EL NUEVO VIRREY Y LA PREPOTENCIA INJERENCISTA DEL IMPERIO 



NAMM ES EL NUEVO VIREY IMPERIAL 



Rodrigo Santillán Peralbo

“No rehuiré de ninguna manera las críticas al Gobierno de Ecuador cuando se justifiquen, simplemente porque nuestra Embajadora anterior fue expulsada”, manifestó Adam Namm que, de administrador de edificios del Departamento de Estado de Estados Unidos, pasará a ser el nuevo Embajador imperial en Quito. Aún no se sabe si esas declaraciones pronunciadas ante el senado de su país, fueron fruto de la torpeza e inexperiencia del futuro virrey en el Ecuador o si corresponden a la prepotencia y a la nunca desmentida política injerencista de Washington, en los asuntos internos de los Estados soberanos, libres e independientes de nuestra América Latina.

El silencio del gobierno de Correa ha sido elocuente, como una demostración de que las relaciones entre Ecuador y Estados Unidos han pasado por altibajos y que ahora Correa pretende mantener fuertes lazos entre los dos países y para ello, Ecuador designó como nueva embajadora en Washington a la ex ministra Coordinadora de la Producción, Nathalie Cely, quien ya tiene el beneplácito de Estados Unidos, y asumirá su cargo en enero del 2012.

Adam, Namm, ese “adelantado” imperial dijo que no tendrá reparos para hablar con voz fuerte en el momento de criticar al Gobierno de Correa. Expresó que se reuniría con movimientos indígenas y sociales para trabajar con ellos y agregó: "No tendré ninguna restricción a la hora de defender los intereses y valores de Estados Unidos", y ya se sabe que los intereses y valores estadounidenses son: injerencia en los asuntos internos de los Estados, violación de la soberanía, dominación neocolonial, violencia guerrerista, invasión armada a países tercermundistas, bombardeos, imposición de dictaduras y despojo de los recursos naturales, entre otros “valores” de la Casa Blanca.

La advertencia del nuevo embajador al gobierno de Correa apenas ha merecido una tibia respuesta del vicecanciller de Ecuador, Kintto Lucas, quien expresaba que las declaraciones del designado embajador de Estados Unidos para Ecuador, Adam Namm, "tienen cierta tergiversación" en la traducción, ya que en ellas, la palabra "crítica no se menciona". Sin embargo, todos los medios de comunicación informaron y reiteraron el uso del verbo “criticar” por parte de Namm.

Como quien quiere esquivar los problemas de fondo, Kintto Lucas, se vio precisado a conceder que los embajadores "deben respetar las soberanías de los países", al tiempo que pretendía defender las declaraciones diplomáticas que pueden ser distintas respecto a la política de determinado país, pero condenó el hecho de que los embajadores "se introduzcan en asuntos internos".

La gran interrogante es: ¿la respuesta de Kintto Lucas, en su calidad de vicecanciller de Ecuador deja superada la torpe declaración de Namm porque si por una parte pueden existir discrepancias en política internacional entre Ecuador y Estados Unidos, por otra se impone el pragmatismo populista para mantener y desarrollar las relaciones bilaterales porque "estamos de acuerdo y podemos conversar amistosamente"?

De todas maneras, y a pesar de inocultables realidades de la política imperial que considera al presidente Correa como peligroso e indeseable junto a Hugo Chávez de Venezuela, Daniel Ortega de Nicaragua y Evo Morales de Bolivia, Ecuador y Estados Unidos volverán a mantener relaciones a nivel de embajadores, luego de que en el pasado mes de abril declararan mutuamente "no gratos" a sus embajadores y les pidieran retirarse, por unos cables difundidos por Wikileaks, que criticaban la actitud del presidente Rafael Correa sobre el conocimiento de corrupción en la Policía Nacional. En ningún momento el gobierno de Ecuador recibió satisfacciones o simples explicaciones sobre esos cables enviados por la ex embajadora de Estados Unidos Heather Hodges, a pesar de que fueron considerados como una injerencia de Estados Unidos en la política interna del Ecuador.

