen, escucho de paso a una guía. Y es que a este pintor le preocupa no el espacio de la vida, sin más, sino el espacio escénico de la vida, la escenografía de la realidad; también de la soledad.
Los guías de los museos dicen lo que quieren describir. Ni siquiera interpretar. Juegan con las siguientes opciones: narran lo que el artista ha dicho, lo que el historiador interpreta que ha dicho, contextualizando o no con el entorno propio, mediato e inmediato. Eso no me importa. Me importa lo que el artista a mi llega a decirme; mejor dicho, llega a hacerme sentir y entender con la cabeza y con el corazón. Conocía el valor de este pintor por el famoso cuadro de “el grito” que, entre paréntesis lo había visto junto con Mireille precisamente en esta ciudad pero, desconocía la magnitud, importancia y singularidad de toda su obra. Me he quedado contento de haberla visto ahora.
Para finalizar, fuera del Centro, fui a ver el Taller de Brancusi. Pienso que aquí, antes se encontraba una biblioteca infantil. No sé. Ahora está toda la obra donada por el conocido escultor rumano, en espacios que reconstruyen su taller. Se ve que no paraba. Trabajaba mucho, mucho. De toda forma natural extrae una correspondiente forma geométrica esculpida con fuerza y emoción. No es de mi gusto pero, sin lugar a dudas ver sus esculturas, enriquece.
He dejado para el final, una de las emociones humanas más cálidas que, intuía pero no esperaba. Ha sido consecuencia de haber visto una película documental premiada en el Festival de San Sebastian de 2007, “Lucio Urturbia, anarquista y albañil” Me resultaba inconcebible lo que había visto pero no solamente era verosímil sino real y comprobable. Una personalidad de tales características es una especie en peligro de extinguir, le dije cuando le estreché la mano al albañil jubilado. Ya tiene 81 años.
Con la dirección sacada de la última parte del documental y localizada en Internet, fuimos en cuanto llegamos a Paris y dejamos la maleta en un Hotel frente al Metro Pasteur, distrito 15. Cogimos el autobús, luego, caminando y preguntando, llegamos a la estación de metro Jurdain. Muy cerca se encuentra la rue Cascade y, en ella el centro Louise Michel . No conocía la inmensa personalidad de esta mujer. Al llegar a la puerta encontramos a una pareja de jóvenes italianos. No responde nadie nos dijeron. Conocían y admiraban a Lucio. A los pocos minutos llegó la esposa de Lucio una médica que ahora se ocupa de la ayuda humanitaria a Haití. Lucio vuelve mañana, se encuentra en España, nos dijo. Nos dio su teléfono y le dimos los nuestros. Nada. Habrá que volver otro día. David no había tenido noticias de este señor ni del documental. Antes de ir, llamamos y nos respondió directamente nuestro amigo. Parco pero cálido nos dijo: mañana a las tres venid a tomar un café. En esta ocasión, para ganar tiempo fuimos en metro con el fin de comer en ese barrio. Mientras se acercaba la hora, entramos a un supermercado ecológico, muy surtido pero como en todas partes, con los precios más altos que en los comercios tradicionales. En una librería preguntamos si tenía un libro sobre Lucio y nos dijeron que no; sin embargo después supimos que hay varios. Aquí las pastelerías son muy atractivas y la variedad de pan es mucho mayor que en España. Entramos en una, David pidió un pastel y yo un pedazo de quche; delicioso. Salimos y de pronto, en una calle con escalinata reconocí a Lucio. Iba acompañado de una joven profesora francesa de literatura y por un fotógrafo italiano que conocía toda América. Lo miré y le dije: déjeme saludarlo con un emocionado abrazo; gente como usted da sentido a la vida. Estoy esperando a un señor de Sevilla con su hijo nos advirtió. Somos nosotros le respondimos. ¿Vamos a mi casa? Sentaos, os haré un cafelito dijo con un su intacto acento vasco que no lo ha perdido después de vivir en Francia más de cincuenta años. Todos los homenajes que últimamente me hacen, de verdad no los merezco. Los merecen aquellos luchadores que por el bien de la humanidad han muerto. No yo. Simplemente he tenido suerte. Lo decía con sencillez y verdad. Yo soy un albañil que no ha pisado la universidad y que no se planteaba objetivos sino que actuaba porque no soportaba la injusticia. En aquellos años conocía y escuchaba a muchos artistas e intelectuales franceses de izquierda Parece que no pertenecía a una organización determinada. Es creíble por sus ideas anarquistas. Eso sí, tenía un grupo de amigos con quienes ejecutaban sus ideas con una precisión increíble. Después de ver el documental pareciera que su vida fuera una sucesión de anécdotas próximas a la realidad. Pero no. Son auténticas. Hechos que sucedieron. Sólo por mencionar uno: al final del proceso judicial, Lucio le dio la palabra al juez que se dejará de falsificar los cheques viajeros. Habían causado un enorme daño a un banco estadounidense de tal magnitud que éste, había enviado a un alto dirigente precisamente para negociar con Lucio y el juez apoyándose en la diplomacia francesa. Cuando Lucio, le extendió la mano al banquero para confirmar su compromiso, este le dijo: yo no estrecho la mano de criminales. Bastó esa expresión para que Lucio rompiera su compromiso. Para llegar al fin pactado, el banco tenía que darle a cambio, varios millones de dólares. Después de recibirlos en una maleta llena, los destinó a continuar la lucha en la que él ya estaba impedido de participar. ¡Cómo podía decirme criminal él a mí que no había cometido un solo hecho violento!, dijo y continuo, yo era albañil y fuera de mi trabajo luchaba porque veía mucha injusticia. En cambio él, el banquero, era cómplice del hambre, la violencia y de la muerte en el mundo.
Lo recordaba y decía, insisto, con absoluta sencillez, sin dar importancia a lo que había hecho ni reconocerlo como proeza. No soporto la injusticia, eso es todo. Me comporto como soy, soy como me comporto; creo en todo y no creo en nada, insiste. Estuvimos con este hombre de mirada serena y expresión lozana hasta cuando comenzaba a obscurecer. Nos despedimos reiterándole nuestra admiración y afecto. Hombre honesto, bueno, auténtico. Especie en peligro de extinción.
Y más recuerdos que irán aflorando en el tiempo…

Sevilla 23 de noviembre 2011.