ECUADOR Y LA NUEVA ARQUITECTURA DE INTEGRACIÓN REGIONAL 



Natalia Marcos 



Introducción

La elección del Presidente Rafael Correa en Ecuador en noviembre de 2006 marcó un quiebre histórico en la vida política ecuatoriana. Rafael Correa y el movimiento Alianza País ganaron las elecciones reivindicando y recogiendo gran parte de las demandas históricas de los movimientos sociales que hicieron frente a las políticas neoliberales, principalmente, aquellas emanadas del movimiento indígena ecuatoriano. En efecto, el triunfo del proyecto político de la revolución ciudadana fue, por un lado, corolario de las sucesivas crisis políticas, económicas, sociales e institucionales que azotaron al país andino; y, por otro, producto de las demandas históricas de los pueblos de cambio y transformación sociales en aras de sustituir el (des)orden neoliberal.
Cabe señalar que la revolución ciudadana hace referencia a las cinco revoluciones que sustentan el proyecto político y que constituyen los “ejes programáticos para la transformación radical del Ecuador”, a saber: 1. La revolución constitucional y democrática; 2. La revolución ética; 3. La revolución económica y productiva; 4. La revolución educativa y de salud; y, 5. La revolución por la dignidad, la soberanía y la integración latinoamericana. Es decir, la integración latinoamericana constituye un eje estratégico de la política interna y externa ecuatoriana y, por tanto, una evidente ruptura con la política exterior de gobiernos anteriores claramente subsumidos al hegemón norteamericano.

Ahora bien, tras un gobierno destituido por movilizaciones sociales y otro de transición sin una orientación política clara, la actual propuesta de integración regional ha sido replanteada bajo la égida de la nueva Constitución Política del año 2008, el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2010 y el Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013, los dos últimos elaborados por la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (SENPLADES). Al respecto, el artículo 423 de la nueva carta magna del Ecuador establece que la integración, especialmente con los países de Latinoamérica y el Caribe, constituye un objetivo estratégico del Estado ecuatoriano. Vale indicar que lo sustancial de dicho artículo estriba en el respeto a la soberanía y en la autodeterminación en materia económica y financiera, alimentaria, cultural y ambiental. Tal como lo plantea el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2010: (…) afirmar la soberanía nacional requiere no sólo el desarrollo de una política exterior enmarcada en relaciones internacionales de mutuo respeto y cooperación, consistente con los principios de la autodeterminación de los pueblos, la no injerencia de los asuntos internos de otros países, la búsqueda de la paz, la defensa de la soberanía nacional y el mantenimiento de relaciones amistosas y de buena vecindad de los países limítrofes, sino que, por encima de todo, involucra el desarrollo de un marco institucional y un entorno social que garantice el goce pleno de los derechos humanos.

Justamente, el eje desde donde se plantea la integración regional no es meramente económico sino, antes bien, multidimensional. Ello trasluce una matriz de pensamiento político-ideológica y de interpretación de la realidad latinoamericana que genera coincidencias entre las políticas de los gobiernos progresistas de la región, quienes han criticado duramente las consecuencias nefastas del Consenso de Washington para la región y abogan –con sus respectivos matices— por la recuperación de su soberanía y por proyectos políticos nacionales, populares, anticolonialistas y antiimperialistas en el marco de una constante ofensiva de Estados Unidos por intentar desbaratar los avances liberadores en el continente.


AMÉRICA LATINA ANTE LA PROPUESTA DE “INTEGRACIÓN” NORTEAMERICANA

La intención de injerir económica, política, militar, social y culturalmente en la región –particularmente en Venezuela, Ecuador y Bolivia— y de detener el crecimiento de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), llevó nuevamente a Estados Unidos a involucrarse en proyectos desestabilizadores y claramente militaristas. En este sentido, los hechos más recientes del proyecto recolonizador de Washington para controlar la región son el aval a la perpetuación del golpe militar de Honduras de junio de 2009 (uno de los eslabones más endebles del ALBA), la virtual “ocupación” de Haití por tropas y flota de Estados Unidos –so pretexto de brindar “ayuda humanitaria” ante la mayor tragedia natural que ha vivido el continente en el último tiempo— y el intento de perpetrar un golpe de Estado fallido o putch en Ecuador el 30 de septiembre de 2010. A ello se añade el continuo avance del esquema militar estadounidense con la diseminación de bases militares (recuérdese que en el año 2009 EE.UU. instaló 7 bases militares en Colombia, amén de las 6 ya reconocidas), la reactivación de la Cuarta Flota, infraestructura y tropas en la nueva estrategia que aboga por descentralizar el Comando Sur y diseminarlo a lo largo del Continente.