El analista Gustavo Domínguez sostenía que si Adam E. Namm logra ser aprobado por el Comité de Relaciones Internacionales y posteriormente por el senado americano, tendrá que trabajar muy duro para que amplios sectores de la diplomacia internacional, especialmente de Latinoamérica, justifiquen sus desacertadas declaraciones

Decía que la experiencia diplomática que precede al señor Namm es básicamente administrativa. Se ha desempeñado en varios cargos de índole administrativo tanto dentro como fuera de los Estados Unidos, siendo el más reciente, el de ser el responsable de los edificios que albergan las misiones, consulados y embajadas de los Estados Unidos en territorios extranjeros.

Comulgo con la decisión del presidente Obama al nombrar diplomáticos jóvenes, educados bajo los nuevos parámetros de la realidad multipolar del mundo, sostenía. Sin embargo, considero necesario que algún funcionario con mayor experiencia dentro del Departamento de Estado ilustre al novel cuasi embajador que la diplomacia norteamericana necesita ser redireccionada, especialmente con sus vecinos continentales. El Departamento de Estado debe advertir a sus diplomáticos, más que nunca antes, que es necesaria una posición de mayor tolerancia y condescendencia con los gobiernos democráticamente elegidos en Latinoamérica, más allá de que guste o no las credenciales ideológicas de sus gobernantes. Un embajador no puede criticar y menos aún interferir en las decisiones internas de ningún país.

Imaginemos que los embajadores latinoamericanos, asiáticos, europeos designados a Washington, piensen al igual que Namm, que abiertamente tienen derecho a criticar al gobierno estadounidense cuando ellos lo consideren meritorio. Simplemente, este accionar diplomático sería un acto recíproco encaminado a destruir relaciones, más no a fomentarlas. Esperemos que el Namm embajador, en caso de ser aprobado por las respectivas autoridades legislativas norte americanas, no sea tan suelto de lengua como el Namm candidato.

Hagamos votos por que el señor Namm tenga mucho éxito en su carrera como Embajador, aunque sea necesario recordarle que ni Ecuador, ni ningún otro país en el que se desempeñe algún día como embajador, son edificios o activos del país del norte, que él solía administrar, afirmaba Domínguez.

Suele decirse que los desacuerdos diplomáticos se superan con nuevos acuerdos y que lo dicho en el pasado se supera “entre amigos”, ¿pero entre amigos debe existir espionaje? Al publicitarse los cables de Wikileaks que originaron las mayores tensiones entre las diplomacias y gobiernos de Estados Unidos y Ecuador, el presidente Rafael Correa responsabilizó al gobierno de Estados Unidos de realizar espionaje con infiltrados en la Policía y las Fuerzas Armadas, deducción obtenida por Correa al analizar los comentarios de la embajadora norteamericana Heather Hodges en cables confidenciales que fueron filtrados por Wikileaks, en los cuales se refería a supuestos actos de corrupción en la Policía.

El presidente Correa expresaba entonces que “han sido décadas de infiltración y descarada dependencia de los Estados Unidos. Esa Embajada ponía los directores de la desaparecida Unidad de Investigaciones Especiales (UIES). Vaya a donde eran las oficinas de la ex embajada..., ahí hay un cuarto donde se ponía un polígrafo para los directores designados para ciertos lugares de la Policía. Eso hemos cortado, por eso el resentimiento; por eso no acepto que digan con desparpajo que dentro de la Policía hay corrupción”.

“Lo grave es que Wikileaks dice que tienen informantes dentro de la Policía y las Fuerzas Armadas y, si tenían información de actos de corrupción, debieron pedir una reunión con el Canciller. Esto es espionaje”, enfatizaba el Presidente ecuatoriano, al tiempo que tuvo que reconocer que sí se analizó un acuerdo de cooperación con Estados Unidos denominado Gas and go, que permitiría a los aviones americanos cargar de gasolina sus naves en aeropuertos ecuatorianos, después que fue cerrada la Base de Manta para la famosa FOL.

El presidente Correa relataba: “Después de que sacamos la Base de Manta, la embajadora Heather Hodges pidió una audiencia y me dijo: mire, presidente, veamos un lugar donde podamos reabastecer a las naves que hacen control contra el narcotráfico. Bueno, embajadora, nosotros nunca permitiremos que a nuestro país vengan naves de guerra. Pero ella dijo no, no son naves de guerra, son de control aéreo; vienen sin armamento y para repostar combustible... y yo dije bueno”, relató.

