CARMEN SILVA ROJAS EL ARTE ERA SU VIDA Y SU VIDA EL SOCIALISMO 



SOCIALISTA, PINTORA Y DIBUJANTE 




Carmen Silva Rojas, socialista pintora y dibujante. Nació en Santiago el 30 de mayo de 1929, falleció en la misma ciudad el 9 de junio de 2008.

En su vida en Ecuador Carmen combinaba su trabajo de profesora de la Escuela de Artes de la Universidad Central, con los deberes de socialista.
Se dedicó día y noche a asumir las tareas partidarias de difundir las atrocidades que se estaban cometiendo en Chile, y a organizar la solidaridad. En ese trabajo se relacionó con las personas más destacadas del mundo político social y cultural, comprometiéndose decididamente con sus luchas.
Junto a Manuel Agustín Aguirre, fundó el COMITÉ DE SOLIDARIDAD CON CHILE, y estuvo por largos años al frente de la edición del periódico ALERTA, importante medio de difusión de las luchas solidarias de aquellos tiempos. Eran períodos convulsos, de derrota, frustración, lucha y esperanza. En ese contexto asumió Carmen, de manera radical, la dirección de una de las tendencias del socialismo Chileno en Ecuador.
“Una mañana le visitamos junto a Clodomiro Almeida en su casa de la Madrid. Luego de la sorpresa inicial, nos envolvimos en una larga y fraterna conversación sobre política, el arte y la vida. Recorrimos parte de Quito, almorzamos en la Mariscal y nos despedimos avanzada la tarde con el respeto propio de adversarios políticos, pero siempre compañeros.”
Tiempo después volvió a Chile y se dedicó hasta el final, a lo que siempre había hecho, al arte y la política.
En su último viaje a Ecuador nos congregamos junto a ella, socialistas de diferentes tendencias a homenajear a nuestra querida compañera. (JSC)
Última entrevista en Ecuador
Carmen Silva: Una activista del amor y la vida
Por: Cecilia Novoa
Quito. 26.07.95
En la sala de dibujo de la Facultad de Artes, Carmen Silva enseñaba a sus alumnos la técnica de las proporciones, del trazo fluido, de los escorzos y las veladuras; el sentido, se cocía entre esa práctica y la savia que brotaba de la vida cotidiana, con sus frustraciones y
esperanzas.

Ella, la maestra, abría surcos; nosotros, los "polluelos", buscábamos la forma de inserción.

Herida por la estupidez colosal que arrasó a Chile del 73, llegó a Ecuador con su cría de nueve años. Nada pudo contra sensibilidad solidaria y creadora, y la vimos continuar en su lucha, organizando la resistencia chilena, librando la pelea de ser madre, trabajando con las organizaciones ecuatorianas de pobladores y trabajadores.

En la plástica y en el teatro, un día se dibuja en Toctiuco, otro, se amanecía en el Chota.
En el 87, un accidente automovilístico la inmovilizó, y así regresó a su patria que la llamaba, cuando la sombra de la dictadura dio por fin paso a una democracia que intentaba renacer. "Me fui calladita, invalidita... y volví ahora a dar las gracias a Ecuador. Esperé ocho años, porque estaba tan inmersa en esta tarea terrible de levantar a mi gente"
-comenta emocionada. Nos trae una muestra de 22 dibujos y pinturas donde se aprecian las propuestas estéticas que ha consolidado durante el reencuentro con su gente.

La exposición "Y volver, volver, volver..." se inauguró el martes 17 con una estampida sonora de mariachis, y aunque las invitaciones en su mayoría no llegaron a sus destinatarios, cuatrocientos amigos acudieron a acompañarla en la sala Manuel Rendón de la Casa de la Cultura.

¿La figura humana fue siempre tu tema?

No. En absoluto. Primero, porque tenía mucho miedo, porque la figura humana es meterse en tema de adultos. Yo empecé a pintar muy chica. Con un poquito de plata que me llegó, me fui a París y me encerré en una pieza, y no conocí París, sino que pinté y pinté, sin salir casi de mi misma; el tema era mi cuarto. Después me fui a Francia, la segunda vez, y pinté casas, pero porque el hombre las había hecho y vivía en ellas.

Yo quisiera con la figura humana, que ahora es mi tema, ser como Miguel Ángel, Leonardo, Rembrandt. Porque tú tienes que hacerlo bien dibujado, muy proporcionado, pero al mismo tiempo, con el "feeling" necesario. Meterse uno en el ser humano y pintarlo, es masoquismo, casi, pero es mi pasión ahora, me costó muchos años.

¿A qué obedece esa pasión?

Yo creo que cada uno tiene que buscar por donde sale el alma. Para mí, la pintura es un testimonio de la etapa que te tocó vivir, y creo que eso vale para la literatura, para la
pintura, para todas las artes que quiebran. Un Shakespeare, un Dostoyievski, porque dan testimonio de lo que sentía su generación. Es la persona sensible de su mundo.

¿Qué encontraste en el Chile de la post-dictadura?