En este contexto, la nueva política exterior que se encuentra llevando a cabo el Gobierno de la Revolución Ciudadana se enmarca en la crítica profunda de las consecuencias que el Consenso de Washington tuviera en el país, del cual el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) fuera su máxima expresión. El ALCA fue un acuerdo comercial promovido por Estados Unidos que propugnaba que la liberación económica, comercial y financiera (premisas esenciales del neoliberalismo) se extienda por todo el continente americano. El ALCA promovía los intereses de las corporaciones transnacionales más poderosas del mundo, tales como las empresas petroleras, las compañías productoras de alimentos y los grandes bancos y establecimientos financieros internacionales, con prescindencia absoluta de los derechos económicos, políticos, sociales, culturales y ambientales de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe.

Es pertinente mencionar que el estridente fracaso del ALCA coincidió con la emergencia de nuevos procesos políticos y sociales, en los cuales los movimientos socio-políticos del Ecuador tuvieron un fuerte protagonismo. Por esta razón, la crítica a la globalización neoliberal –de la cual el ALCA fuera sólo una de sus expresiones— no podía limitarse a enjuiciar sus nefastas consecuencias, sino que debía conducir a la construcción teórica y práctica de una nueva alternativa capaz de orientar las relaciones económicas y políticas de las repúblicas latinoamericanas y caribeñas.

La resistencia de los pueblos y movimientos socio-políticos de Nuestra América al ALCA resultó crucial para refrenar la potente avanzada imperialista en la región. No obstante, la misma hubiera resultado inocua sin el protagonismo que, desde las postrimerías del siglo XX, tienen los gobiernos progresistas en la región. Es menester recordar que, en el año 2005, el ex Presidente argentino Néstor Kirchner tuvo el gesto político de abrirle las puertas al Presidente venezolano Hugo Chávez para oponerse al ALCA en el marco de la visita del ex presidente Bush a Argentina durante la Cumbre de las Américas, gestando así un proyecto de integración alternativo al propuesto por el imperialismo yanqui. En tal sentido, Néstor Kirchner fue uno de los mentores más importantes de la unidad latinoamericana y, particularmente, de la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), que fuera, a pesar de su escasa vida, tan eficaz en las negociaciones para restablecer la paz entre Colombia y Venezuela; tan vehemente en el rechazo al golpe de Estado en Honduras; y, tan enérgica en la respuesta coordinada frente al intento de golpe de Estado en Ecuador el pasado 30 de septiembre de 2010.

LA NUEVA POLÍTICA DE INTEGRACIÓN ECUATORIANA: ALCANCES Y DESAFÍOS

Ante la pérdida de preponderancia de antiguos organismos multilaterales de integración como la CAN y la ALADI, los gobiernos progresistas de la región y, en particular, los gobiernos más radicales (Venezuela, Bolivia y Ecuador) de la subregión andina, se encuentran encauzando un nuevo proyecto de integración en ciernes basado en la solidaridad y cooperación entre los pueblos latinoamericanos y hacen especial hincapié en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. El ALBA-TCP pone en cuestión el culto al libre comercio y promueve una agenda elaborada entre los Estados soberanos, sin injerencia y participación de poderes fácticos y extranjeros tales como empresas transnacionales y/o gobiernos imperialistas. El concepto grannacional alude, en efecto, a la
(…) visión bolivariana de la unión de las repúblicas latinoamericanas y caribeñas para la conformación de la gran nación. El concepto grannacional puede asimilarse al concepto de mega estado, en el sentido de la definición conjunta de grandes líneas de acción política, común entre estados que comparten una misma visión del ejercicio de la soberanía nacional y regional, desarrollando cada uno su propia identidad política, sin que ello implique la construcción de estructuras supranacionales.