Pero, aclaró que pese a que él pidió que su gabinete de ministros analice la propuesta “no se llegó a ningún resultado”, pero no se debe desconocer que las relaciones USA-Ecuador se debilitaron desde el momento en que con concluyó el acuerdo sobre la Base de Manta. Tampoco se debe desconocer que existe ambivalencia en la posición de Correa respecto a Estados Unidos. En ocasiones mantiene un discurso antiimperialista muy marcado y en otras se vuelve contemporizador y así decía que pese a la tensión, cree que el daño a las relaciones bilaterales va a ser “limitado”. “Sabemos que el Departamento de Estado tiene un gran concepto del gobierno ecuatoriano. Tenemos una gran relación con la secretaria de Estado, Hillary Clinton y con el subsecretario para América Latina, Arturo Valenzuela...”. ¿Fue un modo de disculpa?

En los famosos cables, suscritos por la embajadora Hodges se decía que durante la crisis por el bombardeo del Ejército colombiano al campamento ecuatoriano de ´Raúl Reyes´, el presidente Rafael Correa insistió en que su gobierno no tenía ninguna relación con las FARC. Ante la embajada, el mandatario pidió un apoyo de Estados Unidos para "condenar" la violación del espacio aéreo".
Graves son las comunicaciones enviadas por la embajada estadounidense en Quito que revelan que durante la crisis por el bombardeo a 'Reyes', Correa “criticaba en público a Washington, pero daba explicaciones en privado”. Esos cables no eran únicamente acusaciones sobre el nombramiento del Comandante General de Policía que de una u otra manera involucraban a Correa en supuestos actos de corrupción, eran en el fondo un claro desmentido al antiimperialismo del discurso de la “revolución Ciudadana”

Sin lugar a dudas existe un deseo porque Washington mantenga las mejores relaciones con el Ecuador, razón por la que el Presidente Rafael Correa, en su reciente visita a Nueva York, al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en rueda de prensa declaraba que “la relación con Estados Unidos está en un excelente momento”.

“Tuvimos un impasse un poco fuerte”, admitió Correa, pero “la relación diplomática, comercial, etc., siguió casi intacta. No se sintió ese impasse”, señaló a la vez que expresaba que con el nombramiento de los embajadores se normalizarán incluso en la parte formal, de forma total”.

Entre altos y bajos, la política exterior de Rafael Correa ha tratado de ser y parecer diferente de anteriores administraciones que estuvieron marcadas por sumisiones, subordinaciones y una gran obediencia a Washington. Muchos han querido ver en esa proclamada independencia política, un alineamiento a la política exterior del presidente venezolano Hugo Chávez Frías que ha trazado las directrices de la ALBA y, en particular, las de los gobiernos de Evo Morales de Bolivia y de Daniel Ortega de Nicaragua. Consecuente con ese no acatamiento a los dictados de la Casa Blanca, Estados Unidos decidió cierto congelamiento de las relaciones diplomáticas y la otorgación del status de gobierno “inamistoso” al dirigido por Correa.

Particularmente el imperio ha criticado el desarrollo de las relaciones bilaterales con los gobiernos de Cuba, Argentina, Venezuela, Bolivia, Brasil y Chile cuando gobernaba Michelle Bachelet. Esos gobiernos izquierdistas, según el Departamento de Estado y la CIA; son un mal ejemplo seguido por Correa que, además, ha tenido una activa participación en la ejecución de la “diplomacia directa” que se constata por los continuos viajes o giras oficiales, cumbres de mandatarios, firmas de convenios bilaterales o acercamientos a otros gobiernos, inclusive los “indeseables” del imperio, como los de Irán y Libia en el gobierno de Gadafi.

“En política extranjera, Correa enfatizó (algunos creen que de manera falsa) el interés de Ecuador de quedarse al margen en el conflicto interior en Colombia”. La realidad demuestra que Correa está dispuesto a combatir a las FARC no sólo porque declaró que condena sus secuestros y las violaciones de derechos humanos, sino porque destina a unas 12.000 tropas a la frontera norte a un costo de unos cien millones de dólares anuales.