Yo creo que mi país está un poco enfermo, quebrado. Hay una especie de no entregarse, de no mostrar el alma. Eso se refleja mucho más en la pintura que en otras cosas. Cuando llegué a Chile, habían tendencias muy claras. Una era el feísmo, que era una manera de esconder el alma tirando rabia, pero sin estética ni técnica. Después, los híper realistas, muy de moda todavía -un Claudio Bravo-, que es también esconder el alma, es la perfección técnica. No había un intermedio de buscar decir las cosas con belleza.

Este rato hay un movimiento cultural fuerte, pero en verdad, yo encontré un pueblo muy triste, muy uniformado, muy extraño.

¿Se diferencian los rostros que pintaste en el exilio de los que pintas ahora?

Definitivamente. Empecé a pintar mucho más la ternura, lo erótico, el amor, los encuentros, las Ofelias -las locas de amor-, el tema del ser humano más existencial y en menos conflicto con la sociedad. Pinté varias Ofelias, hay una serie
en los dibujos y un óleo; y ahora, fijaste que hay una pieza de teatro de uno de los mejores dramaturgos -chileno-0, en que el personaje es Ofelia, la novia de Hamlet, y que a mí siempre me intrigó.

Después pinté Chiapas, y ahora todo el mundo habla de Chiapas. Y pinté a mi comandante Marcos, porque es un líder extraordinario. Me estoy anteponiendo a las modas, o capto en el aire lo que la gente está necesitando. Ojalá que no tenga que pintar nunca más torturas, los destrozos; pero si hay, los voy a pintar.

¿Qué quieres legarle al mundo?

Quiero legar, primero a las mujeres, porque no hay ninguna mujer famosa en la pintura universal, porque siempre hemos dejado de lado nuestros proyectos por los niños, los guaguas, el compañero, los pañales.

Creo que es muy importante que las mujeres sepan que tienen que tener un proyecto, creo que todo ser humano tiene que tener un proyecto de vida, ojalá ligado a la sociedad y a la historia. Más que nada, vale la pena vivir, a pesar del dolor.

Carmen, VI tus ojos en todos los rostros de tus cuadros.

Yo no trabajo con modelo, trabajo de memoria. Cada cosa que está en esos cuadros, lo he visto. A lo mejor, uno sin querer está haciendo su biografía. Me lo han dicho tanto, que tengo que aceptarlo. Parece que sale así, pero no es porque no quisiera hacerlo así. Pero el comandante Marcos no se me parece, ¿no?

(Diario HOY)

El día antes de su muerte, Carmen Silva emanaba el optimismo que la caracterizaba. Pese a que se iba apagando paulatinamente y sin poder hablar, pidió papel y lápiz para escribir "¿cuál es mi diagnóstico?", siempre con la esperanza de que iba a volver a pintar, hacer clases, exponer y ayudar al prójimo, lo que tanto amaba.
Esta mujer amante de la vida, que pese a estar en un frío cuarto de hospital decía que nunca había que perder el glamour, llenaba de alegría a todo aquel que la iba a visitar: "recuerdo que una vez me dijo que nos asomáramos a la ventana y viéramos la puesta de sol y de un momento a otro todos los que estábamos en la pieza terminamos mirando la puesta de sol, fue algo de otro mundo. Ella decía ‘mira que bello está el cerro, mira los chorros de amor que me llegan’", dice su amiga y pintora Gloria Paillás.
Consecuente con sus ideas de izquierda, fue una socialista con todas sus letras: "era socialista pero de verdad. Si ella tenía un pan lo daba al más necesitado quedándose ella sin comer", recuerda Paillás. Agrega que tenía varios niños adoptivos: los chicos que vivían en las calles. "Ella les llevaba comida caliente y les daba clases de pintura. Incluso a veces le decían Teresa de Calcuta".

Su pintura también fue contestataria, plasmaba en sus cuadros al mendigo de la calle, la violencia de la guerra, todo lo que veía a su alrededor lo pintaba.
Madre de tres hijos (Juan Pablo y Andrés Orrego -este último falleció hace dos años- de su primer matrimonio y Carmen Daskam de su segundas nupcias), tenía un corazón de oro. Vivía en una eterna utopía, de sueños, contándole a todo el que la rodeaba cosas lindas, pero lo que marcó su vida fue la muerte de uno de sus hijos por problemas de salud, lo que nunca demostró. "No lloró aunque la pena se la comía por dentro y nunca pidió ayuda, siempre demostraba felicidad", dice una de sus amigas.
“Hablar de Carmen Silva es hablar de la más alta expresión del arte en nuestro país. Ha consagrado su vida a la pintura, a la estética, a la amistad y a todas las cosas bellas de la vida. Aunque no todo le haya sido placentero, ella, con su espíritu, se empeñaba en revertir lo malo, o sea, la injusticia social, el desprecio de nuestra sociedad por el arte y la negra noche del olvido. Fue muy consecuente con sus ideas de izquierda. En Chile pescaba los niños que pintaban en las calles y les daba clases de pintura”, recuerda el gestor cultural Martín Huerta. El músico Max Berrú también fue uno de sus amigos entrañables, quien al enterarse de su muerte sólo tuvo palabras para decir que “está descansando en paz. Era extraordinaria, apasionada, cariñosa, profesional y sensible. Su muerte deja un banquillo difícil de llenar, ya que era solidaria y peleadora por sus ideales, nos va ser mucha falta”.