En este marco, la nueva política exterior del gobierno ecuatoriano privilegia la integración subregional y el fortalecimiento de los mercados y alianzas Sur-Sur, logrando un giro substancial con las relaciones internacionales Norte-Sur que primaron en este país históricamente. De esta manera, la política de integración regional que promueve Ecuador se encuadra en el rechazo de la hegemonía de EE.UU., en la autodeterminación de los pueblos y en el equilibrio de las relaciones internacionales de naciones que no pretenden estar supeditadas al yugo norteamericano, fortaleciendo, así, una perspectiva soberana, antiimperialista y antineocolonial. Tal como lo asegura el actual Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, Ricardo Patiño: “El Ecuador se encuentra comprometido con los procesos de integración regional, como mecanismos de coordinación, cooperación y solidaridad entre los pueblos, hacia la construcción de un mundo verdaderamente multipolar, que no esté dominado por un país, por una nación, sino que sea el espacio de confluencia armónica entre pueblos y naciones”. Es en este contexto donde debe comprenderse la propuesta que enarbolara el gobierno de Rafael Correa de crear una Organización de Estados Latinoamericanos sin la presencia de EE.UU. ni de Canadá, proyecto que se debatió en la última Cumbre de Jefes de Estado celebrada en Cancún (febrero de 2010), que diera origen a la conformación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

En concordancia con lo expuesto, para el gobierno ecuatoriano el establecimiento de alianzas y bloques latinoamericanos, alternativos y disidentes al hegemón norteamericano, constituye una política de Estado fundamental para el afianzamiento de la integración con la mayoría de los países de la región, más allá de las relaciones diplomáticas estables con el país del Norte. Ciertamente, la construcción y participación de Ecuador en espacios tales como la UNASUR; el ALBA-TCP; el Banco del Sur; el Mercado Común del Sur (MERCOSUR); el Consejo Sudamericano de Defensa; el Grupo de Río; o la CELAC, entre otros, son cruciales para el Ecuador en aras de fortalecer su perspectiva sobre la unidad regional y la integración latinoamericana. Dichos espacios se plantean como ámbitos estratégicos para el Presidente Correa y su gobierno, quienes impulsan un tipo de integración que posibilite un desarrollo endógeno compartido en ámbitos tales como: infraestructura física; soberanía alimentaria y energética; procesos de reindustrialización y comercio justo, incorporando nuevos actores sociales en la dinámica de una economía solidaria; nueva arquitectura financiera; mayor control a las empresas transnacionales; políticas autónomas de seguridad y defensa que fortifiquen un bloque regional progresista; y, espacios comunes de resolución de conflictos y controversias entre los países de la región, entre los principales objetivos.

En conclusión, se brega por la edificación de una integración liberada de intervenciones extranjeras. Los caminos para la conformación de un sólido bloque de países de Nuestra América están abiertos. Su consolidación y progreso será cuestión de tiempo y lealtad a los intereses de los pueblos que han debido sufrir siglos de expoliación para, finalmente, llegar a los anhelados días de unión, solidaridad y complementariedad entre las naciones nuestroamericanas. Por ello, la integración latinoamericana sigue siendo hoy no sólo una utopía, sino también una apremiante necesidad histórica.


Bibliografía
Boron, Atilio, “La coyuntura geopolítica de América Latina y del Caribe 2010”, Ponencia presentada en Casa de las Américas, 22-24 de Noviembre 2010, en http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/12/14/la-coyuntura-geopolitica-de-america-latina-y-el-caribe-en-2010/
Constitución Política de la República del Ecuador, 2008.
Discurso de posicionamiento  del Economista Ricardo Patiño como Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio e Integración, 28 de enero de 2008, en http://www.mmrree.gov.ec/2010/discurso_posesion.asp
Plan de Gobierno de Alianza País 2007-2011
Portal del ALBA-TCP: http://www.alba-tcp.org/
Quintero López, Rafael y Sylva Charvet, Erika, “Ecuador: la alianza de la derecha y el corporativismo en el ‘putch’ del 30 de septiembre del 2010”, ALAI, 20-10-2010, en http://alainet.org/active/41740
SENPLADES, Plan Nacional de Desarrollo 2007-2010. Planificación para la Revolución ciudadana, Quito, 2007
SENPLADES, Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013. Construyendo un Estado Plurinacional e Intercultural, Quito, 2009.