El gobierno colombiano de Uribe enrostraba a Correa de haber recibido ayuda financiera de las FARC para su campaña electoral, fundamentado en el “contenido “ de las mágicas computadoras de Reyes, líder de las guerrillas, abatido en los bombardeos de Angostura que originaron la crisis diplomática de Colombia con Ecuador y Venezuela en el año 2008 (también referida como Crisis Andina). La crisis se desató luego de que fuerzas militares y policiales de la República de Colombia ejecutaran la Operación Fénix, una incursión en territorio ecuatoriano con la ayuda tecnológica y financiera de la CIA y del Pentágono. Naturalmente que lo ejecutado por el gobierno de Uribe fue un ataque a la soberanía nacional al ejecutar allí una operación militar sin autorización, y vulnerar la Convención de Viena de 1961.

Pero el deterioro de las relaciones con Estados Unidos arrancó en plena campaña electoral cuando del candidato Correa calificó al presidente estadounidense George W. Bush de 'tremendamente torpe que ha hecho mucho daño a su país y al mundo', al comentar el discurso de Hugo Chávez en la ONU, cuando expresaba que Bush era el diablo.

Durante el problema colombo-ecuatoriano, el presidente Correa llegó a decir a George W. Bush II: "Traiga señor Bush sus soldados, que sean sus soldados los que mueran en la frontera sur colombiana. Vamos a ver si los ciudadanos de Estados Unidos van a aceptar tremenda barbaridad. Si no, cállese la boca y entienda lo que está pasando en América Latina". Ciertamente que Correa desde que asumió la Presidencia del Ecuador en enero del 2007, ha tratado de establecer claras diferencias con Bush primero, y con Obama después.

La incursión armada del Ejército colombiano en territorio ecuatoriano el primero de marzo de 2008, que terminó en la muerte de ‘Raúl Reyes’, no solo causó sorpresa en el Gobierno de Rafael Correa, sino que lo enfrentó a un dilema: atacar públicamente a Estados Unidos o tratar de mantener una posición amigable con ese país.

Así lo revelan algunos cables diplomáticos de la época que dan cuenta de varios encuentros entre el presidente de Ecuador y la entonces embajadora de Estados Unidos en Quito, Linda Jewell.

Desde el comienzo de la crisis (que derivó en la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Ecuador por más de dos años), Correa se reunió con la embajadora Jewell para contarle sus propósitos. En un cable de la embajada de Estados Unidos en Quito, que data del 3 de marzo de 2008, el día en que Correa decidió formalmente llamar a consultas al cuerpo diplomático de Ecuador en Colombia, el presidente ecuatoriano le contó a la embajadora sobre su intención de visitar a otros países de la región para conquistar su solidaridad.

Además de criticar enérgicamente al Gobierno de Álvaro Uribe y de acusarlo de "mentiroso y traidor", en esas reuniones con la embajadora, Correa reiteró que su Gobierno no tenía ningún lazo con las FARC. Pero también aprovechó para reclamarle a Estados Unidos una posición de apoyo más decidido.

“Correa expresó su descontento con las declaraciones del portavoz agregado de prensa del Departamento de Estado, calificándolas de "tibias". Dijo que esperaba que declarara que Estados Unidos, y la comunidad internacional apoyaran la legislación internacional y condenaran la agresión no provocada”, decía la comunicación diplomática.

De estos textos se puede deducir que Correa ansiaba mantener consultas amigables con la Embajada USA en Quito, es decir con el gobierno de Bush, mientras que de manera pública y notoria lo criticaba, hasta con dureza.
En 2009, Correa no renovó el convenio suscrito entre el Ecuador y los Estados Unidos que le permitía mantener una base militar en el puerto ecuatoriano de Manta, por considerarlo un atentado a la soberanía del Ecuador. Este tipo de actitudes, es lógico que causaran molestias y disgustos a los administradores del imperio.

“El 4 de abril de 2011, el gobierno de Correa declaró a la embajadora de Estados Unidos, Heather Hodges, persona non grata, y le pidió que dejara el país lo más pronto posible. La acción vino después de la filtración de un cable por Wikileaks de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que implica que el presidente debe de haber sido consciente de la corrupción supuesta del General Jaime Hurtado cuando él nombró a Hurtado comandante General de la Policía Nacional. El cable declaró que, previo a la cita de Hurtado, la Embajada estadounidense tenía informes "múltiples que indican él usó sus posiciones para arrancar los sobornos, facilitar el tráfico humano, malversación de los fondos públicos, obstrucción de las investigaciones y prosecuciones de colegas corruptos, y comprometido en otros actos corruptos para el enriquecimiento" personal. Grave fue que la embajadora haya suscrito un informe de la CIA con acusaciones directas al presidente Correa.

Hay otras causales esgrimidas por Estados Unidos en contra de Correa. Mucho habría molestado a Estados Unidos que en el sector de defensa, Ecuador se convirtiera en el primer país suramericano en firmar un contrato para comprar helicópteros Dhruv, fabricados en la India.

Pero lo que quizá haya causado mayor molestia al gobierno imperial sería que sin permiso de la Casa Blanca, Ecuador e Irán hayan resuelto iniciar relaciones diplomáticas, siendo Irán un país declarado terrorista y parte del eje del mal en las concepciones de Bush. En diciembre de 2008, Correa visitó Teherán y firmó varios acuerdos con los que pretendía estrechar los vínculos diplomáticos y comerciales con Irán. Como un miembro de ALBA, Correa participó en una declaración colectiva de apoyo al gobierno de Ahmadinejad en junio del 2009.
A más de las molestias ocasionadas a Washington por esa “independencia” en la política internacional, fue el escándalo desatado por las revelaciones de Wikileaks, el que terminó por deteriorar aún más las tensas relaciones Estados Unidos-Ecuador que acabaron con el retiro de los embajadores. En el mes de abril la Sra. Hodges fue invitada al Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador para que explicara lo que anteriormente había dicho en su informe. El Ministro de Relaciones Exteriores Ricardo Patiño, informó que la embajadora “no pudo suministrar suficiente evidencia para probar sus señalamientos.” Correa remató el asunto al decir: “la Sra. Hodges jamás ha tratado bien a nuestro gobierno. Aunque nuestras relaciones con Estados Unidos son ahora bastante estables, desgraciadamente algunos funcionarios norteamericanos espían a nuestra policía y tratan de acusarme de corrupción.”

A partir del mes de julio de 2011, la embajada estadounidense en Quito, ha estado a cargo de Timothy Zúñiga-Brown. Se trata de un graduado del Colegio Nacional de Guerra y anteriormente sirvió como Segundo Jefe de Misión en Nassau, Las Bahamas.

Anteriormente, Zúñiga-Brown se había desempeñado como Jefe de Grupo en un Equipo de Reconstrucción Provincial asimilado en el sur de Bagdad en apoyo a la 4ª Brigada de la 1ª División de Infantería del ejército norteamericano.

El problema derivado de los Wikileaks no fue ni será el último porque a Estados Unidos le ha disgustado profundamente las definiciones y prácticas de la política internacional de Correa con la que ha desacatado los dictados de la Casa Blanca al iniciar, ampliar o estrechar lazos con Irán, Libia en el tiempo de Gadaffi, India, Siria, Venezuela, China y Rusia.

Otra piedra en el zapato yanqui fue la decisión del gobierno de Correa de adquirir equipos militares de otros países productores y menos de Estados Unidos. Ha decidido contratar radares con la República Popular China, contratar equipos con Rusia, comprar helicópteros a India, comprar aviones en Sudáfrica y contar con equipos de seguridad cubanos y venezolanos ya que la CIA fue desechada y mermada a raíz de los bombardeos colombianos a territorio ecuatoriano y también porque según el gobierno, el 30 de septiembre de 2010, hubo un intento de golpe de Estado en el Ecuador, en el cual podría haber estado implicada la Embajada de Estados Unidos en Quito. Al menos esa tesis fue sostenida por la abogada y periodista Eva Golinger y por Nil Nikandrov, de Strategic Culture Foundation//Aporrea.org

Para Nikandrov, las circunstancias de la revuelta, sus metas y la participación del servicio secreto norteamericano aun son discutidas ampliamente en los medios de prensa. Ciertas “evidencias” están siendo develadas para deliberadamente distorsionar la situación. Los agentes que trabajan para la CIA y el Departamento de Estado están promoviendo la idea que Correa actuó a propósito cuando canceló los beneficios tradicionales y una bonificación para los funcionarios policiales. También sostienen que una vez que la revuelta fue sometida, Correa tuvo la oportunidad de expulsar algunos oficiales y nombrar algunos nuevos, más leales, con el propósito de fortalecer su gobierno.

El presidente Correa había estado regularmente recibiendo informes sobre los preparativos que se estaban realizando para un golpe de Estado, sostiene Nikandrov y agrega: “Como promotor de la integración de América del Sur sobre bases socialistas, como también de la creación de un bloque defensivo regional, Correa parece tan peligroso para Estados Unidos como su amigo y aliado Hugo Chávez. La embajada norteamericana en Quito, y el consulado norteamericano en Guayaquil han estado trabajando hace bastante tiempo en la búsqueda entre los ecuatorianos de críticos de la gestión de Correa. El servicio secreto norteamericano también tenía agentes infiltrados en las instituciones encargadas de aplicar las leyes en Ecuador. En realidad la CIA, la USAID y algunas otras organizaciones cooperan con la embajada norteamericana e imponen controles sobre sus colegas en el país, cuyos funcionarios eran totalmente dependientes de los fondos norteamericanos”.

Correa decidió poner fin a la hegemonía norteamericana sobre su país. En el mes de febrero del 2009 dos ciudadanos norteamericanos, funcionarios de la embajada norteamericana en Quito, fueron declarados persona non grata. Uno de ellos, Armando Astorga solía supervisar las instituciones anti-narcóticos en Ecuador. El otro, Mark Sullivan, encabezaba la estación de la CIA y mantenía contactos con aquellos agentes secretos responsables de las cámaras de vigilancia, intervenciones telefónicas como también con la censura. La parte norteamericana solicitaba a estas agencias espiar a los ciudadanos de origen ruso, chino o brasileños, como también a los visitantes provenientes de otras partes que figuraran en las listas norteamericanas de países “inamistosos” como ser Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Argentina. A los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC se les hacía un estrecho seguimiento. Washington gastó miles de millones de dólares (en vano) para conseguir cualquier evidencia que vinculara al gabinete de Correa con Al Qaeda.

Estados Unidos se molestó profundamente al saber sobre el retiro de sus diplomáticos de Ecuador. En breve emitió un comunicado acerca de la suspensión de algunos proyectos conjuntos iniciados anteriormente por los ministerios de defensa de los dos países. La embajadora norteamericana en Ecuador, Heather Hodges, en sus informes describía al presidente Correa como una persona “emocionalmente inmadura” cuyas “medidas retaliatorias” son difíciles de predecir. Hodges agregó que era muy posible que Correa suspendiera las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, lo cual, dijo ella, no sería lo más indicado. Si se debilita la presencia de Estados Unidos en Ecuador, esto favorecería a los grandes rivales de Washington, es decir, Rusia y China, ya que estos dos países están colaborando activamente con Correa en los campos militar y energético.

Entre las más altas prioridades de Moscú y Beijín, se halla el fortalecimiento de sus posiciones en Ecuador en la región del Pacífico. De ahí por qué Hodges sostuviera que Estados Unidos debía evitar sanciones más duras. Sus advertencias fueron tomadas en cuenta y la embajada norteamericana intentó un nuevo enfoque para tratar de alcanzar sus metas en Ecuador. Personalmente, la Sra. Hodges asistió a todas las reuniones cuando los departamentos de policía del Ecuador estaban recibiendo el equipamiento necesario de parte de Estados Unidos. Se construyeron nuevos campamentos militares ya que Washington estaba haciendo lo posible para demostrar su decisión de luchar contra el narcotráfico y las bandas guerrilleras en la frontera con Colombia. Sin perjuicio de estas medidas, también mejoró la cooperación con los agentes secretos dentro del ejército y la policía.

Desde entonces Correa ha estado tratando de romper con esa dependencia del financiamiento de parte de Estados Unidos. De este modo, en vez de enviar funcionarios a entrenarse a Fort Benning en el estado de Georgia, Correa recomienda los campos en Venezuela, Cuba o Brasil. Correa también ordenó la revisión del comercio de armamentos con Estados Unidos, teniendo en cuenta la experiencia venezolana cuando el Pentágono rehusó suministrar al país los repuestos para los aviones norteamericanos de Venezuela. En el mes de noviembre del 2008 el Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov visitó Quito para firmar un acuerdo marco para la cooperación militar. Ecuador entonces adquirió dos helicópteros Mi-1171E diseñados para el transporte de personal como también para combatir incendios forestales.

El Ministro de la Defensa ecuatoriano, Javier Ponce, confirmó que su país iba a firmar un contrato por 200 millones de dólares con Rusia (sujeto a la aprobación de un crédito de parte de Rusia) para la adquisición de más helicópteros y camiones. Puntualizó también el embajador ruso en Ecuador, Yan Burlay, los dos países tienen todavía mayores oportunidades para la cooperación estratégica, decía Nil Nikandrov.
(Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona.)

Pero, a más de echar del país al agente de la DEA Armando Astorga y al Jefe de la Estación de la CIA en Quito, Mark Sullivan, Correa puso fuera de acción al Director de Inteligencia del Ejército, coronel Mario Pazmiño, a quien se calificó como agente colaborador de la CIA, justamente cuando se produjo el ataque al campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en territorio ecuatoriano en el que murió el Comandante Raúl Reyes.
Pazmiño defendía la permanencia de la Base de Manta en poder de Estados Unidos y hasta llegó a afirmar que “la inseguridad, con la salida de la base, va a afectar a todo el proceso que se venía siguiendo por parte de Estados Unidos en la región con relación al combate al narcotráfico”.
Para Pazmiño, “la salida de las bases americanas del continente sudamericano es una propuesta que viene instaurada desde el Foro de Sao Paulo (fundado por partidos y organizaciones de izquierda en la década del '90) y posteriormente está siendo replicada tanto por las FARC como por la Coordinadora Continental Bolivariana dentro del proyecto internacional de las FARC”.

De conformidad con su pensamiento entreguista, “este tipo de estrategia que utilizan las FARC les beneficia, porque si les sacan todas las bases norteamericanas del contexto regional, indudablemente le van a facilitar el manejo del narcotráfico en la región”.

Respecto del traslado de las actividades de Manta a territorio colombiano, Pazmiño opinó que “ningún otro estado puede entrar a emitir criterios sobre si se instalan o no se instalan bases militares en otro país, porque eso es parte de la soberanía y la independencia de un pueblo”, de acuerdo a una versión de C.C. Mundo.

Correa con todos sus errores “revolucionarios” es considerado por Estados Unidos, la partidocracia y las oligarquías ecuatorianas como un peligroso izquierdista. Esa particular visión hizo que, por ejemplo; la periodista Mary Anastasia O’Grady, del periódico The Wall Street Journal (WSJ) Americas, publicara una crítica en contra de los presidentes de Estados Unidos y del Ecuador.
“Luego de la debacle del límite de la deuda de Estados Unidos, una cantidad considerable de los detractores más críticos del presidente Barack Obama pasaron de llamarlo el Genio Malvado del Socialismo a catalogarlo meramente como un organizador comunitario que no tiene ni idea de lo que está haciendo.
“Basta con fijarse en la política exterior de Estados Unidos en América Latina durante los últimos dos años y medio: en particular, consideremos cómo Honduras recibió un revés del gobierno de Obama por su decisión de desbancar en el 2009 a un presidente izquierdista que quebraba la ley, mientras Ecuador recibe poca resistencia de Washington en momentos en que se acerca cada vez más a una dictadura.

“Esta contradicción se volvió pronunciada cuando el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, un aliado del venezolano Hugo Chávez, recurrió a su control del Poder Judicial para imponerse en una demanda contra un columnista y tres directivos del diario ecuatoriano El Universo. Los periodistas deberán pagarle un total de $ 42 millones y cada uno fue sentenciado a tres años de cárcel.
“Igual que con Zelaya, el gobierno de Estados Unidos le ha dado a Correa un amplio margen, a pesar de sus prácticas antidemocráticas”, sostenía Mary Anastasia O’Grady

No se debe desconocer que Correa ha sido un duro crítico de la injerencia norteamericana en América Latina y, en especial, en Suramérica. Ha mantenido una fuerte postura en defensa de la soberanía y dignidad de Suramérica y como tal ha cuestionado al Plan Colombia, financiado mayormente por fondos estadounidenses para el combate al narcotráfico y la llamada "narcoguerrilla". Las relaciones militares colombo-estadounidenses han estado en el centro de las críticas de Correa e incluso de América del Sur, agrupada en la UNASUR.
Más aún: Correa, Chávez, Morales, Cristina Fernández, Lula da Silva en su período e inclusive Michelle Bachellet cuestionaron con energía la intención de Estados Unidos y de Uribe de instalar siete bases militares en territorio colombiano para reemplazar las instalaciones de la Base de Manta en Ecuador.
Tanto Chávez como Correa se refirieron a las polémicas instalaciones militares como "las bases norteamericanas". Eso, pese a que Colombia afirmaba que se trata, de bases bajo su control en las que sólo se da ciertos derechos, como el de aterrizaje y tareas de mantenimiento, a su socio del norte.

En línea con sus aliados históricos, también Evo Morales se sumó a Correa y Chávez en pedir el rechazo abierto de Unasur a la instalación de bases militares extranjeras. Si nadie quiere una base militar extranjera, ¿por qué no podemos firmar acá un acuerdo por la dignidad de nuestros pueblos. No podemos aceptar una base militar desde donde después se va a agredir a los demás países. No hay que ocultar nada acá: estas son nuestras diferencias programáticas, históricas y culturales", resumió el jefe de gobierno boliviano.

De las críticas de Correa a la injerencia estadounidense no se escapa la famosa SIP -Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)- , de la que afirmó que es una institución vinculada a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). El fundador de la SIP era miembro de la CIA y su accionar responde a una vieja estrategia que utilizaba Estados Unidos, para atacar durante la denominada Guerra Fría, a sus enemigos los países del bloque socialista”, enfatizó Correa según reseñó Prensa Latina.

Igualmente Correa habría acogido las afirmaciones de Eva Golinger, investigadora y periodista estadounidense quien aseguraba que muchas organizaciones ecuatorianas, algunas vinculadas al movimiento indígena, reciben fondos financieros del Departamento de Estado de los Estados Unidos, a través de la USAID (United States Agency for International Development) y la NED (National Endowment for Democracy), para desestabilizar al Gobierno del presidente Rafael Correa.

Cuando se trata de desestabilizar gobiernos, Estados Unidos con la USAID, NED, CIA y DEA, no escatiman planificaciones y proyectos públicos o clandestinos que les permita cumplir sus objetivos geoestratégicos de dominación. Bien se puede afirmar que en la medida en la que los procesos de rescate de la soberanía e independencia o francamente transformadores que quieren practicarse en países como Bolivia, Venezuela o Ecuador, se multiplican las presiones, amenazas, sobornos, chantajes que, también, han impulsado los proyectos autonomistas y separatistas esgrimidos por las oligarquías y las élites regionalistas que por bandera tienen el dólar. Zulia, en Venezuela; Guayaquil, en Ecuador y la rica zona de la Media Luna boliviana, se han transformado en la avanzadilla de los intentos de ‘balcanización’, tal como se ha denominado a la nueva estrategia imperial.

Estados Unidos, por intermedio de sus agencias auspició la creación de CONFILAR que es un proyecto secesionista encaminado a balcanizar a nuestros países y desestabilizarlos para imponer la explotación neocolonial. La Confederación Internacional por la Libertad y la Autonomía Regional (Confilar) fue creada el 19 de septiembre de 2006 en Guayaquil (Ecuador), y tiene como misión, según recoge su acta fundacional, “impulsar y difundir en Latinoamérica y el mundo el ideario de libertad y autonomía mediante foros, cursos, talleres, seminarios, conferencias y otros medios de difusión”.

No cabe duda que los discursos y las acciones del presidente Rafael Correa han causado profundo malestar a la Casa Blanca, tanto que el imperio lo ha colocado en la lista de los gobiernos peligrosos e indeseables junto a Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez Frías, Evo Morales y Daniel Ortega.

A más del indirecto llamado de atención del vicecanciller ecuatoriano Kintto Lucas, las impertinentes y groseras declaraciones del nuevo embajador Adam Namm, pasarán a formar parte del anecdotario diplomático. En suma, se trata de enterrar, aunque sea superficialmente, pero lo más pronto posible, los ex abruptos del flamante embajador que, sin duda, son inequívoca señal del proceder imperial en los pueblos latinoamericanos.

El imperio seguirá creando condiciones desestabilizadoras en el Ecuador y el nuevo virrey llegará para apuntalar esos procesos, lógicamente con la intervención y actividades clandestinas de la USAID, CIA, DEA, NED, Cuerpos de Paz y decenas de organizaciones políticas, sociales y culturales no gubernamentales que, siendo ecuatorianas, reciben fondos de esas agencias estadounidenses. ¿Qué esperará el presidente Correa para expulsar del país a la USAID, NED, CIA y DEA?